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    11月7日

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    Servicio diario - 7 de noviembre de 2009

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    Los católicos bolivianos ante las próximas elecciones
    Entrevista con el padre Miguel Manzanera S.I., juez eclesiástico
    LA PAZ, sábado, 7 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- A un mes de las elecciones en Bolivia, el sacerdote Miguel Manzanera S.I., juez de Tribunal Eclesiástico de Bolivia, ha analizado con la agencia católica de ese país Infodecom, los criterios que ofrece la doctrina social cristiana para formular el propio voto.

    --Qué aspectos debemos tomar en cuenta a la hora de emitir nuestro voto?

    --Padre Manzanera: Sabemos que la Iglesia tiene algunos puntos clave que para ella son irrenunciables: el derecho a la vida desde la concepción, el derecho de los padres a la educación de sus hijos, el derecho también a tener establecimientos educativos, el derecho a todo lo que es libertad de pensamiento, el derecho también de que la Iglesia católica pueda seguir sus obras. Las personas tenemos que examinar en los diversos partidos cómo se enfocan estos puntos clave y también todo lo que es la justicia social.

    Hay que reflexionar y hay que ver sobre todo los programas que presentan los diversos partidos; pero aquí más bien la posición que tiene la Conferencia Episcopal Boliviana es que esto se desarrolle en un clima de diálogo donde no haya ataques verbales o acusaciones, etc. Y esto creo que se está realizando.

    --¿Qué aspectos deberíamos  analizar y tomar en cuenta los laicos católicos de las propuestas de  los partidos políticos?

    --Padre Manzanera: Nosotros tenemos el derecho y la obligación de votar, pero también de no votar simplemente porque me atrae tal o cual candidato, o por emociones de que este es mejor o este es peor. Es necesario un análisis: ver en las publicaciones qué piensan los diferentes partidos sobre tales temas.

    Los católicos tenemos una gran ventaja: la doctrina social de la Iglesia. En ella se nos dan pautas de cómo tenemos que comportarnos los ciudadanos a la luz de la fe, a la luz también de la razón. La Iglesia también tiene que ser un ojo crítico para ver los valores --y también los contravalores-- que pueden presentarse en los gobiernos de turno, sea el que sea.

    --En los últimos días se han registrado enfrentamientos entre miembros de partidos políticos, ¿cómo debemos reaccionar ante esta situación?

    --Padre Manzanera: Es un problema que creo que también le preocupa a la Iglesia. Ha habido casos de total intolerancia. Seguidores de tal o cual partido no han admitido que vayan otros a exponer  en la calle o la plaza pública. esto obviamente no es la democracia.

    La democracia significa que cada uno defiende sus posiciones y al mismo tiempo también admite que otros puedan tener  otras opiniones, sin que por eso haya que considerarlos como malos ciudadanos  y mucho menos que atacarlos o injuriarlos. Recientemente ha habido casos incluso de agresión verbal y física. En esto obviamente la Iglesia no está de acuerdo. Más bien invita a que haya debates públicos donde estos problemas se puedan ver en un clima de serenidad.

    --¿La situación de la Iglesia cambiará gane cualquier partido político en las próximas elecciones?

    --Padre Manzanera: Es cierto que la parte religiosa es delicada, ha habido algún partido que ha criticado mucho a la Iglesia en meses anteriores, otros partidos son más receptivos con la iglesia. Pero esto se deja al criterio de las personas  y, repito, la Iglesia lo que quiere es que todos mantengamos ese clima de diálogo y en definitiva de fraternidad. Si proclamamos que Dios es Padre de todos, no puede ser que estemos enemistados, insultándonos y mucho menos odiándonos como en alguno de los casos está sucediendo.

    --Algunos partidos políticos están utilizando instrumentos religiosos para su campaña electoral, qué opina?

    --Padre Manzanera: Los partidos o candidatos no deben utilizar los instrumentos religiosos; es decir la Iglesia obviamente no toma posición por un partido o por  otro, esto lo deja a la libertad de las personas que tienen que hacer un buen discernimiento, donde también pues se incluyen temas éticos y temas religiosos, pero no me parece correcto que se utilicen imágenes del corazón de Jesús o de la Virgen María para apoyar  a un partido u otro; esto hay que tener lo muy en cuenta.



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    El crucifijo, los jueces y Natalia Ginzburg
    Por Giuseppe Fiorentino y Francesco M. Valiante
    CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 7 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos el artículo que han escrito en "L'Osservatore Romano", diario de la Santa Sede, Giuseppe Fiorentino y Francesco M. Valiante, sobre la sentencia del Tribunal europeo de Derechos Humanos con la que condenó a Italia por colocar crucifijos en las escuelas.

     



    * * *



    De todos los símbolos que a diario perciben los jóvenes, la sentencia dictada el miércoles 4 de noviembre por el Tribunal de Estrasburgo -que prohíbe la exhibición del crucifijo en las aulas escolares italianas porque supone que es contraria al derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones y al derecho de los niños a la libertad de religión- ha golpeado aquello que más representa una gran tradición, no sólo religiosa, del continente europeo. "El crucifijo no genera ninguna discriminación. Calla. Es la imagen de la revolución cristiana que diseminó por el mundo la idea de la igualdad entre los hombres, hasta entonces ausente". Quien escribió estas palabras, el 22 de marzo de 1988, fue Natalia Ginzburg en las páginas de "L'Unità", el diario fundado por Antonio Gramsci, entonces órgano del Partido comunista italiano.

    Las palabras de esa escritora, a más de veinte años de distancia, expresan un sentimiento todavía ampliamente compartido en Italia. Lo demuestran las numerosas reacciones que han seguido al pronunciamiento del tribunal europeo. Mientras el Gobierno italiano ha anunciado que ha presentado recurso contra la sentencia, el mundo político ha manifestado casi unánimemente la falta de sentido común que supone la medida, subrayando cómo la laicidad de las instituciones es un valor muy distinto de la negación del papel del cristianismo. "Estupor y pesar" ha expresado en particular el director de la Sala de prensa de la Santa Sede, el jesuita Federico Lombardi, en una severa declaración emitida por Radio Vaticano y por el Telediario del primer canal de la rai, la televisión pública italiana. "Es grave -afirmó- querer marginar del mundo educativo un signo fundamental de la importancia de los valores religiosos en la historia y en la cultura italiana". Y continuó:  "Sorprende, además, que un tribunal europeo intervenga seriamente en una materia vinculada muy profundamente a la identidad histórica, cultural y espiritual del pueblo italiano. No es este el camino adecuado para atraernos a amar y compartir más la idea europea que, como católicos italianos, hemos sostenido fuertemente desde sus orígenes".

    La Conferencia episcopal italiana ha hablado de "visión parcial e ideológica", subrayando que en la decisión del tribunal "se ignora o se descuida el múltiple significado del crucifijo, que no es sólo símbolo religioso, sino también cultural".

    Conviene recordar que en Italia el Consejo de Estado en 2006 ya había considerado legítimas las normas que prevén la exhibición del crucifijo en las escuelas, afirmando que ello no implica discriminación respecto a los no creyentes porque representa "valores civilmente relevantes y, especialmente, aquellos valores que subyacen e inspiran nuestro orden constitucional".

    De hecho, la sentencia del Tribunal de Estrasburgo, con la intención de tutelar los derechos del hombre, acaba por poner en tela de juicio las raíces sobre las cuales se fundan esos mismos derechos, desconociendo la importancia del papel de la religión -y en particular del cristianismo- en la construcción de la identidad europea y en la afirmación de la centralidad del hombre en la sociedad. Bajo otro perfil, la decisión de los jueces de Estrasburgo parece inspirada en una idea de laicidad del Estado que lleva a marginar la contribución de la religión a la vida pública. Así se podría prefigurar un futuro no tan lejano en el que los ambientes públicos estarían despojados de cualquier referencia religiosa y cultural por miedo a ofender la sensibilidad de otros. En realidad, no es con la negación, sino con la acogida y con el respeto de las diversas identidades como se defiende la idea de laicidad del Estado y se favorece la integración de las distintas culturas. "El crucifijo representa a todos" -explicaba Natalia Ginzburg- porque "antes de Cristo nadie había dicho jamás que todos los hombres, ricos y pobres, creyentes y no creyentes, judíos y no judíos, negros y blancos, son iguales y hermanos".

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    El campo en agonía
    Monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas
    SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, sábado, 7 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "El campo en agonía".



    * * *



    VER

    Es doloroso ver abandonados tantos campos de cultivo. Hace años, cientos de hectáreas de bosques fueron taladas, para sembrar maíz y frijol, y para programas ganaderos. Hoy están abandonadas o erosionadas. Los campesinos nos dicen que no les es costeable producir lo que siempre habían sembrado, ni engordar ganado, pues les sale muy caro. Es más barato comprar alimentos en el extranjero, aunque sean transgénicos, que producirlos aquí. Algunos siguen trabajando sus tierras sólo para subsistir, para asegurar la comida, y por la fuerza de la tradición, que los hace apegados a la tierra, a la que consideran una madre que les da vida, de parte de Dios. Es poco lo que les queda para comercializar y la mayoría carece de recursos tecnológicos. No son flojos, aunque algunos dejan de trabajar por la dependencia que generan ciertos programas de gobierno, y por el alcoholismo que les engaña con un consuelo pasajero.

     

    Es innegable que los gobiernos han hecho esfuerzos por salvar al campo; han generado programas y apoyado iniciativas; han estimulado productos alternos; sin embargo, ante los enormes subsidios que otros países dan a sus agricultores, es imposible competir, y casi subsistir. Por ello, la migración no se detiene y algunos llegan al suicidio, al no poder cubrir sus necesidades básicas, ni pagar sus deudas.

     

    JUZGAR

    Al respecto, el Papa Benedicto XVI dice en su Encíclica Caritas in veritate: "En muchos países pobres persiste, y amenaza con acentuarse, la extrema inseguridad de vida a causa de la falta de alimentación: el hambre causa todavía muchas víctimas. El hambre no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional. El problema de la inseguridad alimentaria debe ser planteado en una perspectiva de largo plazo, eliminando las causas estructurales que lo provocan y promoviendo el desarrollo agrícola de los países más pobres mediante inversiones en infraestructuras rurales, sistemas de riego, transportes, organización de los mercados, formación y difusión de técnicas agrícolas apropiadas, capaces de utilizar del mejor modo los recursos humanos, naturales y socio-económicos, que se puedan obtener preferiblemente en el propio lugar, para asegurar así también su sostenibilidad a largo plazo. Todo eso ha de llevarse a cabo implicando a las comunidades locales en las opciones y decisiones referentes a la tierra de cultivo. En esta perspectiva, podría ser útil tener en cuenta las nuevas fronteras que se han abierto en el empleo correcto de las técnicas de producción agrícola tradicional, así como las más innovadoras, en el caso de que éstas hayan sido, tras una adecuada verificación, reconocidas convenientes, respetuosas del ambiente y atentas a las poblaciones más desfavorecidas. Al mismo tiempo, no se debería descuidar la cuestión de una reforma agraria ecuánime en los países en desarrollo" (27).

     

    ACTUAR

    Legisladores, gobernantes, economistas e inversionistas deben atacar el problema estructural, a nivel nacional e internacional; mientras tanto, sugerimos a los campesinos:

     

    Amar la tierra y cuidarla. No quemar bosques, ni tirar árboles irracionalmente. Hacer terrazas en las parcelas en declive, para que no se vaya al río la tierra buena y se queden sólo las piedras, que con el tiempo generan desiertos. Evitar los insumos químicos y probar la eficacia y rentabilidad de los abonos orgánicos. Discernir qué programas de gobierno les pueden en verdad beneficiar, sin hacerse dependientes y esclavos. Estar abiertos para probar otras siembras y nuevos métodos, combinando la sabiduría de los mayores con los avances de la ciencia. Organizarse en cooperativas de productores y comerciantes, para unir fuerzas y enfrentarse al mercado globalizado, en el que los pequeños no caben. No dejarse atrapar por el consumismo al que induce la publicidad, y no querer presumir con las últimas modas en celulares, videos, ropa y diversiones. Amar y gozar la digna y noble austeridad, por decisión propia y convencida, sostenida por la Palabra de Dios.


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    Crecer en humanidad
    Por monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán
    MÉXICO, sábado, 7 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos el artículo que ha escrito monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán, con el título "Crecer en humanidad".

     

    * * *

     

    Cuando el autor sagrado va narrando, en el Génesis, la obra de la creación, menciona repetidamente que Dios todo lo va haciendo bien; pero en la creación del ser humano se precisa más, Dios lo hizo "muy bien": "varón y hembra los creó, a su imagen y semejanza". Dios, a su vez, entrega al varón y la mujer, como su obra maestra que son, el resto de la creación con el mandato: crezcan, multiplíquense, llenen la tierra, sométanla.

    No hay nada más hermoso que el ser humano viva y crezca en humanidad.

    No hay nada más ruin que el ser humano se envilezca renunciando a su humanidad.

    Como humanos, podemos comunicarnos, expresar nuestros pensamientos y sentimientos; nos complementamos, ayudándonos de manera respetuosa y solidaria, aprovechando nuestras facultades de la inteligencia, la afectividad, la voluntad, la libertad, la responsabilidad. La plenitud es cuando usamos estas facultades para ennoblecernos personalmente, o sea para madurar, y también para colaborar en el proceso de madurez de los demás.

    Madurar es trascender; es ir más allá de mí mismo, encontrando en los demás a compañeros de camino para la superación; es ir más allá de mi verdad y mi bien, para alcanzar la verdad y el bien que de suyo existen aunque nosotros no existiéramos y que dan consistencia a nuestra vida. La plenitud de la trascendencia se tiene cuando avanzamos en la consecución de la Verdad y el Bien supremos, que le llamamos Dios. Si Dios nos hizo a su imagen y semejanza, lo máximo es cuando reconocemos que Dios Trino y Uno es nuestro Origen y nuestra Meta y cuando asumimos que la plenitud será la total pertenencia a Dios, que se llama santidad.

    Desgraciadamente la vida familiar y social está llena de violencia: física, verbal, psicológica desde el propio hogar; robos, asaltos, secuestros, asesinatos. Se cumple aquella frase del filósofo: "el hombre es lobo para el hombre".

    ¿Dónde está la raíz de la violencia? ¿Qué hacer para afrontarla y resolverla o al menos atenuarla?

    La raíz de todo está en nuestro corazón, donde se anida la maldad o la bondad, el engaño o la verdad, el abuso o la ayuda, la solidaridad o la imposición; de nuestra libre responsabilidad depende qué uso demos a las facultades que hemos recibido. Conviene que en la familia, en la comunicación y mutuo acompañamiento que cultivemos, nos ayudemos a ir avanzando noblemente y de manera consistente. Que nuestras familias sean escuela de formación en los valores humanos y cristianos.

    Hemos de reconocer y asumir que junto a nuestra tendencia en el sentido de la verdad y el bien, también está nuestra tendencia a la mentira, a la corrupción, a la mediocridad; porque, aunque hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, también estamos marcados por la concupiscencia.

    San Pablo expresa esto con mucha claridad, diciendo: "hago el mal que no quiero, no hago el bien que quiero"; pero encuentra en Cristo Jesús la fuerza y el camino de conversión.

    De nuestra libre responsabilidad, por supuesto con la gracia de Dios, depende que colaboremos en desterrar la cultura de muerte y construir  la cultura de vida en nuestro derredor.

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    La mala prensa del continente africano
    Por el cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona
    BARCELONA, sábado, 7 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos la carta que ha escrito el cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, con el título "La mala prensa del continente africano".

    * * *

             El Sínodo sobre la Iglesia católica en el continente africano, que se ha celebrado en el Vaticano del 4 al 25 de octubre ha analizado en profundidad la misión de la Iglesia al servicio de la reconciliación, la justicia y la paz.

             Durante esta asamblea se ha denunciado la mala prensa que actualmente tiene África en los medios informativos del mundo desarrollado. Sorprende, y a la vez entristece, ver el escaso eco que los poderosos órganos de comunicación han dado a la asamblea de obispos africanos, en la que -por cierto- se ha hablado con realismo de los problemas de todo un continente muy próximo a nosotros geográficamente, pero que tenemos muy lejos en nuestras preocupaciones y en nuestros propósitos.

             África, en el día de hoy, es un continente inmerso en la pobreza y en la miseria. Destrozado por las guerras, atrapado por los conflictos, atacado por las enfermedades. La gente y los pueblos de África lloran y sangran, escribe un misionero y buen conocedor de la realidad africana.

             Y las perspectivas de cara al futuro no son nada buenas. Recientes estudios sobre el impacto del cambio climático en la agricultura anuncian que las cosechas de cereales caerán en picado. Esto producirá más desnutrición infantil y un incremento del precio de los alimentos básicos, afectando a los países en vías de desarrollo, y de una manera especial al África subsahariana y al Sudeste asiático.

             A pesar de todo, cabe un lugar para la esperanza. Porque siempre que hablamos de problemas que dependen de los seres humanos, la última palabra la tiene la humanidad y los recursos espirituales de cada persona y de cada comunidad. Es muy significativo que Benedicto XVI al inaugurar el reciente Sínodo africano afirmara que este continente representa "un inmenso pulmón espiritual" para "una humanidad que parece estar en crisis de fe y de esperanza".

             "África -dijo el Santo Padre- es depositaria de un tesoro inestimable para el mundo entero: su sentido profundo de Dios". Aún así, tal pulmón podría verse dañado por dos "patologías peligrosas" que actualmente lo atacan. Son, por un lado, el materialismo nihilista y relativista occidental, y por el otro, el fundamentalismo religioso. En lo referente al primero el Papa advirtió que "el colonialismo del primer mundo aún no se ha acabado", ya que "ha exportado y continúa exportando sus residuos tóxicos espirituales" a otros continentes, en especial a África.

             Otra realidad evidenciada en este Sínodo ha sido que la Iglesia católica ha arraigado profundamente en la realidad de los pueblos africanos y que la gran mayoría de los obispos que rigen las diócesis del continente son nativos africanos. Las comunidades cristianas de aquel continente están llamadas a ser fermento de renovación humana y espiritual. La esperanza de ese continente pasa por todos aquellos que, dentro o fuera de él, han entendido que allí se juega un desafío de vida o muerte, y trabajan por un despertar de los pueblos africanos en todos los órdenes.

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    De Londres a Roma, sin dejar el Támesis (Enseñanzas para los de casa)
    Por monseñor José Ignacio Munilla Aguirre  
    PALENCIA, sábado, 7 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos el artículo que ha escrito monseñor José Ignacio Munilla Aguirre, obispo de Palencia, con el título "De Londres a Roma, sin dejar el Támesis (Enseñanzas para los de casa)".

    * * *

               La Santa Sede hizo pública el 20 de octubre, la constitución de una fórmula eclesial especial para acoger a todos los anglicanos que han solicitado recientemente su ingreso en la Iglesia Católica. Se trata de unos cuatrocientos mil fieles anglicanos, acompañados de unos mil sacerdotes y de varias decenas de sus obispos.

                No es la primera vez que acontece un fenómeno masivo de conversiones al catolicismo procedentes de la Iglesia Anglicana. Sin embargo, en el caso presente, la novedad estriba en la forma con la que la Santa Sede ha decidido acoger a estos conversos, permitiendo que conserven buena parte de sus tradiciones eclesiales y litúrgicas, y creando para ello una estructura canónica que facilitará el camino a cuantos puedan solicitar en el futuro su "retorno a casa".  

    El valor de la Tradición 

                Cuando el Sínodo General de la Iglesia Anglicana autorizó en el año 1992 el sacerdocio femenino, se suscitó un debate dentro algunos sectores de nuestra propia Iglesia, en el que algunos juzgaban como excesivamente rigorista el principio católico de la transmisión íntegra de la Tradición: ¿No se estaba exagerando al afirmar que no tenemos autoridad para cambiar nada de la Tradición recibida de Cristo? ¿No era excesiva la sospecha de que la modificación de algún aspecto puntual, habría de terminar por adulterar el depósito de la fe?

                Han pasado diecisiete años desde entonces, y en el Sínodo General de la Iglesia Anglicana celebrado este año, se ha terminado por asumir, en la práctica, la ideología de género, al aceptar la ordenación de clérigos abiertamente homosexuales, que viven en pareja. Es de suponer, que pronto se realizará la "acomodación" del matrimonio a la "ideología de moda".

                ¡Cuántas enseñanzas nos ofrece la historia! En estos tiempos de secularización, los católicos deberíamos aprender algo muy importante de estos conversos que hoy llaman a las puertas de nuestra Iglesia: el valor del depósito de la Tradición. Sin la Tradición -cuya estima compartimos con la Iglesia Ortodoxa- la fe termina por disolverse en las ideologías del momento.  

    La estima y el valor del celibato 

                Cerca de mil clérigos anglicanos van a recibir el sacramento del Orden Sacerdotal, integrándose en nuestra Iglesia Católica a través de un "Ordinariato personal", gobernado por alguno de sus clérigos u obispos. Los clérigos que estaban casados, seguirán viviendo su compromiso matrimonial, adquirido con anterioridad a su conversión, al mismo tiempo que ahora ejercerán el sacerdocio católico.

    Asimismo, los nuevos candidatos al sacerdocio que ingresen en sus seminarios a partir de ahora, asumirán el celibato, como el resto de los presbíteros católicos de rito occidental. En este primer momento, la elección de los obispos responsables de estos Ordinariatos, se realizará entre los clérigos u obispos célibes provenientes del anglicanismo.

    Se trata de una solución muy razonable que, al mismo tiempo que se muestra respetuosa y responsable con la situación de partida de estos clérigos casados, también demuestra la gran estima de los conversos por el celibato. Una actitud tan positiva, debería cuestionar a quienes entre nosotros habían llegado a pensar que el celibato no tenía futuro. Sin embargo, es notorio que el celibato es un don de Dios que reafirma en gran medida el sentido vocacional del sacerdocio. ¡Cuánto nos ayuda el "desposorio con Cristo" para poder vivir el ministerio sacerdotal como un auténtico "desposorio con la Iglesia"!              

     El verdadero ecumenismo


                ¿Cómo puede afectar todo este proceso al diálogo ecuménico? ¿No podría ser interpretado, tal vez, como una estrategia proselitista de la Iglesia Católica, que se aprovecha de la grave crisis que padece la Iglesia Anglicana, para "robarle" sus fieles?

    Lo cierto es que, el Arzobispo anglicano Primado de la Iglesia de Inglaterra, Rowan Williams, y el Arzobispo católico de Westminster, Gerard Nichols, ofrecieron el mismo día que se hizo pública la noticia, una rueda de prensa conjunta, en la que elogiaron este camino emprendido. Sus palabras fueron muy esclarecedoras: "Se trata de un reconocimiento de la sustancial convergencia en la fe, doctrina y espiritualidad entre la Iglesia católica y la tradición anglicana". "Sin los diálogos de los pasados 40 años este reconocimiento no habría sido posible".

    En resumen, este "paso de gigante" al que estamos asistiendo, ha dejado patente que el concepto de "ecumenismo" no es antagónico al de "conversión". Muy al contrario, el verdadero ecumenismo es el que posibilita que las conversiones no sean puestas sistemáticamente bajo la sospecha de proselitismo, sino que sean reconocidas como la culminación del proceso del diálogo ecuménico.

    Esperamos expectantes la beatificación del Cardenal John Henry Newman (1801-1890), que tendrá lugar en mayo de 2010. Su figura es un estímulo para todos aquellos que buscan con pasión la Verdad, y están dispuestos a abrazarla con todas las consecuencias, una vez encontrada. Suya es la siguiente expresión, que ojalá pudiéramos hacer nuestra: "En mi vida no he pecado nunca contra la luz".



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