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3月31日 Síntesis 31/03/08
VISnews 080328
Vatican Information Service
3月30日 Avanza proyecto de aborto
FUNDAR
FUNDAR Servicio a la Vida Gacetilla 240/08
ABORTO: NUEVO IMPULSO A PROYECTO DE LEGALIZACIÓN EN ARGENTINA
Buenos Aires, 30/3/08 (SEVI).- En la Cámara de Diputados de Argentina se vuelve a impulsar, a través de un dictamen de la Comisión de Salud, el tratamiento del proyecto de reglamentación de abortos no punibles, que ahora deberá ser tratado por la Comisión de Legislación Penal.
Se trata de una iniciativa que, bajo pretexto de “reglamentar” los casos de abortos no punibles incorporados en el Código Penal, busca legalizar la eliminación deliberada de los concebidos en los casos de embarazos provenientes de violación, en los supuestos de personas por nacer con malformaciones (que el proyecto denomina “inviables”) y de “aborto” por tratamiento médico de la mujer”.
Cabe advertir que el panorama jurídico se ha agravado por la difusión desde el Ministerio de Salud, en octubre de 2007, de una guía para los casos de abortos no punibles que también se enmarca en esta campaña de legalización del aborto a través de una supuesta reglamentación administrativa del Código Penal.
En gacetillas anteriores hemos hecho una crítica de estos proyectos de legalización del aborto (ver Gacetilla 215/07). En esta ocasión queremos llamar la atención sobre una evidente manipulación del lenguaje. En efecto, el proyecto habla de un “derecho” a la “interrupción del embarazo”. En realidad, estas expresiones encubren el verdadero carácter de la conducta que está penada, ya que se trata de un auténtico “homicidio prenatal”, que se concretaría con la asistencia de instituciones y profesionales de la salud. Está en juego el derecho humano a la vida, que aparece violado de manera sistemática y con ayuda del Estado.
Esperamos que esta tendencia se revierta y se retome el camino de protección de la vida humana, en todas las fases de su existencia, desde la concepción hasta la muerte natural.
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No virus found in this incoming message. No virus found in this outgoing message. 3月28日 Síntesis 28/03/08
3月27日 Síntesis 27/03/08
3月26日 Síntesis 26/03/08
3月24日 El mito del sexo seguro
Nota: el único sexo seguro, es el realizado dentro del matrimonio fiel de por vida. Lo demás es mentira.
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Visiones de Emmerick sobre la Resurrección
Beata Anna Katharina Emmerick
Visiones
La Resurrección Cuando
se acabó el sábado, Juan fue con las santas mujeres, las consoló. Pero no podía
contener sus propias lágrimas por lo que se quedó con ellas solo un corto
espacio de tiempo. Entonces, Pedro y Santiago el menor fueron también a verlas
con el mismo propósito de confortarlas. Ellas prosiguieron con su pena después
de que ellos se fueran.
Las santas mujeres
Los guardias
Final de las visiones de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús
Nota: agradeceríamos cualquier donación para poder organizar una sociedad internacional para el estudio de las revelaciones tanto desde el punto de vista arqueológico (hay cientos de lugares y reliquias aún sin descubrir, como el cuadro original de la Virgen pintada por San Lucas en Santa María Maggiore) como teológico (hay explicaciones que ayudan a comprender a las escrituras y a los Padres de la Iglesia).
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ZENITEl mundo visto desde RomaServicio diario - 24 de marzo de 2008MENSAJE A NUESTROS LECTORES Zenit regresa el 30 de marzo Mensaje a nuestros lectores CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 24 marzo 2008 (ZENIT.org).- Tras el intenso trabajo de estos días de Semana Santa, la redacción de Zenit toma unos días de vacaciones. Nuestra cita informativa regresa el Domingo de la Divina Misericordia, 30 de marzo. ¡Felices Pascuas! ZENIT es una agencia internacional de información. Visite nuestra página http://www.zenit.org Para suscribirse/darse de baja: http://www.zenit.org/spanish/subscribe.html Para cualquier información: http://www.zenit.org/spanish/contactanos.html * * * * * * * * * * * * * * * * La reproducción de los servicios de Zenit requiere el permiso expreso del editor: http://www.zenit.org/spanish/permisos.html (c) Innovative Media Inc. 3月23日 ZS080323 (a)
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SANTA SEDE Santa Sede Cristo resucitado cura las llagas de la humanidad, dice el Papa en Pascua Alienta soluciones para superar los conflictos en Darfur, Tierra Santa, Irak y el Tíbet CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 23 marzo 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI aseguró, en este Domingo de Pascua, que Cristo resucitado viene a curar las llagas «abiertas y dolientes» de la humanidad, y alentó soluciones de paz para Darfur, Tierra Santa, Irak, el Líbano y el Tíbet. «Cuántas veces las relaciones entre personas, grupos y pueblos, están marcadas por el egoísmo, la injusticia, el odio, la violencia, en vez de estarlo por el amor», deploró en su mensaje de felicitación pascual. Escuchaban las palabras del Papa decenas de miles de peregrinos en la plaza de San Pedro del Vaticano que afrontaron con la ayuda de paraguas una torrencial lluvia, que no se detuvo desde que comenzó de la misa del Domingo de Resurrección. «Son las llagas de la humanidad, abiertas y dolientes en todos los rincones del planeta, aunque a veces ignoradas e intencionadamente escondidas», afirmó el Papa que pronunció su felicitación en 63 idiomas (en este año, añadió el guaraní, lengua hablada en Paraguay, así como en zonas de Argentina, Brasil y Bolivia). «Llagas que desgarran el alma y el cuerpo de innumerables hermanos y hermanas nuestros» y que «esperan obtener alivio y ser curadas por las llagas gloriosas del Señor resucitado y por la solidaridad de cuantos, siguiendo sus huellas y en su nombre, realizan gestos de amor». Estos cristianos, dijo, «se comprometen activamente en favor de la justicia y difunden en su alrededor signos luminosos de esperanza en los lugares ensangrentados por los conflictos y dondequiera que la dignidad de la persona humana continúe siendo denigrada y vulnerada». Al pronunciar estas palabras el Papa pensaba en particular «en algunas regiones africanas, como Dafur y Somalia, en el martirizado Oriente Medio, especialmente en Tierra Santa, en Irak, en Líbano y, finalmente, en Tibet, regiones para las cuales aliento la búsqueda de soluciones que salvaguarden el bien y la paz». «La muerte y resurrección del Verbo de Dios encarnado es un acontecimiento de amor insuperable, es la victoria del Amor que nos ha liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte --dijo--. Ha cambiado el curso de la historia, infundiendo un indeleble y renovado sentido y valor a la vida del hombre». En total, 102 canales de televisión de todo el mundo transmitieron en directo la ceremonia en 67 países distintos de los cinco continentes, según informó la Oficina de Información del Vaticano. En la tarde, el Papa tenía previsto trasladarse a la residencia pontificia de Castel Gandolfo para descansar algo tras las exigentes celebraciones de la Semana Santa. Imágenes en http://www.h2onews.org Por Jesús Colina Benedicto XVI bautiza en la Vigilia de Pascua a un famoso convertido del islam Magdi Allam ha encontrado en el catolicismo «la certezza della verità» CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 23 marzo 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI bautizó en la Vigilia de la Noche a siete personas, cinco mujeres y dos hombres de diferentes países, entre los que se encontraba el famoso periodista de origen egipcio Magdi Allam, convertido del islam. «Siempre hemos de ser "convertidos", dirigir toda la vida a Dios. Y siempre tenemos que dejar que nuestro corazón sea sustraído de la fuerza de gravedad, que lo atrae hacia abajo, y levantarlo interiormente hacia lo alto: en la verdad y el amor», dijo el Papa en la homilía dirigiéndose a todo bautizado. La Vigilia, el momento más importante del año litúrgico, en la que se revive la resurrección de Jesús, comenzó en el atrio de la Basílica de San Pedro con la sugerente bendición del fuego y la iluminación del cirio pascual. Como es tradición, en esta noche el Papa administró el Bautismo y los otros dos sacramentos de la iniciación cristiana (Confirmación y Comunión) a adultos de diferentes nacionalidades y condición, que han realizado el necesario camino de preparación espiritual y catequística, que en la tradición cristiana se llama «catecumenado». Las siete personas que en esta ocasión han recibido el Bautismo proceden de Italia, Camerún, China, Estados Unidos, y Perú. Magdi Allam, subdirector de «Il Corriere della Sera», el diario de mayor tirada en Italia, de 55 años, quien vive en Italia desde hace 35, recibe protección policial desde hace un lustro por las amenazas recibidas a causa de sus críticas al islamismo radical violento. Explicando los motivos que han llevado al Papa a administrar en esta ocasión el bautismo al periodista, el padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, ha aclarado que «para la Iglesia católica toda persona que recibe el Bautismo, tras una profunda búsqueda personal, una decisión plenamente libre y una adecuada preparación, tiene el derecho a recibirlo». «El Santo Padre administra el Bautismo en el curso de la liturgia pascual a los catecúmenos que le han sido presentados, sin hacer "acepción de personas", es decir, considerándolos a todos igualmente importantes ante el amor de Dios y bienvenidos en la comunidad de la Iglesia», añade el portavoz vaticano. En una carta escrita este domingo en «Il Corriere della Sera», Allam, que como bautizado ha tomado el nombre de «Cristiano», explica que en su conversión han desempeñado un papel decisivo los testimonios de católicos que «poco a poco se han convertido en un punto de referencia a nivel de la certeza de la verdad y de la solidez de los valores». Entre ellos cita al presidente del movimiento eclesial Comunión y Liberación, don Julián Carrón; al rector mayor de los salesianos, don Pascual Chávez Villanueva; al cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado; y al obispo Rino Fisichella, rector de la Pontificia Universidad Lateranense, quien le ha «seguido personalmente en el camino espiritual de aceptación de la fe cristiana». Pero reconoce que quizá el papel más decisivo lo ha desempeñado Benedicto XVI, «a quien he admirado y defendido como musulmán por su maestría para plantear el lazo indisoluble entre fe y razón como fundamento de la auténtica religión y de la civilización humana, al que adhiero plenamente como cristiano para inspirarme con nueva luz en el cumplimiento de la misión que Dios me ha reservado». «Para mí es el día más bello de mi vida», reconoce. En su homilía el Papa explicó que la conversión no es sólo la decisión de un día, sino una actitud de fondo que debe realizarse diariamente. La conversión, aclaró, consiste en «dirigir nuestra alma hacia Jesucristo y, de ese modo, hacia el Dios viviente, hacia la luz verdadera». Es levantar «el corazón, fuera de la maraña de todas nuestras preocupaciones, de nuestros deseos, de nuestras angustias, de nuestra distracción». Convertirse, añadió, significa que «siempre debemos apartarnos de los caminos equivocados, en los que tan a menudo nos movemos con nuestro pensamiento y obras». El Santo Padre concluyó su meditación con esta plegaria: «Sí, Señor, haz que nos convirtamos en personas pascuales, hombres y mujeres de la luz, colmados del fuego de tu amor». Por Jesús Colina Monseñor Rahho, Chiara Lubich... testigos de la resurrección de Jesús Según constata el padre Federico Lombardi, S.I. CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 23 marzo 2008 (ZENIT.org).- La muerte de monseñor Paulos Faraj Rahho, arzobispo caldeo di Mosul, y la de Chiara Lubich, son para los cristianos testimonios de la resurrección de Jesús, considera el padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede. Estos dos ejemplos, fallecidos antes de la Semana Santa, han ayudado al pueblo de Dios a vivirla más intensamente, recuerda en el editorial del último número de «Octava Dies», semanario del Centro Televisivo Vaticano, del que también es director. «Jesús, Hijo de Dios, muere por nosotros y con nosotros. Pero resucita. También quien muere en unión con Él, habiendo encontrado el sentido de su vida en el amor y el servicio a los demás, muere para entrar en una vida más plena», explica el padre Lombardi. «El Papa ha recordado la predilección de monseñor Rahho por los pobres y los minusválidos, ha recordado la entrega de Chiara Lubich a la unidad de los cristianos y a la fraternidad entre los pueblos», constata. «A Benedicto XVI le gusta repetir que Dios, en nuestra vida, no viene solo, sino en compañía de sus santos. Y es realmente así. Quizá podemos añadir que Jesús resucitado vuelve a nosotros acompañado en particular por quien le ha acompañado también en su vida y en su muerte». «Porque los testigos nos ayudan a comprender que lo que se ha realizado en ello de manera más luminosa y eminente en realidad es un camino abierto a todos los que son amados por Dios, que camina y muere por ellos y con ellos. Es decir, por todos», concluye. Mundo El patriarca de Jerusalén invita a elevar la mirada para superar el conflicto en Tierra Santa Última liturgia de resurrección presidida por Su Beatitud Michel Sabbah JERUSALÉN, domingo, 23 marzo 2008 (ZENIT.org).- Los católicos de rito latino celebraron este domingo en Jerusalén la resurrección de Cristo con una celebración eucarística en el Santo Sepulcro, lugar en el que según la tradición, fue crucificado y resucitó. El antiguo templo estaba lleno de peregrinos de diferentes países del mundo, en una Semana Santa en la que la Tierra Santa ha recibido un tercio de peregrinos más que en el año anterior. La celebración fue presidida por Su Beatitud Michel Sabbah, patriarca latino de Jerusalén, que ha cumplido los 75 años, edad en la que según el Derecho Canónico, ha presentado su renuncia al Papa. A su lado se encontraba su sucesor, monseñor Fuad Twal, ex arzobispo de Túnez. En su homilía, el patriarca explicó que la resurrección de Jesús invita a «levantar hacia el cielo los ojos del corazón y del espíritu». «Mirad hacia el cielo para ver mejor quiénes somos en el mundo --en el mundo pero no de este mundo--, pero con el espíritu en unión con Dios, Creador y Redentor, que transforma la muerte en vida». «Hay que ver las cosas del cielo para ver mejor las de la tierra»¸ en particular, las aflicciones de los pueblos de Tierra Santa, siguió diciendo. «Una tierra cuya vida diaria se ha convertido en una cruz permanente, en un contexto de vida caracterizado por la sangre, el odio, los prisioneros, los asesinatos, las casas demolidas, la ocupación y la continua inseguridad». «Un callejón sin salida para los hombres, para todos nuestros jefes políticos, o peor aún una rutina de muerte que creen que tienen que gobernar, pero sin lograr salir de ella», subrayó. El patriarca repitió: «la seguridad no se logra con la inseguridad provocada en casa por otros. Es necesario emprender nuevos caminos». «Creer en Jesús, muerto y resucitado, es creer y esperar que esta tierra, con todos sus habitantes, sometida a la muerte por jefes y opiniones públicas prisioneras, encadenadas, puede también resucitar, a condición de que espíritus y corazones sean purificados del mal de la guerra, de la hostilidad y de la desconfianza», concluyó. El fundador de los Caballeros de Colón hacia los altares El padre McGivney ayudó a familias inmigrantes CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 23 marzo 2008 (ZENIT.org).- El fundador de los Caballeros de Colón ha sido declarado venerable por Benedicto XVI, paso que acerca al primer sacerdote nacido en los Estados Unidos a la canonización. El Papa aprobó el pasado sábado un decreto que reconoce las virtudes heroicas del padre Michael McGivney. «Todos los miembros de los Caballeros de Colón estamos profundamente agradecidos a Su Santidad por este reconocimiento de nuestro fundador», dijo el caballero supremo, Carl Anderson. «La fuerza de los Caballeros de Colón hoy es un testamento de su visión que supera las barreras del tiempo, de su santidad y de sus ideales», afirmó. Preocupado por la fe religiosa y la estabilidad económica de las familias inmigrantes, el padre McGivney fundó los Caballeros de Colón con la ayuda de varios hombres de la Parroquia de Santa María en New Haven en 1882 para ayudar a reforzar la fe de sus parroquianos y ofrecer ayuda financiera a las viudas y huérfanos que quedaban atrás. Michael McGivney nació en Connecticut en 1852 de padres nativos de Irlanda e inmigrantes a los Estados Unidos. Desde temprana edad sintió la llamada al sacerdocio y en 1877 fue ordenado en Baltimore, Maryland. Su causa de canonización se abrió en diciembre de 1997. Para ser declarado beato, se requiere ahora que la Iglesia reconozca un milagro atribuido a su intercesión. Manteniendo su sede central en New Haven, los Caballeros de Colón son la organización católica más grande del mundo, con más de 1,7 millones de miembros varones en Estados Unidos, Canadá, México y América Central, las Islas del Caribe, Filipinas, Guam y recientemente Polonia. En el año pasado, ofrecieron donativos por un valor de 143 millones de dólares a diversas entidades caritativas (4 millones más que el año pasado), y ofrecieron en total de 68.200.000 horas de voluntariado. Más información en http://www.kofc.org Nace la Wikipedia de los santos, Santopedia.com, buscando colaboradores BARCELONA, domingo, 23 marzo 2008 (ZENIT.org).- Una Wikipedia para los santos para «conocerlos». Esta es la idea con la que se lanza el proyecto «Santopedia», lanzado por un grupo de jóvenes católicos de Barcelona para «fomentar el conocimiento de los santos» y «la investigación científica y estadística de sus vidas, especialmente de los mártires». Estos días de Semana Santa han lanzado una primera versión en la web con el objetivo de fomentar la colaboración de personas con buenos conocimientos sobre el santoral. Nacho Cofré, director del proyecto, dice a Zenit que «la página está en continuo crecimiento, de contenidos y de funcionalidades» y el deseo es «que sea un proyecto muy grande», pero reconoce que por ahora «somos muy poquitos haciéndolo». «Queremos que la devoción a los santos que promueva nuestra página no sea desde el sentimiento, sino desde el conocimiento. Es por eso que tampoco queremos añadir muchas imágenes ni frases sentimentales o grandes expresiones piadosas. Queremos ser un lugar donde encontrar la vida de los santos escrita objetiva y sobriamente», comenta. Al igual que proyectos como Wikipedia el lanzamiento de la página no es más que el inicio, pues su riqueza depende de las colaboraciones de sus usuarios. Ahora bien, sus promotores quieren que sirva también de «enciclopedia, porque creemos que puede ser una herramienta para que investigadores, historiadores o mentes inquietas puedan extraer datos estadísticos y fiables que les ayuden a encontrar lo que buscan», añade Cofré. «Intentamos que la información sea contrastada al menos en una fuente como el Martirologio Romano antes de subirla. Necesitaremos la ayuda de personas conocedoras para que nos echen una mano contrastando las informaciones, pero esperamos que con el tiempo el número de colaboradores crezca», alienta. La ventaja de la tecnología utilizada es la de ofrecer listados alfabéticos y prácticos filtros como el país de origen, la orden religiosa a la que pertenecieron los santos, o su estado de vida: papas, obispos, sacerdotes, monjas, laicos, mártires, etc. El servicio permite suscribirse a un servicio por correo electrónico o a un agregador de noticias RSS para recibir los santos de cada día. Las páginas web pueden añadir a su página una ventana con los santos del día. Cofré considera que «la cultura en la que vivimos a veces nos hace olvidar uno de grandes tesoros que tiene nuestra Iglesia: los santos. Conocer sus vidas y rogarles su intercesión forma parte de la rica y piadosa tradición de la cultura cristiana». Sus promotores saben que hay páginas web sobre los santos mucho más ricas y con información de calidad, ahora nace la dimensión colaborativa. «De momento, ya están introducidos unos 4.000 santos y beatos y creemos que en un año llegaremos a 7.000», concluye su director. Más información en www.santopedia.com
No virus found in this incoming message. No virus found in this outgoing message. ZS080323 (b)ANÁLISIS
Análisis Derechos humanos y libertad religiosa: China a examen Al acercarse las olimpiadas, la atención se concentra en Pekín ROMA, domingo, 23 marzo 2008 (ZENIT.org).- Durante estos meses previos a las olimpiadas de verano, la situación de los derechos humanos en China está siendo sometida a un análisis a fondo. Esta atención no les gusta a las autoridades de Pekín y hace unas semanas el ministro de asuntos exteriores, Yang Jiechi, pedía a los críticos que se callaran, informaba el 12 de marzo Reuters. Justo el día antes de las declaraciones de Yang, el departamento de estado de Estados Unidos publicaba su «Informes por países de las Prácticas de Derechos Humanos en el 2007». Ha sido un alivio para China, puesto que se ha quitado al país de la lista de aquellos con las peores prácticas. No obstante, el informe contenía una dura reprobación por la situación de derechos humanos en China. La sección dedicaba a esta país afirmaba que el expediente del gobierno chino «sigue siendo pobre» en el 2007, y se han estrechado los controles en temas como la libertad de religión en el Tíbet. El departamento de estado también acusaba a las autoridades de aumentar las restricciones a la libertad de expresión y de empresa, y de incrementar sus esfuerzos por controlar el uso de Internet. Entre muchos otros puntos mencionados, el informe también acusaba al gobierno de seguir con su política represiva de limitación de nacimientos, que en algunos casos lleva al aborto y a la esterilización forzados. Como suele ocurrir, China reaccionó con hostilidad a las críticas del departamento de estado, informaba Associated Press el 13 de marzo. El gobierno chino publicó su propio informe, documentando lo que considera son violaciones de los derechos humanos en Estados Unidos. Sin embargo, las organizaciones de derechos humanos hubieran querido una crítica más contundente y han mostrado su descontento por el hecho de que Estados Unidos haya quitado a China de la listas de los peores violadores de derechos humanos, informaba el 13 de marzo el Washington Post. Preocupación olímpica «Nosotros y otros hemos documentado un marcado incremento en las violaciones de derechos humanos relacionado directamente con la preparación para las Olimpiadas», decía al Washington Post, Phelim Kine, investigadora para Asia de Human Rights Watch, con sede en Nueva York. El artículo también citaba a la organización, con sede en París, Reporteros sin Fronteras, que declaraba que hubieran preferido que Estados Unidos obtuviese algunas acciones positivas de China en el área de derechos humanos antes de quitar al país de la lista de peores países en derechos humanos. En cuanto al Tibet, el periódico británico Guardian publicaba un artículo el miércoles 12 de marzo informando de las protestas de cientos de monjes en las calles de Lhasa, en lo que han sido las mayores protestas de casi dos décadas. La marcha tuvo lugar en el aniversario del fallido levantamiento contra los chinos de 1959, comentaba el Guardian. El artículo también afirmaba que habían sido detenidos entre 50 y 60 monjes. Las protestas han continuado los días siguientes en lo que se consideran los peores disturbios desde 1989. Los medios de comunicación del estado chino informaron que 10 personas habían muerto durantes las protestas, aunque los grupos opositores afirmaban que eran 30, informaba el 15 de marzo la BBC. En cuanto a la situación pre olímpica, las organizaciones de derechos humanos han protestado por el aumento reciente de arrestos de disidentes. Acusan a las autoridades de intentar acallar cualquier oposición antes del comienzo de los juegos, informaba el New York Times el 30 de enero. El artículo observaba que en los últimos meses China ha encarcelado a 51 disidentes que han llevado adelante sus protestas vía Internet. También citaba a la organización Reporteros sin Fronteras, que afirma que el año pasado las autoridades chinas bloquearon más de 2.500 páginas webs. El 6 de febrero, la organización Human Rights Watch acusaba a las autoridades chinas de «medidas enérgicas sistemáticas contra los disidentes». «Pekín no ha dado signos de que intente cumplir las promesas hechas a la comunidad internacional a cambio de acoger los Juegos», afirmaba en un comunicado de prensa Sophie Richardson, directora para Asia de Human Rights Watch. Florecimiento de la fe La libertad religiosa es otro tema de conflicto. Algunos acontecimientos recientes apuntan a un resurgimiento de la fe en China. El 8 de diciembre el periódico Times de Londres informaba de que se ha elevado la demanda de ejemplares de la Biblia. El único editor de la Biblia autorizado en China es Amity Printing, que, según el artículo, ha alcanzado la suma de 50 millones de ejemplares impresos. Según un reportaje publicado en el Washington Post el 20 de enero, los líderes chinos se están abriendo a la religión, pero todavía quieren contenerla dentro de las directrices oficiales. Un signo de la aceptación oficial h asido la reciente publicación de una foto en la portada del periódico del partido, el Diario del Pueblo, de Hu Jintao, jefe del Partido Comunista Chino, dando un apretón de manos a Liu Bainian, secretario general de la Asociación China Católico Patriota, con motivo de la fiesta del té del Año Nuevo. «Debemos sacar plena ventaja del papel positivo que las figuras religiosas y los creyentes pueden jugar entre las masas en la promoción del desarrollo económico y social», declaraba el 12 de marzo Jia Qinglin, miembro del Comité Permanente del Politburó, en un mitin ante funcionarios del gobierno relacionados con la religión, según el Washington Post. La apertura a la religión, comentaba el artículo, se limita a que pueda ser de ayuda en la promoción de las prioridades determinadas por el gobierno. Este punto de vista lo confirmaban los datos de China Aid Association. El 6 de febrero la organización, que se dedicaba a dar cauce a las quejas de los creyentes perseguidos, publicaba su informe anual 2007. Según el documento, la persecución aumentó el año pasado, con un incremento en el número de arrestos con respecto al 2006. El informe se centraba en la situación de las así llamadas iglesias hogar, pequeños grupos especialmente de creyentes protestantes que se reúnen en viviendas privadas y no siguen las directrices del gobierno en práctica religiosa. El informe observaba que ha habido un incremento en los arrestos de líderes de estos pequeños grupos. Asimismo, han sido arrestados y expulsados de China cierto número de misioneros cristianos extranjeros. Según China Aid, el año 2007 supuso el esfuerzo mayor desde hace años en contra de los misioneros cristianos extranjeros. Relaciones con el Vaticano También siguen siendo problemáticas las relaciones entre China y el Vaticano, especialmente sobre el tema del nombramiento de obispos. Sin embargo, parece que hay esfuerzos por explorar la forma de mejorar la situación, aunque es difícil tener una idea clara de lo que está ocurriendo. El 20 de febrero, Reuters publicaba un artículo informando que, según un funcionario anónimo del Vaticano, una visita de Benedicto XVI a China sería «impensable» dada la falta de libertad religiosa. Al mismo tiempo, Reuters observaba que el funcionario también confirmaba que se está mejorando la comunicación por ambas partes. De hecho, al día siguiente Reuters publicaba otro artículo, afirmando que China había hecho una «rara admisión pública» de que había tenido conversaciones con el Vaticano. «La parte china han tenido contacto con el Vaticano», afirmaba el portavoz del ministerio de exteriores, Liu Jianchao, durante una conferencia de prensa. No se dieron más detalles. El interés de la prensa en el tema continuó con un reportaje el 2 de marzo en el South China Morning Post. El artículo afirmaba que una comisión vaticano-china podría reunirse en breve para discutir algunos temas, incluyendo el posible restablecimiento de relaciones diplomáticas. El periódico comentaba que sería el primer reajuste importante de la política vaticana, tras la publicación el pasado mayo de una carta del Papa a los obispos, sacerdotes y files de China. Como informó ZENIT el 10 de marzo, el encuentro tuvo lugar del 10 al 12 de marzo. El cardenal Joseph Zen, de Hong-Kong, quien estuvo de visita a Roma para el encuentro vaticano, fue entrevistado por la televisión italiana RAI durante su estancia. Declaró que las Olimpiadas de agosto ofrecen a China una oportunidad para mejorar la situación de los derechos humanos, según un reportaje de Associated Press el 12 de marzo. Aunque no entró en detalles, el cardenal Zen afirmó, durante la entrevista, que espera que la Santa Sede y China pronto entren en una «nueva era» en sus relaciones por medio de alguna clase de acuerdo que mejore la situación de los católicos en el país asiático. Está por verse si China aprovechará la oportunidad para abrirse un poco más, o seguirá reprimiendo los derechos humanos y la libertad religiosa. Por el padre John Flynn, L. C., traducción de Justo Amado Entrevistas La nueva embajadora de Estados Unidos en el Vaticano y la visita del Papa a su país Entrevista
a Mary Ann Glendon En esta entrevista a Zenit, Glendon, hasta ahora profesora de Derecho en la Universidad de Harvard, y presidente de la Academia Pontificia para las Ciencias Sociales, expresa sus esperanzas para la visita papal del 15 al 20 de abril, a Washington y Nueva York, en particular a la sede de las Naciones Unidas. En 1994, Juan Pablo II nombró a la profesora, de casi 70 años, casada y con tres hijos, para presidir la delegación de la Santa Sede ante la IV Conferencia sobre las Mujeres de la ONU en Pekín. --¿Tras representar al Vaticano por tantos años, qué supone representar a Estados Unidos ante la Santa Sede? --Mary Ann Glendon: Muchos de los trabajos que he hecho a lo largo de los años como voluntaria laica para la Santa Sede han sido académicos más que de representación --ha supuesto usar mi preparación en derecho y ciencias sociales para preparar estudios y documentos para la Academia Pontificia de Ciencias Sociales y para el Consejo Pontificio para los Laicos. De manera que la gran oportunidad para mí será la transición de la vida académica a la vida pública. Por una coincidencia, en el momento en que recibí la llamada preguntándome si quería ser embajadora de Estados Unidos ante la Santa Sede, estaba en medio de la escritura de un libro, «El foro y la torre», sobre personajes históricos, como Platón, Edmund Burke y Max Weber, que estaban divididos entre la filosofía y la política. Espero que mi larga experiencia de trabajo con oficiales de la Santa Sede me sirva para asumir la responsabilidad de reforzar la ya sólida relación entre Estados Unidos y la Santa Sede. --¿Vuáles son las principales prioridades en las que le gustaría centrar su trabajo? --Mary Ann Glendon: El cercano 25 aniversario de las relaciones diplomáticas formales entre Estados Unidos y la Santa Sede en enero del año próximo coincide con el 60 aniversario de dos documentos que encarnan el compromiso común de Estados Unidos y la Santa Sede en la protección de la dignidad humana: la Declaración universal de los Derechos Humanos y la Convención sobre Genocidio. El equipo de la embajada, grupo enormemente dotado y con energía, y yo estamos trabajando mucho para preparar una serie de cuatro foros de un día que conmemorarán estos aniversarios. El primero será en mayo en la Universidad Regina Apostolorum y se titula «Latinoamérica y el proyecto de derechos humanos internacionales: ayer, hoy y mañana». Tenemos previstos compromisos de una estupenda serie de oradores incluyendo al presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, profesor Paolo Carozza, y el hijo del brillante diplomático cubano Guy Perez Cisneros, que fue el principal líder de las delegaciones latinoamericanas y caribeñas en la conferencia fundacional de la ONU en 1945. Los otros foros se celebrarán en invierno cerca de los aniversarios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención sobre Genocidio, el 10 y el 11 de diciembre respectivamente. El primero se titula «Para todos, en cualquier lugar», y será dedicado al dilema de la universalidad de los derechos humanos en el mundo caracterizado por la diversidad cultural y religiosa. El segundo conmemorará la Convención sobre Genocidio y probablemente invitaremos a gente para reflexionar sobre la noción de vidas reputadas «indignas de vivir», una perniciosa noción que se mantiene y resurge con nuevas formas. La cuarta conferencia probablemente será en enero de 2009, cerca del 25 aniversario de la actual formalización de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y la Santa Sede y servirá como celebración de esta relación, que empezó informalmente hace 230 años, y desde sus inicios tuvo el objetivo de liderar y proteger la dignidad humana y la libertad. --¿Cuáles piensa que son los mayores desafíos de su nuevo puesto? --Mary Ann Glendon: Ciertamente uno de los mayores desafíos para los embajadores de Estados Unidos en estos días es proporcionar la mayor información posible sobre los valores y políticas estadounidenses, así como contrarrestar malentendidos y estereotipos negativos sobre nuestro país y su gente. Para mí en especial, otro desafío consiste en regular la rotación de los funcionarios del servicio público de un puesto a otro. Habrá algunos cambios de personal aquí en la embajada en los próximos meses. Esto es completamente diferente a los marcos de larga duración que uno encuentra en el mundo académico y en el Vaticano. --Zenit ha hablado con anteriores embajadores sobre los nexos entre las políticas estadounidenses y los valores de la Santa Sede. ¿Cuáles cree que son las áreas más importantes de acuerdo? ¿En cuáles áreas quisiera ver mas unidad?
Sobre la segunda pregunta, después de sólo dos semanas es un poco pronto para decirlo, pero es estimulante ver cómo, en los pasados 25 años, el conjunto de intereses comunes ha seguido ampliándose. Espero construir sobre la fuerte relación establecida por mis distinguidos predecesores. --¿Qué piensa sobre la próxima visita de Benedicto XVI a Estados Unidos y cuáles piensa que serán los principales temas de este viaje? --Mary Ann Glendon: La preparación es alta en ambos lados del Atlántico. El Papa dijo durante mi ceremonia de credenciales que estaba atento a este viaje a Estados Unidos, y de su discurso en aquella ocasión se puede ver que está muy interesado en la manera en que fe y razón se han entrelazado en nuestra experiencia democrática. También sabemos por sus escritos que está muy intrigado por ciertos contrastes entre América y Europa, y ciertas realizaciones distintivas de la cultura estadounidense. Parece intrigado por nuestra versión de la relación Iglesia-Estado y cómo ésta parece ser compatible con una gran vitalidad religiosa. Todos nos preguntamos cuáles serán los temas de los que hablará. Cada uno está esperando y especulando intensamente. Creo que todo lo que uno puede decir es que cualesquiera que sean los temas que él quiera subrayar, serán de mucho alimento para reflexionar a partir del pensamiento de este brillante estudioso que ha asumido con facilidad el papel de líder espiritual, cuya voz moral resuena en todo el mundo. --Muchos estadounidenses, como el resto del mundo, tienen una gran devoción por el Papa Juan Pablo II. ¿Cómo piensa que será la acogida a Benedicto XVI? --Mary Ann Glendon: Uno puede especular basándose en la manera en que el Papa Benedicto ha sido recibido por audiencias que acuden a conocerle por primera vez aquí en Italia y en otros países. Desde el momento en que pronunció su homilía en el funeral del Papa Juan Pablo II --y yo estaba allí ese día-- la gente de todo el mundo estaba conmovida y asombrada de su elocuencia pastoral. Habían visto a un hombre que la mayoría había conocido, principalmente a través de sus escritos, como una persona verdaderamente académica. Pero ese día y desde entonces, hemos llegado a conocerle como un «humilde pastor», como se llamó a sí mismo, y un sabio profesor que puede hablar claramente y profundamente a la vez en modos que son accesibles a cada uno. Por Carrie Gress, traducido del inglés por Nieves San Martín No virus found in this outgoing message. ZS080323 (c)MENSAJE
A NUESTROS LECTORES
Mensaje a nuestros lectores Zenit regresa el Domingo de la Divina Misericordia, 30 de marzo CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 23 marzo 2008 (ZENIT.org).- Tras el intenso trabajo de estos días de Semana Santa, la redacción de Zenit toma unos días de vacaciones. Nuestra cita informativa regresa el Domingo de la Divina Misericordia, 30 de marzo. ¡Felices Pascuas! Documentación Mensaje de Pascua de Benedicto XVI «He resucitado, estoy siempre contigo» CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 23 marzo 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje de Pascua que pronunció Benedicto XVI a mediodía de este Domingo de Resurrección desde la plaza de San Pedro del Vaticano. * * * Resurrexi, et adhuc tecum sum. Alleluia! He resucitado, estoy siempre contigo. ¡Aleluya! Queridos hermanos y hermanas, Jesús, crucificado y resucitado, nos repite hoy este anuncio gozoso: es el anuncio pascual. Acojámoslo con íntimo asombro y gratitud. "Resurrexi et adhuc tecum sum". "He resucitado y aún y siempre estoy contigo". Estas palabras, entresacadas de una antigua versión del Salmo 138 (v.18b), resuenan al comienzo de la Santa Misa de hoy. En ellas, al surgir el sol de la Pascua, la Iglesia reconoce la voz misma de Jesús que, resucitando de la muerte, colmado de felicidad y amor, se dirige al Padre y exclama: Padre mío, ¡heme aquí! He resucitado, todavía estoy contigo y lo estaré siempre; tu Espíritu no me ha abandonado nunca. Así también podemos comprender de modo nuevo otras expresiones del Salmo: "Si escalo al cielo, allí estás tú, si me acuesto en el abismo, allí te encuentro... Porque ni la tiniebla es oscura para ti, la noche es clara como el día; para ti las tinieblas son como luz" (Sal 138, 8.12). Es verdad: en la solemne vigilia de Pascua las tinieblas se convierten en luz, la noche cede el paso al día que no conoce ocaso. La muerte y resurrección del Verbo de Dios encarnado es un acontecimiento de amor insuperable, es la victoria del Amor que nos ha liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte. Ha cambiado el curso de la historia, infundiendo un indeleble y renovado sentido y valor a la vida del hombre. "He resucitado y estoy aún y siempre contigo". Estas palabras nos invitan a contemplar a Cristo resucitado, haciendo resonar en nuestro corazón su voz. Con su sacrificio redentor Jesús de Nazaret nos ha hecho hijos adoptivos de Dios, de modo que ahora podemos introducirnos también nosotros en el diálogo misterioso entre Él y el Padre. Viene a la mente lo que un día dijo a sus oyentes: "Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Mt 11,27). En esta perspectiva, advertimos que la afirmación dirigida hoy por Jesús resucitado al Padre, - "Estoy aún y siempre contigo" - nos concierne también a nosotros, que somos hijos de Dios y coherederos con Cristo, si realmente participamos en sus sufrimientos para participar en su gloria (cf. Rm 8,17). Gracias a la muerte y resurrección de Cristo, también nosotros resucitamos hoy a la vida nueva, y uniendo nuestra voz a la suya proclamamos nuestro deseo de permanecer para siempre con Dios, nuestro Padre infinitamente bueno y misericordioso. Entramos así en la profundidad del misterio pascual. El acontecimiento sorprendente de la resurrección de Jesús es esencialmente un acontecimiento de amor: amor del Padre que entrega al Hijo para la salvación del mundo; amor del Hijo que se abandona en la voluntad del Padre por todos nosotros; amor del Espíritu que resucita a Jesús de entre los muertos con su cuerpo transfigurado. Y todavía nás: amor del Padre que "vuelve a abrazar" al Hijo envolviéndolo en su gloria; amor del Hijo que con la fuerza del Espíritu vuelve al Padre revestido de nuestra humanidad transfigurada. Esta solemnidad, que nos hace revivir la experiencia absoluta y única de la resurrección de Jesús, es un llamamiento a convertirnos al Amor; una invitación a vivir rechazando el odio y el egoísmo y a seguir dócilmente las huellas del Cordero inmolado por nuestra salvación, a imitar al Redentor "manso y humilde de corazón", que es descanso para nuestras almas (cf. Mt 11,29). Hermanas y hermanos cristianos de todos los rincones del mundo, hombres y mujeres de espíritu sinceramente abierto a la verdad: que nadie cierre el corazón a la omnipotencia de este amor redentor. Jesucristo ha muerto y resucitado por todos: ¡Él es nuestra esperanza! Esperanza verdadera para cada ser humano. Hoy, como hizo en Galilea con sus discípulos antes de volver al Padre, Jesús resucitado nos envía también a todas partes como testigos de su esperanza y nos garantiza: Yo estoy siempre con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo (cf. Mt 28,20). Fijando la mirada del alma en las llagas gloriosas de su cuerpo transfigurado, podemos entender el sentido y el valor del sufrimiento, podemos aliviar las múltiples heridas que siguen ensangrentando a la humanidad, también en nuestros días. En sus llagas gloriosas reconocemos los signos indelebles de la misericordia infinita del Dios del que habla al profeta: Él es quien cura las heridas de los corazones desgarrados, quien defiende a los débiles y proclama la libertad a los esclavos, quien consuela a todos los afligidos y ofrece su aceite de alegría en lugar del vestido de luto, un canto de alabanza en lugar de un corazón triste (cf. Is 61,1.2.3). Si nos acercamos a Él con humilde confianza, encontraremos en su mirada la respuesta al anhelo más profundo de nuestro corazón: conocer a Dios y entablar con Él una relación vital en una auténtica comunión de amor, que colme de su mismo amor nuestra existencia y nuestras relaciones interpersonales y sociales. Para esto la humanidad necesita a Cristo: en Él, nuestra esperanza, "fuimos salvados" (cf. Rm 8,24) Cuántas veces las relaciones entre personas, grupos y pueblos, están marcadas por el egoísmo, la injusticia, el odio, la violencia, en vez de estarlo por el amor. Son las llagas de la humanidad, abiertas y dolientes en todos los rincones del planeta, aunque a veces ignoradas e intencionadamente escondidas; llagas que desgarran el alma y el cuerpo de innumerables hermanos y hermanas nuestros. Éstas esperan obtener alivio y ser curadas por las llagas gloriosas del Señor resucitado (cf. 1 P 2, 24-25) y por la solidaridad de cuantos, siguiendo sus huellas y en su nombre, realizan gestos de amor, se comprometen activamente en favor de la justicia y difunden en su alrededor signos luminosos de esperanza en los lugares ensangrentados por los conflictos y dondequiera que la dignidad de la persona humana continúe siendo denigrada y vulnerada. El anhelo es que precisamente allí se multipliquen los testimonios de benignidad y de perdón. Queridos hermanos y hermanas, dejémonos iluminar por la luz deslumbrante de este Día solemne; abrámonos con sincera confianza a Cristo resucitado, para que la fuerza renovadora del Misterio pascual se manifieste en cada uno de nosotros, en nuestras familias y nuestros Países. Se manifieste en todas las partes del mundo. No podemos dejar de pensar en este momento, de modo particular, en algunas regiones africanas, como Dafur y Somalia, en el martirizado Oriente Medio, especialmente en Tierra Santa, en Irak, en Líbano y, finalmente, en Tibet, regiones para las cuales aliento la búsqueda de soluciones que salvaguarden el bien y la paz. Invoquemos la plenitud de los dones pascuales por intercesión de María que, tras haber compartido los sufrimientos de la Pasión y crucifixión de su Hijo inocente, ha experimentado también la alegría inefable de su resurrección. Que, al estar asociada a la gloria de Cristo, sea Ella quien nos proteja y nos guíe por el camino de la solidaridad fraterna y de la paz. Éstos son mis anhelos pascuales, que transmito a los que estáis aquí presentes y a los hombres y mujeres de cada nación y continente unidos con nosotros a través de la radio y de la televisión. ¡Feliz Pascua! [Traducción del original italiano distribuida por la Santa Sede © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana] Homilía de Benedicto XVI en la Vigilia de la Noche de Pascua CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 23 marzo 2008 (ZENIT.org ).- Publicamos la homilía que pronunció Benedicto XVI en la Vigilia de la Noche de Pascua. * * * Queridos hermanos y hermanas: En su discurso de despedida, Jesús anunció a los discípulos su inminente muerte y resurrección con una frase misteriosa: "Me voy y vuelvo a vuestro lado" (Jn 14,28). Morir es partir. Aunque el cuerpo del difunto aún permanece, él personalmente se marchó hacia lo desconocido y nosotros no podemos seguirlo (cf. Jn 13,36). Pero en el caso de Jesús existe una novedad única que cambia el mundo. En nuestra muerte el partir es una cosa definitiva, no hay retorno. Jesús, en cambio, dice de su muerte: "Me voy y vuelvo a vuestro lado". Justamente en su irse, él regresa. Su marcha inaugura un modo totalmente nuevo y más grande de su presencia. Con su muerte entra en el amor del Padre. Su muerte es un acto de amor. Ahora bien, el amor es inmortal. Por este motivo su partida se transforma en un retorno, en una forma de presencia que llega hasta lo más profundo y no acaba nunca. En su vida terrena Jesús, como todos nosotros, estaba sujeto a las condiciones externas de la existencia corpórea: a un determinado lugar y a un determinado tiempo. La corporeidad pone límites a nuestra existencia. No podemos estar contemporáneamente en dos lugares diferentes. Nuestro tiempo está destinado a acabarse. Entre el yo y el tú está el muro de la alteridad. Ciertamente, amando podemos entrar, de algún modo, en la existencia del otro. Queda, sin embargo, la barrera infranqueable del ser diversos. Jesús, en cambio, que a través del amor ha sido transformado totalmente, está libre de tales barreras y límites. Es capaz de atravesar no sólo las puertas exteriores cerradas, como nos narran los Evangelios (cf. Jn 20, 19). Puede atravesar la puerta interior entre el yo y el tú, la puerta cerrada entre el ayer y el hoy, entre el pasado y el porvenir. Cuando, en el día de su entrada solemne en Jerusalén, un grupo de griegos pidió verlo, Jesús contestó con la parábola del grano de trigo que, para dar mucho fruto, tiene que morir. Con eso predijo su propio destino: no se limitó simplemente a hablar unos minutos con este o aquel griego. A través de su Cruz, de su partida, de su muerte como el grano de trigo, llegaría realmente a los griegos, de modo que ellos pudieran verlo y tocarlo en la fe. Su partida se convierte en un venir en el modo universal de la presencia del Resucitado, en el cual Él está presente ayer, hoy y siempre; en el cual abraza todos los tiempos y todos los lugares. Ahora puede superar también el muro de la alteridad que separa el yo del tú. Esto sucedió con Pablo, quien describe el proceso de su conversión y Bautismo con las palabras: "vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí" (Ga 2, 20). Mediante la llegada del Resucitado, Pablo ha obtenido una identidad nueva. Su yo cerrado se ha abierto. Ahora vive en comunión con Jesucristo, en el gran yo de los creyentes que se han convertido -como él define- en "uno en Cristo" (Ga 3, 28). Queridos amigos, se pone así de manifiesto, que las palabras misteriosas de Jesús en el Cenáculo ahora -mediante el Bautismo- se hacen de nuevo presentes para vosotros. Por el Bautismo el Señor entra en vuestra vida por la puerta de vuestro corazón. Nosotros no estamos ya uno junto al otro o uno contra el otro. Él atraviesa todas estas puertas. Ésta es la realidad del Bautismo: Él, el Resucitado, viene, viene a vosotros y une su vida a la vuestra, introduciéndoos en el fuego vivo de su amor. Formáis una unidad, sí, una sola cosa con Él, y de este modo una sola cosa entre vosotros. En un primer momento esto puede parecer muy teórico y poco realista. Pero cuanto más viváis la vida de bautizados, tanto más podréis experimentar la verdad de esta palabra. Las personas bautizadas y creyentes no son nunca realmente ajenas las unas para las otras. Pueden separarnos continentes, culturas, estructuras sociales o también acontecimientos históricos. Pero cuando nos encontramos nos conocemos en el mismo Señor, en la misma fe, en la misma esperanza, en el mismo amor, que nos conforman. Entonces experimentamos que el fundamento de nuestras vidas es el mismo. Experimentamos que en lo más profundo de nosotros mismos estamos enraizados en la misma identidad, a partir de la cual todas las diversidades exteriores, por más grandes que sean, resultan secundarias. Los creyentes no son nunca totalmente extraños el uno para el otro. Estamos en comunión a causa de nuestra identidad más profunda: Cristo en nosotros. Así la fe es una fuerza de paz y reconciliación en el mundo: la lejanía ha sido superada, estamos unidos en el Señor (cf. Ef 2, 13). Esta naturaleza íntima del Bautismo, como don de una nueva identidad, está representada por la Iglesia en el Sacramento a través de elementos sensibles. El elemento fundamental del Bautismo es el agua; junto a ella está, en segundo lugar, la luz que, en la Liturgia de la Vigilia Pascual, destaca con gran eficacia. Echemos solamente una mirada a estos dos elementos. En el último capítulo de la Carta a los Hebreos se encuentra una afirmación sobre Cristo, en la que el agua no aparece directamente, pero que, por su relación con el Antiguo Testamento, deja sin embargo traslucir el misterio del agua y su sentido simbólico. Allí se lee: "El Dios de la paz, hizo subir de entre los muertos al gran pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, en virtud de la sangre de la alianza eterna" (cf. 13, 20). En esta frase resuena una palabra del Libro de Isaías, en la que Moisés es calificado como el pastor que el Señor ha hecho salir del agua, del mar (cf. 63, 11). Jesús aparece como el nuevo y definitivo Pastor que lleva a cabo lo que Moisés hizo: nos saca de las aguas letales del mar, de las aguas de la muerte. En este contexto podemos recordar que Moisés fue colocado por su madre en una cesta en el Nilo. Luego, por providencia divina, fue sacado de las aguas, llevado de la muerte a la vida, y así -salvado él mismo de las aguas de la muerte- pudo conducir a los demás haciéndolos pasar a través del mar de la muerte. Jesús ha descendido por nosotros a las aguas oscuras de la muerte. Pero en virtud de su sangre, nos dice la Carta a los Hebreos, ha sido arrancado de la muerte: su amor se ha unido al del Padre y así desde la profundidad de la muerte ha podido subir a la vida. Ahora nos eleva de la muerte a la vida verdadera. Sí, esto es lo que ocurre en el Bautismo: Él nos atrae hacía sí, nos atrae a la vida verdadera. Nos conduce por el mar de la historia a menudo tan oscuro, en cuyas confusiones y peligros corremos el riesgo de hundirnos frecuentemente. En el Bautismo nos toma como de la mano, nos conduce por el camino que atraviesa el Mar Rojo de este tiempo y nos introduce en la vida eterna, en aquella verdadera y justa. ¡Apretemos su mano! Pase lo que pase, ¡no soltemos su mano! De este modo caminamos sobre la senda que conduce a la vida. En segundo lugar está el símbolo de la luz y del fuego. Gregorio de Tours narra la costumbre, que se ha mantenido durante mucho tiempo en ciertas partes, de encender el fuego para la celebración de la Vigilia Pascual directamente con el sol a través de un cristal: se recibía, por así decir, la luz y el fuego nuevamente del cielo para encender luego todas las luces y fuegos del año. Esto es un símbolo de lo que celebramos en la Vigilia Pascual. Con la radicalidad de su amor, en el que el corazón de Dios y el corazón del hombre se han entrelazado, Jesucristo ha tomado verdaderamente la luz del cielo y la ha traído a la tierra -la luz de la verdad y el fuego del amor que transforma el ser del hombre. Él ha traído la luz, y ahora sabemos quién es Dios y cómo es Dios. Así también sabemos cómo están las cosas respecto al hombre; qué somos y para qué existimos. Ser bautizados significa que el fuego de esta luz ha penetrado hasta lo más íntimo de nosotros mismos. Por esto, en la Iglesia antigua se llamaba también al Bautismo el Sacramento de la iluminación: la luz de Dios entra en nosotros; así nos convertimos nosotros mismos en hijos de la luz. No queremos dejar que se apague esta luz de la verdad que nos indica el camino. Queremos preservarla de todas las fuerzas que pretenden extinguirla para arrojarnos en la oscuridad sobre Dios y sobre nosotros mismos. La oscuridad, de vez en cuando, puede parecer cómoda. Puedo esconderme y pasar mi vida durmiendo. Pero nosotros no hemos sido llamados a las tinieblas, sino a la luz. En las promesas bautismales encendemos, por así decir, nuevamente, año tras año esta luz: sí, creo que el mundo y mi vida no provienen del azar, sino de la Razón eterna y del Amor eterno; han sido creados por Dios omnipotente. Sí, creo que en Jesucristo, en su encarnación, en su cruz y resurrección se ha manifestado el Rostro de Dios; que en Él Dios está presente entre nosotros, nos une y nos conduce hacia nuestra meta, hacia el Amor eterno. Sí, creo que el Espíritu Santo nos da la Palabra verdadera e ilumina nuestro corazón; creo que en la comunión de la Iglesia nos convertimos todos en un solo Cuerpo con el Señor y así caminamos hacia la resurrección y la vida eterna. El Señor nos ha dado la luz de la verdad. Esta luz es también al mismo tiempo fuego, fuerza de Dios, una fuerza que no destruye, sino que quiere transformar nuestros corazones, para que nosotros seamos realmente hombres de Dios y para que su paz actúe en este mundo. En la Iglesia antigua existía la costumbre de que el Obispo o el sacerdote después de la homilía exhortara a los creyentes exclamando: "Conversi ad Dominum" -volveos ahora hacia el Señor. Eso significaba ante todo que ellos se volvían hacia el Este -en la dirección del sol naciente como señal del retorno de Cristo, a cuyo encuentro vamos en la celebración de la Eucaristía. Donde, por alguna razón, eso no era posible, dirigían su mirada a la imagen de Cristo en el ábside o a la Cruz, para orientarse interiormente hacia el Señor. Porque, en definitiva, se trataba de este hecho interior: de la conversio, de dirigir nuestra alma hacia Jesucristo y, de ese modo, hacia el Dios viviente, hacia la luz verdadera. A esto se unía también otra exclamación que aún hoy, antes del Canon, se dirige a la comunidad creyente: "Sursum corda" -levantemos el corazón, fuera de la maraña de todas nuestras preocupaciones, de nuestros deseos, de nuestras angustias, de nuestra distracción- levantad vuestros corazones, vuestra interioridad. Con ambas exclamaciones se nos exhorta de alguna manera a renovar nuestro Bautismo: Conversi ad Dominum -siempre debemos apartarnos de los caminos equivocados, en los que tan a menudo nos movemos con nuestro pensamiento y obras. Siempre tenemos que dirigirnos a Él, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Siempre hemos de ser "convertidos", dirigir toda la vida a Dios. Y siempre tenemos que dejar que nuestro corazón sea sustraído de la fuerza de gravedad, que lo atrae hacia abajo, y levantarlo interiormente hacia lo alto: en la verdad y el amor. En esta hora damos gracias al Señor, porque en virtud de la fuerza de su palabra y de los santos Sacramentos nos indica el itinerario justo y atrae hacia lo alto nuestro corazón. Y lo pedimos así: Sí, Señor, haz que nos convirtamos en personas pascuales, hombres y mujeres de la luz, colmados del fuego de tu amor. Amén. [Traducción del original italiano distribuida por la Santa Sede © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
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3月22日 ZS080322
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ZENITEl mundo visto desde RomaServicio diario - 22 de marzo de 2008ESPIRITUALIDAD Predicador del Papa: No se es cristiano si no se cree en la Resurrección de Cristo DOCUMENTACIÓN Homilía del Papa a los jóvenes sobre la confesión Benedicto XVI: El verdadero culto a Dios consiste en servir y curar con la bondad Espiritualidad Predicador del Papa: No se es cristiano si no se cree en la Resurrección de CristoComentario del padre Cantalamessa a la liturgia del Domingo de Pascua ROMA, sábado, 22 marzo 2008 (ZENIT.org ).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la Liturgia de la Palabra del Domingo de Resurrección * * *
Domingo de Pascua Hechos 10,34a.37-43; Colosenses 3,1-4; Juan 20, 1-9 ¡Ha resucitado! A las mujeres que acudieron al sepulcro, la mañana de Pascua, el ángel les dijo: «No temáis. Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado. ¡Ha resucitado!». ¿Pero verdaderamente ha resucitado Jesús? ¿Qué garantías tenemos de que se trata de un hecho realmente acontecido, y no de una invención o de una sugestión? San Pablo, escribiendo a la distancia de no más de veinticinco años de los hechos, cita a todas las personas que le vieron después de su resurrección, la mayoría de las cuales aún vivía (1 Co 15,8). ¿De qué hecho de la antigüedad tenemos testimonios tan fuertes como de éste? Pero para convencernos de la verdad del hecho existe también una observación general. En el momento de la muerte de Jesús los discípulos se dispersaron; su caso se da por cerrado: «Esperábamos que fuera él...», dicen los discípulos de Emaús. Evidentemente, ya no lo esperan. Y he aquí que, de improviso, vemos a estos mismos hombres proclamar unánimes que Jesús está vivo; afrontar, por este testimonio, procesos, persecuciones y finalmente, uno tras otro, el martirio y la muerte. ¿Qué ha podido determinar un cambio tan radical, más que la certeza de que Él verdaderamente había resucitado? No pueden estar engañados, porque han hablado y comido con El después de su resurrección; y además eran hombres prácticos, ajenos a exaltarse fácilmente. Ellos mismos dudan de primeras y oponen no poca resistencia a creer. Ni siquiera pueden haber engañado a los demás, porque si Jesús no hubiera resucitado, los primeros en ser traicionados y salir perdiendo (¡la propia vida!) eran precisamente ellos. Sin el hecho de la resurrección, el nacimiento del cristianismo y de la Iglesia se convierte en un misterio aún más difícil de explicar que la resurrección misma. Estos son algunos argumentos históricos, objetivos; pero la prueba más fuerte de que Cristo ha resucitado ¡es que está vivo! Vivo, no porque nosotros le mantengamos con vida hablando de Él, sino porque Él nos tiene en vida a nosotros, nos comunica el sentido de su presencia, nos hace esperar. «Toca a Cristo quien cree en Cristo», decía san Agustín, y los auténticos creyentes experimentan la verdad de esta afirmación. Los que no creen en la realidad de la resurrección siempre han planteado la hipótesis de que se haya tratado de fenómenos de autosugestión; los apóstoles creyeron ver. Pero esto, si fuera cierto, constituiría al final un milagro no inferior al que se quiere evitar admitir. Supone, en efecto, que personas distintas, en situaciones y lugares diferentes, tuvieron todas la misma alucinación. Las visiones imaginarias llegan habitualmente a quien las espera y las desea intensamente; pero los apóstoles, después de los sucesos del Viernes Santo, ya no esperaban nada. La resurrección de Cristo es, para el universo espiritual, lo que fue para el universo físico, según una teoría moderna, el Big-bang inicial: tal explosión de energía como para imprimir al cosmos ese movimiento de expansión que prosigue todavía, miles de millones de años después. Quita a la Iglesia la fe en la resurrección y todo se detiene y se apaga, como cuando en una casa se va la luz. San Pablo escribió: «Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Rm 10,9). «La fe de los cristianos es la resurrección de Cristo», decía san Agustín. Todos creen que Jesús ha muerto, también los paganos y los agnósticos. Pero sólo los cristianos creen que también ha resucitado, y no se es cristiano si no se cree esto. Resucitándole de la muerte, es como si Dios confirmara la obra de Cristo, le imprimiera su sello. «Dios ha dado a todos los hombres una garantía sobre Jesús, al resucitarlo de entre los muertos» (Hechos 17,31). [Traducción del original italiano por Marta Lago] Documentación Homilía del Papa a los jóvenes sobre la confesiónEn una celebración penitencial en preparación de la Jornada Mundial de la Juventud ROMA, sábado, 22 marzo 2008 (ZENIT.org ).- Publicamos la homilía que dirigió Benedicto XVI a los jóvenes de la diócesis de Roma el 13 de marzo, durante la celebración penitencial en la Basílica de San Pedro, en preparación de la Jornada Mundial de la Juventud. * * * Queridos jóvenes de Roma: [Traducción distribuida por la Santa Sede © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana] Benedicto XVI: El verdadero culto a Dios consiste en servir y curar con la bondadHomilía en el Domingo de Ramos * * * Queridos hermanos y hermanas:
El Dios que creó el cielo y la tierra se dio un nombre, se hizo invocable; más aún, se hizo casi palpable por los hombres. Ningún lugar puede contenerlo y, sin embargo, o precisamente por eso, él mismo se da un lugar y un nombre, para que él personalmente, el verdadero Dios, pueda ser venerado allí como Dios en medio de nosotros.
Por el relato sobre Jesús a la edad de doce años sabemos que amaba el templo como la casa de su Padre, como su casa paterna. Ahora, va de nuevo a ese templo, pero su recorrido va más allá: la última meta de su subida es la cruz. Es la subida que la carta a los Hebreos describe como la subida hacia una tienda no fabricada por mano de hombre, hasta la presencia de Dios. La subida hasta la presencia de Dios pasa por la cruz. Es la subida hacia "el amor hasta el extremo" (cf. Jn 13, 1), que es el verdadero monte de Dios, el lugar definitivo del contacto entre Dios y el hombre.
Durante la entrada en Jerusalén, la gente rinde homenaje a Jesús como Hijo de David con las palabras del Salmo 118 de los peregrinos: "¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!" (Mt 21, 9). Después, llega al templo. Pero en el espacio donde debía realizarse el encuentro entre Dios y el hombre halla a vendedores de palomas y cambistas que ocupan con sus negocios el lugar de oración.
Ciertamente, los animales que se vendían allí estaban destinados a los sacrificios para inmolar en el templo. Y puesto que en el templo no se podían usar las monedas en las que estaban representados los emperadores romanos, que estaban en contraste con el Dios verdadero, era necesario cambiarlas por monedas que no tuvieran imágenes idolátricas. Pero todo esto se podía hacer en otro lugar: el espacio donde se hacía entonces debía ser, de acuerdo con su destino, el atrio de los paganos.
En efecto, el Dios de Israel era precisamente el único Dios de todos los pueblos. Y aunque los paganos no entraban, por decirlo así, en el interior de la Revelación, sin embargo en el atrio de la fe podían asociarse a la oración al único Dios. El Dios de Israel, el Dios de todos los hombres, siempre esperaba también su oración, su búsqueda, su invocación.
Todo esto también nos debe hacer pensar a los cristianos de hoy: ¿nuestra fe es lo suficientemente pura y abierta como para que, gracias a ella también los "paganos", las personas que hoy están en búsqueda y tienen sus interrogantes, puedan vislumbrar la luz del único Dios, se asocien en los atrios de la fe a nuestra oración y con sus interrogantes también ellas quizá se conviertan en adoradores? La convicción de que la codicia es idolatría, ¿llega también a nuestro corazón y a nuestro estilo de vida? ¿No dejamos entrar, de diversos modos, a los ídolos también en el mundo de nuestra fe? ¿Estamos dispuestos a dejarnos purificar continuamente por el Señor, permitiéndole arrojar de nosotros y de la Iglesia todo lo que es contrario a él?
Sin embargo, en la purificación del templo se trata de algo más que de la lucha contra los abusos. Se anuncia una nueva hora de la historia. Ahora está comenzando lo que Jesús había anunciado a la samaritana a propósito de su pregunta sobre la verdadera adoración: "Llega la hora -ya estamos en ella- en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren" (Jn 4, 23). Ha terminado el tiempo en el que a Dios se inmolaban animales. Desde siempre los sacrificios de animales habían sido sólo una sustitución, un gesto de nostalgia del verdadero modo de adorar a Dios.
Los evangelistas nos relatan que, en el proceso contra Jesús, se presentaron falsos testigos y afirmaron que Jesús había dicho: "Yo puedo destruir el templo de Dios y en tres días reconstruirlo" (Mt 26, 61). Ante Cristo colgado de la cruz, algunos de los que se burlaban de él aluden a esas palabras, gritando: "Tú que destruyes el templo y en tres días lo reconstruyes, sálvate a ti mismo" (Mt 27, 40).
La versión exacta de las palabras, tal como salieron de labios de Jesús mismo, nos la transmitió san Juan en su relato de la purificación del templo. Ante la petición de un signo con el que Jesús debía legitimar esa acción, el Señor respondió: "Destruid este templo y en tres días lo levantaré" (Jn 2, 18 s). San Juan añade que, recordando ese acontecimiento después de la Resurrección, los discípulos comprendieron que Jesús había hablado del templo de su cuerpo (cf. Jn 2, 21s).
No es Jesús quien destruye el templo; el templo es abandonado a su destrucción por la actitud de aquellos que, de lugar de encuentro de todos los pueblos con Dios, lo transformaron en "cueva de ladrones", en lugar de negocios. Pero, como siempre desde la caída de Adán, el fracaso de los hombres se convierte en ocasión para un esfuerzo aún mayor del amor de Dios en favor de nosotros.
Al final del relato del domingo de Ramos, tras la purificación del templo, san Mateo, cuyo evangelio escuchamos este año, refiere también dos pequeños hechos que tienen asimismo un carácter profético y nos aclaran una vez más la auténtica voluntad de Jesús. Inmediatamente después de las palabras de Jesús sobre la casa de oración de todos los pueblos, el evangelista continúa así: "En el templo se acercaron a él algunos ciegos y cojos, y los curó". Además, san Mateo no s dice que algunos niños repetían en el templo la aclamación que los peregrinos habían hecho a su entrada de la ciudad: "¡Hosanna al Hijo de David!" (Mt 21, 14s).
Al comercio de animales y a los negocios con dinero Jesús contrapone su bondad sanadora. Es la verdadera purificación del templo. Él no viene para destruir; no viene con la espada del revolucionario. Viene con el don de la curación. Se dedica a quienes, a causa de su enfermedad, son impulsados a los extremos de su vida y al margen de la sociedad. Jesús muestra a Dios como el que ama, y su poder como el poder del amor. Así nos dice qué es lo que formará parte para siempre del verdadero culto a Dios: curar, servir, la bondad que sana.
Y están, además, los niños que rinden homenaje a Jesús como Hijo de David y exclaman "¡Hosanna!". Jesús había dicho a sus discípulos que, para entrar en el reino de Dios, deberían hacerse como niños. Él mismo, que abraza al mundo entero, se hizo niño para salir a nuestro encuentro, para llevarnos hacia Dios. Para reconocer a Dios debemos abandonar la soberbia que nos ciega, que quiere impulsarnos lejos de Dios, como si Dios fuera nuestro competidor. Para encontrar a Dios es necesario ser capaces de ver con el corazón. Debemos aprender a ver con un corazón de niño, con un corazón joven, al que los prejuicios no obstaculizan y los intereses no deslumbran. Así, en los niños que con ese corazón libre y abierto lo reconocen a él la Iglesia ha visto la imagen de los creyentes de todos los tiempos, su propia imagen.
Queridos amigos, ahora nos asociamos a la procesión de los jóvenes de entonces, una procesión que atraviesa toda la historia. Juntamente con los jóvenes de todo el mundo, vamos al encuentro de Jesús. Dejémonos guiar por él hacia Dios, para aprender de Dios mismo el modo correcto de ser hombres. Con él demos gracias a Dios porque con Jesús, el Hijo de David, nos ha dado un espacio de paz y de reconciliación que, con la sagrada Eucaristía, abraza al mundo. Invoquémoslo para que también nosotros lleguemos a ser con él, y a partir de él, mensajeros de su paz, adoradores en espíritu y en verdad, a fin de que en nosotros y a nuestro alrededor crezca su reino. Amén. [Trascripción distribuida por la Santa Sede © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana] ZENIT es una agencia internacional de información. Visite nuestra página http://www.zenit.org Para suscribirse/darse de baja: http://www.zenit.org/spanish/subscribe.html Para cualquier información: http://www.zenit.org/spanish/contactanos.html * * * * * * * * * * * * * * * * La reproducción de los servicios de Zenit requiere el permiso expreso del editor: http://www.zenit.org/spanish/permisos.html (c) Innovative Media Inc. 3月21日 ZS080321
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ZENITEl mundo visto desde RomaServicio diario - 21 de marzo de 2008SANTA SEDE Cristo, respuesta a la sed de infinito; afirma el Papa en el Vía Crucis La unidad es un don que hay que acoger, alerta el predicador del Papa MUNDO Michael Heller, matemático y sacerdote, Premio Templeton 2008 La Iglesia Colombiana pidió a las FARC un diálogo directo Homenaje del Consejo Mundial de las Iglesias a Chiara Lubich Panamá: Artículos de la Ley de Sexualidad contrarían la doctrina de la Iglesia FORO Viernes Santo en Jerusalén: Procesión fúnebre en el Santo Sepulcro ESPIRITUALIDAD Predicación del Viernes Santo en la Basílica de San Pedro DOCUMENTACIÓN Palabras de Benedicto XVI al final del Vía Crucis en el Coliseo Santa Sede Cristo, respuesta a la sed de infinito; afirma el Papa en el Vía CrucisDecenas de miles de peregrinos en el Coliseo de Roma afrontaron el frío y la lluvia ROMA, viernes, 21 marzo 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI presentó este Viernes Santo a Jesús como la respuesta a la sed de infinito de todo corazón humano, al recorrer su camino hacia la cruz, el Vía Crucis, en el Coliseo de Roma. Dirigiéndose a las decenas de miles de peregrinos, que tuvieron que afrontar un inesperado frío y la fuerte lluvia, al final del ejercicio de piedad, reconoció: «Muchos, también en nuestra época, no conocen a Dios y no pueden encontrarlo en el Cristo crucificado». «Muchos están en búsqueda de un amor o de una libertad que excluya a Dios. Muchos creen que no tienen necesidad de Dios», siguió diciendo. Cristo, aseguró, ofrece «la paz que buscamos, la alegría que anhelamos, el amor que llene nuestro corazón sediento de infinito». El obispo de Roma invitó a dejar que Cristo «ponga en crisis nuestras certezas humanas. Abrámosle el corazón. Jesús es la verdad que nos hace libres para amar». «No tengamos miedo --insistió--: al morir, el Señor destruyó el pecado y salvó a los pecadores, es decir, a todos nosotros». Las meditaciones y oraciones, confiadas en esta ocasión por el Santo Padre al cardenal Joseph Zen Ze-kiun, S.D.B., obispo de Hong Kong, permitieron tocar los corazones de los presentes con la situación de los «mártires vivientes», los cristianos perseguidos en todo el mundo. «Probablemente ellos, más que nosotros hoy, han vivido en su cuerpo la Pasión de Jesús. En su carne Jesús ha sido de nuevo arrestado, calumniado, torturado, escarnecido, arrastrado, aplastado bajo el peso de la cruz y clavado en aquel madero como un criminal», explica en la introducción el purpurado chino. En las imágenes de cada una de las catorce estaciones que aparecían en el libro que se entregó a los peregrinos y que presentaron los canales de televisión de todos los continentes, Jesús aparece con rasgos orientales, así como el resto de los personajes del Evangelio. Una joven china entregó en la duodécima estación la cruz al Papa, quien siguió el Via Cucis desde el Monte Palatino. Anteriormente, habían cargado con la cruz hermanos franciscanos de la Custodia de Tierra Santa, una minusválida en silla de ruedas, una familia de Roma, una religiosa de Burkina Faso y el cardenal Camillo Ruini, vicario del Papa para la diócesis de Roma Benedicto XVI concluyó el encuentro leyendo una propia meditación en la que muestra cómo «a través del camino doloroso de la cruz, los hombres de todas las épocas, reconciliados y redimidos por la sangre de Cristo, se han convertido en amigos de Dios, hijos del Padre celestial». «"Amigo", llama a cada uno de nosotros, porque es auténtico amigo de todos nosotros. Por desgracia, no siempre logramos percibir la profundidad de este amor sin fronteras que Dios nos tiene», deploró. « Para Él no hay diferencia de raza y cultura --dijo--. Jesucristo murió para liberar a la antigua humanidad de la ignorancia de Dios, del círculo de odio y violencia, de la esclavitud del pecado. La Cruz nos hace hermanos y hermanas». Benedicto XVI presidirá en la noche de este sábado, a partir de las 21.00 horas, la Vigilia Pascual en la que la Iglesia revive la resurrección de Cristo. Este domingo, a las 10.30 horas, celebrará la misa en la plaza de San Pedro del Vaticano. Después, a mediodía, desde el balcón central de la basílica pronunciará el mensaje de felicitación por la Pascua, e impartirá la bendición «Urbi et Orbi». Por Jesús Colina La unidad es un don que hay que acoger, alerta el predicador del PapaEn la homilía del Viernes Santo en la Basílica de San Pedro La celebración de la Pasión del Señor es la única liturgia que preside el Santo Padre sin pronunciar él mismo la homilía. Es tarea que se reserva este día al predicador apostólico, al padre Raniero Cantalamessa, O.F.M.Cap., quien ha profundizado en la responsabilidad del camino hacia la unidad de los cristianos. Tras la lectura de la Pasión según el evangelio de Juan, el predicador del Papa llamó la atención sobre la túnica de Jesús, «sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo», de forma que los soldados, tras la crucifixión, se la echaron a suertes antes que desgarrarla. La túnica inconsútil el símbolo de la unidad de la Iglesia --recordó el padre Cantalamessa--: «los hombres podemos dividir a la Iglesia en su elemento humano y visible, pero no su unidad profunda que se identifica con el Espíritu Santo». Y señaló: «La unidad de los discípulos es, para [el apóstol] Juan, la razón por la que Cristo muere», además de que, en la última cena, Jesús mismo oró: «No ruego sólo por estos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado». «La alegre noticia que hay que proclamar el Viernes Santo es que la unidad, antes que una meta a alcanzar, es un don que hay que acoger», dedujo el predicador del Papa. Que la túnica de Jesús «estuviera tejida de arriba abajo» también «significa que la unidad que trae Cristo procede de lo Alto, del Padre celestial --apuntó--, y por ello no puede ser escindida por quien la recibe, sino que debe ser integralmente acogida». Pero la unidad ha de ser «también visible, comunitaria»: ésta es la unidad «que se ha perdido y debemos reencontrar» --indicó el padre Cantalamessa--; «brota de la comunión de amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo», y está en el poder de Dios decidir cuándo se realizará. «Será el Espíritu Santo, si nos dejamos guiar, quien nos conduzca a la unidad», recalcó. E invitó a constatar cómo, «a escala mundial», «Dios ha efundido su Espíritu Santo de manera nueva e inusitada en millones de creyentes, pertenecientes a casi todas las denominaciones cristianas», derramándolo «con idénticas manifestaciones». «¿No es éste un signo de que el Espíritu nos impele a reconocernos recíprocamente como discípulos de Cristo y a tender juntos a la unidad?», planteó. «Esta unidad espiritual y carismática, por sí sola, es verdad, no basta»; el Espíritu Santo obra también a través del «ecumenismo doctrinal e institucional», pero éste no avanza si, a su vez, «no se acompaña de un ecumenismo espiritual», cosa que repiten insistentemente «los máximos promotores del ecumenismo institucional», reflexionó el padre Cantalamessa. «El ecumenismo espiritual nace del arrepentimiento y del perdón, y se alimenta con la oración», además de que la unidad de los discípulos «debe ser ante todo una unidad de amor, porque tal es la unidad que reina en la Trinidad», sintetizó. «No podemos "quemar etapas" en cuanto a la doctrina, porque las diferencias existen y hay que resolverlas con paciencia en las sedes apropiadas», «pero podemos en cambio quemar etapas en la caridad, y estar unidos desde ahora» --advirtió--: la vía hacia la unidad basada en el amor «está abierta de par en par ante nosotros», algo «extraordinario». Y «entre cristianos amarse significa mirar juntos en la misma dirección que es Cristo», precisó. Esto es clave porque, según el predicador del Papa, se perciben «dos ecumenismos»: el de la fe y el de la incredulidad. El primero «reúne a todos los que creen que Jesús es el Hijo de Dios, que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y que Cristo murió para salvar a todos los hombres»; el segundo «reúne a cuantos, por respeto al símbolo de Nicea, siguen proclamando estas fórmulas, pero vaciándolas de su verdadero contenido», lamentó. De ahí su advertencia: «La distinción fundamental entre los cristianos no lo es entre católicos, ortodoxos y protestantes, sino entre quienes creen que Cristo es el Hijo de Dios y quienes no lo creen». Por Marta Lago Mundo Michael Heller, matemático y sacerdote, Premio Templeton 2008Sostiene que las leyes matemáticas prueban la existencia de Dios NUEVA YORK, viernes, 21 marzo 2008 (ZENIT.org).- Un matemático polaco, sacerdote católico, ha recibido el premio académico mejor dotado del mundo por un estudio que muestra cómo las matemáticas pueden ofrecer pruebas indirectas de la existencia de Dios. El premiado por la Fundación Templeton en Nueva York con 1.170.000 euros es Michael Heller. Las teorías de Heller no se centran tanto en ofrecer pruebas de la existencia de Dios como en suscitar dudas acerca de la realidad. Su especialidad son las fórmulas complejas que son capaces de explicar cualquier cosa, incluso el azar, a través del cálculo matemático. Heller es profesor en la Facultad de Filosofía de la Academia Pontificia de Teología de Cracovia, Polonia, y fue amigo del papa Juan Pablo II. La investigación de Heller «ha ampliado el horizonte metafísico de la ciencia», según fuentes de la Fundación Templeton, que desde hace 35 años concede el premio al Progreso hacia la investigación o desarrollo de realidades espirituales.
El premio lleva el nombre de su fundador, sir John Templeton, un empresario estadounidense presbiteriano de origen británico, nombrado caballero en 1987 por Isabel II en reconocimiento a su labor como filántropo. Hasta 2001 se llamó Premio Templeton para el progreso de la religión. No han trascendido los detalles de la argumentación de Heller, que ha emitido un comunicado en el que en definitiva reflexiona acerca de la causalidad. «Si preguntamos sobre la causa del universo deberíamos preguntar sobre la causa de las leyes matemáticas. Al hacerlo nos situamos en el gran plan maestro de Dios al pensar el Universo, ante la pregunta sobre la causalidad definitiva: ¿por qué existe algo en vez de no existir nada?», ha explicado Heller. «Al preguntarlo, no estamos preguntando sobre una causa como otras causas. Preguntamos sobre la raíz de todas las causas posibles --añade--. La ciencia no es sino un esfuerzo colectivo de la mente humana para leer la mente de Dios desde las preguntas de las cuales nosotros y el mundo parecemos estar hechos». Según detalló la fundación en un comunicado, Heller ha «desarrollado agudos y sorprendentemente originales conceptos sobre el origen y las causas del Universo, a menudo bajo la intensa represión gubernamental», en Polonia. «Es evidente que para Heller la naturaleza matemática del mundo y su inteligibilidad por parte del ser humano constituye la evidencia circunstancial de la existencia de Dios», aseguró su colega Karol Musiol en defensa de la candidatura del religioso premiado. La organización detalla que Heller «trabajó afanosamente durante años bajo las asfixiantes estructuras de la era soviética» y se ha convertido en una «convincente figura en los dominios de la física, cosmología, teología y filosofía, con un amplio bagaje académico y religioso». El propio académico defiende en un escrito difundido por la Fundación John Templeton que «varios procesos del Universo pueden ser expuestos como una sucesión de estados, de forma que el precedente siempre sirve de causa para explicar el que le sucede y siempre una ley que dicta cómo un estado debe suceder a otro». El premio será oficialmente entregado por el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, en una ceremonia privada que tendrá lugar el próximo 7 de mayo en Londres. Entre los galardonados de otros años destaca la Madre Teresa de Calcuta, el escritor Alexander Solzhenitsyn, el reverendo Billy Graham y el líder espiritual indio Pandurang Shastri Athavale. La Iglesia Colombiana pidió a las FARC un diálogo directoLos obispos procuran reactivar el proceso BOGOTÁ, viernes, 21 marzo 2008 (ZENIT.org).- La Iglesia en Colombia ha solicitado a la guerrilla de las FARC que revele el nombre del delegado que se encargará de negociar con el gobierno el intercambio humanitario y ha pedido un diálogo directo. El presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana, monseñor Luis Augusto Castro, en declaraciones a los medios de comunicación sostuvo que es importante reavivar el contacto directo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para buscar la libertad de todos los secuestrados. «Estamos esperando que se reorganice la cúpula de las FARC; es bueno saber quién va a ser el encargado directo de los diálogos para reavivar todo este esfuerzo», explicó.
«Hay que lograr nuevamente este contacto con las FARC y ver si es posible un diálogo directo para que se materialice un encuentro y sean liberados los secuestrados», subrayó. Homenaje del Consejo Mundial de las Iglesias a Chiara Lubich«Ha sido un don de Dios para el movimiento ecuménico» GINEBRA, viernes, 21 marzo 2008 (ZENIT.org).- Recordando el carisma de Chiara Lubich como «un don de Dios para el movimiento ecuménico», en un homenaje a la fundadora del Movimiento de los Focolares, el secretario general del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), Samuel Kobia, quiso participar en el «profundo dolor» de los muchos amigos de Chiara en el CMI ante la noticia de su muerte. Chiara Lubich, que se dedicó a la promoción de la paz, la unidad de la Iglesia y el diálogo interreligioso, falleció el 14 de marzo a la edad de 88 años en su hogar cerca de Roma, Italia.
«Como una llama de amor que comenzó a brillar en medio de las cenizas de la destrucción de la guerra en 1943 en Trento, el carisma de Chiara Lubich dió origen al Movimiento de los Focolares que se difundió durante su propia vida a todas las regiones del mundo», subraya el secretario general del CMI. «Tomando como centro la espiritualidad de la unidad -añade--, Chiara Lubich ejerció un profundo impacto en el movimiento ecuménico y contribuyó notablemente a fortalecer relaciones viables entre iglesias de diferentes tradiciones cristianas. Estimuló al Movimiento de los Focolares y a todos nosotros a dar un testimonio creíble de la presencia de Cristo incluso en las esferas de la economía y la política». «Llegó también a un convencimiento cada vez mayor de que el diálogo y la cooperación interreligiosos, en pleno respeto de las convicciones religiosas de los demás, son expresiones necesarias del amor cristiano. Estos impulsos encontraron su respuesta en una cooperación creciente entre el Movimiento de los Focolares y diferentes programas del Consejo Mundial de Iglesias», subraya. Recuerda estas palabras conclusivas de un discurso en el que Chiara Lubich se dirigió a los miembros del personal que trabajan en el Centro Ecuménico de Ginebra y a los líderes eclesiales que estaban presentes durante su visita a Ginebra en octubre de 2002: «Podemos dar testimonio de que ese amor a Jesús abandonado ha vencido toda batalla dentro y fuera de nosotros mismos, incluso la más terrible. Pero ciertamente, tuvimos que ser totalmente suyos, tuvimos que entregarnos a Él totalmente. Fue únicamente el amor a Él lo que nos permitió construir una obra tan rica, tan variada, tan extendida, encaminada al objetivo único que todos conocemos ya: la unidad, con todos los significados que implica esta divina palabra». Y recuerda también que Chiara Lubich mantuvo una relación estrecha con el Consejo Mundial de Iglesias desde su primera visita a Ginebra en 1967. Cita la carta del Apóstol Pablo a los cristianos de Roma: «Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor». Y la aplica a la fundadora de los Focolares: «Nada ha tenido el poder de separar a Chiara Lubich del amor de Dios en Cristo Jesús y, en la medida en que nuestras hermanas y hermanos del Movimiento de los Focolares continúen centrados en la presencia de Jesucristo en medio de ellos, experimentarán la energía del carisma del que los dotó Chiara». «Nuestro amor a Chiara --concluye--, y la inmensa gratitud por el don de Dios que ella ha representado para el movimiento ecuménico, continuarán motivándonos e inspirándonos en nuestro trabajo en favor de la unidad visible de la iglesia». Por Nieves San Martín Panamá: Artículos de la Ley de Sexualidad contrarían la doctrina de la IglesiaComunicado de los obispos de sobre el anteproyecto en discusión PANAMÁ, viernes, 21 marzo 2008 (ZENIT.org).- El Comité Permanente de la Conferencia Episcopal Panameña, ha hecho público un comunicado sobre la Ley sobre la Sexualidad actualmente en discusión. Los obispos explican que «existen unos anteproyectos de ley integral sobre salud sexual y reproductiva y sobre la protección del menor y del adolescente, lo que ha generado diversas reacciones y comentarios en los medios de comunicación social». Con relación a estos temas, los obispos de la Conferencia Episcopal Panameña desean aclarar una serie de puntos. Reconocen «que es función del Estado velar por la salud integral de toda la población que habita en la República de Panamá». «La Iglesia Católica -explican- ha participado en varias reuniones con miembros de los Ministerios de Salud, Educación y Desarrollo Social en relación con los anteproyectos de Ley ya mencionados tratando de ofrecer nuestra colaboración en la búsqueda del bien común y exponiendo nuestra postura con respecto a todo lo que afecta a la vida humana, al matrimonio y a la familia, célula básica de la sociedad». «Nuestra participación como Iglesia Católica en estas reuniones no significa en manera alguna la renuncia ni el desconocimiento de los principios y valores inherentes a nuestra fe y a la ley natural inserta en la persona humana», aseguran los obispos. Así mismo creen «en la necesidad de promover una verdadera educación sexual cuyo objetivo no es el placer por el placer sino una educación para el amor en consonancia con nuestra condición de seres racionales y en vista a fortalecer la institución familiar respetando la edad biológica de la niñez y la adolescencia». Los prelados panameños se alegran de «algunas recomendaciones presentadas por nuestros delegados han sido incorporadas a los mencionados anteproyectos». No obstante, expresan su «desacuerdo con otros artículos por su ambigüedad y porque contrarían la doctrina que nuestra Iglesia siempre ha proclamado en favor de la dignidad de la sexualidad, de la persona humana y en defensa de la vida, de la familia y el matrimonio, unión estable entre un varón y una mujer». Para concluir, reiteran lo que dijo el siervo de Dios Juan Pablo II cuando visitó a Panamá hace veinticinco años: «El cristiano auténtico, aún a riesgo de convertirse en ‘signo de contradicción', ha de saber elegir bien las opciones prácticas que están de acuerdo con su fe. Por eso, dirá sí a la estabilidad de la familia; sí a la convivencia legítima que fomenta la comunión y favorece la educación equilibrada de los hijos, al amparo de un amor paterno y materno que se complementan y se realizan en la formación de hombres nuevos». Firman el Comunicado José Luis Lacunza Maestrojuan, oar, obispo de David, presidente de la Conferencia Episcopal Panameña (CEP); José Dimas Cedeño Delgado, arzobispo de Panamá, vicepresidente de la CEP, y José Domingo Ulloa Mendieta, osa, obispo Auxiliar de Panamá, secretario general de la CEP. Por Nieves San Martín Foro Viernes Santo en Jerusalén: Procesión fúnebre en el Santo Sepulcro JERUSALÉN, viernes, 21 marzo 2008 (ZENIT.org-CTS Noticias).- El viernes Santo, en la Basílica de la Resurrección, ha sido celebrada por los frailes franciscanos de la Custodia de Tierra Santa una ceremonia poco conocida: la Procesión fúnebre de Nuestro Señor Jesucristo. Conmueve y emociona, no dejando indiferente a nadie, aunque si pocas personas tienen la posibilidad de verla tan de cerca por la gran multitud que invade el Santo Sepulcro cada Viernes Santo. La encabezan la totalidad de los franciscanos residentes en la Ciudad Santa (un centenar). Es un oficio que sigue la tradición de las representaciones medievales inspiradas en los Misterios de la Pasión de Cristo. Es en esta época en que las tradiciones escritas señalan a San Francisco de Asís como inventor del Nacimiento (la tradicional representación con figuras del Portal de Belén). Esta sería una tradición típica de la Basílica de la Resurrección donde se encuentran agrupados en un mismo edificio el Calvario, la Roca de la Unción y el Sepulcro de Cristo. Esto hace de este Oficio una mimesis de la deposición de Jesús de la Cruz, de su unción y de su enterramiento. Una mimesis que se desarrolla en los mismos lugares de su pasión, desde la cima del Gólgota al edículo del Santo Sepulcro. El riesgo «de dar cuerpo» en la mimesis a estos momentos de la Pasión es venerar la muerte más aún que el memorial de una muerte que no existe sin la resurrección. No se trata de hecho de la imagen exacta de la Pasión, pero es el símbolo que nos ayuda a recordar que Cristo, Hijo del Dios vivo, ha conocido la muerte en su propia carne. Es éste el escándalo de la cruz y la esperanza de la resurrección, motivo de nuestra fe. En su Hijo, Dios ha conocido la muerte para triunfar sobre ella. «Si el Cristo no ha resucitado vana es nuestra fe» (1 Cor.15,17). En la época del II Concilio de Nicea (787), en plena querella iconoclasta, el papa Adriano (772-795) escribía: «Las sagradas imágenes son honradas por todos los fieles de forma que, por medio de un rostro visible, nuestro espíritu sea transformado por atracción espiritual hacia la majestad invisible de la divinidad, a través de la contemplación de la imagen, en la que está representada la carne que el Hijo de Dios se ha dignado tomar para nuestra salvación. De esta manera adoramos y alabamos, glorificándolo en espíritu, a este mismo Redentor, puesto que, como está escrito, Dios es espíritu y por esto adoramos espiritualmente su divinidad». (Carta de Adriano I a los Emperadores, en Mansi XI, 1062AB). En esta Tierra Santa en la cual el judaísmo y el islam tienen prohibido representar a Dios, la procesión fúnebre no significa «hacer como si» asistiésemos al enterramiento de Cristo, significa hacer memoria de un evento. Durante esta representación nosotros nos descubrimos en la escucha del Cristo que nos habla al oído: «¡Oh hombre sin inteligencia, y tardo de corazón a creer en todo aquello que los profetas han dicho! ¿No sabías que el Cristo debía sufrir para entrar en su gloria?». Como los peregrinos de Emaús lo reconocieron en la fracción del pan, así contemplando la imagen de Cristo en la tumba, nuestros corazones murmuran ya en espera del día santo de la Pascua: «¿Oh, muerte, dónde está tu victoria?». MAB Espiritualidad Predicación del Viernes Santo en la Basílica de San PedroDel padre Raniero Cantalamessa, O.F.M. Cap. A continuación el predicador de la Casa Pontificia, el padre Raniero Cantalamessa, O.F.M. Cap., ha pronunciado la homilía, cuyo texto ofrecemos íntegramente. La Liturgia de la Pasión ha proseguido con la Oración universal y la adoración de la Santa Cruz; ha concluido con la Santa Comunión. * * *
P. Raniero Cantalamessa O.F.M. Cap.
Predicación del Viernes Santo de 2008 en la Basílica de San Pedro
«LA TÚNICA ERA SIN COSTURAS»
«Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo. Por eso se dijeron: "No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca". Para que se cumpliera la Escritura: "Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica"» (Jn 19,23-24). Siempre ha surgido la cuestión de qué quiso decir el evangelista Juan con la importancia que da a este particular de la Pasión. Una explicación reciente es que la túnica recuerda al paramento del sumo sacerdote y que Juan, por ello, deseó afirmar que Jesús murió no sólo como rey, sino también como sacerdote. De la túnica del sumo sacerdote no se dice, sin embargo, en la Biblia, que tuviera que ser sin costuras (Cf. Ex 28,4; Lev 16,4). Por eso los exégetas más autorizados prefieren atenerse a la explicación tradicional según la cual la túnica inconsútil simboliza la unidad de la Iglesia [1]. Cualquiera que sea la explicación que se da del texto, una cosa es cierta: la unidad de los discípulos es, para Juan, la razón por la que Cristo muere: «Jesús iba a morir por la nación, y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos» (Jn 11,51-52). En la última cena Él mismo había dicho: «No ruego sólo por estos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17,20-21). La alegre noticia que hay que proclamar el Viernes Santo es que la unidad, antes que una meta a alcanzar, es un don que hay que acoger. Que la túnica estuviera tejida «de arriba abajo», escribe san Cipriano, significa que «la unidad que trae Cristo procede de lo Alto, del Padre celestial, y por ello no puede ser escindida por quien la recibe, sino que debe ser integralmente acogida» [2]. Los soldados dividieron en cuatro partes «los vestidos», o «el manto» (ta imatia), esto es, el indumento exterior de Jesús, no la túnica, el chiton, que era el indumento interno, que se lleva en contacto directo con el cuerpo. Un símbolo éste también. Los hombres podemos dividir a la Iglesia en su elemento humano y visible, pero no su unidad profunda que se identifica con el Espíritu Santo. La túnica de Cristo no fue ni jamás podrá ser dividida. Es también inconsútil. Es la fe que profesamos en el Credo: «Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica». * * * Pero si la unidad debe servir como signo «para que el mundo crea», debe ser una unidad también visible, comunitaria. Es ésta unidad la que se ha perdido y debemos reencontrar. Se trata de mucho más que de relaciones de buena vecindad; es la propia unidad mística interior --«un solo Cuerpo y un solo Espíritu, una sola esperanza, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos» (Ef 4,4-6)--, en cuanto que esta unidad objetiva es acogida, vivida y manifestada, de hecho, por los creyentes. Después de la Pascua, los apóstoles preguntaron a Jesús: «Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?». Hoy dirigimos frecuentemente a Dios el mismo interrogante: ¿Es éste el tiempo en que vas a restablecer la unidad visible de tu Iglesia? También la respuesta es la misma de entonces: «A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad, sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos» (Hch 1,6-8). Lo recordaba el Santo Padre en la homilía pronunciada el pasado 25 de enero, en la Basílica de San Pablo Extramuros, en conclusión de la Semana [de oración] por la unidad de los cristianos: «La unidad con Dios y con nuestros hermanos y hermanas --decía-- es un don que viene de lo Alto, que brota de la comunión de amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y que en ella se incrementa y se perfecciona. No está en nuestro poder decidir cuándo o cómo se realizará plenamente esta unidad. Sólo Dios podrá hacerlo. Como san Pablo, también nosotros ponemos nuestra esperanza y nuestra confianza en la gracia de Dios que está con nosotros». Igualmente hoy será el Espíritu Santo, si nos dejamos guiar, quien nos conduzca a la unidad. ¿Cómo actuó el Espíritu Santo para realizar la primera fundamental unidad de la Iglesia: aquella entre los judíos y los paganos? Descendió sobre Cornelio y su casa de igual manera en que había descendido en Pentecostés sobre los apóstoles. De modo que a Pedro no le quedó más que sacar la conclusión: «Por lo tanto, si Dios les ha concedido el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poner obstáculos a Dios?» (Hch 11,17). De un siglo a esta parte hemos visto repetirse ante nuestros ojos este mismo prodigio a escala mundial. Dios ha efundido su Espíritu Santo de manera nueva e inusitada en millones de creyentes, pertenecientes a casi todas las denominaciones cristianas y, para que no hubiera dudas sobre sus intenciones, lo ha derramado con idénticas manifestaciones. ¿No es éste un signo de que el Espíritu nos impele a reconocernos recíprocamente como discípulos de Cristo y a tender juntos a la unidad? Esta unidad espiritual y carismática, por sí sola, es verdad, no basta. Lo vemos ya en los inicios de la Iglesia. La unidad entre judíos y gentiles en cuanto se realizó estaba amenazada por el cisma. En el llamado concilio de Jerusalén hubo una «larga discusión» y al final se llegó a un acuerdo, anunciado a la Iglesia con la fórmula: «Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros...» (Hechos 15,28). El Espíritu Santo obra, por lo tanto, también a través de otra vía que es el afrontamiento paciente, el diálogo y hasta los acuerdos entre las partes, cuando no está en juego lo esencial de la fe. Obra a través de las «estructuras» humanas y los «ministerios» instituidos por Jesús, sobre todo el ministerio apostólico y petrino. Es lo que llamamos hoy ecumenismo doctrinal e institucional. * * * La experiencia nos está convenciendo, sin embargo, de que este ecumenismo doctrinal, o de vértice, tampoco es suficiente ni avanza si no se acompaña de un ecumenismo espiritual, de base. Lo repiten cada vez con mayor insistencia precisamente los máximos promotores del ecumenismo institucional. En el centenario de la institución de la Semana de oración por la unidad de los cristianos (1908-2008), a los pies de la Cruz deseamos meditar sobre este ecumenismo espiritual: en qué consiste y cómo podemos avanzar en él. El ecumenismo espiritual nace del arrepentimiento y del perdón, y se alimenta con la oración. En 1977 participé en un congreso ecuménico carismático en Kansas City, en Missouri. Había cuarenta mil personas, la mitad católicas (entre ellas el cardenal Suenens) y la otra mitad de diversas denominaciones cristianas. Una tarde empezó a hablar al micrófono uno de los animadores de una forma en aquella época extraña para mí: «Vosotros, sacerdotes y pastores, llorad y lamentaos, porque el cuerpo de mi Hijo está destrozado... Vosotros, laicos, hombres y mujeres, llorad y lamentaos porque el cuerpo de mi Hijo está destrozado». Comencé a ver a los participantes caer, uno tras otro, de rodillas a mi alrededor, y a muchos de ellos sollozar de arrepentimiento por las divisiones en el cuerpo de Cristo. Y todo esto mientras un cartel sobresalía de un lado a otro en el estadio: «Jesús is Lord, Jesús es el Señor». Me encontraba allí como un observador aún bastante crítico y desapegado, pero recuerdo que pensé: Si un día todos los creyentes se reúnen para formar una sola Iglesia, será así: mientras estemos todos de rodillas, con el corazón contrito y humillado, bajo el gran señorío de Cristo. Si la unidad de los discípulos debe ser un reflejo de la unidad entre el Padre y el Hijo, debe ser ante todo una unidad de amor, porque tal es la unidad que reina en la Trinidad. La Escritura nos exhorta a «hacer la verdad en la caridad» (veritatem facientes in caritate) (Ef 4,15). Y san Agustín afirma que «no se entra en la verdad más que a través de la caridad»: non intratur in veritatem nisi per caritatem [3]. Lo extraordinario acerca de esta vía hacia la unidad basada en el amor es que ya está abierta de par en par ante nosotros. No podemos «quemar etapas» en cuanto a la doctrina, porque las diferencias existen y hay que resolverlas con paciencia en las sedes apropiadas. Pero podemos en cambio quemar etapas en la caridad, y estar unidos desde ahora. El verdadero y seguro signo de la venida del Espíritu no es -escribe san Agustín-- hablar en lenguas, sino que es el amor por la unidad: «Sabéis que tenéis el Espíritu Santo cuando accedéis a que vuestro corazón se adhiera a la unidad a través de una sincera caridad» [4]. Meditemos en el himno a la caridad, de san Pablo. Cada frase suya adquiere un significado actual y nuevo, si se aplica al amor entre los miembros de las diferentes Iglesias cristianas, en las relaciones ecuménicas: «La caridad es paciente... La caridad no es envidiosa... No busca su interés... No toma en cuenta el mal (si acaso, ¡el mal realizado a los demás!). No se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad (no se alegra de las dificultades de las otras Iglesias, sino que se goza en sus éxitos). Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta» ( l Co 13,4 ss). Esta semana hemos acompañado a su morada eterna a una mujer -Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares-- que fue una pionera y un modelo de este ecumenismo espiritual del amor. Con su vida nos demostró que la búsqueda de la unidad entre los cristianos no lleva a cerrarse al resto del mundo; es, más bien, el primer paso y la condición para un diálogo más amplio con los creyentes de otras religiones y con todos los hombres a quienes les importa el destino de la humanidad y de la paz. * * * «Amarse -se dice-- no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección». También entre cristianos amarse significa mirar juntos en la misma dirección que es Cristo. «Él es nuestra paz» (Ef 2,14). Ocurre como en los radios de una rueda. Observemos qué sucede a los radios cuando, desde el centro, parten hacia el exterior: a medida que se alejan del centro se distancian también unos de otros, hasta terminar en puntos lejanos de la circunferencia. Miremos, en cambio, qué sucede cuando, desde la circunferencia, se dirigen hacia el centro: según se aproximan al centro, se acercan también entre sí, hasta formar un único punto. En la medida en que vayamos juntos hacia Cristo, nos aproximaremos también entre nosotros, hasta ser verdaderamente, como Él pidió, «uno, con Él y con el Padre». Aquello que podrá reunir a los cristianos divididos será sólo la difusión, entre ellos, de una nueva oleada de amor por Cristo. Es lo que está aconteciendo por obra del Espíritu Santo y que nos llena de estupor y de esperanza. «El amor de Cristo nos apremia al pensar que uno murió por todos» (2 Co 5,14). El hermano de otra Iglesia -es más, todo ser humano-- es «aquél por quien murió Cristo» (Rm 14,15), igual que murió por mí. * * * Un motivo debe impulsarnos sobre todo en este camino. Lo que está en juego al inicio del tercer milenio ya no es lo mismo que al principio del segundo milenio, cuando se produjo la separación entre oriente y occidente, ni es lo mismo que a mitad del mismo milenio, cuando se produjo la separación entre católicos y protestantes. ¿Podemos decir que la forma exacta de proceder del Espíritu Santo del Padre, o la manera en que se realiza la justificación del pecador, sean los problemas que apasionan a los hombres de hoy y con los que permanece o cae la fe cristiana? El mundo ha seguido adelante y nosotros hemos permanecido clavados a problemas y fórmulas de las que el mundo ni siquiera conoce ya el significado. En las batallas medievales había un momento en que, superada la infantería, los arqueros y la caballería, la riña se concentraba en torno al rey. Ahí se decidía el resultado final del choque. También para nosotros la batalla hoy se libra en torno al rey. Existen edificios o estructuras metálicas hechas de tal modo que si se toca cierto punto neurálgico, o se mueve determinada piedra, todo se derrumba. En el edificio de la fe cristiana esta piedra angular es la divinidad de Cristo. Suprimida ésta, todo se disgrega y, antes que cualquier otra cosa, la fe en la Trinidad. De ello se percibe que existen actualmente dos ecumenismos posibles: un ecumenismo de la fe y un ecumenismo de la incredulidad; uno que reúne a todos los que creen que Jesús es el Hijo de Dios, que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y que Cristo murió para salvar a todos los hombres; otro que reúne a cuantos, por respeto al símbolo de Nicea, siguen proclamando estas fórmulas, pero vaciándolas de su verdadero contenido. Un ecumenismo en el que, al límite, todos creen en las mismas cosas, porque nadie cree ya en nada, en el sentido que la palabra «creer» tiene en el Nuevo Testamento. «¿Quién es el que vence al mundo -escribe Juan en su Primera Carta-- sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?» (1 Jn 5,5). Siguiendo este criterio, la distinción fundamental entre los cristianos no lo es entre católicos, ortodoxos y protestantes, sino entre quienes creen que Cristo es el Hijo de Dios y quienes no lo creen. * * *
«El año segundo del rey Darío, el día uno del sexto mes, fue dirigida la palabra del Señor, por medio del profeta Ageo, a Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, y a Josué, hijo de Yehosadaq, sumo sacerdote...: ¿Es acaso para vosotros el momento de habitar en vuestras casas artesonadas, mientras mi Casa está en Ruinas?» (Ag 1,1-4). Esta palabra del profeta Ageo se dirige hoy a nosotros. ¿Es éste el tiempo de seguir preocupándonos sólo de lo que afecta a nuestra orden religiosa, a nuestro movimiento, o a nuestra Iglesia? ¿No será precisamente ésta la razón por la que también nosotros «sembramos mucho, pero cosechamos poco» (Ag 1,6)? Predicamos y nos esforzamos en todos los modos, pero el mundo se aleja, en lugar de acercarse a Cristo. El pueblo de Israel escuchó la reprensión del profeta, dejó de embellecer cada uno su propia casa para reconstruir juntos el templo de Dios. Entonces Dios envió de nuevo a su profeta con un mensaje de consuelo y de aliento, que es también para nosotros: «¡Mas ahora, ten ánimo, Zorobabel, oráculo del Señor; ánimo, Josué, hijo de Yehosadaq, sumo sacerdote, ánimo, pueblo todo de la tierra!, oráculo del Señor. ¡A la obra, que estoy yo con vosotros!» (Ag 2,4). ¡Ánimo, a todos vosotros, que tanto os importa la causa de la unidad de los cristianos, y al trabajo, porque yo estoy con vosotros, dice el Señor! [Traducción del original italiano por Marta Lago] ------------------------------------------------- [1] Cf. R. E. Brown, The Death of the Messiah, vol. 2, Doubleday, Nueva York 1994, pp. 955-958. [2] S. Cipriano, De unitate Ecclesiae, 7 (CSEL 3, p. 215). [3] S. Agustín, Contra Faustum, 32,18 (CCL 321, p. 779). [4] S. Agustín, Discursos 269,3-4 (PL38, 1236 s.).
Documentación Palabras de Benedicto XVI al final del Vía Crucis en el Coliseo«La Cruz nos hace hermanos y hermanas» ROMA, viernes, 21 marzo 2008 (ZENIT.org).- Publicamos las palabras que dirigió Benedicto XVI en la noche de este Viernes Santo al final del Vía Crucis que presidió en el Coliseo de Roma. * * * Queridos hermanos y hermanas: También en este año hemos recorrido el camino de la cruz, el Vía Crucis, volviendo a evocar con fe las etapas de la pasión de Cristo. Nuestros ojos han vuelto a contemplar los sufrimientos y la angustia que nuestro Redentor tuvo que soportar en la hora del gran dolor, que supuso la cumbre de su misión terrena. Jesús muere en la cruz y yace en el sepulcro. El día del Viernes Santo, tan impregnado de tristeza humana y de religioso silencio, se cierra en el silencio de la meditación y de la oración. Al volver a casa, también nosotros, como quienes asistieron al sacrificio de Jesús, nos golpeamos el pecho, evocando lo que sucedió. ¿Es posible permanecer indiferentes ante la muerte del Señor, del Hijo de Dios? Por nosotros, por nuestra salvación se hizo hombre, para poder sufrir y morir. Hermanos y hermanas: dirijamos hoy a Cristo nuestras miradas, con frecuencia distraídas por disipados y efímeros intereses terrenos. Detengámonos a contemplar su cruz. La cruz, manantial de vida y escuela de justicia y de paz, es patrimonio universal de perdón y de misericordia. Es prueba permanente de un amor oblativo e infinito que llevó a Dios a hacerse hombre, vulnerable como nosotros, hasta morir crucificado. A través del camino doloroso de la cruz, los hombres de todas las épocas, reconciliados y redimidos por la sangre de Cristo, se han convertido en amigos de Dios, hijos del Padre celestial. «Amigo», así llama Jesús a Judas y le dirige el último y dramático llamamiento a la conversión. «Amigo», llama a cada uno de nosotros, porque es auténtico amigo de todos nosotros. Por desgracia, no siempre logramos percibir la profundidad de este amor sin fronteras que Dios nos tiene. Para Él no hay diferencia de raza y cultura. Jesucristo murió para liberar a la antigua humanidad de la ignorancia de Dios, del círculo de odio y violencia, de la esclavitud del pecado. La Cruz nos hace hermanos y hermanas. Pero preguntémonos, en este momento, qué hemos hecho con este don, qué hemos hecho con la revelación del rostro de Dios en Cristo, con la revelación del amor de Dios que vence al odio. Muchos, también en nuestra época, no conocen a Dios y no pueden encontrarlo en el Cristo crucificado. Muchos están en búsqueda de un amor o de una libertad que excluya a Dios. Muchos creen que no tienen necesidad de Dios. Queridos amigos: Tras haber vivido juntos la pasión de Jesús, dejemos que en esta noche nos interpele su sacrificio en la cruz. Permitámosle que ponga en crisis nuestras certezas humanas. Abrámosle el corazón. Jesús es la verdad que nos hace libres para amar. No tengamos miedo: al morir, el Señor destruyó el pecado y salvó a los pecadores, es decir, a todos nosotros. El apóstol Pedro escribe: «sobre el madero llevó nuestros pecados en su cuerpo a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia» (I Pedro 2, 24). Esta es la verdad del Viernes Santo: en la cruz, el Redentor nos ha hecho hijos adoptivos de Dios, que nos creó a su imagen y semejanza. Permanezcamos, por tanto, en adoración ante la cruz. Cristo, danos la paz que buscamos, la alegría que anhelamos, el amor que llene nuestro corazón sediento de infinito. Esta es nuestra oración en esta noche, Jesús, Hijo de Dios, muerto por nosotros en la cruz y resucitado al tercer día. Amén. [Trascripción realizada por Zenit. Traducción del original italiano de Jesús Colina © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana] ZENIT es una agencia internacional de información. Visite nuestra página http://www.zenit.org Para suscribirse/darse de baja: http://www.zenit.org/spanish/subscribe.html Para cualquier información: http://www.zenit.org/spanish/contactanos.html * * * * * * * * * * * * * * * * La reproducción de los servicios de Zenit requiere el permiso expreso del editor: http://www.zenit.org/spanish/permisos.html (c) Innovative Media Inc. 3月20日 ZS080320 (a)
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SANTA SEDE Santa Sede El Papa exhorta en el Jueves Santo a no dejarse envenenar por el rencor En la misa en la Cena del Señor ROMA, jueves, 20 marzo 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI lanzó en la santa misa en la Cena del Señor, de la tarde del Jueves Santo, un llamamiento a la purificación para no dejar que el alma quede envenenada por el rencor. El Papa presidió una celebración eucarística, en la catedral del obispo de Roma, la basílica de San Juan de Letrán, en la que lavó los pies a doce sacerdotes. El dinero recogido en las ofrendas, según había predispuesto el Papa, se destinará para ayudar al orfanato «La edad de Oro» de La Habana (Cuba). La homilía estuvo dedicada a la necesidad de la purificación interior, como condición para vivir la comunión con Dios y con los hermanos. «A esto exhorta el Jueves Santo --dijo el Papa--: a no dejar que el rencor hacia los demás se vuelva veneno del alma. Nos exhorta a purificar continuamente nuestra memoria, perdonándonos de corazón los unos a los otros, lavándonos los pies los unos a los otros, para poder dirigirnos todos juntos hacia el banquete de Dios». «Día tras día estamos como recubiertos de suciedad multiforme, de palabras vacías, de prejuicios, de sabiduría reducida y alterada; una multiplicidad de falsedades se filtra continuamente en nuestro ser más íntimo», denunció. «Todo esto ofusca y contamina nuestra alma, nos amenaza con la incapacidad ante la verdad o el bien. Si acogemos las palabras de Jesús con el corazón atento, éstas se revelan cómo verdadera limpieza, y purificación del alma», aclaró. Caridad y purificación son dos palabras que Jesucristo logró sintetizar con el gesto del lavatorio de los pies a sus discípulos, reconoció. «Si acogemos las palabras de Jesús con el corazón atento, se convierten en auténticos lavatorios, purificaciones del alma, del hombre interior. A esto nos invita el Evangelio del lavatorio de los pies: a dejarnos siempre de nuevo lavar por esta agua pura, a ser capaces de la comunión con Dios y con los hermanos». «Pero del costado de Jesús, tras el golpe de la lanza del soldado, no sólo salió agua, sino también sangre. Jesús no sólo habló, no sólo nos dejó palabras. Se entrega a sí mismo. Nos lava con la potencia sagrada de su sangre, es decir, con su entrega "hasta el final", hasta la Cruz». «Su palabra es algo más que simplemente hablar; es carne y sangre "por la vida del mundo". En los santos sacramentos, el Señor se arrodilla nuevamente ante nuestros pies y nos purifica. Pidámosle que seamos cada vez más penetrados por el baño sagrado de su amor y de este modo quedemos verdaderamente purificados». «Tenemos necesidad del "lavatorio de los pies", el lavatorio de los pecados de cada día, y por este motivo necesitamos confesar los pecados». «Tenemos que reconocer que también en nuestra nueva identidad de bautizados pecamos. Tenemos necesidad de la confesión tal y como ha tomado forma en el sacramento de la reconciliación. En él, el Señor nos lava siempre de nuevo los pies sucios y nosotros podemos sentarnos a la mesa con Él». Con esta ceremonia, el Papa comenzó el llamado «Triduo Pascual», en recuerdo de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Este Viernes Santo, por la tarde, el Papa participará en la celebración de la Pasión del Señor en la basílica de San Pedro y en la noche presidirá el Vía Crucis, en el Coliseo de Roma. Ser sacerdote significa servir, explica el Papa En la misa crismal del Jueves Santo CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 20 marzo 2008 (ZENIT.org).- La esencia del ministerio sacerdotal es servicio, afirmó Benedicto XVI este Jueves Santo por la mañana al presidir en la Basílica de San Pedro del Vaticano la santa misa crismal. Esta celebración eucarística, que reunió en torno al Papa los cardenales, obispos, 1.600 sacerdotes --diocesanos y religiosos-- presentes en Roma, «exhorta a volver a emitir ese "sí" a la llamada de Dios, que pronunciamos en el día de nuestra ordenación sacerdotal». Según el Antiguo Testamento, explicó el Papa, hay dos tareas que definen la esencia del ministerio sacerdotal: «estar ante el Señor» y «servir». En primer lugar, dijo, el sacerdote «debe estar en guardia frente a las potencias amenazadoras del mal. Debe tener al mundo despierto para Dios. Debe ser alguien que está de pie erguido frente a las corrientes del tiempo». «Estar ante el Señor debe ser siempre, en lo más profundo, hacerse cargo de los hombres ante el Señor que, a su vez, se hace cargo de todos nosotros ante el Padre». En segundo lugar el sacerdote debe «servir». En la celebración eucarística, dijo el Papa, lo que hace el sacerdote «es servir, realizar un servicio a Dios y un servicio a los hombres». «El culto que Cristo rindió al Padre consistió en entregarse hasta el final por los hombres. El sacerdote debe integrarse en este culto, en este servicio». De este modo, la palabra «servir», en sus muchas dimensiones, implica «la recta celebración de la liturgia y de los sacramentos en general, realizada con participación interior». Servir, dijo, implica que el sacerdote debe estar siempre en actidud de aprender: aprender a rezar «siempre de nuevo y siempre de forma más profunda»; aprender a conocer al Señor en su Palabra para que el anuncio sea eficaz. «En este sentido, "servir" significa cercanía, exige familiaridad. Esta familiaridad comporta también un peligro: que lo sagrado, con el que nos encontramos continuamente, se convierta en rutina». «Se apaga así el temor reverencial. Condicionados por todas las costumbres, no percibimos el hecho más grande, nuevo, sorprendente, de que Él mismo esté presente, nos hable, se entregue a nosotros. Debemos luchar sin tregua contra esta dependencia de la realidad extraordinaria, contra la indiferencia del corazón, reconociendo de nuevo nuestra insuficiencia y la gracia que hay en el hecho de que Él se entregue así en nuestras manos». Servir implica obediencia, indicó. «El siervo está a las órdenes de la Palabra». «La tentación de la humanidad es siempre la de querer ser totalmente autónoma, seguir sólo la propia voluntad y considerar que sólo así seremos libres; que sólo gracias a una libertad sin límites el hombre sería completamente hombre. Pero así nos ponemos en el lado opuesto de la verdad». Sólo somos libres, advirtió, si «compartimos nuestra libertad con los demás» y «si participamos de la voluntad de Dios. Esta obediencia fundamental que forma parte de la esencia del hombre, es mucho más concreta en el sacerdote». «Nosotros no nos anunciamos a nosotros mismos, sino a Él y su Palabra, que no podemos idear por nosotros mismos. «Nuestra obediencia es creer con la Iglesia, pensar y hablar con la Iglesia, servir con ella». Esto implica lo que Jesús predijo a Pedro: «Te llevarán adonde no quieras». «Este dejarse guiar hacia
donde no queremos es una dimensión esencial de nuestro servir, y es justamente
así que nos hace libres. Si nos dejamos llevar, aunque pueda ser contrario a
nuestras ideas y nuestros proyectos, experimentamos lo nuevo, la riqueza del
amor de Dios». «Con el gesto del amor hasta el límite lava nuestros pies sucios, con la humildad de su servicio nos purifica de la enfermedad de nuestra soberbia». Vía Crucis en el Coliseo de Roma por los cristianos perseguidos Guiado por las meditaciones del cardenal arzobispo de Hong Kong CIUDAD DEL VATIANO, jueves, 20 marzo 2008 (ZENIT.org).- El Vía Crucis de la noche de este Viernes Santo, presidido por Benedicto XVI en el Coliseo de Roma, no sólo recorrerá el camino de la cruz de Cristo, sino también el de los cristianos perseguidos. Dará voz a sus sufrimientos y esperanzas el cardenal Joseph Zen Ze-Kiun, S.D.B., obispo de Hong Kong, a quien el Papa ha encomendado la redacción de las meditaciones y oraciones que acompañan las catorce estaciones. Nacido en una familia católica hace 76 años en Shangai, el joven postulante entró siendo muy joven en el seminario de los salesianos en Hong Kong. Se doctoró en filosofía en Roma, en la universidad salesiana, en 1964. Ha sido superior de la provincia china de los salesianos y, en 1989, se convirtió en el primer sacerdote de la diócesis de Hong Kong, autorizado por China popular a visitar el continente para enseñar en los seminarios «oficiales» (reconocidos por la Asociación Patriótica católica). En la oración inicial del Vía Crucis el purpurado enmarca su propósito explicando que el Coliseo constituye un recuerdo de los primeros cristianos que «entre el rugido de los leones hambrientos y los gritos de la muchedumbre que se divertía, se dejaron desmembrar y golpear hasta la muerte por su fidelidad» a Cristo. «Los Coliseos se han ido multiplicando a lo largo de los siglos, allí donde nuestros hermanos, como continuación de tu Pasión --dice en su oración dirigida a Cristo--, son todavía hoy perseguidos duramente en diversas partes del mundo». En la introducción, el purpurado presenta el valor que hoy tiene este sufrimiento: «En su carne Jesús ha sido de nuevo arrestado, calumniado, torturado, escarnecido, arrastrado, aplastado bajo el peso de la cruz y clavado en aquel madero como un criminal», añade. Pero este recuerdo quiere evitar todo espíritu de odio ante los perseguidores, al contrario eleva una oración por ellos. En la undécima estación, que recuerda la promesa de Jesús al buen ladrón de acogerle en el Paraíso, los fieles reunidos en la noche de Roma con velas elevarán esta plegaria: «"Jesús, acuérdate de nosotros": digámoselo por nosotros, por nuestros amigos, por nuestros enemigos y por los perseguidores de nuestros amigos». Pero las meditaciones plantean también preguntas dramáticas: «Torturas tremendas siguen surgiendo de la crueldad del corazón humano, y las de tipo psíquico non son un tormento menor que las corporales, y frecuentemente las mismas víctimas se convierten en verdugos. ¿Carecen de sentido tantos sufrimientos?». En la última estación el cardenal en su meditación responde a esta pregunta: «¿Estamos en lo cierto de tener prisa y pretender ver rápidamente una victoria de la Iglesia? ¿Acaso no es nuestra victoria la que tenemos ansia de ver? Señor, haznos perseverantes para estar junto a la Iglesia del silencio y aceptar desaparecer y morir como el grano de trigo». «Haznos escuchar tu palabra, Señor: "No tengáis miedo. Yo he vencido al mundo. No falto nunca a la cita. Estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo". Señor, aumenta nuestra fe», concluye. En la sección de documentos de la página web de Zenit pueden leerse las oraciones y meditaciones compuestas por el cardenal para el Vía Crucis: http://www.zenit.org/article-26732?l=spanish Por Jesús Colina El Papa llegará a Estados Unidos en el «Pastor Uno» («Shepherd One») El presidente Bush le recibirá en la base aérea de Andrews WASHINGTON, jueves, 20 marzo 2008 (ZENIT.org).- El Presidente George Bush y su esposa darán la bienvenida al Papa Benedicto XVI, el 15 de abril, cuando llegue a la base aérea de Andrews, para una visita de seis días a Estados Unidos que le llevará a Washington y Nueva York. Se espera que el Papa, según informa la Conferencia Episcopal en su página web, llegue a las cuatro de la tarde en el vuelo de Alitalia denominado «Shepherd One» («Pastor Uno»), que recuerda el nombre del avión del presidente de ese país, «Air Force One». Le acompañarán varios representantes de la Santa Sede y más de 60 periodistas de la prensa vaticanista acreditada. A su llegada, el Papa Benedicto será también saludado por varios representantes eclesiales, incluyendo al arzobispo Pietro Sambi, nuncio apostólico en Estados Unidos; el cardenal Francis George de Chicago, presidene de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos; el arzobispo Donald Wuerl de Washington y el arzobispo Timothy Broglio de la Archidiócesis de los Servicios Militares de los Estados Unidos. Varios cientos de invitados estarán también entre quienes saludarán al Papa. Entre ellos, estarán familias de militares y jóvenes de varios colegios católicos. Antes de la llegada, la Banda de la Fuerza Aérea amenizará la espera al público. Cuando el Papa llegue, la guardia vestida de gala ofrecerá su acostumbrado homenaje a un jefe de Estado. La ceremonia será breve y sin discursos. Los saludos formales serán ofrecidos a la mañana siguiente cuando el Papa visite al presidente Bush en la Casa Blanca. Más información respecto al itinerario del viaja apostólico del Santo Padre a Estados Unidos y Naciones Unidas se puede encontrar en: www.uspapalvisit.org. Traducción de Nieves San Martín Portavoz vaticano: infundadas acusaciones de Osama bin Laden contra el Papa CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 20 marzo 2008 (ZENIT.org).- El portavoz de la Santa Sede considera totalmente infundadas las declaraciones de Osama bin Laden en las que acusa a Benedicto XVI de lanzar una campaña contra el Islam. El padre Federico Lombardi, S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, en declaraciones a los periodistas ha respondido a las últimas declaraciones del líder de la red terrorista Al Qaeda, quien este miércoles, hizo amenazas a Europa por la «crisis de las caricaturas», que según él son parte de una «cruzada» contra el Islam en la que «el Papa del Vaticano ha tenido un papel significativo». El sacerdote ha calificado como «totalmente infundada la acusación específica de una implicación» del Santo Padre en este tipo de campañas y recordó a los periodistas que las amenazas de Bin Laden contra el obispo de Roma «no son una novedad y no sorprenden». «El Papa y el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso han censurado la campaña satírica con el Islam en más de una ocasión», añadió el padre Lombardi.
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Mundo Cardenales o laicos: Vidas cambiadas por Chiara Lubich Confesiones a Zenit con motivo del fallecimiento de la fundadora de los Focolares ROMA, jueves, 20 marzo 2008 (ZENIT.org).- Chiara Lubich ha tocado la vida de muchas personas, desde cardenales hasta obispos de otras confesiones cristianas, sacerdotes y laicos..., según ellos mismos han comentado con motivo del fallecimiento de la fundadora del Movimiento de los Focolares. Después del funeral, que tuvo lugar el martes 18 de marzo en la Basílica de San Pablo Extramuros, el cardenal Miloslav Vlk, arzobispo de Praga, ha definido el legado de la unidad de esta fundadora: «una espiritualidad abierta al diálogo con otras Iglesias, con otras religiones del mundo: un cristianismo para nuestro tiempo». El arzobispo de Praga, miembro de los obispos amigos de los Focolares, confiesa: «conocí a Chiara Lubich y su carisma en 1964 y pienso, sin exagerar, que este encuentro con su espiritualidad es el regalo más grande de Dios y del Espíritu Santo para mí y para mi vida». Monseñor Aldo Giordano, secretario general del Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas, explicitó a Zenit que «Chiara ha llevado a la humanidad un carisma de Dios basado en la unidad, y el secreto de esta unidad es la relación personal con Jesús en la cruz, concretamente el momento en el que Jesús grita el abandono del Padre y por tanto hace suyos todos los abandonos de la humanidad, todas las heridas de la humanidad y sus lágrimas». Carla Cotignoli, responsable de comunicación de los Focolares, explica que «lo que ella llevaba siempre en el corazón es que existe un sistema de vida que renueva la política, que renueva la economía, que renueva la cultura, que renueva el arte, la comunicación, todo... porque este amor recíproco no es simplemente decir "querámonos mucho", sino que es el modelo de vida de la Trinidad». Esta focolar italiana cuenta que «para nosotros este período ha sido como hacer un examen de conciencia siempre sobre esto, porque ella sabía que algo grande está en juego, porque del amor recíproco es posible esta presencia de Jesús allí donde estén dos o más y es una presencia que convierte lo divino en tangible». «Chiara Lubich en toda su vida ha hablado de unidad, ha edificado la comunión, ha vivido, ha luchado con todas sus fuerzas para que la Iglesia sea más y más esa casa de comunión que Juan Pablo II con tanto coraje en sus documentos también propugnaba», añade Cinto Busquet, sacerdote focolar especialista en diálogo entre cristianismo y budismo japonés. Este focolar recuerda: «Hace pocos años en la asamblea del Movimiento de los Focolares, Chiara nos dijo: como herencia, "Jesús en medio", y esa frase de Jesús en el Evangelio de Mateo "donde dos o mas están unidos en mi nombre yo estoy en medio de ellos"» «Su herencia no sólo para la familia focolarina sino para toda la Iglesia creo que es ésa: tenemos siempre que hacer todo con la presencia del Señor entre nosotros y eso seré posible si vivimos entre nosotros con una relación de amor, concreto, vivido, en la comunión», concluye. El obispo anglicano Robin Smith, representante del arzobispo de Canterbury en el funeral, afirma: «Pienso que Chiara es una de las figuras cristianas más excepcionales del siglo XX y XXI. Se hizo portadora de la unidad de todo el pueblo cristiano entre personas distintas, en todo el mundo, hasta el final, y creo que representa algo único, no sólo en la Iglesia católica, sino también en la Iglesia universal». Imágenes del funeral de Chiara Lubich y algunas de estas entrevistas pueden verse en http://www.h2onews.org Por Miriam Díez i Bosch Jornada por la Vida: «Siempre un bien» Nota de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida Con este motivo, los obispos que integran la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida han hecho pública una nota titulada «La vida es siempre un bien». Los firmantes de la nota afirman que esta jornada «es una invitación a la oración y a proclamar el valor sagrado de toda vida humana desde su comienzo en la fecundación hasta su fin natural». «De esta oración -añaden- debe brotar un compromiso decidido para vencer al mal a fuerza de bien, a la ‘cultura de la muerte' promoviendo una cultura que acoja y promueva la vida». El misterio de la Encarnación del Señor, explican los obispos, «nos invita a considerar la grandeza y dignidad de la vida humana. Como nosotros, el Hijo de Dios comenzó su vida humana en el seno de su Madre. Por eso, este misterio nos recuerda que desde el momento de la concepción, la vida humana tiene un valor sagrado que todos debemos reconocer, respetar y promover». Los firmantes de la nota aseguran que sienten el deber «de promover en la Iglesia y en la sociedad el valor de la vida humana, alentando todas las iniciativas que promueven la familia y la vida como, por ejemplo, la moratoria internacional sobre el aborto». Los prelados recuerdan que, hace poco, «la sociedad española se ha sentido conmovida por ciertas prácticas abortivas y la crueldad de los medios utilizados para ocultarlas. Esta realidad, que los obispos venimos denunciando desde hace años, ha suscitado de nuevo el debate sobre el aborto en nuestra sociedad». Como ya dijimos, añaden, «aún considerando como un gran avance el cese de la práctica ilegal del aborto, la acción genuinamente moral y humana sería la abolición de la ‘ley del aborto', que es una ley injusta». Y citan las palabras que Juan Pablo II dijo en Madrid en 1982: «Quien negara la defensa a la persona humana más inocente y débil, a la persona humana ya concebida aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación del orden moral. Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el mismo fundamento de la sociedad». Invitan a los fieles «a que eleven su oración al Señor para que ilumine la conciencia de nuestros conciudadanos, especialmente la de los políticos. Que el Dios de la vida les ayude a comprender y remediar el enorme drama humano que el aborto supone para el niño en el seno de su madre, para la propia madre, y para la sociedad entera». «La ley del aborto -afirman- debe ser abolida, al tiempo que hay que apoyar eficazmente a la mujer, especialmente con motivo de su maternidad, creando una nueva cultura donde las familias acojan y promuevan la vida. Una alternativa importante es la adopción. Miles de esposos tienen que acudir a largos y gravosos procesos de adopción mientras en España más de cien mil niños murieron por el aborto durante el año 2006». Los obispos se dirigen a los católicos «para recordarles sus obligaciones morales y de conciencia. Ningún católico, ni en el ámbito privado ni público, puede admitir en ningún caso prácticas como el aborto, la eutanasia o la producción, congelación y manipulación de embriones humanos, La vida humana es un valor sagrado, que todos debemos respetar y que las leyes deben proteger». «No puede sostenerse -subrayan- que el aborto es inadmisible para un católico pero que esto no obliga al que no lo es. Al contrario, ‘el cristiano está continuamente llamado a movilizarse para afrontar los múltiples ataques a que está expuesto el derecho a la vida. Sabe que en eso puede contar con motivaciones que tienen raíces profundas en la ley natural y que por consiguiente pueden ser compartidas por todas las personas de recta conciencia'». Por eso, añaden, «si algún católico albergara dudas sobre este tema, debería acudir a la oración para pedir la luz del Espíritu Santo. También podrá informarse de las razones por las que la Iglesia sostiene, siempre con argumentos teológicos, filosóficos y científicos sólidos, el valor y la dignidad de la vida personal desde la fecundación hasta la muerte natural». «La vida es una realidad maravillosa que no deja de sorprendernos -subrayan los prelados--. Cuantos más datos nos proporciona la ciencia, mejor podemos comprender que la vida del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, es un misterio que desborda el ámbito de lo puramente bioquímico». Recuerdan que, en su constante progreso, «la ciencia afirma cada vez con más fuerza que desde la fecundación tenemos una nueva vida humana, original e irrepetible, con una historia y un destino únicos». «Una vida que tiene que ser acogida, respetada y amada: ‘es compromiso de todos acoger la vida humana como don que se debe respetar, tutelar y promover, mucho más cuando es frágil y necesita atención y cuidados, sea antes del nacimiento, sea en su fase terminal'». Y concluyen pidiendo «al Señor que en esta Jornada, contemplando el misterio de su encarnación, sepamos acoger como la Virgen María el don de la vida, y aprendamos de la madre del amor hermoso a defender y promover la vida en todos sus momentos, proclamando que ‘frente a la muerte está la vida'». Firman la nota los obispos monseñor Julián Barrio Barrio, presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar; Juan Antonio Reig Pla, presidente de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida; Francisco Gil Hellín, Vicente Juan Segura y Manuel Sánchez Monge. Por Nieves San Martín El Salvador celebra los 28 años de la muerte de monseñor Romero El proceso de beatificación del arzobispo asesinado no avanza SAN SALVADOR, jueves, 20 marzo 2008 (ZENIT.org).- El proceso de beatificación del arzobispo de San Salvador asesinado el 24 de marzo, cuando celebraba la eucaristía, monseñor Oscar Arnulfo Romero, no avanza. El postulador adjunto de la causa explica las razones. El Salvador se prepara a celebrar los 28 años de su muerte con una serie de actos. Según el postulador adjunto de la causa de beatificación y vicario general de la Arquidiócesis de San Salvador, monseñor Jesús Delgado, el organismo vaticano está haciendo «un examen sobre la doctrina social de la Iglesia en las homilías y escritos de monseñor Romero». Lo revela en una entrevista concedida a la Organización Católica Latinoamericana de Comunicación (OCLACC). El pasado 28 de febrero, al recibir las cartas credenciales del nuevo embajador de El Salvador ante la Santa Sede (Cf. Los desafíos de la Iglesia en El Salvador, según Benedicto XVI), el Papa recordó a monseñor Romero como uno de los «pastores llenos de amor de Dios» que han arraigado el Evangelio en el país, «dando frutos abundantes de vida cristiana y de santidad». El postulador adjunto revela --sin dar el nombre-- que un cardenal latinoamericano ha propuesto demorar el proceso de beatificación con la finalidad de «darle un poco más de tiempo al proceso, por que en El Salvador los sentimientos están todavía muy encontrados». Según dijo, en El Salvador existen «como dos bandos: quienes están por monseñor Romero, y a veces lo toman como bandera de lucha política; y quienes están en contra de él y lo querrían muerto totalmente, incluso en la memoria histórica», por lo que de acuerdo con el criterio del cardenal latinoamericano, no sería bueno canonizar «a un santo que vendría a reforzar la desunión y la lucha». Monseñor Oscar Arnulfo Romero fue asesinado el 24 de marzo de 1980 por un francotirador de los escuadrones de la muerte, por orden del fallecido mayor Roberto D'Aubuisson, señalado autor intelectual del crimen, según así lo reconoció la Comisión de la Verdad de la ONU. Mientras tanto en septiembre de 2004 el ex capitán Alvaro Saravia fue condenado en ausencia por un tribunal de San Francisco (Estados Unidos) como organizador del asesinato de monseñor Romero. El Salvador se prepara a celebrar los 28 años de la muerte de monseñor Romero con una intensa agenda pastoral y de conferencias que se desarrollará del 24 al 29 de marzo.
Entre los días 24 y 28 habrá una serie de conferencias sobre distintos aspectos de la figura de monseñor Romero. El sábado 29 se celebrará una solemne misa presidida y predicada por monseñor Rómulo Emiliani, obispo auxiliar de San Pedro Sula, Honduras, luego de lo cual un grupo de jóvenes realizará una Vigilia de oración por monseñor Romero. Por Nieves San Martín Entrevistas Última entrevista de Su Beatitud Sabbah como patriarca latino en funciones de Jerusalén «El obstáculo a la paz es el miedo a la paz» JERUSALÉN, jueves, 20 marzo 2008 (ZENIT.org).- El miedo a la paz, la necesidad del diálogo para acabar con el conflicto en Oriente Medio, su misión como obispo... Estos son algunos de los temas centrales de la entrevista que ha concedido Su Beatitud Michel Sabbah al concluir sus funciones como patriarca latino de Jerusalén. El prelado, nombrado para este cargo hace 20 años por Juan Pablo II, está siendo sustituido al cumplir los 75 años por el hasta ahora obispo coadjutor del Patriarcado, el arzobispo Fouad Twal, nacido hace 67 años en Mádaba (Jordania). Monseñor Sabbah hace en esta entrevista, distribuida a través de la Custodia de Tierra Santa, un balance de la situación y revela sus planes para el futuro. --¿Cuál es su mensaje a los palestinos e israelíes en esta vigilia de Pascua? --Monseñor Sabbah: La Pascua, como cristiano, es la fiesta de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y esto quiere decir la victoria sobre la muerte y sobre toda forma de mal. Ahora, aquí, en este país que es el país de la Resurrección, que es la tierra de Dios, que es Tierra Santa, nosotros siempre estamos en el corazón de un conflicto y en una situación de muerte y de odio. Nuestro mensaje a los palestinos e israelíes es éste: «Habéis caminado hasta hoy, y casi durante cien años, en la violencia y a pesar de esto, después de cien años, no habéis llegado ni a la paz ni a la seguridad. Por tanto, cambiad vuestro camino, probad otros medios que vosotros mismos conocéis: intercambio, diálogo, comprensión y necesidad del otro, ponerse en lugar del otro para poder llegar a un acuerdo donde se pueda encontrar y dar lo que se debe a cada una de las partes». Los israelíes quieren la seguridad y la paz; los palestinos su respectiva seguridad, y la paz. Y todos son capaces de llegar a ello. Hay mucha oposición por motivos ideológicos, razones políticas, a causa del miedo a la paz. Creo que el principal obstáculo a la paz es el miedo a la paz. En Israel la paz es un riesgo que los israelíes creen prematuro adoptar. Es un riesgo que les expondría a permitir a los palestinos ser más fuertes y poder desarrollar sus medios de resistencia y violencia. Por eso, los israelíes tienen miedo de la paz. Mi consejo es no tener miedo. El miedo no permite ni a la persona ni al pueblo vivir plenamente la vida. Hay que correr el riesgo de la paz, simplemente. Y éste es el único medio para obtener una verdadera y total seguridad. Los poderes políticos tienen una alternativa: o la paz, y así tendrán seguridad; o nada de paz, con el extremismo creciendo y la inseguridad aumentando. A ellos les toca elegir. Y deberían elegir la paz. Ahora bien, elegir la paz puede ser un riesgo para la vida personal del dignatario político que firme el acuerdo de paz. Pero si el responsable político está ahí para servir a su pueblo y no para conservar el poder, debe aceptar el riesgo de dar su vida por su pueblo. --Como primer patriarca latino palestino en siglos, ¿tiene una lectura distinta de lo que está ocurriendo en la región? --Monseñor Sabbah: Tengo sólo la lectura de los hechos que se suceden. Están los israelíes con sus exigencias, y los palestinos con las suyas. Para mí, en los dos casos, se trata de personas humanas, iguales en dignidad, en derechos y en deberes. Como palestino, como cristiano, cada uno debe tener aquello a lo que tiene derecho: Israel su Estado reconocido, su seguridad, su paz, sin más necesidad de tener soldados y reservistas que maten ni mueran. Para los palestinos es la misma cosa. Se trata de caminar hacia la paz, para acabar con todo aquello que son las milicias, las armas irregulares, todo tipo de violencia por su parte. --En el momento en que concluye su larga carrera como Patriarca latino, ¿es posible la esperanza de la paz? --Monseñor Sabbah: Hay que tener siempre esperanza, porque nosotros creemos en Dios, y aquí en este país, en todo el Oriente Medio, todos son, sobre todo, religiosos y creyentes, aunque no todos sean practicantes. El judío es primero judío y luego israelí, el palestino es primero musulmán y luego palestino, el cristiano es primero cristiano y luego palestino. Creemos en Dios. Esperamos porque creemos que Dios es bueno, que vela por nosotros, que es nuestra Providencia. --Usted dice que se necesita valor para llegar a la paz. ¿Son los israelíes quienes deben tener más valor? --Monseñor Sabbah: Son los dos, pero las mayores decisiones están en manos de los israelíes. Si los israelíes dijesen: «Nosotros estamos dispuestos a llegar a la paz», la paz se alcanzaría. Los palestinos están dispuestos. Los estados, el mundo árabe está dispuesto a normalizar todas las relaciones con el Estado de Israel. Los palestinos han elegido ya la paz. Todos sus esfuerzos se dirigen en este sentido. Israel todavía no ha decidido. Hay mucha oposición a esta decisión. --¿Existe voluntad política en Israel de llegar a la paz? --Monseñor Sabbah: No existe. Todavía no. Los israelíes tienen miedo a la paz, para ellos es un riesgo. Sería como lanzarse a lo desconocido, y esto podría hacer aumentar para ellos la inseguridad. Yo creo que el único futuro para Israel se encuentra en la paz. La violencia es una amenaza permanente para su propia seguridad y, por consiguiente, para su propia existencia. La demografía palestina crece. El 20% de los árabes israelíes con plenos derechos de ciudadanía son palestinos. Un día ese 20% de palestinos se transformará en el 40%, el 50%, y el carácter hebreo del Estado desaparecerá, y será Israel quien desaparecerá como Estado Hebreo. Les toca a ellos tomar una decisión, y su salvación está en la paz. El riesgo de su muerte y de su inseguridad no se encuentra en la paz sino en la continuación de esta situación de guerra. --¿Opina usted que el proceso de Annápolis no ofrece realmente esperanza a la paz? --Monseñor Sabbah: La ofrece, simplemente, pero se necesita acogerla, aceptarla. Los Estados Unidos la quieren. El Presidente Bush está decidido. Hay que preguntar a Israel si ha decidido. Los palestinos están preparados. --¿Cuando usted se ha encontrado, antes de Navidad, con el Señor Olmert, ha tenido la impresión de que tuviese esa voluntad política? --Monseñor Sabbah: El Señor Olmert tiene una verdadera voluntad política. Está decidido a alcanzar la paz, pero como ha dicho, encuentra obstáculos. A él le toca convencer a su oposición, y después tendremos la paz. --¿Cuáles son estos obstáculos? --Monseñor Sabbah: La extrema derecha, los extremistas religiosos, el partido religioso que defiende que toda la tierra debe ser israelí y que ningún palmo de esta tierra se debe entregar a los palestinos. Y los religiosos tienen poder político, tienen escaños en el Parlamento. Esta es la oposición con la que el Señor Olmert debe tratar. --Usted ha dicho que el mundo árabe está preparado para normalizar sus relaciones con Israel. Pero no podemos ignorar -e Israel no lo puede ignorar- que Hamas sigue rechazando el reconocimiento de Israel. Por otro lado, el islamismo crece en los países árabes. --Monseñor Sabbah: Hamas existe. Hizbulá existe. Son una amenaza. Pero lo que hace existir a Hamas y hace que aumente es esta situación de guerra en la que hay injusticias, hay pobreza y miseria, y mientras esta situación exista siempre existirá Hamas con sus declaraciones y su voluntad de acabar con Israel. Pero con una paz seria, definitiva, Hamas y Hizbulá desaparecerían porque su influencia disminuiría y desaparecería. Siempre habrá extremistas en el lado palestino, como también en el israelí, pero estos grupos serán reducidos a una minoría sin influencia en el futuro del país. Si se llega a la paz, los extremistas disminuirán y la gente no necesitará más de ellos. --¿Cree que Israel debe hablar con Hamas? ¿El diálogo con Hamas se debería considerar tanto por Israel como por parte de los Estados Unidos y la Unión Europea? --Monseñor Sabbah: Israel, la Unión Europea, la comunidad internacional deben hablar con la Autoridad Palestina y aceptar que la Autoridad Palestina se reconcilie con Hamas. Pero, apenas Hamas entró en el gobierno palestino, la comunidad internacional boicoteó todo aquello que era palestino. Se trata de reconocer a la Autoridad Palestina la posibilidad de reanudar una alianza, porque la paz no se puede hacer sólo con una parte del pueblo palestino. Hay más de un millón y medio de personas en Gaza. Hay que tenerlo en cuenta. Por tanto, es preciso que los dos grupos se reúnan, formen una única realidad palestina, que representen unidos la voluntad palestina para que la comunidad internacional y el mismo Israel puedan llegar a un acuerdo de paz. Pero mientras, Hamas, apenas entró en el gobierno, está siendo boicoteado, y con él se boicotea a todo el pueblo palestino. Nos encontramos en un círculo vicioso. --Cuando se ha encontrado con Abou Mazen, Mahmoud Abbas, ¿le ha aconsejado reabrir el diálogo con Hamas? --Monseñor Sabbah: Es nuestro consejo. Hay que recomponer las dos partes del pueblo palestino. Pero esta alianza no depende sólo de Abou Mazen, sino de la comunidad internacional. Una vez que se haya celebrado la reunión, teniendo Hamas el derecho a formar parte del gobierno, la comunidad internacional boicoteará de nuevo a todos. --¿Qué consejo da a la comunidad internacional? --Monseñor Sabbah: Que dejen tranquilos a los palestinos, que les permitan que se reúnan y actúen juntos, simplemente. Y si Hamas llegase al gobierno palestino, que se respete la voluntad palestina. --Usted ha sido Patriarca durante 20 años. ¿Cuál ha sido el momento más difícil? --Monseñor Sabbah: Todos los momentos han sido difíciles porque no hemos dejado jamás de vivir en el mismo conflicto. Cada día es una repetición del otro. Cada año es una repetición del año pasado: violencia, víctimas, tanto del lado palestino como del israelí. Ha habido tiempos de tregua; hemos podido celebrar el Jubileo del 2000, la visita del Papa. Éste ha sido el momento menos difícil. Por el contrario, en todos los demás momentos hemos vivido en la dificultad, y la vida difícil se ha convertido en nuestra vocación y nuestra rutina. --Usted ha dicho en su carta pastoral que no tiene dinero, ni siquiera una cuenta en el banco. ¿Cómo vivirá ahora? --Monseñor Sabbah: Viviré en el Patriarcado. No tengo ni sueldo ni cuenta en el banco, pero la institución patriarcal se ocupa de esto, como con cualquier otro sacerdote del Patriarcado. El Patriarcado se ocupa de la salud, manutención, alojamiento, etc. de los sacerdotes pensionistas. Formamos parte de una comunidad que no abandona a ninguno de sus miembros. --¿Le disgusta jubilarse? --Monseñor Sabbah: ¿Si me disgusta? Pero cuando se está al servicio de Dios, ¡no se quiere ocupar un puesto! Vivimos una misión. Nos entregamos a la misión. Cuando ésta termina, la volvemos a poner en las manos de quien nos la ha encomendado, simplemente. Hay una diferencia entre un responsable político y un responsable religioso. --Usted ha sido el primer Patriarca de origen palestino desde los tiempos de las cruzadas. ¿Ser Patriarca palestino cambia en algo las cosas? --Monseñor Sabbah: Cambia algo en el sentido de que la Iglesia ha tenido un pastor elegido entre su clero. Tener un Patriarca palestino en un Iglesia palestina es un hecho normal, y no extraordinario. Es la situación de todas las iglesias del mundo. Los pastores son electos entre el propio clero y el propio pueblo. Lo que ha podido cambiar aquí en nuestra situación, que es una situación de conflicto, es que los palestinos están en una parte y los israelíes en otra. El hecho es que todos los palestinos, cristianos y musulmanes, se han sentido apoyados, han sentido que una figura nueva podía hablar por ellos, compartir con ellos, y trabajar por la paz. Pero siempre con cuidado, porque si decimos a los responsables israelíes: «Estáis en vuestro pleno derecho de servir y proteger a vuestro pueblo», y a los palestinos: «Vosotros que sois palestinos, estáis en vuestro pleno derecho de servir y proteger a vuestro pueblo», un sacerdote, un obispo, sea palestino o no, está para todos. No se limita a su pueblo. Está para su pueblo, pero al mismo tiempo para cada persona humana con la que vive; y nosotros aquí vivimos con dos pueblos. Por tanto, nuestra responsabilidad como obispo y como cristiano se extiende, cubre y comprende a los palestinos y a los israelíes. Pero los palestinos son los oprimidos, están bajo la ocupación, y nosotros decimos: «La ocupación debe terminar». Nosotros decimos a los israelíes: «Vosotros sois los ocupantes, y esta ocupación debe acabarse». --¿Cuál será su papel ahora? --Monseñor Sabbah: El obispo tiene tres funciones: santificar, enseñar y gobernar. Con la jubilación, la función del gobierno pasa a otro; quedan las otras funciones: santificar y enseñar. Por tanto hay mucho por hacer. --¿Dará a su misión un papel más político? --Monseñor Sabbah: No tanto político sino cristiano. Pero un cristiano que meterá los pies en el campo político. Porque la política es la vida humana. No es una política de partidos de izquierda o de derecha, hay vidas humanas amenazadas, tanto israelíes como palestinas. Por tanto, será la continuación del compromiso por cada persona humana de este país, al mismo tiempo israelí y palestino. Entrevista realiza por Marie-Armelle Beaulieu
No virus found in this outgoing message. ZS080320 (d)Cómo alcanzar la indulgencia plenaria en el Triduo Pascual Cómo alcanzar la indulgencia plenaria en el Triduo Pascual Responde monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán MÉXICO, jueves, 20 marzo 2008 (ZENIT.org-El Observador).- El Triduo Pascual, que comenzó este jueves con la celebración de la Última Cena y la instauración de la Eucaristía por Jesucristo Nuestro Señor, tiene como promesa para los fieles la posibilidad de ganar indulgencia plenaria, para cada cual o para los enfermos que lo requieran y que no puedan asistir a las celebraciones de culto. A continuación, el obispo de Tehuacán y encargado de la Conferencia del Episcopado Mexicano de la Dimensión de la Familia, monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, explica cómo ganar la indulgencia plenaria en estos días santos.
El Santo Triduo Pascual y la Indulgencia Plenaria Durante la Semana Santa podemos ganar para nosotros o para los difuntos el don de la Indulgencia Plenaria si realizamos algunas de las siguientes obras establecidas por la Santa Sede.
Jueves Santo 1. Si durante la solemne reserva del Santísimo Sacramento, que sigue a la Misa de la Cena del Señor, recitamos o cantamos el himno eucarístico del "Tantum Ergo" ("Adorad Postrados"). 2. Si visitamos por espacio de media hora el Santísimo Sacramento reservado en el Monumento para adorarlo. Viernes Santo 1. Si el Viernes Santo asistimos piadosamente a la Adoración de la Cruz en la solemne celebración de la Pasión del Señor. Sábado Santo 1. Si rezamos juntos el rezo del Santo Rosario. Vigilia Pascual 1. Si asistimos a la celebración de la Vigilia Pascual (Sábado Santo por la noche) y en ella renovamos las promesas de nuestro Santo Bautismo.
Para ganar la Indulgencia Plenaria además de haber realizado la obra enriquecida se requiere el cumplimiento de las siguientes condiciones: a. Exclusión de todo afecto hacia cualquier pecado, incluso venial. b. Confesión sacramental, Comunión eucarística y Oración por las intenciones del Sumo Pontífice. Estas tres condiciones pueden cumplirse unos días antes o después de la ejecución de la obra enriquecida con la Indulgencia Plenaria; pero conviene que la comunión y la oración por las intenciones del Sumo Pontífice se realicen el mismo día en que se cumple la obra. Es oportuno señalar que con una sola confesión sacramental pueden ganarse varias indulgencias. Conviene, no obstante, que se reciba frecuentemente la gracia del sacramento de la Penitencia, para ahondar en la conversión y en la pureza de corazón. En cambio, con una sola comunión eucarística y una sola oración por las intenciones del Santo Padre sólo se gana una Indulgencia Plenaria. La condición de orar por las intenciones del Sumo Pontífice se cumple si se reza a su intención un solo Padrenuestro y Avemaría; pero se concede a cada fiel cristiano la facultad de rezar cualquier otra fórmula, según su piedad y devoción.
No virus found in this outgoing message. 3月19日 ZS080319 (b)ANÁLISIS
Análisis Confirmadas por los datos, descuidas por algunos gobiernos ROMA, miércoles, 19 marzo 2008 (ZENIT.org).- La investigación sobre la familia sigue confirmando la importancia de los dos progenitores como la mejor base para criar a los hijos. Un problema común en las últimas décadas es la ausencia de padres, y el correspondiente aumento de las familias con madres solteras. Un informe reciente confirmaba que el papel del padre es, de hecho, necesario para los hijos. El número de febrero de la revista Acta Paediatrica publicaba un artículo titulado: «Father's Involvement and Children's Developmental Outcomes: A Systematic Review of Longitudinal Studies» (La Implicación de los Padres y los Resultados de Desarrollo de los Hijos: Repaso Sistemático de los Estudios Longitudinales). Los autores del artículo eran cuatro académicos: Anna Sarkadi, Robert Kristiansson, Frank Oberklaid y Sven Bremberg. Revisaron las conclusiones de 24 estudios. De estos, al menos 22 proporcionaban evidencias de los efectos positivos de la implicación de los padres. Una paternidad activa no sólo reducía la frecuencia de los problemas de comportamiento en los chicos y de los problemas psicológicos en las mujeres jóvenes, sino que también tenía un efecto positivo en el desarrollo cognitivo, junto con un descenso de la delincuencia y de las desventajas económicas en las familias con bajos ingresos. A pesar de la cantidad de evidencias convincentes, el estudio observaba: «Desgraciadamente, las políticas institucionales actuales de la mayoría de los países no apoyan la implicación creciente de los padres en la crianza de los hijos». Algunos de los estudios distinguían entre padres biológicos y las figuras de padre que cohabitan con los hijos, pero los autores comentaban que se necesitaban más estudios sobre el papel del lazo biológico entre la figura del padre y el hijo. Algunos resultados indican que la figura del padre no biológico puede jugar un importante papel para los niños en su hogar. Hay evidencias, así mismo, de que los padres biológicos pueden destacar en algunos puntos específicos, observaban. Sin embargo, en general concluían: «Hay evidencias que indican que la implicación del padre afecta positivamente a los resultados sociales, de comportamiento, psicológicos y cognitivos de los hijos». Efectos en los hijos Otro estudio publicado hace dos semanas por el Centro para el Matrimonio y la Familia del Institute for American Values, confirma que la investigación académica actual está a favor de la familia. En «The Shift and the Denial: Scholarly Attitudes Toward Family Change, 1977-2002» (El Cambio y la Negación: El Cambio de Actitud hacia la Familia en el Mundo Académico, 1977-2002), de Normal Glenn, Thomas Sylverster y Alex Roberts, documenta cómo ha evolucionado la opinión de los eruditos. Estudiaron 266 artículos publicados en el Journal of Marriage and Family desde 1977 al 2002, relacionados con el tema de cómo la estructura familiar afecta a los hijos. «En general, encontramos sólidas evidencias de que los académicos cada vez están más preocupados por los efectos de los cambios familiares en los hijos», concluían. Conforme han pasado los años, el mundo académico se ha hecho cada vez más consciente de los posibles efectos negativos en los hijos del divorcio y de criarlos fuera del matrimonio, observaba el estudio. Este es particularmente el caso, observaban los autores, cuando se trata de estudio empíricos, opuestos a los artículos de opinión. Glenn y Sylverster también afirmaban: «Hay actualmente un amplio acuerdo de que está habiendo efectos negativos de los recientes cambios familiares que son los suficientemente profundos y penetrantes para ser importantes». A pesar de la investigación que demuestra la importancia de las familias con ambos progenitores, los sistemas impositivos de muchos países discriminan a las parejas casadas. Un para de informes recientes de una ONG británica demuestran la extensión de este castigo fiscal. Discriminación fiscal CARE - Christian Action Research and Education - publicaba un estudio el 22 de enero titulado: «Taxation of Married Families: How the UK Compares Internationally» (Los Impuestos a las Familias Casadas: Comparación del Reino Unido a nivel Internacional). Según CARE, en el 2006 una pareja casada con uno de los progenitores trabajando y dos hijos ganando de media al año 30.800 libras (62.174 dólares) pagaba un 40% más de impuestos en el Reino Unido que en países comparables pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). En comparación con los estados de la Unión Europea, las familias con ingresos de un solo miembro pagan un 25% más, acusaba el informe. El estudio tenía en cuenta las sumas que obtienen las familias de los créditos impositivos y de los beneficios por hijos. Según CARE, otros países con un sistema de impuestos parecido que discrimina a las parejas casadas son Finlandia, Suecia y Nueva Zelanda. No obstante, muchos otros países tienen en cuenta las circunstancias de las familias. Un segundo informe de CARE, publicado en febrero, consideraba la situación de las familias con bajos ingresos, descubriendo que ha aumentado la penalización al vivir juntos, en vez de separados. En el estudio titulado «Second Annual Review of the Couple Penalty» (Segunda Revisión Anual de la Penalización a las Parejas), encontraron que en 75 de los 98 casos familiares considerados, a las parejas les iba mejor vivir separadas después de considerar los costes del hogar, en comparación con las 71 del año anterior. De media, a estas parejas por separado tenían un ingreso de 69 libras más por semana (139 dólares), en comparación con las 63 (127 dólares) del año pasado. «La presencia de un creciente incentivo fiscal para que las parejas con hijos de bajos a modestos ingresos vivan separados es profundamente preocupante», declaraba en el prólogo al informe Nola Leach, directora ejecutiva de CARE. «No hay duda de que el mejor interés de los niños es que crezcan con su padre y su madre viviendo con ellos en la misma dirección». El informe citaba datos de la oficina nacional de estadística del Reino Unido, que indica que hay 1,2 millones de parejas en «cohabitación no residencial». Las parejas están juntas, y tienen hijos en común, pero viven separados. Hay evidencias, añadía el informe, de que tales parejas han escogido esta opción por razones que tienen que ver con los impuestos y los beneficios sociales. Asimismo, añadía CARE, los últimos datos de la oficina nacional de estadística estiman el número de padres solos con hijos dependientes en 1,8 millones. Pidiendo un cambio del actual sistema fiscal, el informe comentaba: «Romper el círculo de pobreza animando a la formación y al mantenimiento de familias estables sería una importante aportación para reducir la pobreza a largo plazo y, algo que tiene la misma importancia, mejorar los resultados de los hijos». Preocupación europea La discriminación contra las familias en Gran Bretaña puede ser peor que en otros países, pero hay motivos para preocuparse por la situación en Europa en conjunto, según un documento reciente de la Comisión de Conferencias Episcopales de Europa (COMECE). El pasado noviembre publicaban un informe titulado «Propuesta para una Estrategia de la Unión Europea de Apoyo a las Parejas y al Matrimonio». La COMECE mantenía que la ruptura de la vida familiar da como resultado altos costes sociales y económicos para la sociedad y los gobiernos. La ruptura de los matrimonios es, en muchos casos, «un desastre psicológico y moral para ambas partes, y los niños implicados suelen sufrir experiencias traumáticas», advertía el informe. De 1980 al 2005 el número de divorcios ha aumentado en más de un 50%, según el documento. Sólo en los últimos 15 años ha habido más de 13,5 millones de divorcios que han afectado a más de 21 millones de niños. Los hijos que viven sólo con un padre o con una madre corren un riesgo mayor de pobreza, observaba el informe. Por eso, reducir el número de divorcios ayudaría a reducir el riesgo de pobreza para los niños. «Es en interés general de Europa que se apoye y respalde la relación estable y responsable entre un hombre y una mujer, de la que el matrimonio es la expresión ideal», sostenían los obispos europeos. El informe hace una lista de una amplia variedad de medidas que los gobiernos podrían adoptar para ayudar a las parejas casadas. Las propuestas van desde una mejor preparación al matrimonio, a un mayor apoyo de las instituciones educativas y empresas a las parejas. De igual forma, el apoyo económico para que las parejas jóvenes encuentren un hogar es un área en la que los gobiernos podrían hacer más, indicaba el informe. Los obispos europeos también pedían que se tomaran medidas para asegurar que, en términos económicos, no haya discriminación contra aquellas parejas que decidan que uno de ellos permanezca en el hogar mientras el otro se dedica a su empleo. El informe concluía citando un discurso de Benedicto XVI a las autoridades y al cuerpo diplomático durante su visita a Austria el pasado septiembre. «Impulsad a los jóvenes a fundar nuevas familias en el matrimonio y a convertirse en madres y padres. De este modo, no sólo les haréis un bien a ellos mismos, sino también a toda la sociedad», exhortaba el Pontífice. Una recomendación válida para todos los gobiernos a lo largo del mundo. Por el padre John Flynn, L. C., traducción de Justo Amado Entrevistas «Las puertas del Opus Dei están abiertas a todos» Entrevista con el número dos de esta prelatura personal que cumple 25 años ROMA, miércoles, 19 marzo 2008 (ZENIT.org).- Monseñor Fernando Ocáriz (París, 1944) es la persona más cercana al prelado del Opus Dei, monseñor Javier Echevarría. En esta entrevista, a la luz de los primeros 25 años de la erección del Opus Dei como prelatura personal -la única del mundo-, su vicario general revela cuál es la relación de esta institución con las diócesis y explica que el a veces supuesto «poder» de «la Obra» no es otro que el derivado del Evangelio. Monseñor Ocáriz ha recibido a Zenit en la sede de Villa Tevere en a Ciudad Eterna, donde está enterrado el fundador del Opus Dei, san Josemaría Escrivá de Balaguer. Este sacerdote es físico y teólogo. Autor de numerosas publicaciones filosóficas y teológicas, especialmente en el ámbito de la filosofía de la historia y de la cristología, desde 1986 es consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe. También es miembro de la Pontificia Academia Teológica y desde el 23 de abril de 1994 es el vicario general del Opus Dei. --El Opus Dei nació para ayudar a los laicos en su vida normal. ¿Los laicos son parte de la prelatura del Opus Dei, o la prelatura es sólo para la parte -mínima-- de sacerdotes del Opus Dei? --Monseñor Ocáriz: El Opus Dei nació propiamente para difundir y recordar a todos --sacerdotes y laicos-- la llamada universal a la santidad. Como enseñó san Josemaría desde 1928, esta universalidad, es decir, que Dios llama a cada persona, lleva consigo, además, que todas las circunstancias humanas honradas --el trabajo profesional, las relaciones familiares y sociales-- pueden y deben ser realidad santificada y santificadora. Como dijo el Cardenal Joseph Ratzinger con motivo de la canonización del fundador del Opus Dei, el mensaje de san Josemaría Escrivá ha ayudado a corregir una concepción errónea de la santidad, como si fuera algo reservado para algunos «grandes». La santidad es hacerse amigo de Dios, dejar obrar al Otro, el Único que puede hacer que este mundo sea bueno y feliz. Los laicos del Opus Dei, mujeres y hombres, casados y célibes, son parte integrante de la prelatura, tanto como los sacerdotes que constituyen el presbiterio. La relación entre estos ministros sagrados y los fieles laicos es la propia de la Iglesia. Al mismo tiempo, cada laico pertenece también a la Diócesis donde tiene el domicilio, como cualquier otro católico. Juan Pablo II lo recordó en diversas ocasiones, refiriéndose concretamente al Opus Dei: el sacerdocio ministerial de los clérigos y el sacerdocio común de los fieles laicos se unen y entrelazan, en unidad de vocación y de régimen para cumplir la misión evangelizadora de la Prelatura, bajo la guía de un Prelado. --El Opus Dei es la única prelatura personal que existe actualmente. ¿Reciben consultas de instituciones eclesiales que querrían ser una prelatura personal? --Monseñor Ocáriz: Sí, por ahora es la única prelatura personal. Sin embargo, en la Iglesia hay otras circunscripciones eclesiásticas delimitadas también por un criterio personal, para diversas necesidades pastorales. Por ejemplo, los ordinariatos que existen en algunos países para la atención de fieles de rito oriental, los ordinariatos militares y una administración apostólica personal erigida hace unos años en Brasil. La constitución de una prelatura personal corresponde exclusivamente a la Santa Sede; además, el Derecho Canónico prevé que para su erección se consulte a las conferencias episcopales interesadas. Se trata de una decisión pastoral, dirigida a favorecer la misión de la Iglesia en un mundo caracterizado por la movilidad de las personas. Por ejemplo, en las Exhortaciones apostólicas post-sinodales Ecclesia in America y Ecclesia in Europa, Juan Pablo II menciona las prelaturas personales como posible solución para personas necesitadas de una peculiar atención pastoral, concretamente para grupos de emigrantes. También es posible que, como ha sucedido en el caso del Opus Dei, la acción del Espíritu Santo, que impulsa a llevar a cabo determinadas tareas apostólicas, origine unas necesidades pastorales que requieran una estructuración en prelatura personal. No me consta que el Opus Dei haya recibido consultas de instituciones que hayan pensado en la posibilidad de ser prelatura personal. En cambio, sí es relativamente frecuente que sean llamadas personas del Opus Dei para explicar la experiencia de la Prelatura en estos años: en congresos, jornadas de estudios, reuniones pastorales, etc. --¿Qué hay de cierto en la supuesta independencia --o autonomía, si lo prefiere-- del Opus Dei por el hecho de ser jurídicamente una prelatura personal? --Monseñor Ocáriz: La realidad es exactamente la contraria. Erigir una prelatura significa precisamente «dependencia»: poner a una parte del pueblo cristiano en dependencia pastoral de un miembro de la jerarquía eclesiástica. No tiene sentido hablar de independencia o autonomía pues, al contrario, el Opus Dei depende de un prelado nombrado por el Romano Pontífice. El prelado y sus vicarios ejercen la potestad eclesiástica en comunión con los demás pastores, bajo la suprema autoridad del Papa, de acuerdo con las normas universales de la Iglesia y las normas particulares contenidas en los Estatutos que la Santa Sede ha establecido para la Prelatura. Pienso que la experiencia de la presencia del Opus Dei en numerosísimas diócesis de los cinco continentes puede contribuir a que se comprenda, también desde un punto de vista práctico, que la novedad de las prelaturas personales, introducida por el Concilio Vaticano II, no perjudica la unidad en las Iglesias particulares, sino, al contrario, supone un servicio a éstas en la general misión evangelizadora de la Iglesia. Como escribió Benedicto XVI al actual prelado, monseñor Echevarría, con ocasión del cincuenta aniversario de su ordenación sacerdotal, «cuando fomentas el afán de santidad personal y el celo apostólico de tus sacerdotes y laicos, no sólo ves crecer la grey que te ha sido confiada, sino que proporcionas un eficaz auxilio a la Iglesia en la urgente evangelización de la sociedad actual». --Es correcto decir que hay «obispos del Opus Dei»? --Monseñor Ocáriz: Depende de lo que se entienda con esa frase. Cuando un sacerdote del presbiterio de la prelatura es llamado por el Santo Padre al episcopado, como ha ocurrido algunas veces, le sucede lo mismo que a cualquier sacerdote diocesano: deja de estar incardinado en la circunscripción eclesiástica de la que procede, aunque continúe recibiendo asistencia espiritual de la prelatura. Tiene la misma condición canónica que la de cualquier otro obispo. Como es obvio, el prelado del Opus Dei no tiene potestad alguna sobre la misión episcopal de esos obispos. --Supongo que pensará que no existe un antes y un después en el Opus Dei a causa del fenómeno del Código da Vinci. --Monseñor Ocáriz: Evidentemente, no. Suponer que esa novela pueda tener una incidencia histórica tal para determinar un antes y un después en el Opus Dei carece de sentido. Distinto es el influjo que haya podido tener en algunas personas. Sin ignorar la desorientación que ese tipo de literatura puede provocar en algunos lectores, me consta que numerosas personas han decidido ponerse en contacto con la prelatura y sus actividades de formación cristiana, precisamente como consecuencia de la información sobre la Obra que se dio, para contrarrestar serenamente las falsedades de ese libro. También han sido numerosísimas las muestras de solidaridad con el Opus Dei por parte de periodistas, escritores y otras personas que han seguido más de cerca la información sobre este tema. Se ha experimentado, también con este motivo, una estupenda solidaridad eclesial: son momentos en los que se palpa que la Iglesia es familia. --A veces se oye hablar del «poder» del Opus Dei. ¿Por qué cree que se ha generado esta imagen? --Monseñor Ocáriz: A pesar de las limitaciones personales --ni somos ni nos consideramos «los primeros de la clase»--, Dios ha bendecido con abundantes frutos apostólicos la labor de almas del Opus Dei. Visto humanamente, quizá eso puede parecer a algunos como expresión de «potencia» o «poder». En realidad, la Obra es una pequeña parte de la Iglesia, y su «poder» consiste en el que de ahí le proviene: el Evangelio que -como escribe san Pablo- es «fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree». Los frutos de la labor de los fieles del Opus Dei los suscita el Espíritu Santo en la Iglesia y mediante la Iglesia. A quien se acerca a una actividad apostólica promovida por la prelatura --sus puertas están abiertas a todos-- se le ofrece un horizonte de vida cristiana. Quien se acercase a la Obra buscando influencias humanas u otro tipo de bienes que no sean los espirituales, no podría resistir mucho tiempo: oiría hablar de amor a Jesucristo y a la Iglesia, de compromiso cristiano, de vida espiritual y de servicio generoso a los demás. Por Miriam Díez i Bosch
No virus found in this outgoing message. No virus found in this outgoing message. ZS080319 (c)AUDIENCIA
DEL MIÉRCOLES Audiencia del miércoles Benedicto XVI presenta el Triduo Santo Meditación en la audiencia general CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 19 marzo 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención que pronunció Benedicto XVI este miércoles durante la audiencia general en la que meditó sobre el Triduo Pascual, que comienza el Jueves Santo y culmina con la Vigilia Pascual. * * * Queridos hermanos y hermanas: Hemos llegado a la vigilia del Triduo Pascual. Los próximos tres días son llamados comúnmente «santos», porque nos hacen revivir el acontecimiento central de nuestra Redención; nos reorientan hacia el núcleo esencial de la fe cristiana: la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo. Son días que podríamos considerar como un solo día: constituyen el corazón y el fulcro de todo el año litúrgico, así como de la vida de la Iglesia. Al final del camino cuaresmal, nos disponemos también nosotros a entrar en el clima mismo que Jesús vivió entonces en Jerusalén. Queremos despertar en nosotros la memoria viva de los sufrimientos que el Señor padeció por nosotros y prepararnos para celebrar con alegría, el próximo domingo, «la verdadera Pascua, que la sangre de Cristo ha recubierto de gloria, la Pascua en la que la Iglesia celebra la fiesta que constituye el origen de todas las fiestas», como dice el prefacio para el día de Pascua del rito ambrosiano. Mañana, Jueves Santo, la Iglesia hace memoria de la Última Cena, en la que el Señor, en la vigilia de su pasión y muerte, instituyó el Sacramento de la Eucaristía, y el del Sacerdocio ministerial. En esa misma noche, Jesús nos dejó el mandamiento nuevo, «mandatum novum», el mandamiento del amor fraterno. Antes de entrar en el Triduo Santo, aunque íntimamente ligado a él tendrá lugar en cada comunidad diocesana, mañana por la mañana, la Misa Crismal, en la que el obispo y los sacerdotes del presbiterio diocesano renuevan las promesas de la Ordenación. También se bendicen los óleos para la celebración de los sacramentos: los óleos de los catecúmenos, los de los enfermos, y el santo crisma. Es un momento particularmente importante para la vida de cada comunidad diocesana que, reunida entorno a su pastor, reafirma la propia unidad y la propia fidelidad a Cristo, único sumo y eterno sacerdote. En la noche, en la misa en la Cena del Señor se hace memoria de la Última Cena, cuando Cristo se entregó a todos nosotros como alimento de salvación, como medicina de inmortalidad: es el misterio de la Eucaristía, fuente y cumbre de la vida cristiana. En este sacramento de salvación, el Señor ha ofrecido y realizado para todos aquellos que creen en Él la unión más íntima posible entre nuestra vida y su vida. Con el gesto humilde pero sumamente expresivo del lavatorio de los pies, se nos invita a recordar lo que el Señor hizo a sus apóstoles: lavándoles los pies proclamó de manera concreta el primado del amor, amor que se hace servicio hasta el don de sí mismos, anticipando también así el sacrificio supremo de su vida que se consumirá el día después, en el Calvario. Según una hermosa tradición, los fieles concluyen el Jueves Santo con una vigilia de oración y de adoración eucarística para revivir más íntimamente la agonía de Jesús en el Getsemaní. El Viernes Santo es la jornada que recuerda la pasión, crucifixión y muerte de Jesús. En este día, la liturgia de la Iglesia no prevé la celebración de la santa misa, pero la asamblea cristiana se reúne para meditar en el gran misterio del mal y del pecado que oprimen a la humanidad, para recorrer, a la luz de la Palabra de Dios y ayudada por conmovedores gestos litúrgicos, los sufrimientos del Señor que expían este mal. Después de haber escuchado la narración de la pasión de Cristo, la comunidad reza por todas las necesidades de la Iglesia y del mundo, adora a la Cruz y se acerca a la Eucaristía, consumando las especies conservadas de la misa en la Cena del Señor del día precedente. Como invitación ulterior a meditar en la pasión y muerte del Redentor y para expresar el amor y la participación de los fieles en los sufrimientos de Cristo, la tradición cristiana ha dado vida a diferentes manifestaciones de piedad popular, procesiones y representaciones sagradas, que buscan imprimir cada vez más profundamente en el espíritu de los fieles sentimientos de auténtica participación en el sacrificio redentor de Cristo. Entre éstos, destaca el Vía Crucis, ejercicio de piedad que con el paso de los años se ha ido enriqueciendo con diferentes expresiones espirituales y artísticas ligadas a la sensibilidad de las diferentes culturas. De este modo han surgido en muchos países santuarios con el nombre de «calvarios» hasta los que se llega a través de una salida empinada, que recuerda el camino doloroso de la Pasión, permitiendo a los fieles participar en la subida del Señor al Monte de la Cruz, el Monte del Amor llevado hasta el final. El Sábado Santo se caracteriza por un profundo silencio. Las Iglesias están desnudas y no están previstas liturgias particulares. Mientras esperan el gran acontecimiento de la Resurrección, los creyentes perseveran con María en la espera, rezando y meditando. Hace falta un día de silencio para meditar en la realidad de la vida humana, en las fuerzas del mal y en la gran fuerza del bien que surge de la Pasión y de la Resurrección del Señor. Tiene una gran importancia en este día la participación en el Sacramento de la reconciliación, indispensable camino para purificar el corazón y predisponerse para celebrar la Pascua íntimamente renovados. Al menos una vez al año, tenemos necesidad de esta purificación interior, de esta renovación de nosotros mismos. Este Sábado de silencio, de meditación, de perdón, de reconciliación desemboca en la Vigilia Pascual, que introduce el domingo más importante de la historia, el domingo de la Pascua de Cristo. La Iglesia vela junto a fuego nuevo bendito y medita en la gran promesa, contenida en el Antiguo y en el Nuevo Testamento: la liberación definitiva de la antigua esclavitud del pecado y de la muerte. En la oscuridad de la noche, a partir del fuego nuevo se enciende el cirio pascual, símbolo de Cristo que resucita glorioso. Cristo, luz de la humanidad, despeja las tinieblas del corazón y del espíritu e ilumina a cada hombre que viene al mundo. Junto al cirio pascual, resuena en la Iglesia el gran anuncio pascual: Cristo ha resucitado verdaderamente, la muerte ya no tiene poder sobre Él. Con su muerte, ha derrotado el mal para siempre y ha donado a todos los hombres la vida misma de Dios. Según una antigua tradición, durante la Vigilia Pascual, los catecúmenos reciben el Bautismo para subrayar la participación de los cristianos en el misterio de la muerte y de la resurrección de Cristo. De la esplendorosa noche de Pascua, la alegría, la luz y la paz de Cristo se extienden en la vida de los fieles de toda comunidad cristiana y llegan a todos los puntos del espacio y del tiempo. Queridos hermanos y hermanas: en estos días particulares, orientemos decididamente la vida hacia una adhesión generosa y convencida a los designios del Padre celestial; renovemos nuestro «sí» a la voluntad divina, como hizo Jesús con el sacrificio de la cruz. Los sugerentes ritos del Jueves Santo, del Viernes Santo, el silencio henchido de oración del Sábado Santo y la solemne Vigilia Pascual, nos ofrecen la oportunidad de profundizar en el sentido y en el valor de nuestra vocación cristiana, que surge del Misterio Pascual, y concretizarla en el fiel seguimiento de Cristo en toda circunstancia, como hizo Él, hasta la entrega generosa de nuestra existencia. Hacer memoria de los misterios de Cristo significa también vivir en adhesión profunda y solidaria con el hoy de la historia, convencidos de que lo que celebramos es realidad viva y actual. Llevamos, por tanto, en nuestra oración el carácter dramático de los hechos y de las situaciones que en estos días afligen a muchos hermanos y hermanas nuestros de todas las partes del mundo. Nosotros sabemos que el odio, las divisiones, las violencias, no tienen nunca la última palabra en los acontecimientos de la historia. Estos días vuelven a alentar en nosotros la gran esperanza: Cristo crucificado ha resucitado y ha vencido al mundo. El amor es más fuerte que el odio, ha vencido y tenemos que asociarnos a esta victoria del amor. Por tanto, tenemos que volver a comenzar a partir de Cristo y trabajar en comunión con él por un mundo basado en la paz, en la justicia y en el amor. En este compromiso, que involucra a todos, dejémonos guiar por María, quien acompañó al Hijo divino por el camino de la pasión y de la cruz, y que participó, con la fuerza de la fe, en la aplicación de su designio salvífico. Con estos sentimientos, os hago llegar ya desde ahora mis mejores deseos de feliz y santa Pascua a todos vosotros y a vuestras comunidades. [Al final de la audiencia, el Santo Padre saludó a los peregrinos en varios idiomas.En español, dijo:] Queridos hermanos y hermanas: Con el Triduo Pascual conmemoramos el evento central de nuestra Redención, preparándonos para las fiestas de Pascua. Mañana, Jueves Santo, la Iglesia hace memoria de la Última Cena. En ella el Señor instituyó los Sacramentos de la Eucaristía y del Sacerdocio ministerial y nos dejó el mandamiento nuevo del amor fraterno. El gesto del lavatorio nos invita a vivirlo como servicio. Concluye el día con vigilias de adoración eucarística, para revivir íntimamente la agonía de Jesús en Getsemaní. El Viernes Santo la Iglesia acompaña a Jesús en su pasión y muerte, y medita el misterio de mal y del pecado que oprime a la humanidad, orando por las intenciones de la Iglesia, adorando la Cruz y comulgando. También se realizan actos de piedad popular como procesiones, representaciones sagradas y el Vía Crucis. El Sábado Santo se caracteriza por un gran silencio. Mientras los creyentes esperan la resurrección del Señor, perseveran rezando con María. Este día desemboca en la Vigilia Pascual, que introduce en el domingo más importante de la historia, el de la Pascua de Cristo. El cirio encendido en medio de la noche es símbolo de Cristo que resucita glorioso. Saludo a los peregrinos de lengua española. En estos días santos podéis profundizar en el sentido de vuestra vocación cristiana, rezar por las situaciones que afligen a la humanidad y anunciar la gran esperanza: ¡Cristo crucificado ha resucitado y ha vencido al mundo! Felices Pascuas. [Traducción del original italiano por Jesús Colina © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana] Documentación Palabras del Papa a los jóvenes participantes en el encuentro UNIV 2008 Ser amigos de Cristo exige «el esfuerzo de ir contracorriente» CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 19 marzo 2008 (ZENIT.org).- Publicamos las palabras que dirigió Benedicto XVI este miércoles a los 3.500 jóvenes participantes en el encuentro internacional UNIV 2008, iniciativa que se celebra todos los años desde 1968 con la inspiración y aliento de san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. * * * [En inglés:] Queridos amigos: Os doy mi cordial bienvenida a todos vosotros que habéis venido a Roma de diferentes países y universidades para celebrar la Semana Santa juntos y para participar en el congreso internacional UNIV. De este modo, podréis beneficiarios de momentos de oración común, de enriquecimiento cultural y de intercambio fecundo de las experiencias hechas por vuestra asociación con centros y actividades de formación cristiana patrocinados por el Opus Dei en vuestras respectivas ciudades y naciones. [En español:] Vosotros sabéis que con un serio compromiso personal, inspirado en los valores evangélicos, es posible responder adecuadamente a los grandes interrogantes del tiempo presente. El cristiano sabe que hay un nexo inseparable entre verdad, ética y responsabilidad. Toda expresión cultural auténtica contribuye a formar la conciencia y estimula a la persona a superarse a si misma a fin de que pueda mejorar la sociedad. Uno se siente así responsable ante la verdad, al servicio de la cual ha de ponerse la propia libertad personal. Se trata ciertamente de una misión comprometida y para realizarla el cristiano está llamado a seguir a Jesús, cultivando una intensa amistad con Él a través de la oración y de la contemplación. Ser amigos de Cristo y dar testimonio de Él allí donde nos encontremos exige, además, el esfuerzo de ir contracorriente, recordando las palabras del Señor: estáis en el mundo pero no sois del mundo (cf. Jn 15,19). No tengáis, por tanto, miedo, cuando sea necesario, de ser inconformistas en la universidad, en el colegio y en todas partes. [En italiano:] Queridos jóvenes de UNIV, sed levadura de esperanza en este mundo que anhela encontrar a Jesús, en ocasiones sin darse cuenta. Para mejorarlo, esforzaos ante todo por cambiar vosotros mismos a través de una vida sacramental intensa, especialmente acercándoos al sacramento de la Penitencia, y participando asiduamente en la celebración de la Eucaristía. Encomiendo a cada uno de vosotros y a vuestras familias a Maria, que nunca dejó de contemplar el Rostro de su Hijo Jesús. Invoco sobre cada uno de vosotros la protección de san Josemaría y de todos los santos de vuestras tierras, mientras de corazón os deseo una feliz Pascua. [Traducción por Jesús Colina © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
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