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11月4日

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Actualidad


Aumento sensible de las vocaciones sacerdotales en 20 países
Entre ellos Inglaterra y Gales

ROMA, miércoles 4 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Veinte países están experimentando un notable aumento del número de seminaristas, según la última encuesta sobre vocaciones internacionales realizada en 2007.

Lo afirmó monseñor Francis Bonnici, director de la Obra Pontificia de Vocaciones Sacerdotales de la Sagrada Congregación para la Educación Católica, y anfitrión de la Conferencia de Directores de Vocaciones de Inglaterra y Gales, celebrada recientemente en el Colegio Inglés de Villa Palazzola, (Roma).

Entre los veinte países que han visto aumentar su número de seminaristas se encuentran Inglaterra y Gales, donde, según estadísticas provisionales, unos cuarenta hombres han iniciado su formación sacerdotal en seminarios diocesanos este curso 2009-2010.

Durante el encuentro, monseñor Bonnici habló del sacerdocio ministerial y de la unión entre el seminarista y Cristo, destacando que en 2011 se publicará un documento, basado en las cartas y discursos de Benedicto XVI sobre el sacerdocio, que ayudará mucho a los que trabajan en el ministerio vocacional.

Comentando la Conferencia, monseñor Bonnici afirmó que el aspecto que le ha impresionado más ha sido el hecho de constatar un “verdadero interés por el ministerio pastoral y por las vocaciones”.

Durante los trabajos, ha sido elegido el nuevo Comité de Directores de Vocaciones: el padre Stephen Langridge ha sido elegido presidente; el padre Paul Grogan, vicepresidente, y el padre Paul Turner tesorero.

El nuevo presidente de la Conferencia afirmó que “cada diócesis debe afrontar el desafío de promover las vocaciones sacerdotales, pero en muchos lugares el Director de Vocaciones todavía ejerce un ministerio a tiempo parcial”.

“Soy muy consciente de lo importante que es animar a mis compañeros Directores de Vocaciones y quiero trabajar con ellos para desarrollar nuevas estrategias para la promoción de las vocaciones sacerdotales, sobre todo entre los adolescentes y los jóvenes de nuestra diócesis”, añadió.

En la Conferencia, durante la cual se ha vuelto a abrir la iglesia del Colegio Inglés, participaron 18 sacerdotes en representación de 16 diócesis.

El próximo encuentro se celebrará en octubre de 2010 en el Seminario de Oscott, en Birmingham.

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Foro


Gracia (Grace Kelly) antes que belleza; raíces que se marchitan
Roma acoge una exposición sobre la princesa de Mónaco

Por Elizabeth Lev

ROMA, 4 de noviembre de 2009 (ZENIT.org). – La nostalgia del verano que traen los primeros días fríos del otoño romano encuentra un eco en una conmovedora exposición que se abrió el pasado 16 de octubre. “Los Años de Grace Kelly” estará en el Palacio Ruspoli hasta el 26 de febrero y ofrece fotos, vídeos, vestidos y otros recuerdos de la extraordinaria vida de una querida actriz norteamericana que se convirtió en una princesa europea.

Grace Kelly nació en una familia católica irlandesa de Filadelfia el 12 de noviembre de 1929. Su padre, antiguo remero olímpico y exitoso fabricante de ladrillos, fue un importante miembro del Partido Demócrata, que sacó adelante su familia con valores cristianos.

El certificado de bautismo de Grace está enmarcado por fotos familiares de niños sanos y felices que gozan de placeres sencillos. A pesar de su riqueza y de sus frecuentes apariciones en las páginas de sociedad, los Kelly vivían modestamente con pocas muestras de su abundancia material.

De sus padres, Grace recibió el sentido del trabajo duro y la dedicación, mientras que su tío, George Kelly, dramaturgo ganador del Pulitzer, animó su lado artístico. Sus dibujos de joven revelan el amor por el color, la luz y la belleza que la impulsarían hacia el mundo del cine.

Tras algunos papeles y haber trabajado algo para televisión, Grace fue catapultada al estrellado. Con 11 películas desde 1951 a 1956, Grace Kelly comprimió la carrera de una vida en unos pocos años. Trabajó con leyendas del cine como Clark Gable y Cary Grant, que seguiría siendo su amigo de por vida.

En 1954, a la edad de 26 años, ganó un Oscar a la mejor actriz por su papel en The Country Girl. La exposición exhibe su Oscar, el vestido pastel y verde que vistió para la ocasión, y las ahora chistosas indirectas sobre su maquillaje y vestido que le envió la Academia junto al anuncio de su nominación al Oscar (Nota: Grace siguió sus consejos al pie de la letra).

Más llamativas que los recuerdos de Hollywood son las cartas y telegramas de amor y apoyo que llenan los expositores. Bing Crosby, coprotagonista en The Country Girl, escribe con espontáneo afecto y la alaba prediciendo su futuro. Familia y amigos le escribían con sincera alegría, por lo que Grace aparece entre estas páginas amarillentas como alguien capaz de lograr la amistad y el respeto verdaderos. (Una nota muy extraña advierte a Grace de los progresos de un pesado joven llamado Jack Nicholson, ofreciéndose a “echarle una reprimenda si se pasaba de la raya”).

En 1955, durante el festival de cine de Cannes, Grace hizo una foto en el Palacio Real de Mónaco donde se había encontrado con el príncipe Rainiero. Su vestido de flores estampadas, en la exposición, revive el día del trascendental encuentro tan claramente como las imágenes de vídeo.

En el momento del encuentro, Grace se relacionaba con Oleg Cassini, un diseñador ruso divorciado. Sus muchas cartas de amor y propuestas de matrimonio rodean una larga carta de su familia que describe el disgusto de sus padres por los planes de Grace de casarse con un hombre “que ya tiene una esposa”. Grace, de acuerdo con su fe y su familia, dejó de ver a Cassini.

Pero cuando se cierra una puerta se abre otra. El príncipe Rainiero fue a pasar las fiestas de Navidad con la familia Kelly en Filadelfia y le propuso el matrimonio. Grace dejó su carrera en la cima así como su patria para convertirse en la Princesa de Mónaco. Los apasionados telegramas y cartas del príncipe Rainiero se esparcen como el arroz en una boda alrededor del espectacular vestido que Grace visitó para casarse el 19 de abril de 1956.

Grace y su príncipe tuvieron tres hijos. Carolina nació en 1957, Alberto en 1958 y Estefanía en 1965. Las películas caseras de Grace destacan su papel como madre amorosa y atenta.

La exposición, sin embargo, se para en los elaborados trajes que encargó para sus sofisticados bailes y fiestas. Esta sección, titulada “La Reina de lo Efímero” por Fredric Mitterand, organizador de la exposición y ministro de cultura francés, deslumbra con la gran selección de vestidos y cartas de la jet-set internacional.

Aquí, Grace parece reducida de nuevo a una actriz, que viste trajes para los papeles menos importantes. De repente esta mujer de sustancia parece muy superficial. Pero entre la notas quedan testimonios de firme defensa y amistad con la artista negra Josephine Baker y su preocupación por la acongojada reclusa Greta Garbo.

Vi la primera encarnación de esta exposición en Montecarlo hace tres años, en la que había muchas más imágenes de la labor de la princesa como presidenta de la Cruz Roja de Mónaco. No sólo logró financiadores, sino que la princesa Grace ofreció voluntariamente su tiempo y sus esfuerzos, visitando enfermos y asistiendo a refugiados. La exposición de Mónaco también destacaba su fundación de AMADE, creada para proteger los derechos de los niños en el mundo. AMADE, nombrada así para “que suene como amor”, busca “crear, promover, coordinar y apoyar iniciativas que asistan a los niños más vulnerables”.

A pesar de los requerimientos de Alfred Hitchcock y otros para llevarla de vuelta a la gran pantalla. La princesa Grace sólo volvió a las cámaras poco antes de su muerte, para Family Theater, una empresa de producción fundada en 1947 por su viejo amigo, el padre de la Santa Cruz, Patrick Peyton.

La princesa Grace fue grabada rezando el rosario en la Basílica de San Pedro, un legado mayor que sus fabulosas joyas exhibidas en la exposición. Desgraciadamente, esta obra no es ni siquiera mencionada por los organizadores, a pesar del hecho de que fue su primera aparición en una película en 25 años.

Las fotos del Príncipe y la Princesa de Mónaco con el Papa flanquean imágenes de la pareja de visita con los Kennedy. Pero la exposición ignora la conexión católica entre Mónaco y la Santa Sede, que han mantenido relaciones diplomáticas desde 1861.

Ni cuenta tampoco cómo en 1954, el centenario de la Inmaculada Concepción, el príncipe Rainiero hizo un peregrinaje a Lourdes, para rogar a María por una esposa adecuada. Varios años después, la princesa Grace reveló que su nombre de confirmación fue Bernadette, la niña francesa a quien se apareció la Virgen en Lourdes. En el 25 aniversario de la peregrinación del príncipe, la princesa Grace también visitó Lourdes para dar gracias.

La princesa Grace murió en un accidente de coche el 14 de septiembre de 1982, y fue enterrada en la catedral de San Nicola en Montecarlo (también dedicada a la Inmaculada Concepción), la misma iglesia que la recibió para la “Boda del Siglo”, 26 años antes. La exposición evoca una nostalgia triste, no de la glamurosa reina de un cuento de hadas moderno, sino de una edad en la que los líderes recordaban que nobleza obliga, y que la vida de una persona pesaba más que las gasas y joyas.

* * *

La llamada del glamour

La llegada del príncipe Alberto de Mónaco para inaugurar la exposición emocionó a los observadores de la realeza italianos, pero dejó a otros reflexionando sobre el sino de la minúscula nación católica.

Como Liechtenstein y Luxemburgo, Mónaco es un minúsculo principado soberano con una rica tradición católica y una larga historia de relaciones con la Santa Sede.

En 1861, el tratado de Mónaco con Francia reconocía formalmente la independencia oficial y la soberanía de Mónaco bajo la autoridad exclusiva de su soberano. El Papa León XIII estableció la primera diócesis independiente en el país.

El establecimiento de esta diócesis fue muy deseado por el príncipe reinante de Mónaco que quería aumentar su independencia de Francia. Antes de la instalación del obispo (hoy arzobispo), Mónaco caía bajo la jurisdicción de la cercana Niza. Las relaciones con la Santa Sede ayudaron a este minúsculo país a dar sus primeros pasos como entidad soberana.

Mónaco sigue siendo confesionalmente católico y se dice que el príncipe gobierna “par la grace de Dieu”.

Esto significa que Mónaco tiene la obligación moral de asegurar que su sociedad actúa de acuerdo con sus obligaciones sociales, morales, políticas y diplomáticas católicas.

El príncipe Rainiero, un hombre debato, era muy cercano a los pontífices romanos, especialmente a Pío XII. Murió en el 2005, cuatro días después de Juan Pablo II, y su hijo, Alberto II, asumió el papel de príncipe de Mónaco.

Bajo el príncipe Alberto, el glamour secular ha comenzado a marchitar las raíces católicas del país. No obstante, hay muchos puntos comunes en los que la Santa Sede y el príncipe trabajan juntos para promover la enseñanza católica, y estos elementos fueron destacados durante la visita del príncipe al Papa Benedicto el 16 de octubre.

La “protección de los recursos naturales y del medio ambiente” son causas comunes para el príncipe y para el Papa “verde”. En 1998, Mónaco tomó el liderazgo en la diplomacia marino ambiental al albergar el Laboratorio Marino Ambiental de la Agencia Internacional de la Energía Atómica de Naciones Unidas (IAEA-MEL) en el Museo Oceanográfico de Mónaco. Da consejo y asiste a los estados miembros de las Naciones Unidas “para enfrentarse a amenazas en sus lagos, mares y costas”.

El príncipe Alberto también el patrón del Segundo Congreso Internacional sobre Investigación Responsable de Células Madres, que tendrá lugar en Mónaco del 26 al 28 de noviembre. Titulado “Células Madre Somáticas Adultas: Nuevas Perspectivas”, sigue al encuentro de Roma del 2006, que debatió la investigación terapéutica celular de células madre de adultos y del cordón umbilical. Esta postura de salvar vidas ante la investigación de células madre pone en práctica la enseñanza de la Iglesia.

A pesar de estos buenos esfuerzos, el reinado del príncipe Alberto ha sucumbido a la presión secular cuando firmó la ley de liberalización del aborto. Hasta ese año, Mónaco había prohibido toda forma de aborto.

La triste ironía es que el centro que levantará para los abortos es el Hospital Princesa Gracia. Una trágica caída de gracia.

* * *

Elizabeth Lev enseña arte y arquitectura cristiana en el campus italiano de la Universidad Duquesne y en el programa de estudios católicos de la Universidad de Santo Tomás. Puede contactarse con ella en lizlev@zenit.org

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Audiencia del miércoles


Benedicto XVI: “teología del corazón”, más que “teología de la razón”
Hoy en la Audiencia General

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 4 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación la catequesis del Papa Benedicto XVI, que ha dirigido hoy durante la Audiencia General a los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro.

 

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Queridos hermanos y hermanas,

en la última catequesis presenté las características principales de la teología monástica y de la teología escolástica del siglo XII, que podríamos llamar, en un cierto sentido, respectivamente, “teología del corazón” y “teología de la razón”. Entre los representantes de una y otra corriente teológica tuvo lugar un amplio debate, a veces encendido, simbólicamente representado por la controversia entre san Bernardo de Claraval y Abelardo.

Para comprender esta confrontación entre los dos grandes maestros, es bueno recordar que la teología es la búsqueda de una comprensión racional, en cuanto sea posible, del misterio de la Revelación cristiana, creídos por la fe: fides quaerens intellectum – la fe busca la inteligibilidad – por usar una definición tradicional, concisa y eficaz. Ahora, mientras que san Bernardo, típico representante de la teología monástica, pone el acento sobre la primera parte de la definición, es decir, en la fides - la fe, Abelardo, que es un escolástico, incide sobre la segunda parte, es decir, sobre el intellectus, sobre la comprensión por medio de la razón. Para Bernardo la fe misma está dotada de una íntima certeza fundada en el testimonio de la Escritura y en la enseñanza de los Padres de la Iglesia. La fe además se refuerza por el testimonio de los santos y por la inspiración del Espíritu Santo en el alma de cada creyente. En los casos de duda y de ambigüedad, la fe debe ser protegida e iluminada por el ejercicio del Magisterio eclesial. Así a Bernardo le cuesta ponerse de acuerdo con Abelardo, y más en general con aquellos que sometían las verdades de la fe al examen crítico de la razón; un examen que comportaba, en su opinión, un grave peligro, el intelectualismo, la relativización de la verdad, la puesta en discusión de las mismas verdades de la fe. En esta forma de proceder Bernardo veía una audacia llevada hasta la falta de escrúpulos, fruto del orgullo de la inteligencia humana, que pretende “capturar” el misterio de Dios. En una de sus cartas, dolorido, escribe así: “El ingenio humano se apodera de todo, no dejando ya nada a la fe. Se enfrenta a lo que está por encima de él, escruta lo que le es superior, irrumpe en el mundo de Dios, altera los misterios de la fe, más que iluminarlos; lo que está cerrado y sellado no lo abre, sino que lo erradica, y lo que no encuentra viable lo considera como nada, y rechaza creer en ello” (Epístola CLXXXVIII,1: PL 182, I, 353).

Para Bernardo la teología tiene un único fin: el de promover la experiencia viva e íntima de Dios. La teología es por tanto una ayuda para amar cada vez más y mejor al Señor, como recita el título del tratado sobre el Deber de amar a Dios (De diligendo Deo). En este camino, hay diversos grados, que Bernardo describe detalladamente, hasta el culmen, cuando el alma del creyente se embriaga en las cumbres del amor. El alma humana puede alcanzar ya en la tierra esa unión mística con el Verbo divino, unión que el Doctor Mellifluus describe como "bodas espirituales". El Verbo divino la visita, elimina las últimas resistencias, la ilumina, la inflama y la transforma. En esta unión mística, ésta goza de una gran serenidad y dulzura, y canta a su Esposo un himno de alegría. Como recordé en la catequesis dedicada a la vida y a la doctrina de san Bernardo, la teología para él no puede sino nutrirse de la oración contemplativa, en otras palabras, de la unión afectiva del corazón y de la mente con Dios.

Abelardo, que por otra parte es precisamente quien introdujo el termino “teología” en el sentido en que lo entendemos hoy, se pone en cambio en una perspectiva diversa. Nacido en Bretaña, en Francia, este famoso maestro del siglo XII estaba dotado de una inteligencia vivísima y su vocación era el estudio. Se ocupó primero de la filosofía, y después aplicó los resultados alcanzados en esta disciplina a la teología, de la que fue maestro en la ciudad más culta de la época, París, y sucesivamente en los monasterios en los que vivió. Era un orador brillante: sus lecciones eran seguidas por verdaderas y propias masas de estudiantes. De espíritu religioso pero de personalidad inquieta, su existencia fue rica en golpes de escena: rebatió a sus maestros, tuvo un hijo con una mujer culta e inteligente, Eloísa. Estuvo a menudo en polémica con sus colegas teológicos, sufrió también condenas eclesiásticas, aunque murió en plena comunión con la Iglesia, a cuya autoridad se sometió con espíritu de fe. Precisamente san Bernardo contribuyó a la condena de algunas doctrinas de Abelardo en el sínodo provincial de Sens de 1140, y solicitó también la intervención del Papa Inocencio II. El abad de Claraval rechazaba, como hemos recordado, el método demasiado intelectualista de Abelardo, que a sus ojos reducía la fe a una simple opinión desenganchada de la verdad revelada. Los temores de Bernardo no eran infundados, sino que eran compartidos, por lo demás, por otros grandes pensadores de su tiempo. Efectivamente, un uso excesivo de la filosofía hizo peligrosamente frágil la doctrina trinitaria de Abelardo, y así su idea de Dios. En el campo moral su enseñanza no estaba privada de ambigüedad: insistía en considerar la intención del sujeto como única fuente para describir la bondad o la malicia de los actos morales, descuidando así el significado objetivo y el valor moral de las acciones: un subjetivismo peligroso. Este es – como sabemos – un aspecto muy actual para nuestra época, en la que la cultura aparece a menudo marcada por una tendencia creciente al relativismo ético: sólo el yo decide qué es bueno para mí, en este momento. No hay que olvidar, con todo, los grandes méritos de Abelardo, que tuvo muchos discípulos y que contribuyó al desarrollo de la teología escolástica, destinada a expresarse de modo más maduro y fecundo en el siglo sucesivo. No deben minusvalorarse algunas de sus intuiciones, como por ejemplo cuando afirma que en las tradiciones religiosas no cristianas hay ya una preparación a la acogida de Cristo, Verbo divino.

¿Qué podemos aprender nosotros hoy, de la confrontación, de tonos a menudo encendidos, entre Bernardo y Abelardo, y, en general, entre la teología monástica y la escolástica? Ante todo creo que muestra la utilidad y la necesidad de una sana discusión teológica en la Iglesia, sobre todo cuando las cuestiones debatidas no han sido definidas por el Magisterio, el cual sigue siendo, con todo, un punto de referencia ineludible. San Bernardo, pero también el mismo Abelardo, reconocieron siempre sin dudarlo su autoridad. Además, las condenas que este último sufrió nos recuerdan que en el campo teológico debe haber un equilibrio entre los que podríamos llamar los principios arquitectónicos que nos han sido dados por la Revelación y que conservan por ello siempre una importancia prioritaria, y los interpretativos sugeridos por la filosofía, es decir, por la razón, y que tienen una función importante, pero sólo instrumental. Cuando este equilibrio entre la arquitectura y los instrumentos de interpretación disminuye, la reflexión teológica corre el riesgo de contaminarse con errores, y corresponde entonces al Magisterio el ejercicio de ese necesario servicio a la verdad que le es propio. Además, hay que subrayar que, entre las motivaciones que indujeron a Bernardo a ponerse contra Abelardo y a solicitar la intervención del Magisterio, estaba también la preocupación de salvaguardar a los creyentes sencillos y humildes, a los que hay que defender cuando corren el riesgo de ser confundidos o desviados por opiniones demasiado personales y por argumentaciones teológicas sin escrúpulos, que podrían poner en peligro su fe.

Quisiera recordar, finalmente, que la confrontación teológica entre Bernardo y Abelardo concluyó con una plena reconciliación entre ambos, gracias a la mediación de un amigo común, el abad de Cluny Pedro el Venerable, del que hablé en una de las catequesis anteriores. Abelardo mostró humildad en reconocer sus errores, Bernardo usó gran benevolencia. En ambos prevaleció lo que debe estar verdaderamente en el corazón cuando nace una controversia teológica, es decir, salvaguardar la fe de la Iglesia y hacer triunfar la verdad en la caridad. Que esta sea también hoy la actitud con la que hay confrontaciones en la Iglesia, teniendo siempre como meta la búsqueda de la verdad.

 [Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

 

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy me detengo en el debate que mantuvieron en el siglo doce San Bernardo, representante de la teología monástica, y Abelardo, exponente de la teología escolástica. Para entender esta cuestión, hay que recordar que la teología es la fe que busca comprender. Mientras que para San Bernardo el acento recae sobre la primera parte de la definición, es decir, sobre la fe, Abelardo insiste en la segunda parte, esto es, en la comprensión por medio de la razón. Para el primero, la teología tiene como fin promover la experiencia personal de Dios. En este sentido, es una ayuda para amar cada vez más y mejor al Señor. En cambio, Abelardo, a quien por otra parte se debe la introducción del vocablo "teología" en el sentido que hoy lo entendemos, se coloca en una perspectiva diversa, de corte más intelectualista y con un uso a veces excesivo de la filosofía. ¿Qué nos enseña a nosotros esta disputa? Especialmente, la utilidad de una sana discusión teológica dentro de la Iglesia, sobre todo cuando las cuestiones debatidas no están definidas por el Magisterio, que es punto de referencia ineludible. Al final, la confrontación entre Bernardo y Abelardo acabó en una reconciliación entre ambos, gracias también a Pedro el Venerable, amigo de los dos.

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular, a los miembros de la Hermandad de Labradores "Paso Azul", de Lorca, a los fieles de distintas diócesis de Guatemala, a la delegación de la Escuela de Investigaciones Policiales de Chile, así como a los demás grupos procedentes de España, México y otros países latinoamericanos. Que en vuestra vida salvaguardéis siempre la fe de la Iglesia y hagáis triunfar la verdad en la caridad. Muchas gracias.

 

 

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez

© Libreria Editrice Vaticana]

 

 

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Documentación


Santa Sede: integrar las políticas migratorias en el desarrollo de los pueblos
Intervención en el III Foro "Migraciones y Desarrollo"

ATENAS, miércoles 4 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación la versión española de la intervención de monseñor Agostino Marchetto, secretario del Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, hoy en el III Foro Mundial “Migraciones y Desarrollo” que se celebra estos días en Atenas (Grecia).

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+Arzobispo Agostino Marchetto

Secretario

Señor Presidente,

Es para mí un honor guiar una vez más la Delegación de la Santa Sede a este Forum, que en la presente edición nos propone reflexionar sobre el modo de integrar las políticas de migración en las estrategias de desarrollo.

Desafortunadamente asistimos hoy en día a un difuso sentimiento de derrota frente a muchos de los compromisos asumidos hace sólo unos pocos años. Los conflictos nuevos y prolongados, la crisis económica, la proliferación de emergencias ambientales, las amenazas a la seguridad interna y externa de los Estados, algunas alarmas sanitarias, la tentación de subordinar las opciones políticas a los intereses de poder o a los beneficios a corto plazo, junto a otros factores, ponen fuertes hipotecas al desarrollo y condicionan de manera significativa las decisiones y la gestión de la migración a nivel mundial.

La Santa Sede considera que éstas sean un elemento importante de interdependencia entre los Estados. Una correcta aproximación a la gestión de este fenómeno debería pues considerar sobre todo que el migrante es una persona humana y, en cuanto tal, posee derechos inalienables, que deben ser respetados por todos y en cualquier situación[1].

Esto comporta numerosas consecuencias y exige medidas específicas, tales como la necesidad de proteger la dignidad de los inmigrantes y de políticas que afronten las causas de la migración, para que nadie se vea obligado a abandonar su propio país. Además, a cuantos de ellos ofrecen una aportación valida y regular a nuestra sociedad, es necesario hacerles encontrar un contexto capaz de luchar contra las actitudes de discriminación, de intolerancia y de xenofobia, que incluso llegan a tomar como pretexto el trasfondo religioso o étnico.

En la reciente Encíclica social "Caritas in veritate" (La caridad en la verdad), el Papa Benedicto XVI ha dedicado a los temas que aquí examinamos, importantes reflexiones y un parágrafo específico, que pueden ofrecer perspectivas interesantes en la búsqueda de nuevas soluciones, tanto a nivel internacional como local, a la luz de una visión integral del hombre[2].

Su Santidad señala como vía maestra de la doctrina social de la Iglesia Católica la caridad que sostiene una "civilización del amor", que comprende la "civilización de la economía", con dos criterios orientativos fundamentales: la justicia y el bien común[3]. Estos criterios sirven también para esa manifestación de la globalización que es el macrofenómeno de las migraciones.

En la nueva Encíclica el Papa, constatando la magnitud del actual fenómeno migratorio, que "impresiona por sus grandes dimensiones, por los problemas sociales, económicos, políticos, culturales y religiosos que suscita, y por los dramáticos desafíos que plantea a las comunidades nacionales y a la comunidad internacional"[4], hace una constante llamada a la solidaridad[5].

Esta es particularmente urgente en el ámbito de la movilidad laboral, la cual puede implicar un "grave peligro para los derechos de los trabajadores, para los derechos fundamentales del hombre y para la solidaridad en las tradicionales formas del Estado social"[6]. La degradación humana, el derroche social, influyen no sólo de forma grave en la vida de los trabajadores, sino también en sus relaciones familiares, en el grupo social que les acoge y del que provienen, y sobre el crecimiento económico de ambos, ya que los costes humanos repercuten también en los económicos.

Un nuevo acercamiento a estos problemas puede ser ofrecido por el principio de subsidiariedad que, en nuestro ámbito, exige interesar en la gestión de las migraciones a todos los actores implicados en todos los niveles, reconociendo, donde sea posible, la justa autonomía de los ámbitos intermedios (comunidades en la diáspora, asociaciones de migrantes, de sus familias, etc.). El principio de subsidiariedad, a su vez, está íntimamente unido al principio de solidaridad, de forma que la primera no caiga en el particularismo social ni la segunda se malogre en el asistencialismo que humilla al necesitado[7].

Al abordar la relación entre las migraciones y el desarrollo humano integral, debo añadir que la integración se realiza plenamente allí donde, entre los inmigrantes y la población autóctona, no se limita sólo al ámbito económico-social, sino que incluye, en la recíproca disponibilidad y acogida, también el cultural. La relación entre las culturas, como sabemos, siempre tiene una incidencia en el ámbito económico. En la misma Encíclica se recuerda que "rebajar las culturas a la dimensión tecnológica, aunque puede favorecer la obtención de beneficios a corto plazo, a la larga obstaculiza el enriquecimiento mutuo y las dinámicas de colaboración" en cuanto que "el trabajador tiende a adaptarse pasivamente a los mecanismos automáticos, en vez de dar espacio a la creatividad"[8], advirtiendo que el desarrollo tecnológico ha nacido precisamente "de la creatividad humana como instrumento de la libertad de la persona"[9].

Ya que "ningún país por sí solo puede ser capaz de hacer frente a los problemas migratorios actuales"[10], recojamos entonces el desafío dramático, a nivel universal, cuya respuesta positiva "depende sobre todo de que se reconozcan como parte de una sola familia, que colabora con verdadera comunión y está integrada por seres que no viven simplemente uno junto al otro".[11]

Es una confirmación - creo - de la importancia de estos encuentros nuestros de “Forum”.

Gracias, Señor Presidente.

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[1] Cfr. Benedicto XVI, Carta Encíclica Caritas in veritate, n. 62, Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2009, pp. 91-92.

[2] Cfr. Ibid., nn. 25, 32 y 62.

[3] Cfr. Ibid., nn. 2, 7, 33, 36, 38 y 78.

[4] Ibid., n. 62.

[5] Cfr. Ibid., nn. 19, 25, 27s., 35, 36, 38, 39, 41, 43, 44, 47, 49, 53, 60, 73, 76, donde el Santo Padre habla de "Solidaridad universal", "solidaridad de la presencia, del acompañamiento, de la formación y del respeto", "solidaridad social", "desarrollo solidario de los pueblos" y "nuevas solidaridades".

[6] Ibid., n. 25.

[7] Cfr. Ibid., n. 58.

[8] Ibid., n. 32.

[9] Ibid., n. 70.

[10] Ibid., n. 62.

[11] Ibid., n. 53.



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Proposiciones al Papa aprobadas por el Sínodo (37 a 42)
Laicos, familia, sacerdotes y religiosos

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 4 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos la traducción al español de las Proposiciones 37 a 42 (versión no oficial), de la reciente II Asamblea Extraordinaria para África del Sínodo de los Obispos --cuyo texto oficial está en latín--, objeto de voto personal por parte de los padres sinodales, presentadas al Papa Benedicto XVI.

El texto oficial en latín, por su naturaleza, es reservado y no será publicado, para respetar el carácter consultivo de la asamblea sinodal. Este texto, como su nombre indica, tiene carácter propositivo.

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Proposición 37

Los laicos

Los fieles laicos de Cristo comparten su triple misión de sacerdote, profeta y rey, porque son miembros del Pueblo de Dios. Están por tanto llamados a vivir su vocación y misión a todos los niveles de la sociedad, especialmente en la esfera socio-política, en la socio-económica y en la socio-cultural. De esta forma estos se convierten en “sal de la tierra” y “luz del mundo”, sirviendo a la justicia y la paz en estos ámbitos de la sociedad.

En consecuencia, la Iglesia debe equiparles con una catequesis inicial y permanente para la conversión del corazón, apoyada por una adecuada formación espiritual, bíblica, doctrinal y moral, para crear una conciencia civil de cristiano.

Con este propósito quizás uno de los instrumentos providenciales para el desarrollo de esta conversión y experiencia de fe son los nuevos movimientos eclesiales. Los movimientos y las comunidades de fe y de comunión son en la Iglesia “verdaderos laboratorios de fe”, espacios de formación y de enriquecimiento a través del Espíritu para una vida de testimonio y de misión. Así formados como discípulos del Señor, estos actuarán como levadura en el mundo.

La Iglesia debe cuidar especialmente a aquellos que están implicados en la guía de los asuntos políticos, económicos y culturales, planificando un programa de formación basado en la Palabra de Dios y en la doctrina social de la Iglesia (cfr. “Compendio”). Este programa debe comprender la formación para guiar a los demás de modo que se transforme la vida con la acción (prácticas formativas de guía a través de la acción).

Al mismo tiempo la Iglesia debe animar la formación de asociaciones y compañías laicales en los diferentes campos profesionales (médico, jurídico, parlamentario, académico, etc.) para asistirles en las respectivas actividades en el ámbito de la sociedad y de la Iglesia. Debe también reforzar y sostener los Consejos para los Laicos ya existentes, asistiéndoles a todo nivel, proveyéndoles de capellanes.

Las Pequeñas Comunidades Cristianas / Comunidades Eclesiales Vivientes (SCC / CEV) deben colaborar en la formación del Pueblo de Dios y servir como lugar donde se viva concretamente la reconciliación, la justicia y la paz.



Proposición 38

La familia

Como institución, la familia tiene origen divino. Es el “santuario de la vida” y el núcleo de la sociedad y de la Iglesia. Es el lugar apropiado para aprender y practicar la cultura del perdón, de la paz, de la reconciliación y de la concordia.

A causa de su capital importancia y de las amenazas que afronta, especialmente la trivialización del aborto, el desprecio de la maternidad (embarazo), la distorsión de la noción del matrimonio y de la misma familia, la ideología del divorcio y una nueva ética relativista, la familia y la vida humana deben ser protegidas y defendidas.

Los Padres sinodales invitan a las iglesias locales a adoptar las siguientes medidas:

- dar a conocer la Carta de la Familia de la Santa Sede;

- una adecuada catequesis sobre la concepción cristiana de la familia;

- programas pastorales integrales que promuevan una vida de oración y escucha de la Palabra de Dios (lectio divina) en las familias;

- educación de las parejas a crecer en el amor conyugal y en la paternidad responsable, según la doctrina de la Iglesia;

- ofrecer apoyo pastoral a los padres en su responsabilidad como primeros educadores;

- acompañamiento espiritual de las parejas (p. e. a través de los Équipes Notre Dame; la Fraternidad de Caná, etc.); - considerar el servicio de los esposos cristianos como ministerio y poner esta dignidad como fundamento de la familia;

- celebraciones de jubileos de matrimonio (bodas de plata, de otro) con diplomas de honor;

- apoyo a las parejas jóvenes a través de parejas ejemplares bien conocidas;

- oferta de consulta matrimonial e institutos para la familia;

- educación y formación en los valores matrimoniales y familiares a través de los medios de comunicación (radio, televisión, etc.) y

- creación de asociaciones diocesanas y nacionales, apoyadas a nivel continental.



Proposición 39

Los sacerdotes

Cada sacerdote, configurado por la Ordenación a Cristo, Cabeza y Buen Pastor, está llamado a ser una imagen viva de Jesucristo, que vino a servir y no a ser servido (Mc 10,45).

En consecuencia los sacerdotes deben cultivar una profunda vida espiritual que comprenda la escucha de la Palabra de Dios, la celebración de la Eucaristía y la fidelidad a la oración, especialmente de las Horas.

Deben dedicarse de modo resuelto a una vida de comunidad evangélica y fraterna, protegidos de las presiones familiares, dedicados a una vida sobria de disciplina y de abnegación (Apostolica vivendi forma), y a un amor especial por los pobres. Deben ser ejemplos de una administración responsable y transparente. Deberían imitar a los profetas valientes frente a los males sociales. Se convierten así en “sal de la tierra” y “luz del mundo”.

La vocación sacerdotal comprende también un compromiso en las virtudes evangélicas de pobreza, castidad y obediencia. Estas son su más grande profesión de amor por Cristo, por su Iglesia y por sus allegados. En consecuencia,los Padres sinodales recomiendan a todos los sacerdotes de rito latino a que vivan su celibato generosamente y con amor.

Según la Exhortación Apostólica Pastores dabo vobis (n. 29): “El celibato debe ser acogido por tanto como un don inestimable de Dios, como “estímulo de la caridad pastoral”, como singular participación en la paternidad de Dios y en la fecundidad de la Iglesia, como testimonio ante el mundo del Reino escatológico”.

Además el periodo de gracia del Año Sacerdotal invita a todos los sacerdotes a imitar el celo de san Juan María Vianney en el ministerio del sacramento de la penitencia.

En vista de todo esto y a causa de los ministerios que los sacerdotes ejercen en Cristo y en favor de los fieles cristianos, a veces en circunstancias muy difíciles, los Padre sinodales no cesan de dar gracias a Dios por ellos y de llevarles en la oración a Dios, para que les ayude. Pero los Padres sinodales desean también asegurar a sus sacerdotes una sólida formación permanente en las respectivas zonas de vida y de ministerio.

Les recomiendan para su propio mantenimiento y crecimiento espiritual:

- jornadas mensuales y anuales de retiro;

- vida regular de oración y de lectura bíblica;

- formación permanente especialmente para los sacerdotes jóvenes, que necesitan un acompañamiento afectuoso, que incluya la doctrina social de la Iglesias; y

- un aseguramiento general y medios para una vida digna de los sacerdotes enfermos y ancianos.

Además el Sínodo pide, para los sacerdotes que trabajan fuera de sus diócesis, que se llegue a un convenio entre la diócesis de origen y la de destino, que defina claramente las condiciones de vvida y trabajo y la duración de la misión. Además estos sacerdotes deben ser considerados plenamente pastores en toda justicia y caridad cristiana, e insertos plenamente en el presbiterio.


Proposición 40

Seminaristas

En la formación de los seminaristas es necesario un tratamiento integral de preparación al sacerdocio católico. Mientras es necesario sostener la importancia de una sólida formación intelectual, moral, espiritual y pastoral, el crecimiento humano y psicológico de cada candidato debería incluirse como elemento fundamental para el desarrollo de una vida auténticamente sacerdotal. Los formadores deben asegurar una renovación espiritual de los seminaristas, los cuales deben estar libres de condicionantes étnicos y culturales (cf. Rom 12), sino al contrario, deben ser “nuevos seres en Cristo” (2Cor 5, 17).

De esta forma nuestros futuros sacerdotes podrán estar arraigados más establemente en la comprensión de sus culturas y de sus virtudes evangélicas, y reforzados en su confianza y dedicación a la persona de Cristo y a la misión de la Iglesia por la reconciliación, la justicia y la paz.

El grupo académico del seminario y el grupo formativo especial trabajarán juntos con el fin de facilitar esta formación integral. Los seminaristas deben formarse en la vida de comunidad, de modo tal que la vida fraterna entre ellos será garantía para el futuro de una verdadera experiencia de sacerdocio como una “fraternidad estrictamente sacerdotal”.

En la selección y formación de los candidatos, el obispo y el grupo de formadores deben discernir atentamente la motivación y la actitud de los seminaristas para asegurarse de que quienes serán después ordenados sacerdotes serán verdaderos discípulos de Cristo y servidores de la Iglesia.



Proposición 41

Los diáconos permanentes

Este Sínodo ha identificado el servicio de reconciliación, justicia y paz como el aspecto urgente y la forma de la misión apostólica de la Iglesia-Familia de Dios en África y en sus islas. Haciendo esto, el Sínodo ha descrito también a diversos agentes de esta misión apostólica de la Iglesia, incluidos varios componentes del laicado, pero incluyendo también a los ministros ordenados, entre los cuales están los diáconos permanentes que “sirven a la reconciliación, la justicia y la paz” como ministros dedicados a Dios, a su amor misericordioso y a su Palabra. “Fortificados por la gracia sacramental... éstos sirven al pueblo de Dios en el diaconado litúrgico, de la palabra y de la caridad” (Lumen gentium, 29).

Por tanto, este Sínodo recomienda que estos siervos del Señor reciban una formación adecuada sobre todo en las ciencias sagradas y en la doctrina social de la Iglesia. Dado que el intento de todos los ejercicios espirituales es el descubrimiento de una forma mejor de servir, los Padres sinodales invitan a los diáconos a buscar y contemplar el rostro del Señor cotidianamente, para que éstos puedan descubrir un modo más creíble de servir a la reconciliación, la justicia y la paz.



Proposición 42

La vida consagrada

La Iglesia reconoce el inestimable valor de la vida consagrada, forma particular del discipulado de Cristo, que desempeña un papel fundamental en su vida y misión al servicio del Reino de Dios.

La Iglesia de forma particular aprecia el testimonio de la vida consagrada en la vida de oración y en la vida de comunidad, en la instrucción, en la sanidad, en la promoción humana y en el servicio pastoral.

El papel profético de las personas consagradas debe ser acentuado en el proceso de reconciliación, justicia y paz, y en el hecho de que a menudo estos están muy cercanos a las víctimas de la opresión, la represión, la discriminación, la violencia y los sufrimientos de todo tipo. En estrecha colaboración con el clero en el ministerio pastoral, la dignidad de las mujeres en la vida consagrada y su identidad y carisma religioso deben ser protegidos y promovidos. Los obispos deben asistir a los institutos religiosos jóvenes hacia la autosustentación.

La Iglesia espera mucho del testimonio de las comunidades religiosas, caracterizadas por diversidades raciales, regionales y étnicas. Con su vida en común proclaman que Dios no hace distinción entre las personas, y que todos somos sus hijos, miembros de la misma familia, viviendo en armonía aún en la diversidad, y en paz.

Para apoyar y animar la vida consagrada, los Padres sinodales recomiendan que:

- se haga un atento discernimiento de los candidatos (hermanos, hermanas y sacerdotes) en el curso de su formación;

- se les de una sólida formación humana, espiritual, intelectual (bíblica, teológica, moral) y profesional;

- permanezcan fieles a su vocación y carisma; y

- su formación inicial (postulantado y noviciado) se haga normalmente en África.

El Sínodo se alegra con la constitución de la Confederación de las Conferencias de los Superiores Mayores.

[Traducido del italiano por Inma Álvarez]



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