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    11月8日

    ZS091108 (b)

     
    Asociaciones familiares rechazan el neomalthusianismo impuesto en Europa
    Un informe afirma la “necesidad” de “reducir y seleccionar los nacimientos”
    ESTRASBURGO, domingo 8 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- El Foro italiano de Asociaciones Familiares ha mostrado su total desacuerdo con un documento presentado por la británica Christine McCafferty, al Parlamentary Assembly of Council of Europa (PACE) de Estrasburgo en el que se piden una serie de medidas para reducir y seleccionar los nacimientos.

    Las asociaciones familiares consideran que se trata de "políticas neomalthusianas de control demográfico", y manifestaron su "rotundo rechazo" hacia ellas.

    Con motivo de la presentación de un informe (documento 11992 del 05-08-09), relativo a la aplicación de los planes de control demográfico puestos en marcha en la Conferencia de la ONU en El Cairo(1994), por parte de Christine McCafferty el pasado 5 de agosto al Social, Health a nd Family Affairs Committee del Consejo, el Foro ha hecho pública una carta de rechazo.

    Esta carta, dirigida a Maud de Boer-Buquicchio, secretaria general del Consejo de Europa, y ha sido puesta en conocimiento de todos los parlamentarios italianos.

    En las carta se explica que la salud procreativa comprende el conjunto de intervenciones preventivas y terapéuticas destinadas a la promoción de las condiciones físicas, psíquicas, socioeconómicas y ambientales óptimas para la concepción, el embarazo y el nacimiento.

    En cambio, el término ambiguo de "salud reproductiva", unido al de "derechos reproductivos" (para indicar el acceso a la contracepción, el aborto seguro, la esterilización y la fecundación artificial) introducido en las Conferencias Internacionales de la ONU, ha traído una mentalidad antivida y antipersona, que ha penetrado ya también en las resoluciones de los países europeos.

    "Nuestro desacuerdo y nuestras preocupaciones - explica Francesco Belletti, presidente del Foro - nacen de las siguientes consideraciones: la filosofía subyacente al documento es neo-malthusiana (§ 33-37), por lo que la lucha contra la pobreza se realiza eliminando las bocas que alimentar. La fecundidad humana y el crecimiento de la población son "una amenaza a la salud humana, el desarrollo social y económico, y el medio ambiente" (§ 33)".

    El documento presentado está orientado a:

    - financiar ONGs para la planificación de la natalidad (§ 54).

    - promover el aborto ("nuevos medios" de control de los nacimientos) y su legalización a través de:

    a) la promoción - debida a los Estados - del concepto de "derechos reproductivos",

    b) la oferta de garantía de que el aborto se realice de forma segura, pidiendo a los Estados miembros que legislen al respecto (derecho a tener un aborto seguro).

    c) como derecho reproductivo, en general

    d) como instrumento de control de los nacimientos: en el sentido de la planificación familiar (§ 26).

    e) en el sentido de control de crecimiento de la población (aborto seguro y "contracepción de emergencia"), cfr. sumario inicial.

    f) a través de financiaciones públicas (§ 20 y otros)

    - introduce y reproduce sistemática y programáticamente los términos clave de "derechos sexuales y reproductivos" del IPPF (International Planned Parenthood Federation).

    Quiere obligar a los Estados miembros (§ 16) a emprender acciones para los "derechos reproductivos".

    Intercepta y tiende a modificar, alargándola - entrando en el ordenamiento jurídico reservado a un estado miembro (Italia) - la Ley 40/2004, a propósito de la disponibilidad a cualquiera para acceder a las técnicas de cura de la infertilidad (§41).

    Dedica más párrafos a la "no discriminación de género". Expropia a la familia de cualquier rol educativo en el campo sexual y reproductivo, atribuyéndolo a la escolarización y a los servicios públicos. Contradice, planificando el control de la población, los objetivos de recuperación de la fecundidad en Europa.

    [Por Angela Maria Cosentino, traducción del italiano por Inma Álvarez]

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    Entrevistas


    El deporte, herramienta de evangelización para la juventud
    Entrevista con el padre Javier Agudo García
    ROMA, domingo 8 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Concluyó ayer en Roma el seminario "Deporte, educación y fe: para una nueva estación del movimiento deportivo católico", organizado por el Consejo Pontificio para los Laicos.

    Participaron responsables del deporte de diversas conferencias episcopales así como representantes de asociaciones católicas nacionales e internacionales y otros expertos en el tema de la pastoral del deporte.

    ZENIT habló con sacerdote español Javier Agudo García, quien participó en este evento académico durante un panel de discusión con el tema de la evangelización de los jóvenes a través del deporte.

    El sacerdote señaló que los agentes pastorales deben aplicar en el deporte "la pedagogía del umbral", es decir, hacer de éste una escuela de valores como la amistad, el trabajo en equipo, la humildad en los triunfos y las derrotas, para que así el joven llegue a la puerta de la evangelización.

    "Es un lugar privilegiado que ayudan a comprender el Evangelio en sí", dijo el padre García.

    El deporte ayuda también al trabajo con los demás: "Un equipo es una pequeña comunidad donde los chicos tienen que esforzar, se ayudan entre ellos a ganar, a tener sus victorias".

    El padre Javier Agudo García, de 54 años es religioso de las escuelas pías de los escolapios. Pertenece a la Federación de tiro con arco y montañismo. Es también provincial de la tercera demarcación de España, presidente de la FEDE de Madrid y vicepresidente de la asociación EMDE deportiva.

    --¿Qué diferencia hace mirar al deporte con los ojos de la fe?

    --Javier Agudo: La fe nuestra es una manera de mirar el mundo, no es sólo una serie de prácticas sino una posición concreta. El jugador creyente ha de mirar al otro no como un enemigo. Es una manera diferente lo que se plantea en el deporte profesional donde hay dinero de por medio, donde el que pierde no gana. Para nosotros Dios es el gran árbitro y los valores cristianos son su guía. Eso influye, marca una diferencia como en cualquier actividad, entre quien mira desde el punto de la fe o quien lo hace desde otra perspectiva.

    --¿Y cómo puede el deporte aumentar o fortalecer la fe de quien lo practica?

    --Javier Agudo: Por los hábitos y valores en que está presente. Es importante el testimonio de los educadores. De unos buenos educadores entre lo que se hace y lo que se vive. El deporte se convierte así en una pequeña escuela en la sociedad. Cuando el deportista llegue a ser profesional ya tendrá que competir no en el campo del deporte sino con los abogados, médicos, químicos o físicos. Y podrá aplicar así los valores que aprendió de joven durante sus prácticas deportivas.

    --¿En su experiencia en el trabajo con los jóvenes, ha visto que alguien discierna su vocación al la vida consagrada a través de la práctica del deporte?

    --Javier Agudo: Debo decir que no suele ser tan milagroso como para llegar al tema de la vocación pero sí proporciona un acercamiento a Dios. El deporte es un excelente lugar para que el joven se acerque a convivir con otros. Los chicos con los que trabajo son de familias cristianas y el entrar en una dimensión con otros les lleva a un acercamiento a Dios.

    --¿Algún santo deportista al que le tenga devoción?

    --Javier Agudo: En la carpeta de este seminario nos han metido un librito sobre San Pablo y el deporte. Él hizo mucha referencia al deporte, especialmente en la primera carta a los corintios, hacía analogías con la vida cristiana. Es importante tenerlo en cuenta y más ahora que acabamos de terminar el Año Paulino. Fue un hombre con una visión que valoraba el deporte como lugar y espacio de esfuerzo personal.

    --Algunas amenazas que cree usted que viva el deporte actualmente

    --Javier Agudo: Lo tienes en el mundo de hoy. La competitividad que tiene a Dios en el dinero, desligado del interés y las ganancias, una competitividad muy dura que hace que el hombre acuda a medios como el doping porque lo que importa ya no es el esfuerzo, sino sólo el ganar. Así los valores esenciales se desdibujan.

    ---¿Cómo ve usted el hecho de que la Santa Sede le dé un espacio al deporte por medio de este seminario y de la sección "Iglesia y deporte" del Pontificio Consejo para los laicos?

    --Javier Agudo: Si hemos dicho que el deporte es una parcela de la educación, el que la Santa Sede esté detrás nos hace ver a quienes trabajamos la educación católica que hay un apoyo, así nos damos cuenta del potencial, no sé si evangelizador, pero sí de toda esa pedagogía inicial que lleva al niño a comprender el Evangelio.

    --Alguna película que recuerde esta dimensión pedagógica del deporte...

    --Javier Agudo: Me viene en mente Karate Kid, una película de 1984. La valoro por esa lucha, el esfuerzo de Daniel Larusso, (interpretado por Ralph Marcchio), por aprender frente a los otros jóvenes de una pandilla de Los Ángeles que hacen un uso equivocado a la práctica del karate. Es una película muy educativa y justamente hace un análisis de dos visiones del deporte de las que se ha hablado en este seminario.

    --A casi diez años de la celebración del Año Jubilar, ¿recuerda las palabras de Juan Pablo II durante el Jubileo de los deportistas?

    --Javier Agudo: Recuerdo que el Papa insistía en la formación de quienes somos educadores, la importancia que tiene el desarrollo que pone un horizonte en la vida. Vivimos en un mundo donde los jóvenes no tienen una orientación clara y quienes andan en deporte tienen sus metas fijas y una actividad en la que centran sus vidas.

    [Por Carmen Elena Villa]



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    México: El Estado no debe inmiscuirse en la educación sexual
    Habla monseñor Aguilar, obispo de Tehuacan y presidente de la Comisión Episcopal para la Familia
    TEHUACÁN, domingo 8 de noviembre de 2009 (ZENIT.org - El Observador), La Cartilla Nacional de Salud, que involucra una clara intervención del Estado mexicano en asuntos que competen a los padres de familia, como lo es el tema de la educación sexual de los hijos, ha sido objeto de polémica y rechazo por gran cantidad de organizaciones católicas del país.

    Para conocer de fondo la visión de la Iglesia católica sobre este tema controvertido, ZENIT-El Observador entrevistó a monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacan y presidente de la Comisión Episcopal para la Familia, Juventud y Laicos para el trienio 2007-2009 tanto responsable de la Dimensión Familia de la Conferencia Episcopal Mexicana.

    -¿Cuál debe ser la postura ante esta cartilla?

    Monseñor Rodrigo Aguilar Martínez: Para el diseño de esta cartilla se ha partido de una realidad: En los hospitales públicos, uno de cada cuatro nacimientos corresponde a madres menores de 19 años. La situación es grave y alarmante. Pero queda claro que los programas de reparto de condones y pastillas no han sido la solución, pues más bien incitan a las relaciones sexuales desde temprana edad; sin embargo la cartilla vuelve a insistir en la misma vía y con una medida extrema, promoviendo el anticonceptivo de emergencia.

    Los planteamientos son parciales: La cartilla está incluyendo por igual a niños y adolescentes en un arco de edad -entre los 10 y los 19 años- en que debería haber gradualidad educativa; además se parte de una pretendida educación sexual en que los adolescentes conozcan sus derechos sexuales y reproductivos -lo cual, por cierto, habría que corroborar si existe en alguna legislación como tal- para hacer uso de dichos derechos según una sexualidad placentera, erótica y sensual; la forma como está diseñada la asesoría del médico al niño o adolescente, lo autoriza a tener relaciones sexuales, en un mensaje invasivo, pues la cartilla se dirige a los adolescentes e ignora a los padres de familia.

    -¿Cuál es, en su opinión, la principal deficiencia de la cartilla a la que muchos llaman ya cartilla de sexualidad y no de salud?

    Monseñor Rodrigo Aguilar Martínez: Considero que la principal deficiencia es que, al igual que muchas políticas públicas referidas a la sexualidad, se presenta con un discurso meramente informativo, careciendo de elementos formativos, lo que se acentúa con la frecuente deficiencia del adolescente para analizar, comprender y asumir integralmente el tema de la sexualidad. La cartilla, dada su difusión, podría ser una excelente plataforma de diversas políticas o programas que busquen la formación en una sexualidad integral.

    -¿Qué derechos de los padres de familia vulnera?

    Monseñor Rodrigo Aguilar Martínez: El derecho de los padres a la educación de sus hijos; además el derecho a una educación sexual basada en el amor y la integralidad de la persona, no sólo en lo físico y emocional, sino también en lo moral y espiritual. Yo preguntaría a los padres de familia: ¿Quieren que sus hijos sean felices? ¿Están de acuerdo en que sus hijos tengan ese tipo de información y sean mentalizados a tener relaciones sexuales desde los 10 años? ¿Están de acuerdo en que ellos usen anticonceptivos y si éstos fallan o se les olvida usarlos, usen el anticonceptivo de emergencia, con los peligros que trae para la salud, ya sin hablar del aspecto ético? Más aún, leyendo la "Guía Técnica para la Cartilla Nacional del Adolescente" que promueve el Sector Salud ¿Están de acuerdo en que sus hijos firmen autorización para someterse a un método anticonceptivo permanente (como la ligadura de las trompas de Falopio o la vasectomía)?

    -¿Cree usted que se hace pasar como información dura algo que no está ni siquiera comprobado, como por ejemplo la infalibilidad del preservativo?

    Monseñor Rodrigo Aguilar Martínez: En esta información sexual, que no llega a educación integral, se está perdiendo la dignidad del ser humano. Desde luego que no estoy en contra de que se trate el tema de la sexualidad; pero sí estoy en contra de una información sexual que sobre todo promueve el ejercicio de los actos sexuales. Todo acto sexual entre varón y mujer siempre tendrá el riesgo de un embarazo. De modo que si se quieren evitar de verdad los embarazos entre menores, ningún método artificial es 100% seguro: ni el condón, ni el dispositivo intrauterino; sólo la voluntad de controlarse y la abstinencia de actos sexuales. ¿Por qué no orientar de otra manera? No es pretender llevar agua a mi molino, pero reafirmo que la doctrina y la postura de la Iglesia tiene en cuenta íntegramente al ser humano y su dignidad.

    -¿Cuál es la propuesta alternativa de la Iglesia católica?

    Monseñor Rodrigo Aguilar Martínez: Ya lo he dicho: una educación al amor incluyendo la parte sexual, que las personas, en concreto los adolescentes, puedan tomar decisiones responsables basados en los valores trascendentes de la persona y no en las soluciones parciales por falta de esta misma educación. Educar en una sexualidad que es fuente de energía y se manifiesta en todo su ser, en su forma de pensar, de hablar, de reaccionar y de actuar; una sexualidad que se viva plenamente y en el respeto de la alteridad y el diálogo de seres sexuados, varón y mujer, cuya intimidad en el acto sexual esté abierta a la vida y, de este modo, participe noblemente en la generación de un nuevo ser humano, obra maestra de la creación. Que el hijo no se vea como una enfermedad o un tumor, sino como un don, regalo de Dios, en el cual Dios mismo se sigue comprometiendo con su amorosa presencia.

    -¿Qué disposiciones deben tomar los padres de familia para hacerse cargo de la educación sexual de sus hijos?

    Monseñor Rodrigo Aguilar Martínez: Como reacción a la cartilla de salud, veo saludable que los padres soliciten se retire la cartilla, no la activen o al menos pongan  el engomado en que reafirman su derecho primario de patria potestad sobre sus hijos para una educación integral, incluyendo su vida sexual.

    Pero ese derecho de patria potestad es también una obligación. Que los mismos padres de familia se esmeren en una adecuada información y también formación en la sexualidad, con rostro humano. La familia sea la primera escuela educativa. Que en la comunicación familiar se atienda la proliferación de manifestaciones permisivas y que llevan al libertinaje sexual, sea en canciones, publicaciones, películas e incluso leyes. Que la educación sexual en el hogar ayude a saber decidir y actuar responsablemente en ese ambiente permisivo que nos rodea. La educación sexual, como toda educación, requiere aprender a renunciar a determinadas acciones y actitudes, por la opción de valores superiores. La doctrina de la Iglesia al respecto no está en contra del ser humano, no lo enajena, sino que lo ennoblece al elevarlo a la condición de imagen y semejanza de Dios.

    -¿Qué recomienda usted como responsable de la Dimensión de la Familia del Episcopado Mexicano?

    Monseñor Rodrigo Aguilar Martínez: Mucho tenemos que hacer: El acompañamiento a cada persona en perspectiva de familia que incluya, por una parte, una educación integral, como ya he dicho; pero también que la persona y la familia se conviertan en sujeto de dicha educación en bien de los demás, en concreto en el aspecto sexual; que las familias sean corresponsables de ayudar a otras familias en dicho proceso.

    Por un lado, hay que conocer, asumir y apoyar los programas positivos y trascendentes; por otro, denunciar y objetar los programas parciales, que se vuelven contra la dignidad del ser humano.  La sexualidad es riqueza que Dios nos ha dado; no para manejarla en chistes y acciones degradantes, sino para vivir plenamente nuestra condición de seres sexuados, varón y mujer, diferentes pero iguales en dignidad y complementarios.

    [Por Jaime Septién]

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    Angelus


    Benedicto XVI: María, Madre de la Iglesia
    Recuerda en el Ángelus la doctrina de Pablo VI

    BRESCIA, domingo, 8 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención que pronunció Benedicto XVI antes de rezar el Ángelus este domingo tras presidir la eucaristía en la plaza Pablo VI de Brescia.

    * * *

    Al finalizar esta solemne celebración, doy cordialmente las gracias a quienes han garantizado la animación litúrgica y a quienes de diferentes maneras han colaborado en la preparación y realización de mi visita pastoral aquí, a Brescia. ¡Gracias a todos! Saludo también a quienes nos siguen a través de la radio y la televisión, así como a quienes están en la plaza de San Pedro, de manera especial a los numerosos voluntarios de la Unión Nacional Pro Loco de Italia. En el momento del Ángelus, deseo recordar la profunda devoción que el siervo de Dios Giovanni Battista Montini tenía por la Virgen María. Celebró su primera misa en el santuario de Santa María de las Gracias, corazón mariano de la ciudad, no muy lejos de esta plaza. De ese modo, puso su sacerdocio bajo la materna protección de la Madre de Jesús, y este lazo lo acompañó toda la vida.
     
    A medida que sus responsabilidades eclesiales aumentaban, él iba madurando una visión siempre más amplia y orgánica de la relación entre la Bienaventurada Virgen María y el misterio de la Iglesia. Desde esta perspectiva, es memorable el discurso de cierre del tercer período del Concilio Vaticano II, el 21 de noviembre de 1964. En esa sesión, fue promulgada la constitución sobre la Iglesia, Lumen gentium, que, según palabras de Pablo VI, "tiene como cumbre y corona todo un capítulo dedicado a la Virgen". El Papa observó que se trataba de la más amplia síntesis de doctrina mariana, nunca antes elaborada por algún concilio ecuménico, con el fin de "manifestar el rostro de la santa Iglesia, a la que María está íntimamente unida" (EnchiridionVaticanum , Bolonia 1979, p. [185], nn. 300-302). En ese contexto, proclamó a María Santísima "Madre de la Iglesia" (Cf. ibídem, n. 306), subrayando, con profunda sensibilidad ecuménica, que "la devoción a María... es un medio esencialmente ordenado a orientar las almas a Cristo y así unirlas al Padre en el amor del Espíritu Santo" (ibídem, n. 315).
     
    Recordando esas palabras del Pablo VI, también nosotros elevamos hoy nuestra oración: Virgen María, Madre de la Iglesia, te encomendamos a la Iglesia bresciana y a toda la población de esta región. Recuerda a todos tus hijos; lleva a Dios sus oraciones; conserva firme su fe; fortalece su esperanza; aumenta su caridad. Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María (Cf. ibídem, nn. 317.320.325).

    [Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina

    © Libreria Editrice Vaticana]

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    Informe Especial


    La Iglesia es comunicación, explica el arzobispo Celli en Cuba
    Analiza las dificultades y logros en este sentido de la comunidad católica en la isla
    LA HABANA, domingo, 8 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- El presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales ha explicado en Cuba que para la Iglesia la comunicación es "algo esencial de su ser y de su quehacer".

    "Para la Iglesia la comunicación no es un fenómeno externo o episódico", aclaró, pues "la comunicación responde a la imagen y semejanza con el Creador, y su ejercicio suscita una mayor comunión entre las personas".

    En una conferencia ofrecida en la noche del pasado viernes en la iglesia Santa Catalina de Siena de La Habana, el arzobispo Claudio Maria Celli aclaró que "tanto la comunicación interna como la comunicación externa hacia la sociedad están en el 'código genético' de la Iglesia , pues ella es un misterio de comunión".

    Acceso "normal" a los medios para la Iglesia en Cuba

    Su intervención, abierta al público sobre "Iglesia, comunicación y cultura digital", afrontó la situación de la Iglesia que peregrina en Cuba para invitarla a prepararse para la llegada de la conectividad y el acceso a los diferentes medios de comunicación.

    Monseñor Celli reveló que poco antes había mantenido un encuentro con las autoridades cubanas en el que manifestó su "deseo de que a la Iglesia cubana se le permita un acceso más normal a los medios de comunicación, pues eso toca muy de cerca la misión de la Iglesia".

    Esta presencia comunicativa de la Iglesia, subrayó, sería muy apreciada por el pueblo cubano, que es creyente en su mayoría, y también fuera de Cuba.

    Ahora bien, a pesar de las dificultades, el arzobispo reconoció que la Iglesia en Cuba ha logrado sacar adelante proyectos de comunicación, en particular, las revistas diocesanas "Espacio Laical", "Palabra Nueva", "Vitral", "Cocuyo".

    "A Dios rogando y con el mazo dando", afirmó al mencionar el impacto positivo de estas publicaciones.

    Entre estos esfuerzos comunicativos de la Iglesia en Cuba mencionó la Red Informática de la Iglesia en Cuba, que forma parte de la RIIAL (Red Informática de la Iglesia en América Latina), y que funciona desde mediados de los años noventa promovida por la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, con la ayuda de la Nunciatura Apostólica.

    Esta red ha realizado un trabajo decisivo en la formación de una red interdiocesana de comunicación, involucrando a agentes de pastoral, e introduciendo los medios informáticos en obispados y comunidades.

    Mencionó también el trabajo de SIGNIS, la organización católica de comunicación, "que en la isla tiene una larga tradición. Existe mucha creatividad y talento en Cuba, que ha ganado reconocimiento y autoridad en los diferentes jurados internacionales".

    Sin temor

    Tras constatar el impulso que ha dado la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en el santuario brasileño de Aparecida (mayo de 2007), cuya "Misión Continental" se está extendiendo gracias también a los nuevos medios de comunicación, lanzó un llamamiento a la Iglesia en Cuba a no tener miedo.

    El prelado reconoció las dificultades que tiene la Iglesia en Cuba para incorporarse a estos "nuevo areópagos", "pero es necesario estar preparados; tenemos que ser cada vez más conscientes de que 'la evangelización misma de la cultura moderna depende en gran parte de la influencia de esos medios'", afirmó citando a Juan Pablo II.

    Invitó, por ejemplo a que los documentos que se producen en los episcopados, se condensen en formatos de audiovisuales breves, webs, micromensajes o posters digitales.

    "El contexto cubano no permite aun esto, pero mirando hacia el futuro sin temor, soy consciente de que mucho podrán hacer, para ello es necesario estar preparados".

    El arzobispo aclaró que no basta usar los medios para difundir el mensaje, sino que es necesario integrar el mensaje mismo a la nueva cultura digital.

    Lo ilustró recurriendo a la narración popular en América Latina que habla de un hombre que iba con su arpa de aldea en aldea. Una noche lo asaltaron y dejaron medio muerto. Al día siguiente lo encontraron y preguntaron qué había pasado. Contestó: "me han robado el arpa, me han quitado la cabalgadura, pero no me han podido sacar la música del corazón".

    "El secreto no es tener la más moderna de las tecnologías, el secreto está en la música que se tiene en el corazón", señaló monseñor Celli.

    "¡Pongámonos a la escucha de Jesús, para que la multiplicación de las antenas, signo del progreso tecnológico, sea signo de la comunicación del hombre y del servicio integral a toda la humanidad!", exhortó.

    Formación, "diaconía" y colaboración

    El prelado sintetizó su propuesta en estas tres conclusiones:

    --En primer lugar, monseñor Celli alentó a seguir impulsando a todos los niveles la formación en la comunicación, especialmente entre los agentes de pastoral, para que "esta cultura no sea ajena a la Iglesia, sino que ella pueda hacer presente el rostro de Cristo también en este nuevo territorio".

    --En segundo lugar, exhortó a prestar una "diaconía de la cultura", un servicio permanente de animación evangélica a esta cultura digital, para darle sentido y humanidad. "¡Convoquemos a los creativos, artistas y jóvenes católicos! Una formación adecuada puede ser un semillero de vocaciones para ser misioneros en esta cultura comunicativa".

    --Por último, invitó a "abandonar el aislamiento en que tantas veces se trabaja, incluso con la mejor voluntad, pero ignorando las demás iniciativas católicas. Una articulación y mutuo conocimiento, con servicios comunes a todos (trabajo en red), no quita visibilidad a cada iniciativa, sino que le da una visibilidad corporativa".

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    Documentación


    Benedicto XVI: La Iglesia, según Pablo VI
    Homilía al presidir la misa en Brescia

    BRESCIA, domingo 8 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos la homilía que dirigió Benedicto XVI en la mañana de este domingo al presidir la celebración eucarística en la plaza Pablo VI.

    * * *

    Queridos hermanos y hermanas:

    Es grande mi alegría al poder partir con vosotros el pan de la Palabra de Dios y de la Eucaristía aquí, en el corazón de la diócesis de Brescia, donde nació y recibió su formación juvenil el siervo de Dios Giovanni Battista Montini, el Papa Pablo VI. Doy las gracias en particular al obispo, monseñor Luciano Monari, por las palabras que me ha dirigido al inicio de la celebración, y con él saludo a los cardenales, a los obispos, a los sacerdotes y diáconos, a los religiosos y religiosas, y a todos los agentes pastorales. Doy las gracias al alcalde por sus palabras y su regalo, y a las demás autoridades civiles y militares. Un saludo especial dirijo a los enfermos que se encuentran dentro de la catedral.

    En el corazón de la liturgia de la Palabra de este domingo, XXXII del tiempo ordinario, encontramos el personaje de la pobre viuda, o más bien, nos encontramos ante el gesto que realiza al dejar en el tesoro del templo las últimas monedas que le quedan. Un gesto que, gracias a la mirada atenta de Jesús, se ha convertido en proverbial: "el óbolo de la viuda" es, de hecho, sinónimo de la generosidad de quien da sin reservas lo poco que posee. Ahora bien, antes quisiera subrayar la importancia del ambiente en el que se desarrolla este episodio evangélico, es decir, el templo de Jerusalén, centro religioso del pueblo de Israel y corazón de toda su vida. El templo es el lugar del culto público y solemne, pero también de la peregrinación, de los ritos tradicionales y de las disputas rabínicas, como las que refiere el Evangelio entre Jesús y los rabinos de aquel tiempo, en las que, sin embargo, Jesús enseña con una autoridad singular, la del Hijo de Dios. Pronuncia juicios severos, como hemos escuchado, sobre los escribas, a causa de su hipocresía: éstos, mientras ostentan gran religiosidad, se aprovechan de la gente pobre imponiéndoles obligaciones que ellos mismos no observan. Jesús, en definitiva, muestra su afección al templo como casa de oración, pero precisamente por este motivo quiere purificarlo de usos impropios, es más, quiere revelar su significado más profundo, ligado al cumplimiento de su mismo Misterio, el Misterio de su muerte y resurrección, en la que Él mismo se convierte en el nuevo y definitivo Templo, el lugar en el que se encuentran Dios y el hombre, el Creador y su criatura.

    El episodio del óbolo de la viuda se enmarca en este contexto y nos lleva, a través de la mirada misma de Jesús, a fijar la atención en un detalle que puede escaparse pero que es decisivo: el gesto de una viuda, muy pobre, que echa en el tesoro del templo dos monedas. Jesús también nos dice hoy, como en aquel día a los discípulos: ¡prestad atención! Mirad lo que hace esa viuda, pues su acto contiene una gran enseñanza; expresa la característica fundamental de quienes son las "piedras vivas" de este nuevo Templo, es decir, la entrega completa de sí al Señor y al prójimo; la viuda del Evangelio, al igual que la del Antiguo Testamento, lo da todo, se da a sí misma, y se pone en las manos de Dios para los demás. Este es el significado perenne de la oferta de la viuda pobre, que Jesús exalta, pues ha dado más que los ricos, quienes ofrecen parte de lo que les sobra, mientras ella ha dado todo lo que tenía para vivir (Cf. Marcos 12,44), y de este modo se ha dado a sí misma.

    ¡Queridos amigos! A partir de esta imagen evangélica, deseo meditar brevemente sobre el misterio de la Iglesia y, de esta manera, rendir homenaje a la memoria del gran papa Pablo VI, que consagró a ella toda su vida. La Iglesia es un organismo espiritual concreto que prolonga en el espacio y en el tiempo la oblación del Hijo de Dios, un sacrificio aparentemente insignificante respecto a las dimensiones del mundo y de la historia, pero decisivo a los ojos de Dios. Como dice la Carta a los Hebreos, también en el texto que acabamos de escuchar, a Dios le bastó el sacrificio de Jesús, ofrecido "una sola vez", para salvar al mundo entero (Cf. Heb., 9, 26. 28), pues en esa única oblación se condensa todo el Amor del Hijo de Dios hecho hombre, como en el gesto de la viuda se concentra todo el amor de aquella mujer por Dios y por los hermanos: no le falta nada y no se le puede añadir nada. La Iglesia, que nace incesantemente de la Eucaristía, de la autoentrega de Jesús, es la continuación de este don, de esta sobreabundancia que se expresa en la pobreza, del todo que se ofrece en el fragmento. Es el Cuerpo de Cristo que se entrega enteramente, Cuerpo partido y compartido, en constante adhesión a la voluntad de su Cabeza. Me alegra saber que estáis profundizando en la naturaleza eucarística de la Iglesia, guiados por la carta pastoral de vuestro obispo.

    Esta es la Iglesia que el siervo de Dios Pablo VI amó con amor apasionado y trató de dar a comprender y amar con todas sus fuerzas. Releamos su "Pensamiento en la muerte", allí donde, en la parte conclusiva, habla de la Iglesia. "Podría decir --escribe-- que siempre la he amado... y que por ella, no por otra cosa, me parece haber vivido. Pero quisiera que la Iglesia lo supiera". Es el tono de un corazón palpitante, que sigue diciendo: "Quisiera finalmente comprenderla totalmente, en su historia, en su designio divino, en su destino final, en su composición compleja, total y unitaria, en su humana e imperfecta consistencia, en sus desgracias y sufrimientos, en las debilidades y las miserias de tantos de sus hijos, en sus aspectos menos simpáticos, y en el esfuerzo perenne de fidelidad, de amor, de perfección y de caridad. Cuerpo Místico de Cristo. Quisiera abrazarla, saludarla, amarla, en cada ser que la compone, en cada obispo y sacerdote que la asiste y la guía, en cada alma que la vive y la ilustra; bendecirla". Y le dirige las últimas palabras como si se tratara de la esposa de toda una vida: "Y a la Iglesia, a la que le debo todo y que fue mía, ¿qué le diré? Que Dios te bendiga, sé consciente de tu naturaleza y de tu misión, ten conciencia de las verdaderas y profundas necesidades de la humanidad; y camina pobre, es decir, libre, siendo fuerte y amando a Cristo".

    ¿Qué se puede añadir a palabras tan altas e intensas? Sólo quisiera subrayar esta última visión de la Iglesia "pobre y libre", que recuerda la figura evangélica de la viuda. Así debe ser la comunidad eclesial para poder hablar a la humanidad contemporánea. Giovanni Battista Montini llevaba particularmente en su corazón, en todas las estaciones de su vida, desde los primeros años de sacerdocio hasta el pontificado, el encuentro y el diálogo de la Iglesia con la humanidad de nuestro tiempo. Dedicó todas sus energías al servicio de la Iglesia, siendo lo más conforme posible a su Señor Jesucristo, de modo que, al encontrarla, el hombre contemporáneo pudiera encontrar a Jesús, porque de Él tiene necesidad absoluta. Este es el anhelo profundo del Concilio Vaticano II, al que corresponde la reflexión del papa Pablo VI sobre la Iglesia. Él quería exponer de forma programática algunos puntos importantes en su primera encíclica, Ecclesiam suam, del 6 de agosto de 1964, cuando aún no habían visto la luz las constituciones conciliares Lumen gentium y Gaudium et spes.

    Con aquella encíclica el pontífice se proponía explicar a todos la importancia de la Iglesia para la salvación de la humanidad, y al mismo tiempo, la exigencia de establecer entre la comunidad eclesial y la sociedad una relación de mutuo conocimiento y amor (cf. Enchiridion Vaticanum, 2, p. 199, n. 164). "Conciencia", "renovación", "diálogo": estas son las tres palabras elegidas por Pablo VI para expresar sus "pensamientos" dominantes --como él los define-- al comenzar su ministerio petrino, y la tres tienen que ver con la Iglesia. Ante todo, la exigencia de que ella profundice en el conocimiento de sí misma: origen, naturaleza, misión, destino final; en segundo lugar, su necesidad de renovarse y purificarse contemplando al modelo que es Cristo; por último, el problema de sus relaciones con el mundo moderno (Cf. ibídem, pp. 203-205, nn. 166-168). Queridos amigos, y me dirijo especialmente a los hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, ¿cómo no ver que la cuestión de la Iglesia, de su necesidad en el designio de salvación y de su relación con el mundo, sigue siendo hoy, absolutamente central? Es más, ¿cómo no ver que el desarrollo de la secularización y la globalización han hecho esta cuestión aún más radical, ante el olvido de Dios, por una parte, y ante las religiones no cristianas, por otra? La reflexión del Papa Montini sobre la Iglesia es más actual que nunca; y más precioso es aún el ejemplo de su amor por ella, inseparable de su amor por Cristo. "El misterio de la Iglesia --leemos en la encíclica Ecclesiam suam-- no es un mero objeto de conocimiento teológico, ha de ser un hecho vivido, del cual el alma fiel aun antes que un claro concepto puede tener una casi connatural experiencia" (ibídem, n. 13). Esto presupone una robusta vida interior, que es "el gran manantial de la espiritualidad de la Iglesia, su modo peculiar de recibir las irradiaciones del Espíritu de Cristo, expresión radical insustituible de su actividad religiosa y social e inviolable defensa y renaciente energía de su difícil contacto con el mundo profano" (ibídem,13). Precisamente el cristiano abierto, la Iglesia abierta al mundo, tienen necesidad de una robusta vida interior.

    Queridos, ¡que don inestimable para la Iglesia es la lección del siervo de Dios Pablo VI! Y como es entusiasmante cada vez aprender de su ejemplo. Es una lección que afecta a todos y que compromete a todos, según los diferentes dones y ministerios que enriquecen al Pueblo de Dios por la acción del Espíritu Santo. En este año sacerdotal me gusta subrayar cómo esta lección interesa y afecta de manera particular a los sacerdotes, a quienes el Papa Montini reservó siempre un afecto y una atención especiales. En la encíclcia sobre el celebato sacerdotal escribió: "'Apresado por Cristo Jesús' (Fil 3, 12) hasta el abandono total de sí mismo en él, el sacerdote se configura más perfectamente a Cristo también en el amor, con que el eterno sacerdote ha amado a su cuerpo, la Iglesia, ofreciéndose a sí mismo todo por ella... La virginidad consagrada de los sagrados ministros manifiesta el amor virginal de Cristo a su Iglesia y la virginal y sobrenatural fecundidad de esta unión" (Sacerdotalis caelibatus, 26). Dedico estas palabras del gran Papa a los numerosos sacerdotes de la diócesis de Brescia, aquí representados, así como a los jóvenes que se están formando en el seminario. Y quisiera recordar también las palabras que Pablo VI dirigió a los alumnos del Seminario Lombardo, el 7 de diciembre de 1968, mientras las dificultades del post-Concilio se añadían a los fermentos del mundo juvenil: "Muchos --dijo-- se esperan del Papa gestos clamorosos, intervenciones enérgicas y decisivas. El Papa considera que tiene que seguir únicamente la línea de la confianza en Jesucristo, a quien le preocupa más su Iglesia que a ningún otro. Él calmará la tempestad... No se trata de una espera estéril o inerte, sino más bien de una espera vigilante en la oración. Esta es la condición que Jesús escogió para nosotros de modo que Él pueda actuar en plenitud. También el Papa necesita ayuda con la oración" (Insegnamenti VI, [1968], 1189). Queridos hermanos, que los ejemplos sacerdotales del siervo de Dios Giovanni Battista Montini os guíen siempre y que interceda por vosotros san Arcangelo Tadini, a quien hace poco he venerado en mi breve visita a Botticino.

    Mientras saludo y aliento a los sacerdotes, no puedo olvidar, especialmente aquí, en Brescia, a los fieles laicos, que en esta tierra han demostrado una extraordinaria vitalidad de fe y de obras, en los diferentes campos del apostolado asociado y del compromiso social. En las "Enseñanzas" de Pablo VI, queridos amigos de Brescia, podéis encontrar indicaciones siempre preciosas para afrontar los desafíos del presente, sobre todo, la crisis económica, la inmigración, la educación de los jóvenes. Al mismo tiempo, el Papa Montini no perdía ocasión para subrayar el primado de la dimensión contemplativa, es decir, el primado de Dios en la experiencia humana. Y, por ello, no se cansaba nunca de promover la vida consagrada, en la variedad de sus aspectos. Él amó intensamente la multiforme belleza de la Iglesia, reconociendo en ella el reflejo de la infinita belleza de Dios, que se trasparenta sobre el rostro de Cristo.

    Recemos para que el fulgor de la belleza divina resplandezca en cada una de nuestras comunidades y la Iglesia sea signo luminoso de esperanza para la humanidad del tercer milenio. Que nos alcance esta gracia María, a quien Pablo VI quiso proclamar, al final del Concilio Vaticano II, madre de la Iglesia. ¡Amén!

    [Traducción del original italiano por Jesús Colina

    © Libreria Editrice Vaticana]

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    Conclusiones del Congreso sobre la Enseñanza de la Religión en la Escuela
    Convocado por los obispos de Castilla y León entre el 6 y el 7 de noviembre
    ZAMORA, domingo 8 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos las conclusiones del III Congreso Regional sobre la Enseñanza de la Religión en la Escuela, convocado por los obispos de Castilla y León entre el 6 y el 7 de noviembre en Zamora, con el lema "Otra forma de mirar...". Participaron más de 500 congresistas. 

    * * *


     

    Los profesores de Religión Católica participantes en el III Congreso de "Religión en la Escuela: Otra forma de mirar", convocado por los obispos de Castilla y León y celebrado en Zamora los días 6 y 7 de Noviembre de 2009,

        MANIFIESTAN:

    La clase de Religión en la Escuela responde a un derecho irrenunciable de los padres que está claramente protegido por nuestro derecho constitucional.

    Es preciso llevar a cabo un "pacto por la educación" en el que tengan cabida real todas las fuerzas implicadas en la misma; revisando en profundidad las actuales leyes educativas.

    La clase de religión en la escuela es una opción y una oportunidad en el espacio propio de lo escolar, que entendemos uno de los lugares para la formación completa e integral de la persona.

    Ofrecemos la clase de religión como camino de búsqueda para poder entender al hombre y al mundo desde una posición crítica que impida la manipulación de la persona.

    Los profesores de religión de Castilla y León creemos que el diálogo "Fe-Cultura" es el mejor instrumento para garantizar a padres y alumnos la visión coherente e integradora de la realidad actual, sin exclusivismos segregadores  pero sin renunciar a la búsqueda de la verdad.

    Denunciamos el laicismo excluyente que pretende imponer la desaparición de lo religioso en todos los ámbitos de la vida social, y defendemos la laicidad que propugna lo propio de cada actividad humana y la autonomía de los saberes en sus propios contenidos y metodologías.

    Ofrecemos a los padres y alumnos de Castilla y León nuestro trabajo profesionalmente actualizado de modo permanente, y nuestra vocación de servicio para quienes en nuestros días buscan "otra forma de mirar".

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