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3月25日 La ayuda que no ayuda“ La asistencia estatal no solo fracasó, sino que sirvió para financiar y fortalecer Estados contrarios al mercado, cuando no dictaduras totalitarias, que retrasan el desarrollo de los pueblos y los martirizan. ”
Andrés Oppenheimer escribe buenas columnas, pero en "Los recortes de Bush en América Latina" se equivoca al decir que "Washington está perdiendo influencia en America Latina: mientras el presidente venezolano Hugo Chávez está robándose los titulares con promesas de dar cerca de 3.700 millones de dólares al año a sus vecinos, el presidente Bush quiere reducir los 1.200 millones a la ayuda externa que está dando Estados Unidos a la región".
Estados Unidos es impopular. Según la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, con fama de "progresista", en Santiago, Brasilia, Montevideo y Buenos Aires el 70% de los encuestados consideró a EE.UU. imperialista. Pero una proporción similar no lo considera enemigo. La mala imagen es global. Una encuesta del Pew Research Center reveló que hasta en Alemania, Francia, Gran Bretaña y Holanda, el régimen de Pekín –donde no existe libertad de expresión y sí violaciones a los derechos humanos– tiene mejor imagen que Estados Unidos.
Esto demuestra lo equivocado de Oppenheimer. Si la popularidad se basara en la ayuda estatal, Estados Unidos, el país que más ha regalado en toda la historia mundial, debería ser súper popular.
William Easterly, profesor de economía de la Universidad de Nueva York, demostró el fracaso de esa política. EEUU y sus aliados destinaron más de 1 billón de dólares para ayuda externa desde 1945, pero los países que más recibieron hoy tienen más problemas, mientras los que mejor se han desarrollado recibieron menor ayuda.
Benjamin Powell y Matt Ryan, del Independent Institute, señalan que Estados Unidos y sus socios en la OECD han contribuido con ayuda a regímenes como el de Sudán, "el peor dictador del mundo", otorgándole "más de 6.000 millones de dólares". "La OECD contribuyó con asistencia a todos los 20 peores dictadores del mundo que, en conjunto, recibieron 55.000 millones de dólares". La asistencia estatal no solo fracasó, sino que sirvió para financiar y fortalecer Estados contrarios al mercado, cuando no dictaduras totalitarias, que retrasan el desarrollo de los pueblos y los martirizan.
La ayuda debe ir exclusivamente a instituciones privadas, para no fortalecer a Estados parasitarios, y debe ser distribuida exclusivamente por el sector privado, para evitar que los funcionarios utilicen los fondos políticamente, sin importar la eficiencia de los resultados. Un buen ejemplo es la organización privada Caritas que, sólo para el tsumani del 2004, distribuyó 450 millones de dólares.
Ni siquiera las agencias multilaterales sirven. Por ejemplo, al fundarse la UNCTAD, la renta per cápita de los países pobres era de 212 dólares anuales, contra 11.400 dólares en los países ricos. Cuatro décadas después, en los países pobres ha aumentado solo 55 dólares, mientras que en los ricos se triplicó.
En cambio, si los gobiernos unilateralmente, sin reuniones con opíparas cenas para hablar del hambre de los pobres, destrabaran el comercio mundial, aumentarían los ingresos anuales de los países en desarrollo en 350.000 millones de dólares y de los países ricos en 170.000 millones de dólares, sacando de la pobreza a 144 millones de personas alrededor del mundo.
La popularidad de Chávez se debe a su demagogia y a la utilización de sus petrodólares para comprar voluntades y hacer propaganda socialista. En Latinoamérica, la impopularidad de EEUU se debe a que sólo se interesa por los problemas migratorios, del narcotráfico y las actividades ilícitas que conllevan. Como escribió Mary O'Grady en The Wall Street Journal, los esfuerzos patrocinados por EEUU para erradicar los cultivos de coca han volcado a muchos campesinos hacia izquierdistas como Evo Morales. Y según Gary S. Becker, la guerra contra las drogas le cuesta a EEUU más de 100.000 millones de dólares anuales.
Si ese dinero y el de las ayudas estatales no se le quitaran a través de impuestos al sector privado, resultaría infinitamente más beneficioso porque multiplicaría lo que Oppenheimer reconoce: "la ayuda extranjera constituye apenas una pequeña parte de las contribuciones financieras de Estados Unidos a América Latina. Si uno cuenta los 20.000 millones de dólares anuales en inversiones norteamericanas, los 40.000 millones en remesas que anualmente envían a sus países los latinoamericanos y los 276.000 millones en exportaciones latinoamericanas que EEUU compra todos los años." Para Susan Martin, de Georgetown University, cada dólar que los emigrantes envían a casa se traduce en 3 dólares de crecimiento en la economía local. De ese modo, la libertad de inmigración ayudaría mucho más que las donaciones de Washington.
Publicado el 6 de marzo de 2006 en Libertad Digital 3月23日 Los mejores avisos (Video)Publicidad animada: los mejores avisos
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Un ejemplo de cómo internet ha propiciado la desaparición de las barreras geográficas y temporales" escribió Amparo Moraleda Martínez, presidenta de IBM España, en el periódico Cinco Días. Los avatares no son solo superhéroes que intentan acumular puntos mientras rescatan a una princesa, sino que detrás hay personas de carne y hueso que se relacionan, escuchan música, construyen casas y hasta ponen en marcha empresas que, en algunos casos, generan dólares. Aunque también en internet existe la moneda privada (como el Q en China), virtual. Es el principio de una era virtual en 3 dimensiones (I-3D). Las construcciones virtuales tridimensionales de internet representan cada vez mejor a la realidad y a las leyes naturales. Así, el buscador más importante del globo estaría trabajando para crear su propio mundo virtual a partir de Google Earth, combinando los mapas satelitales con un software para crear modelos en tres dimensiones. Para esto compró la empresa SketchUp, que tenía como producto estrella un software para modelar en 3D. Para 2016, Google Earth podría ser un mundo ("virtual, real") densamente poblado. Según The Wall Street Journal, por eso han adquirido Adscape Media empresa especializada en desarrollar campañas publicitarias en videojuegos, lo que se conoce como advergaming. Es cierto que el mundo real siempre será irreemplazable. Para quienes amamos y practicamos muchos deportes, la computadora es un instrumento de trabajo que nunca podría reemplazar ni imitar, por ejemplo, el esfuerzo físico, el contacto con la naturaleza y la adrenalina que se da en un deporte de alto riesgo (es fácil caerse de un caballo y recibir sus quinientos kilos encima nuestro) como es el polo. Pero, los avatares podrían circular libremente por las ciudades virtuales, detenerse en determinados sitios para realizar transacciones, comprar cosas o consumir servicios, con absoluta prescindencia de los Estados, sus abusivos impuestos y regulaciones, y sus aburridos políticos. Entretanto, la piratería, que suma adeptos día a día, hace de las suyas. El sitio web de intercambio "ilegal" de archivos The Pirate Bay pretende adquirir una isla propia para fundar un país libre de legislaciones sobre copyright. En www.buysealand.com pretenden recolectar donaciones para comprar Sealand, la antigua plataforma naval británica que se encuentra a 10 kilómetros de la costa del Reino Unido y proclamarla un principado donde no existan estas leyes. En fin, la lección es importante: no es cierto que la autoridad deba ser coactiva (vía fuerza policial que "asegura el orden" social). Internet, y la súper evolución que provoca, se desarrolla sin ningún burócrata estatal a cargo, trabajando solamente personas naturalmente libres, quienes, en ocasiones, se ponen de acuerdo y, siempre lideradas por la autoridad moral, el liderazgo de aquellos que verdaderamente pueden aportar cosas útiles a esta evolución espectacular. Publicado en La Prensa de Panamá 3月19日 José, esposo de la Virgen MaríaPadre adoptivo, porque su paternidad sobre Jesús no es la común natural y de algún modo hay que llamarla, aunque la adopción nos suene solo a cosa legal y eso es poco, bien poco, para la clase de paternidad que ejerció, y que al no tener igual no se inventó la palabra que con propiedad indique su condición. Padre nutricio le llaman otros, porque tienen la parte de verdad que expresa una de las obligaciones anejas a la paternidad, la de alimentar a la prole, pero se ve que esto es sólo un detalle en comparación con la totalidad. También es común llamarle putativo por ser conceptuado ante los paisanos como padre verdadero, al vivir fielmente las obligaciones del mejor de los padres sin que nada indujera a pensar que no lo era. Es el esfuerzo de la teología, de la piedad, de la expresión de la fe que no deja de recalcar que no es padre de Jesús _el Verbo hecho hombre, engendrado por Dios, y por eso tiene la naturaleza de Dios_ al modo como los demás lo son de sus hijos al engendrarlos según la naturaleza humana. El Evangelio, testigo parco en palabras afirma: Cuidó de la sagrada familia en Belén, Egipto y Nazaret. Esposo casto, no necesariamente viejo, ni siquiera mayor. El espíritu cristiano que intenta resaltar incluso plásticamente otro tesoro imperdible, el de la virginidad perpetua de su esposa, la Virgen María, lo pintó viejo y hasta el más lerdo entendió el mensaje y así lo dejó; pero lo normal, lo más lógico, lo más noble y digno es que buscaran Joaquín y Ana para su hija doncella todo un doncel, viril, apuesto, noble, trabajador y tiernamente capaz de asumir las responsabilidades del nuevo hogar. Pensar de otro modo sería indignidad. José pertenecía a la estirpe davídica y su familia procedía de Belén, la ciudad de David. Así queda Jesús perfectamente entroncado con la familia real que portaba, dentro de la tribu de Judá, el estandarte de las profecías que habían de cumplirse en la posteridad. Encantador en sus reacciones. Figura amable y desconcertante por su humildad a pesar de ser tanta su grandeza. José contempló el inefable misterio del nacimiento de Jesús en Belén y quedó admirado con la maravillosa visita de los pastores y magos adorantes. Presentó a Jesús en el Templo a la usanza judía, rescatándolo con el modo acostumbrado por los pobres. Fue defensor de Jesús y de su Madre, cuando la matanza cruel de los inocentes; dispuso marchar a Egipto, sin tardanza y con la valentía de quien ha asumido una responsabilidad. El regreso de Egipto tuvo lugar quizá en el año 4, después de la muerte de Herodes. Varón justo y silencioso. Fiel a Dios que se apoyó en él hasta el punto de entregarle su familia. Probablemente muerto ya en el Calvario, y quizá incluso antes de las bodas de Caná. San José es venerado por la Iglesia ortodoxa (el primer domingo después de Navidad para la oriental) y por la Iglesia católica, apostólica, romana. Pero es inexplicablemente tardío el culto occidental. La devoción de tres santos del tiempo de la Reforma y Contrarreforma: Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola y Francisco de Sales contribuyeron a extender y popularizar su devoción. No aparece en el misal romano hasta el siglo XV, con Sixto IV (m. 1481). Hasta Gregorio XV, en 1621, no fue su fiesta universal. Incluido en el canon Romano por el Papa Juan XXIII, ya en la segunda mitad del siglo XX. Hoy es el santo más y mejor tratado, con lógica aplastante; su ambiente, su atmósfera habitual es la santidad. Por eso es Patrono de la Iglesia universal, porque nadie la defenderá mejor. Patrono de los carpinteros y artesanos. Patrón de la buena muerte, sin duda asistido por Jesucristo y en presencia de la Virgen. Custodio de los seminarios ¡quien mejor para dar protección a los chicos que un día van a ser otros Cristos!. Patrón ¡cómo no! de los padres de familia que le miran para aprender a agradar a Dios ante tanto desvío, ignorancia, autosuficiencia, para aprender de él a respirar en los ambientes de trabajo un aire limpio menos egoísta; sí, le piden ayuda para bien gobernar con mano firme el timón de la barca de su casa . Vara florida. Silencio en el evangelio, ni una palabra, sólo referencias; quizá sea intencionado para dejar que hable lo insondable de la contemplación, del embeleso, lo sublime de su vida. Prestó ese servicio _aún más eficaz que oculto_ al proyecto divino de la redención humana. Aunque no siempre entendiera o comprendiera la voluntad de Dios, José la cumplió .- > 3月18日 La experiencia de ir al más allá y volver para contarlo
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3月17日 El estrés ocasiona la mitad de las enfermedades
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3月16日 Las 10 empresas más insólitas que convirtieron a sus fundadores en millonarios
Evasión fiscal: ¿un servicio al público?Perfiles del siglo XXI. Núm. 114, enero de 2003, www.revistaperfiles.com
Siguiendo las enseñanzas del académico canadiense Pierre Lemieux podemos enfocar la luz sobre el desastre económico que es la América Latina actual. Al hacerlo, veremos cómo la evasión de las obligaciones tributarias no es solamente una defensa legítima contra unos Estados francamente depredadores, sino incluso un servicio al resto de la sociedad, ya que se limita la capacidad estatal de injerirse en la actividad de la gente.
Por Alejandro Tagliavini
Cuenta la leyenda que el gangster de Chicago Al Capone era un asesino, extorsionador, fabricante ilícito de whisky y explotador de la prostitución. Pero como no podían encarcelarlo por ninguno de esos cargos, consiguieron atraparlo por evasión de impuestos.
Aunque la presión tributaria es muy alta, para financiar los "servicios" del Tío Sam, se piensa que la evasión impositiva es una afrenta delictuosa contra quienes sí pagan sus impuestos. Pero parece que no es así en Canadá. Pierre Lemieux, economista e investigador del Independent Institute, en una nota en el diario National Post, argumentó que los burócratas y políticos maximizan los ingresos del Estado porque esto va en su propio interés.
Así "…los ingresos encaminan a los gastos…," escribe Lemieux. "Cuantos más ingresos consigue el Estado, mayor será la cantidad de prioridades que encontrará para justificar sus erogaciones. En consecuencia, la evasión tributaria y la economía informal constituyen un freno al crecimiento del Estado... y representa un beneficio neto para todos. Los impuestos confiscatorios llevan a los contribuyentes hacia este tipo de defensa propia pacífica… La evasión impositiva y su hermana melliza la economía informal son una mejor solución a lo que de otra manera sería un todavía mayor Estado intervencionista. Una estatua debería levantarse en honor al evasor desconocido".
Los políticos de los países subdesarrollados suelen ser más astutos y si no logran recaudar más impuestos optan por emitir billetes, toda la cantidad que quieren gastar, provocando los procesos hiperinflacionarios ya conocidos.
Esta combinación de presión impositiva confiscatoria, excesiva regulación y alta inflación ha provocado que la actividad informal en Latinoamérica se dispare. Pero, ¿y el Estado no lo nota? Sucede que los burócratas responsables del control son sobornados de manera que no ejecuten las leyes y normas vigentes. Irónicamente, de esta manera, en base a la corrupción generalizada (y prácticamente institucionalizada), Latinoamérica todavía sobrevive. De otra forma, si los ciudadanos cumplieran con todas las regulaciones coactivas (ergo, violentas) impuestas por los gobiernos, hoy estarían literalmente muertos.
Standard & Poor's emitió un reporte poco alentador sobre la situación actual de la Argentina, “¿Estabilidad o de cara al abismo?", donde asegura que la estabilidad del peso, la inflación aparentemente controlada y otras variables que hoy se observan son engañosas, dado que existen serios problemas por resolver. S&P asegura que la estabilidad argentina es artificial, ya que está basada en una fuerte represión financiera. Aun cuando el gobierno anunció el final del "corralito" (el secuestro de los depósitos bancarios), lo cierto es que todavía los ahorristas no pueden retirar sus plazos fijos, los cuales fueron además convertidos forzosamente de dólares a pesos devaluados, cosa que la Corte Suprema tardíamente podría revertir. Pero además existen serias restricciones al movimiento de capitales.
El gobierno de Duhalde pasará a la historia por haber logrado una caída record del PIB, que ya llega al 20 %. Por el contrario, los ingresos fiscales en la Argentina, en lo que va del año, superan en 3.9 % al mismo período del año pasado.
En Ecuador, el PIB creció en 2001 5.5 %, el mayor crecimiento de América Latina, a la vez que bajó la inflación; los depósitos bancarios crecieron un 25.1 %, las inversiones lo hicieron en 85 % y la recaudación tributaria aumentó sustancialmente, cuando la presión disminuyó. Así, cuando en Ecuador la tasa del IVA era del 10 %, la recaudación en relación al PIB era del 0.33, mientras que en Argentina, con una tasa IVA del 21 %, la recaudación alcanzaba sólo al 0.31.
La eficiencia se produce cuando las relaciones son voluntarias y cada actor maximiza su beneficio. Por ejemplo, cuando una persona compra un auto, gana porque prefiere el auto al dinero que entrega a cambio, pero también gana quien vende, ya que éste prefiere el dinero. Por el contrario, cuando las relaciones son forzadas (como en el caso de los impuestos), una de las partes no maximiza su beneficio; ergo, no son relaciones eficientes.P Sin Palabras (al final, no son tan próceres)¿Quén escribió esta torpeza? articulo titulado Somos extranjeros, en el Censor, Buenos Aires, 1886).. Sin palabras ...
El pueblo judío. Esparcido por toda la tierra ejerciendo la usura y acumulando millones, rechazando la patria en que nace y muere por un ideal que baña escasamente el Jordán, y a la que no piensa volver jamás. Este sueño que se perpetua hace veinte o treinta siglos, pues viene del origen de la raza, continua hasta hoy perturbando la economía de las sociedades en que viven, pero de las que no forman parte. Y ahora mismo en la bárbara Rusia como en la ilustrada Prusia se levanta el grito de repulsión contra este pueblo que se cree escogido y carece de sentimiento humano, del amor al prójimo, del apego a la tierra, del culto del heroísmo, de la virtud, de los grandes hechos donde quiera que se producen Nos declaramos desde ahora en huelga para perseguir a la raza semítica, que con Cahen, Rotschild, Baring y todos los sindicatos judíos Joachim y Jacob que pretenden dejarnos sin patria, declarando a la nuestra articulo de ropa vieja negociable y materia de industria.. Fuera la raza semítica! Domingo Faustino Sarmiento
(publicado en El Diario, 5 de enero de 1888 )
Vendée – por Vittorio MessoriVittorio Messori
Ya tenemos aquí el libro aguafiestas, la implacable obra de un joven historiador que ha provocado las iras de la inteligencia francesa, que - suntuosamente patrocinada por François Mitterrand- celebró en 1989 «glorias» y «fastos» de la Grande Révolution que cumplía entonces doscientos años. Estamos hablando de Le génocide franco-français: la Vendée vengée, de Reynald Secher. Estas terribles páginas tuvieron en su momento algún eco en nuestros diarios, pero la industria «oficial» del libro, que sin embargo va saqueando de todo, hasta lo irrelevante, especialmente del francés, no había encontrado sitio para ellas. Ha suplido esto una nueva y pequeña editorial que -¡rara avis!- no sólo no esconde su orientación católica, sino que de esta inspiración quiere hacer la única base, sin compromisos, de su producción. Su programa editorial, por lo tanto, prevé la publicación de obras nuevas, originales o traducciones, pero «malditas», o sea rechazadas por la ideología dominante en las editoriales, incluida alguna que ya fue, o aún se declara, «católica». Pero también prevé la recuperación de obras del pensamiento cristiano de los siglos XIX y XX imposibles de encontrar, muchas veces no por falta de mercado, sino por falta de «simpatía» por parte de cierta cultura que se declara «pluralista», «paladina de la tolerancia», mientras está realizando una dura censura ideológica. Esta nueva editorial, en la fase inicial de su actividad -antes del libro sobre la Vendée, que hemos mencionado y del que hablaremos más adelante- publicó otro ensayo contrarrevolucionario. Es el panfleto, también aguafiestas, Pourquoi nous ne célébrons pas 1789, escrito por Jean Dumont, que en pocas páginas, acompañadas por ilustraciones raras de la época, muestra con vigor e información extraordinarios «los falsos mitos de la Revolución francesa», tal como dice el título de la traducción italiana. En un tamaño y a un precio reducidos aquí tenemos la obra de síntesis que muchos lectores buscaban para aclararse las ideas (en una perspectiva que quiere ser explícitamente católica) acerca de aquella revolución cuyos efectos aún perduran. Pero vamos a ver ahora Le génocide franco-français, ese libro de Secher que, pese al obstruccionismo realizado por el conformismo «políticamente correcto», ha provocado en Francia una profunda conmoción. Reynald Secher, el joven autor (nacido en 1955) originario de la Vendée, fue a buscar una documentación que muchos consideraban ya perdida. En efecto, los archivos públicos han sido diligentemente depurados, en la esperanza de que desaparecieran todas las pruebas de la masacre realizada en la Vendée por los ejércitos revolucionarios enviados desde París. Pero la historia, como se sabe, tiene sus astucias: así Secher descubrió que mucho material estaba a salvo, conservado, a escondidas, por particulares. Además pudo llegar a la documentación catastral oficial de las destrucciones materiales sufridas por la Vendée campesina y católica, levantada en armas contra los «sin Dios» jacobinos. En los mapas de los geómetras estatales de la época está la prueba de una tragedia inimaginable: diez mil de cincuenta mil casas, el 20 % de los edificios de la Vendée, fueron completamente derruidas según un frío plan sistemático, en los meses en que se desencadenó la furia de los jacobinos gubernamentales con su lema aterrador: «libertad, igualdad, fraternidad o muerte». Prácticamente todo el ganado fue masacrado. Todos los cultivos fueron devastados. Todo esto, según un programa de exterminio establecido en París y realizado por los oficiales revolucionarios: había que dejar morir de hambre a quien, escondiéndose, había sobrevivido. El general Carrier, responsable en jefe de la operación, arengaba así a sus soldados: «No nos hablen de humanidad hacia estas fieras de la Vendée: todas serán exterminadas. No hay que dejar vivo a un solo rebelde.» Después de la gran batalla campal en la que fueron exterminadas las intrépidas pero mal armadas masas campesinas de la «Armada Católica», que iban al asalto detrás de los estandartes con el Sagrado Corazón y encima la cruz y el lema «Dieu et le Roy», el general jacobino Westermann escribía triunfalmente a París, al Comité de Salud Pública, a los adoradores de la diosa Razón, la diosa Libertad y la diosa Humanidad: «¡La Vendée ya no existe, ciudadanos republicanos! Ha muerto bajo nuestra libre espada, con sus mujeres y niños. Acabo de enterrar a un pueblo entero en las ciénagas y los bosques de Savenay. Ejecutando las órdenes que me habéis dado, he aplastado a los niños bajo los cascos de los caballos y masacrado a las mujeres, que así no parirán más bandoleros. No tengo que lamentar ni un prisionero. Los he exterminado a todos.» Desde París contestaron elogiando la diligencia puesta en «purgar completamente el suelo de la libertad de esta raza maldita». El término «genocidio», aplicado por Secher a la Vendée, ha desatado polémicas, por considerarse excesivo. En realidad el libro muestra, con la fuerza terrible de los documentos, que esa palabra es absolutamente adecuada: «destrucción de un pueblo», según la etimología. Esto querían «los amigos de la humanidad» en París: la orden era la de matar ante todo a las mujeres, por ser el «surco reproductor» de una raza que tenía que morir, porque no aceptaba la «Declaración de los derechos del hombre». La destrucción sistemática de casas y cultivos iba en la misma dirección: dejar que los supervivientes desaparecieran por escasez y hambre. Pero ¿cuántos fueron los muertos? Secher da por primera vez las cifras exactas: en dieciocho meses, en un territorio de sólo 10.000 kilómetros cuadrados, desaparecieron 120.000 personas, por lo menos el 15 % de la población total. En proporción, como si en la Francia actual fueran asesinadas más de ocho millones de personas. La más sangrienta de las guerras modernas -la de 1914-1918- costó algo más de un millón de muertos franceses. Genocidio, pues; verdadero holocausto; y, como comenta Secher, tales términos remiten al nazismo. Todo lo que pusieron en práctica las SS fue anticipado por los «demócratas» enviados desde París: con las pieles curtidas de los habitantes de la Vendée se hicieron botas para los oficiales (la piel de las mujeres, más suave, era utilizada para los guantes). Cen¬tenares de cadáveres fueron hervidos para extraer grasa y jabón (y aquí se superó hasta a Hitler: en el proceso de Nuremberg se documentó -y las mismas organizaciones judías lo confirmaron- que el jabón producido en los campos de concentración alemanes con los cadáveres de los prisioneros es una «leyenda negra», sin correspondencia con los hechos). Se experimentó por primera vez la guerra química, con gases asfixiantes y envenenamiento de las aguas. Las cámaras de gas de la época fueron barcos cargados de campesinos y curas, llevados en medio del río y hundidos. Son páginas, disponibles ahora, que provocan sufrimiento. Pero la búsqueda de una verdad escondida y borrada bien vale el trauma de la lectura. Vendée Ya tenemos aquí el libro aguafiestas, la implacable obra de un joven historiador que ha provocado las iras de la inteligencia francesa, que - suntuosamente patrocinada por François Mitterrand- celebró en 1989 «glorias» y «fastos» de la Grande Révolution que cumplía entonces doscientos años. Estamos hablando de Le génocide franco-français: la Vendée vengée, de Reynald Secher. Estas terribles páginas tuvieron en su momento algún eco en nuestros diarios, pero la industria «oficial» del libro, que sin embargo va saqueando de todo, hasta lo irrelevante, especialmente del francés, no había encontrado sitio para ellas. Ha suplido esto una nueva y pequeña editorial que -¡rara avis!- no sólo no esconde su orientación católica, sino que de esta inspiración quiere hacer la única base, sin compromisos, de su producción. Su programa editorial, por lo tanto, prevé la publicación de obras nuevas, originales o traducciones, pero «malditas», o sea rechazadas por la ideología dominante en las editoriales, incluida alguna que ya fue, o aún se declara, «católica». Pero también prevé la recuperación de obras del pensamiento cristiano de los siglos XIX y XX imposibles de encontrar, muchas veces no por falta de mercado, sino por falta de «simpatía» por parte de cierta cultura que se declara «pluralista», «paladina de la tolerancia», mientras está realizando una dura censura ideológica. Esta nueva editorial, en la fase inicial de su actividad -antes del libro sobre la Vendée, que hemos mencionado y del que hablaremos más adelante- publicó otro ensayo contrarrevolucionario. Es el panfleto, también aguafiestas, Pourquoi nous ne célébrons pas 1789, escrito por Jean Dumont, que en pocas páginas, acompañadas por ilustraciones raras de la época, muestra con vigor e información extraordinarios «los falsos mitos de la Revolución francesa», tal como dice el título de la traducción italiana. En un tamaño y a un precio reducidos aquí tenemos la obra de síntesis que muchos lectores buscaban para aclararse las ideas (en una perspectiva que quiere ser explícitamente católica) acerca de aquella revolución cuyos efectos aún perduran. Pero vamos a ver ahora Le génocide franco-français, ese libro de Secher que, pese al obstruccionismo realizado por el conformismo «políticamente correcto», ha provocado en Francia una profunda conmoción. Reynald Secher, el joven autor (nacido en 1955) originario de la Vendée, fue a buscar una documentación que muchos consideraban ya perdida. En efecto, los archivos públicos han sido diligentemente depurados, en la esperanza de que desaparecieran todas las pruebas de la masacre realizada en la Vendée por los ejércitos revolucionarios enviados desde París. Pero la historia, como se sabe, tiene sus astucias: así Secher descubrió que mucho material estaba a salvo, conservado, a escondidas, por particulares. Además pudo llegar a la documentación catastral oficial de las destrucciones materiales sufridas por la Vendée campesina y católica, levantada en armas contra los «sin Dios» jacobinos. En los mapas de los geómetras estatales de la época está la prueba de una tragedia inimaginable: diez mil de cincuenta mil casas, el 20 % de los edificios de la Vendée, fueron completamente derruidas según un frío plan sistemático, en los meses en que se desencadenó la furia de los jacobinos gubernamentales con su lema aterrador: «libertad, igualdad, fraternidad o muerte». Prácticamente todo el ganado fue masacrado. Todos los cultivos fueron devastados. Todo esto, según un programa de exterminio establecido en París y realizado por los oficiales revolucionarios: había que dejar morir de hambre a quien, escondiéndose, había sobrevivido. El general Carrier, responsable en jefe de la operación, arengaba así a sus soldados: «No nos hablen de humanidad hacia estas fieras de la Vendée: todas serán exterminadas. No hay que dejar vivo a un solo rebelde.» Después de la gran batalla campal en la que fueron exterminadas las intrépidas pero mal armadas masas campesinas de la «Armada Católica», que iban al asalto detrás de los estandartes con el Sagrado Corazón y encima la cruz y el lema «Dieu et le Roy», el general jacobino Westermann escribía triunfalmente a París, al Comité de Salud Pública, a los adoradores de la diosa Razón, la diosa Libertad y la diosa Humanidad: «¡La Vendée ya no existe, ciudadanos republicanos! Ha muerto bajo nuestra libre espada, con sus mujeres y niños. Acabo de enterrar a un pueblo entero en las ciénagas y los bosques de Savenay. Ejecutando las órdenes que me habéis dado, he aplastado a los niños bajo los cascos de los caballos y masacrado a las mujeres, que así no parirán más bandoleros. No tengo que lamentar ni un prisionero. Los he exterminado a todos.» Desde París contestaron elogiando la diligencia puesta en «purgar completamente el suelo de la libertad de esta raza maldita». El término «genocidio», aplicado por Secher a la Vendée, ha desatado polémicas, por considerarse excesivo. En realidad el libro muestra, con la fuerza terrible de los documentos, que esa palabra es absolutamente adecuada: «destrucción de un pueblo», según la etimología. Esto querían «los amigos de la humanidad» en París: la orden era la de matar ante todo a las mujeres, por ser el «surco reproductor» de una raza que tenía que morir, porque no aceptaba la «Declaración de los derechos del hombre». La destrucción sistemática de casas y cultivos iba en la misma dirección: dejar que los supervivientes desaparecieran por escasez y hambre. Pero ¿cuántos fueron los muertos? Secher da por primera vez las cifras exactas: en dieciocho meses, en un territorio de sólo 10.000 kilómetros cuadrados, desaparecieron 120.000 personas, por lo menos el 15 % de la población total. En proporción, como si en la Francia actual fueran asesinadas más de ocho millones de personas. La más sangrienta de las guerras modernas -la de 1914-1918- costó algo más de un millón de muertos franceses. Genocidio, pues; verdadero holocausto; y, como comenta Secher, tales términos remiten al nazismo. Todo lo que pusieron en práctica las SS fue anticipado por los «demócratas» enviados desde París: con las pieles curtidas de los habitantes de la Vendée se hicieron botas para los oficiales (la piel de las mujeres, más suave, era utilizada para los guantes). Cen¬tenares de cadáveres fueron hervidos para extraer grasa y jabón (y aquí se superó hasta a Hitler: en el proceso de Nuremberg se documentó -y las mismas organizaciones judías lo confirmaron- que el jabón producido en los campos de concentración alemanes con los cadáveres de los prisioneros es una «leyenda negra», sin correspondencia con los hechos). Se experimentó por primera vez la guerra química, con gases asfixiantes y envenenamiento de las aguas. Las cámaras de gas de la época fueron barcos cargados de campesinos y curas, llevados en medio del río y hundidos. Son páginas, disponibles ahora, que provocan sufrimiento. Pero la búsqueda de una verdad escondida y borrada bien vale el trauma de la lectura.
Salve, Costa Rica
Por Alejandro A. Tagliavini
Cada 1.° de diciembre, Costa Rica celebra, quizás, el acontecimiento más significativo de su historia, en la búsqueda y consecución de la paz, la convivencia y la democracia: la abolición del Ejército.
Ya decía Aristóteles, seguido por santo Tomás de Aquino, que la violencia es contraria al orden natural, al punto que, para el Aquinate, escribió el destacado filósofo Etienne Gilson, no se entiende que una cosa posea los dos caracteres al mismo tiempo. Es decir, lo violento necesariamente es antinatural. Pero lo natural no sólo es lo moral, sino también lo eficiente.
Todo esto, traducido al idioma cotidiano, significa que la violencia no solo hace infelices a las personas y sociedades, sino que es ineficiente para la resolución de cualquier problema, conflicto o amenaza. Existe la muy equivocada idea de que, para conseguir algo, en última o primera instancia, se le debe obligar por medio de la fuerza. La autoridad debe ser coactiva.
Violencia. Pero la realidad demuestra que lo que publicitaba Santo Tomás es cierto: la violencia nunca construye, nunca soluciona ningún conflicto. No es casual el que Suiza, que no tiene un ejército al modo clásico, no se haya visto involucrada en las últimas guerras. Al contrario, los países más militarizados son proclives a todo tipo de represión y de conflicto violento y viven angustiados por amenazas de violencia muchas veces producto de sus propias acciones intimidatorias.
Costa Rica intuyó que la violencia no tenía utilidad alguna y el 1.º de diciembre de 1948, José Figueres Ferrer, victorioso en la guerra civil, disolvió el ejército. En una emotiva ceremonia efectuada en lo que hoy es el Museo Nacional, el entonces presidente de la Junta de Gobierno derribó de un mazazo unas piedras pertenecientes a un torreón del Cuartel Bellavista, marcando el fin de una era castrense y el comienzo de otra en la que la seguridad y la educación serían prioridades del gobierno.
En 1949, no sin antes haber enfrentado un intento de golpe de Estado, la eliminación del Ejército fue incorporada en la constitución. Esto permitió utilizar los presupuestos antes asignados al Ejército fundamentalmente en el desarrollo del aparato educativo.
Sin sentido. Viene al caso notar que la independencia de Costa Rica, en 1821 fue incruenta. Lo que prueba que no es necesaria ninguna guerra para lograr ningún objetivo como puede ser la independencia política. A partir de aquí, los costarricenses adoptaron el régimen de derecho como norma de conducta, habiendo evolucionado hacia una sociedad en la que la institución militar perdía, progresivamente, su sentido ante la fuerza de la razón.
Hoy, la abrumadora mayoría de los costarricenses está orgullosa de que el país no posea un ejército y recuerda los beneficios que ha tenido para el desarrollo material y espiritual del país y para la convivencia con las demás naciones.
Costa Rica no es el país más desarrollado del mundo porque, más allá de la abolición del Ejército, todavía el Estado coacciona a la sociedad en muchos aspectos con cantidad de leyes que interfieren el desarrollo natural del mercado y la sociedad. De hecho, en el mismo acto de supresión del Ejército, se creó la Policía civil, para “el resguardo del orden público”.
¿Algún país se anima a suprimir la Policía? La historia dirá.
Publicado en La Nación de Costa Rica el 1 de diciembre de 2006. El optimismo como cultura
Por Alejandro A. Tagliavini
La errónea cultura de la depresión La depresión es una falta de confianza en la vida y en el orden natural. La cultura de la depresión ha calado tan hondo en nuestra civilización que hasta está inserta en algunas definiciones. Así, solemos definir la economía como el estudio de la utilización de los recursos escasos. Y si los recursos son escasos, sólo queda decidir cómo asignarlos, planteándose una verdadera lucha violenta entre las personas, de modo de ver quién se queda con lo poco que hay. Esta cultura de la depresión, nos decía, en su momento, que cuando el carbón se acabara, la civilización correría el riesgo de desaparecer. Pero apareció el petróleo que, gracias al desarrollo tecnológico, se convirtió en una fuente de energía muy superior. Y el mundo progresó increíblemente. Luego vino Henry Ford y anunció que fabricaría autos para la clase media; y lo tomaron por loco. "¨Para qué quiere el mundo autos fabricados en forma masiva? Si hoy nadie los usa, no tenemos ni siquiera rutas". Veinte años atrás, mu sabios, dijeron que las reservas de petróleo eran suficientes sólo para cuarenta años más. Y nos deprimieron a todos, y los Estados se apresuraron a tomar medidas; algunos hasta racionalizaron el consumo, utilizando la violencia coercitiva que caracteriza a los Estados. Hoy resulta que, gracias al avance tecnológico que, entre otras cosas, permite extraer de mayores profundidades y que permite la mejor utilización de los derivados, tenemos reservas, por lo menos, para noventa años más. Y, además, se están desarrollando nuevas fuentes de energía. ¨Cuántos profetizaron acerca de la superpoblación, de los problemas de hambre que significaría? ¨Cuántos organismos estatales y paraestatales como la ONU utilizaron estos argumentos para justificar su existencia y políticas de control de la natalidad y, encubiertamente, promover la peor clase de asesinato como es el aborto? En 1850, el 65% de la población de los EE.UU. se dedicaba al cultivo de la tierra. A medida que avanzaba la industrialización, los depresivos de siempre decían que si continuaba el éxodo de los obreros del campo hacia la ciudad, caería la producción de alimentos a la vez que aumentaría la población para alimentar en las ciudades, lo que provocaría una hambruna. Hoy, sólo el 3% de la población de los EE.UU. trabaja la tierra y, oh paradoja!, la cantidad de alimentos no sólo no disminuyó sino que aumentaron el consumo interno y también la exportación. Y esto gracias al avance tecnológico, creado por la mente humana, que con fertilizantes y demás innovaciones ha conseguido que en la misma cantidad de tierra y con mucho menos mano de obra se produzca mucho más. Está claro pues, que los recursos, la riqueza, son una invención de la mente humana y, en consecuencia, nunca podrán terminarse. De hecho, la empresa del futuro, la empresa posmoderna, es la empresa virtual, cuyo capital más importante, si no el único, es el equipo de mentes humanas que la conforman, y donde los bienes materiales (manejados a distancia o por robots) serán absolutamente secundarios, si es que los tienen. Es el hombre el que define qué es riqueza u cuánta debe haber y dónde debe estar. Es el hombre el que dice: tendremos autos, y los habrá más caros y los habrá más baratos y estos serán símbolos de riqueza, y funcionarán con petróleo y entonces invertiremos en petróleo de modo que mucha gente pueda trabajar y ganar su sustento con este trabajo. De modo que no se trata de deprimirse y pelearse, sino que se trata de servir y cooperar voluntariamente para crear la abundancia. Porque el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios para participar en la Creación. Y la Creación, lo quieran o no los cultores de la depresión, es infinita, no tiene ninguna clase de límites. Salvo claro está, nos advierte Dios, que violemos sus mandamientos, que violemos el orden natural por El creado, que no son sino las reglas para seguir la Creación. Porque el orden natural no es sino el modo en que se desenvuelve y crece la vida. La depresión es una falta de confianza en la vida, en consecuencia, una falta de confianza en el orden natural. Y como no entienden el orden natural, pretenden imponer otro orden artificialmente creado, que como no es algo que surja naturalmente, se ven forzados a imponer violentamente, chocando con el natural, entrando en un conflicto que termina por destruir a quienes lo ejercen, ya que la vida, por definición, es natural. Y la violencia es contraria a la vida humana y, en consecuencia, destructiva y, obviamente, depresiva. ¨Pero quién es el campeón de la depresión? Dice un sabio dicho popular que "la burocracia estatal tiene un problema para cada solución". A cada proyecto que se presenta le encuentra una resolución que lo impide, en forma coercitiva, o lo complica. Sucede que en la medida en que los Estados sean "los aparatos político institucionales que vía monopolio de la violencia pretenden organizar a la sociedad", es decir, hagan uso de la violencia coercitiva como método para organizar a la sociedad, en esta medida estarán destruyendo, como lo han hecho hasta ahora. Y así, a pesar de pertenecer a una humanidad con potencial de recursos ilimitados, existen niños que padecen hambre. Debemos desoír la depresión porque es mentira, tenemos que evitar la violencia coercitiva porque es, siempre y en cualquier caso, destructiva, y entonces veremos que la Creación de Dios es infinita y la participación del hombre ilimitada.
Publicado en El Cronista el 22/04/97 No existen ni la violencia ni las guerras justasPor Alejandro A. Tagliavini
Siempre desconfié de la violencia como método eficaz para solucionar cualquier problema, ergo, siempre desconfié de las guerras. Hasta que leí unas declaraciones del actor Charlton Heston, miembro del "establishment", quien afirmó (probablemente sin saber hasta dónde estaba llegando): "... recuerdo estar volviendo desde ultramar en una mañana soleada de victoria al final de la Segunda Guerra Mundial (SGM)... pensábamos que la libertad rápidamente se esparciría por el mundo, que quedaría libre de guerra y tiranía. Estábamos equivocados. Fue la tiranía la que prosperó, por más de cuarenta años. Es importante recordar: existió un Imperio Demoníaco, hubo una Guerra Fría... y ganamos"(1). ¿Cómo? Pero entonces la SGM no fue la guerra más eficaz, tan necesaria para que Occidente se librara del mal, según cuenta el relato oficial, la historia de los Estados que necesitan justificarse, su papel de policía mundial y su armamentismo. Un análisis objetivo muestra cosas muy diferentes. La SGM, en lugar de acabar con una tiranía, dio lugar y hasta legitimó a otra quizás peor: el imperio soviético. La gran ironía es que ésta última dictadura, aun siendo mucho más poderosa, ya que contaba con imponentes arsenales nucleares, luego fue vencida, ¿cómo?, sin guerras, a través de la paz. Un solo homicidio no puede justificarse, sin que importe su ideología, nacionalidad, grupo étnico o cultural, raza o religión, o cualquier otra característica. De manera que las estadísticas tienen poco sentido, sin embargo, nos sirven para graficar la cuestión. Cuántos seres humanos habría asesinado Hitler de haber seguido hasta el final, nunca lo sabremos. Pero, aun si hubiera borrado del mapa al actual Israel (6,5 millones de habitantes, 80% judíos y 20% musulmanes); peor, aun si hubiera asesinado a todos los judíos del mundo, unos 18 millones, más unos, digamos 10 millones de europeos no judíos, aun así (lo que es extremadamente exagerado), hubiera asesinado a menos de 30 millones de personas. Pero la SGM produjo al menos 36 millones de víctimas y algunos investigadores aseguran que fueron más de 45 millones. Además la SGM destruyó ciudades enteras, provocando unas pérdidas materiales y económicas que Hitler jamás hubiera provocado. Pero la gran ironía es que la SGM no sirvió para desterrar las tiranías, por el contrario, además, creo al imperio soviético que, solamente bajo Stalin, asesinó a más de 33 millones de ciudadanos, más de lo que podría haber hecho Hitler. Por otro ejemplo, veamos qué sucede con las guerras actuales. Lejos de terminar con el terrorismo, la guerra liderada por EE. UU. ha aumentado el sentimiento contra los aliados, así la red Al-Qaeda se ha visto reforzada y hoy cuenta con más de 18.000 militantes, según un informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, en inglés), de Londres. Además, las finanzas del grupo terrorista "gozan de buena salud", lo que permite que Al Qaeda provea de entrenamiento a milicianos e islámicos fundamentalistas de todo el mundo. Informe o no, es evidente que la acción terrorista ha recrudecido, los muertos van en aumento y, además del costo material que supera al PIB de Argentina, el mundo es más inseguro. Según santo Tomás de Aquino: "La violencia se opone directamente a lo voluntario como también a lo natural"(2). Así, Etienne Gilson asegura que para el Aquinate "Lo natural y lo violento se excluyen, pues, recíprocamente, y no se concibe que algo posea simultáneamente uno y otro de estos caracteres"(3). Consecuentemente, mal puede la violencia, cualquier violencia, la guerra, conseguir algo positivo cuando es de suyo contraria a la naturaleza, al orden natural, destruyéndola. ¿Cómo se consigue la paz? Son los Estados (los que hacen las guerras), vía el monopolio de la violencia que se les atribuye, los que, entre muchos errores, establecen fronteras (pasaportes, visas, aduanas) infranqueables e irritantes, impidiendo la entremezcla pacífica de los pueblos. Además de la desocupación interna que provocan con leyes laborales impuestas al mercado coactivamente. En otras palabras, la principal fuente, no sólo de las guerras directamente, sino de las discriminaciones y fricciones entre los pueblos son los Estados y su capacidad violenta, de imponer coactivamente sus voluntades, leyes y reglamentaciones. Capacidad violenta, de coacción, que debería disminuirse al máximo posible.
Notas: (1) 'Remembering Great Men', Imprimis, Hillsdale College, Hillsdale Michigan, May 1997, Volume 26, Number 5, p. 7. (2) S.Th., I-II, q. 6, a. 5. (3) 'El tomismo', Sda. Parte, Capítulo VIII, EUNSA, Pamplona 1989, p. 438. La sociedad naturalLA SOCIEDAD NATURAL
Por Alejandro A. Tagliavini
La globalización, hoy, es el resultado de avances sociales y tecnológicos, de modo que no la entenderemos si no actualizamos nuestros conocimientos. Como las ciencias sociales han avanzado notoriamente, es hora de releer la metafísica, sobretodo la aristotélico tomista, a la luz de los nuevos conocimientos. En particular, a la luz de los que ha producido la Escuela Austríaca de Economía (la vertiente académica del liberalismo) que, aun con su carga racionalista, formula una premisa esencial: el progreso personal y social nunca es el resultado de la coacción (la violencia), sino de la cooperación voluntaria y, por ende, de la libertad. Esta falta de impedimentos coactivos por parte del Estado (aduanas, controles migratorios, etc.) permiten que la globalización sea un fenómeno natural. Para la metafísica aristotélico tomista, la violencia (la coacción) contraría al orden natural y hoy podemos sostener esto hasta sus últimas consecuencias. Sería utópico pretender que la violencia desaparezca del mundo, pero sí podemos reafirmar que es siempre negativa y, por lo tanto, debe disminuirse lo más rápida y radicalmente posible. Hasta para la defensa propia los métodos eficientes son los no violentos. El deber ser es, pues, el fin de toda violencia, incluso, la coacción estatal. El liberalismo cree que al Estado le corresponde el monopolio de la violencia que debe utilizar para asegurar la propiedad y la libertad, entonces, debe ser coactivo pero mínimo: la "autoridad" debe ser mínima. Coincidimos en minimizar al Estado coactivo, pero para nosotros el ideal va más allá: la violencia no debe ser mínima sino nula. En cambio, la autoridad es necesaria (la verdadera, que es moral, por tanto, contraria a la violencia), y no tenemos prejuicios en cuanto al tamaño del Estado en tanto no sea coactivo, y no pretenda "organizar" a la sociedad haciendo uso de la violencia, imponiendo una construcción social racionalista por sobre las leyes naturales. Parto, pues, de algo evidente: el cosmos está ordenado, por leyes naturales anteriores al descubrimiento, anteriores a la razón humana. Y estas leyes ocurren "necesariamente", nos guste o no, y espontáneamente, las esperemos o no. Y la dirección de estas leyes es (el bien) el crecimiento de la naturaleza.
Los fundamentos Inmerso en el orden natural está el ser humano que tiene una naturaleza social, basada en el principio natural de crecimiento, de supervivencia (1). Entonces, las personas necesitan que las sociedades crezcan, se perfeccionen. Se trata de la vida y de servir, y esto es amar (2). Así, existe un 'orden natural social' que funcionará en tanto no sea interferido, por ejemplo, por el uso de la violencia coercitiva que es contraria al orden natural según Santo Tomás (3), que lo toma de Aristóteles. Etienne Gilson asegura que para el Aquinate "Lo natural y lo violento se excluyen, pues, recíprocamente, y no se concibe que algo posea simultáneamente uno y otro de estos caracteres" (4). Este orden, en alguna medida, fue descrito por autores como Adam Smith, que había encontrado que algo 'natural' (la 'mano invisible'), conducía a la sociedad, de suyo, hacia el progreso. Entonces, las relaciones entre las personas tienen una naturaleza que debe respetarse. Y en esto, va la moral y la ética, que son las reglas que, acorde con el orden natural, conducen al ser humano hacia su propio bien. Así, el hombre necesita rechazar la violencia, y basar su acción en la cooperación y el servicio voluntarios. No es cierto que los seres humanos en general, como personas únicas, sean egocéntricos por naturaleza o tiendan a su destrucción. La voluntad tiende naturalmente al bien. Según el Doctor de Aquino el hombre es dueño de sus actos en virtud de la razón y de la voluntad, de la voluntad deliberada cuyo objeto propio es el fin y el bien (5). Y agrega: "Todo agente obra necesariamente por un fin..."(6), y más adelante: "En cuanto a la razón del último fin, todos están acordes en desearlo, porque todos quisieran consumar su perfección, que es la noción verdadera del fin último..."(7). De modo que, el hombre, si bien es imperfecto, tendrá, como género humano, una clara tendencia hacia la cooperación y el servicio para la vida, que será el modo natural, 'normal' en las relaciones sociales (8). Aunque fuera en negativo, es decir, las sociedades compuestas por personas que no tengan esta tendencia natural hacia la cooperación y el servicio (hacia la moral, en definitiva) desaparecerían y, con ellas, esta tendencia negativa. Aquí se impone una precisión. El orden natural prevé una evolución, un crecimiento hacia la perfección y, en la perfección (a la que nunca llegaremos en la tierra), el hombre no será violento. Si, aun siendo que los hombres somos tan violentos y que tan frecuente y profundamente actuamos desconociendo el orden natural, la civilización progresa, es porque metafísicamente el mal, en cuanto tal, no existe. De modo que, en rigor, cuando actuamos contra las leyes del orden natural, en realidad, no lo estamos violando (no podríamos violar lo que nos supera). Lo que hacemos es perder nuestro tiempo en acciones que no ayudan a desarrollar la vida. Es decir, el accionar (individual) de la persona en una sociedad, con ausencia de coerción institucional, en donde impera el orden natural, terminará produciendo un resultado positivo para la sociedad. En la medida en que la acción del individuo sea mala (entonces, no existe), el orden natural social se encargará de que no quede 'registrada'. Y, en cambio, 'registrará' aquello de bueno que pudiera tener. Si mi acción consiste en fundar una empresa y es buena, es decir, está dedicada al servicio de la gente, será exitosa (dentro del mercado natural). Si mi acción es mala, es decir, que la empresa no está dedicada al servicio, quebrará y mi acción desaparecerá rápidamente. Como consecuencia directa, el hombre necesariamente progresará, porque lo malo desaparecerá y lo bueno irá 'quedando y sumando'. Para no progresar deberíamos no respetar en absoluto al orden natural, lo que es un absurdo metafísico. Así, el orden natural tiene previsto 'controlar' las situaciones violentas (al no permitir que crezcan, consecuentemente, desaparecen), de modo que, un control coercitivo de la violencia es un contrasentido que interfiere en este proceso de 'autocontrol', prolongando la duración del mal y ahondando su efecto (de hecho, en sí mismo es un mal). Por caso, normalmente un comerciante no utiliza la fuerza para obligarlo a comprarle, en cambio, intenta incentivarlo, ofreciéndole aquello que Usted prefiere. Intenta servirlo. En contraposición, el gobierno, cuando está basado en la coerción, le dice, por ejemplo, que Usted tiene que tener una jubilación. Y, si no la paga, lo envía al juez para que éste le envíe a la policía de modo que, por la fuerza, pague. Así la eficiencia, necesariamente, implica que las relaciones sean voluntarias. Primero, porque nadie descarta ningún valor (hasta cuando se da por caridad se presume que será utilizado eficientemente). En consecuencia, la gente, pudiendo elegir seleccionará al mejor incentivando a la eficiencia. Segundo, porque lo mejor (y la eficiencia) para una persona es algo subjetivo, de dos modos. En cuanto a su subjetividad interior y en cuanto a su subjetividad 'ambiental'. Se podrá decir que una persona podría preferir, egoístamente, cosas que la dañen a ella y a terceros. Pero (más allá de que resulta temerario el que un tercero juzgue el egoísmo de otra persona), como su mala acción violará al orden natural, será fuertemente impelido a corregirla (si no duerme estará tan cansado que, finalmente, se dormirá sin pretenderlo). Pero, si aún así, persiste en su mala acción, se auto eliminará y sus malas acciones con él desaparecerán (si continúa sin dormir, finalmente, morirá). El colorario es que, en tanto la persona actúe voluntariamente, finalmente, prevalecerá el bien. Pero, de aquí a que los hombres seamos perfectamente no violentos, de modo que no interfiramos en absoluto el orden natural y, consecuentemente, éste se desarrolle en plenitud, y consigamos la perfección, esto supone, como dije, que somos perfectos de inicio (perfectamente no violentos) lo que es falso. De modo que difícil es llegar a la perfección, pero pretender que, por difícil que es ser perfectamente no violentos, debemos ser coercionados para intentar inhibir nuestros impulsos violentos, es el mejor modo de interrumpir el proceso evolutivo del orden natural.
La Autoridad (El liderazgo) Santo Tomás, describe al gobierno del mundo (9). Agregando que "...por lo que hace a lo esencial del gobierno, Dios gobierna inmediatamente todas las cosas; pero en lo concerniente a la ejecución de este gobierno, Dios gobierna algunas cosas por otras intermedias... Por consiguiente, conviene decir que Dios tiene lo esencial del gobierno, aun de las cosas particulares más insignificantes... "(10). El orden natural implica movimiento (una evolución hacia el bien, no del orden sino de la persona); y el movimiento implica dirección (autoridad), si es ordenado. Luego, Dios tiene lo 'esencial' del gobierno del universo en forma 'inmediata', "aun de las cosas particulares más insignificantes". Además, existe autoridad terrenal por cuanto "Dios gobierna algunas cosas por otras intermedias". Pero no delega lo esencial, sólo lo 'formal'. Ahora, la 'forma' del hombre, es el alma intelectiva, la razón natural. Así, Dios delega el gobierno en el alma intelectiva, pero no delega lo esencial que pasa por la Providencia. Como la Providencia se manifiesta a través de la razón natural, en función exclusiva del libre albedrío, para que exista gobierno verdaderamente de Dios, 'delegado', respetando el orden natural, debe darse de modo exclusivo y excluyente en función y para el desarrollo del libre albedrío. Lo contrario supone una violación de la naturaleza social del hombre (11). Remarco, la imperancia real y efectiva del orden natural supone que cada persona adhiere, por propia y personal decisión y en cada acto, a la ley, a cada ley. Esto no supone (se opone) la 'libertad individual' del racionalismo que niega un orden natural preexistente. Pero sí supone, de modo radical, la inexistencia de la violencia (coerción), como método de 'gobierno' u 'organización'. Los gobernantes terrenales son 'intermediarios', que nada tienen que decir en cuanto al diseño (nada tienen que planificar) del orden natural que es anterior a la razón humana. La necesidad natural de la autoridad es sencilla de visualizar. Por caso, como todos tenemos ideas diferentes (somos personas distintas), pero al mismo tiempo nos urge ser sociales, necesitamos, frente a diferentes opiniones, alguien que, finalmente, decida el camino a seguir. Si decidimos seguir uno en conjunto ya que, si bien, debido a nuestra naturaleza social, en algún momento deberíamos hacerlo, nuestro libre albedrío y la imposibilidad de asociarnos con todos, nos obligan a decidir cuándo y con quienes. Sabemos que la voluntad está necesariamente dirigida al bien y es, propiamente, la acción humana. Esto implica autoridad porque, es de suyo, en la naturaleza de las cosas, que la acción tenga una dirección. Y esto hace a la eficiencia. En términos peyorativos: dejando de lado el caso de actitudes altruistas, toda acción humana está dirigida a mejorar la situación del sujeto actuante (se trabaja para ganar más dinero, se hacen ejercicios para mejorar la formación física, etc.); ahora, mejorar supone algo (superior) que el sujeto no tenía, por lo tanto, supone que alguna 'autoridad' (superior) le indicará que tal acción (que 'no tenía', que desconoce) lo conducirá a una situación mejor (12). Así, la autoridad supone una reunión voluntaria (natural) de personas, para potenciarse. Además, no existe delegación de nada (salvo de Dios en la persona humana). En otras palabras, la autoridad, la sociedad, si bien es anterior al hombre (individual), en cuanto que es de orden natural, surge de manera inexcusable de la persona y no a la inversa. La sociedad no es imponible (esto contradeciría al orden natural que dice, precisamente, que la sociedad es anterior a cualquier imposición), es decir, que la iniciativa será siempre de la persona y nunca podrá ser delegada. Finalmente, la ley (direcitivas) de la autoridad terrenal, de ningún modo pretende suplantar, ni copiar, ni reforzar, ni mucho menos, al orden natural. La ley humana no es más que un intento 'artificial' (no esencial) de provocar que la asociación (aunque, en algún momento, necesaria) siempre voluntaria sea lo más eficiente posible. José Miguel Ibáñez Langlois, afirma que "el Estado tiene necesariamente en nuestra condición caída un poder coactivo y penal contra los infractores del derecho" (13). Pero, por un lado, justamente "si la autoridad viene de Dios" no puede ser coactiva en el sentido de la violencia porque iría contra la esencia del Absoluto y contra la libertad que Él mismo creó. Imponerle coactivamente la sociedad al hombre significaría destruir su naturaleza social real, enfatizado por Ibáñez Langlois: "'Habrá que condenar con el mismo vigor... toda forma de violencia constituida en sistema de gobierno' (Libertatis conscientia, 76)"(14). Finalmente, acierta al afirmar que "Es por eso que la Iglesia, no obstante la inercia del pecado, no lo considera una fatalidad personal ni social, y no cesa de anunciar proféticamente el 'deber ser' de la sociedad humana..."(15), que, sin duda, implica negar la violencia. Insisto, el 'deber ser' no es sino el respeto al orden natural, el reconocimiento de la existencia de un orden 'perfecto' anterior al hombre (formulado por Dios). Por otro lado, afirmar que la violencia es necesaria porque, de otro modo, la autoridad sería ilusoria, significa lo mismo que afirmar que la autoridad moral no tiene suficiente poder, es decir que, en definitiva, no existe realmente. Lo que equivale a afirmar que la moral es cuento. La autoridad moral tiene la mayor fuerza que existe en el cosmos, que proviene de la Providencia, que llevará al ser humano, de modo necesario, hacia el Absoluto. La concepción coactiva de la 'autoridad' es, sin duda, materialista. Cree que la decisión de dirigir una cosa tiene, necesariamente, un principio físico. De hecho, para ejercer la 'autoridad' coactiva es necesario el poder de policía, es decir, armas, materia pura. Cuando el orden natural (la fe mueve montañas, y sí que las mueve) plantea lo opuesto: la autoridad es, esencialmente y definitivamente, moral. Como ya habían descubierto los griegos, finalmente, el mundo está gobernado por fuerzas no materiales: todos los imperios militares han caído (y caerán los contemporáneos) mientras que durante dos mil años, la Iglesia, sin armas, ha sido la institución de mayor influencia en Occidente. La moral es la adecuación al orden natural (y esto hace a la eficiencia), y todos queremos conseguir la perfección (el último fin, el bien) que es la propuesta de la Providencia. De modo que seguiremos, de muy buen grado, a quién mejor nos conduzca hacia y dentro del orden natural, quién tenga más 'autoridad moral'. Veamos el supuesto poder real de la violencia. Las leyes coercitivas de los Estados son violadas permanentemente y muchos obtienen ganancias de ello. Se dirá que, si existiera la autoridad moral y, por ejemplo, decidiera cobrar impuestos, un gran porcentaje no pagaría. Me pregunto ¿cuántos pagan hoy? (16). Cuanto más aumentan los impuestos coercitivos, menos gente paga. En cambio, todos realizamos nuestros actos vitales más importantes por razones morales: asistimos a la Santa Misa porque lo deseamos según el dictado moral de la Iglesia, cuidamos de nuestra familia porque la amamos. Está claro, pues, que las cosas más importantes de nuestras vidas, las más importantes acciones, las más importantes energías, recursos y movimientos, las realizamos por 'razones morales', a la vez que, por todos los medios, intentamos evitar las acciones que pretende imponer la violencia coercitiva. El principio metafísico está claro: la violencia es extrínseca al hombre y contraria a su naturaleza y voluntad, es contraria a la vida, de modo que, no sólo nunca tendrá efectividad real (sería un contrasentido) sobre la vida, sino que la destruirá. La moral, en cambio, implica, precisamente, el crecimiento y desarrollo de la vida, el poder sobre la vida, la efectividad real y concreta. No se trata de dejar a la sociedad 'a la deriva', desorganizada, sin autoridad, sino lo contrario. Se trata de desenmascarar a la falsa 'autoridad', que destruye a la verdadera. La 'autoridad' coercitiva está hecha, precisamente, para violar el orden natural, por cuanto está hecha para forzar, precisamente, a aquellas personas que no pensaban actuar de ese modo, en uso de su libre albedrío, de su conciencia moral (del orden natural). Así, si la autoridad es moral, quien no deba pagar impuestos porque hacerlo significaría dejar de alimentar a su familia, no lo hará.
El Mercado natural (17). Económicas, en rigor, son todas las relaciones humanas dado que, aún aquéllas no pensadas en términos materiales, tienen consecuencias de esta índole: cuando se visita a un amigo, por caso, no se lo hace por "razones comerciales", sin embargo, se consume transporte y otros bienes y servicios. A este aspecto, entonces, del orden natural social lo llamaremos mercado natural o simplemente mercado, que no es el mercado libre del liberalismo, porque supone la existencia de autoridad moral, pero si coincide en que la "autoridad coactiva" es destructiva. Así, el mercado natural responde a las leyes del cosmos es, insisto, el orden natural, consecuentemente, está, necesariamente, dirigido al bien (a la perfección), es ordenado por excelencia, y sus leyes ocurren espontánea pero inevitablemente, necesariamente (y, respetando el libre albedrío) y demás características. Esto implica que existirá, aun cuando, el hombre pretenda ignorarlo. Existe, pues, una diferencia metafísica sustancial entre el mercado natural y el 'mercado clásico' que es la idea hoy preponderante, o el 'mercado libre'. El primero, supone la existencia de autoridad moral, entre otras cosas, por cuanto el valor, en última instancia, es un hecho objetivo que responde al orden natural, ya que si alguien valora el arsénico como alimento (algo contrario a la naturaleza), por caso, terminará desapareciendo y con él este "valor subjetivo". En tanto que los segundos suponen que 'cada uno hace lo que quiere', suponen la búsqueda del bien material, consecuentemente, "independiente de la moral" y, de este modo, pueden explicar, relativamente, la eficiencia de la economía. Pero no pueden explicar, por ejemplo, el hecho de que la Biblia sea el libro más vendido de la historia. El 'mercado clásico' es capaz de explicar, relativamente, el mejor modo de 'desarrollo', pero no puede explicar su principio y su fin. Así la autoridad 'no existe' porque ésta interesa sólo cuando hay un fin adonde conducir. Israel M. Kirzner, de la Escuela Austríaca, afirma que "La teoría del mercado... se basa en la intuición fundamental de que los fenómenos del mercado se pueden 'comprender' como manifestaciones de relaciones sistemáticas" (18). Reconoce que el mercado no es una situación caótica, sino que 'intuye' que existen relaciones sistemáticas. Así, en lugar de 'crear un orden' ('planificar') que suplante el 'caos' a través de la razón humana, tiene algún respeto por el orden natural anterior al hombre. Pero Kirzner avanza más y 'descubre' que el mercado no es una situación estática, de equilibrio, sino un 'proceso creativo', como el orden natural que, precisamente, es un ordenamiento de la naturaleza en "orden" a su creación. Kirzner 'intuye' que, además, estos 'fenómenos sistemáticos' conllevan creatividad. Pero, para llegar al mercado natural, necesitaría desembarazarse de su racionalismo, que le impide ver que el mercado natural no es un 'proceso sistemático creativo', sino bastante más, es un orden que de suyo (con su propia fuerza, de la Providencia) conduce al hombre, a la sociedad, hacia el bien, la perfección. Y ésta conducción, supone, de suyo, la existencia de una autoridad (moral). Así, la Biblia es el libro más vendido de la historia porque la máxima autoridad moral hoy es la Iglesia y ha declarado que las Sagradas Escrituras conforman el libro por excelencia. Cuando el Estado planifica de modo racionalista, por caso, impone coercitivamente cargas tributarias, supone que conoce las infinitas variables que ocurren (ocurrirán) en la sociedad. Luego, sucede que un padre tiene que sacar dinero de la comida de sus hijos para pagar. En la sociedad natural la Providencia se manifestará de modo principal con anterioridad a la razón humana. Así, no tiene sentido la planificación racionalista, ni la social ni la individual, a partir del cerebro de uno o muchos individuos. Cuando un funcionario estatal planifica el futuro, es seguro que, en alguna medida, errará. Si no impone por la fuerza su 'planificación', nada malo ocurrirá porque el mercado natural, la gente, irá acomodándose voluntariamente a la realidad 'en tiempo real' (si el padre de familia no tiene con qué pagar impuestos, no paga y los hijos comen). El problema surge cuando al Estado se le ocurre imponer violentamente su planificación que, como es errada, provocará que la sociedad yerre en su accionar. El padre deberá pagar impuestos, y subalimentar a sus hijos, o ir preso. A veces se justifica la planificación coactiva, ejercida sobre las personas, con el argumento de que la sociedad (consecuentemente, la 'autoridad' que la representa), tiene obligación de defender el bien común (19). Esto constituye una interpretación hegeliana del bien común natural. Y, por cierto, para poder ejercer semejante principio, deben basarse en el antinatural concepto de 'violencia justa'.
Conferencia pronunciada en la Sociedad Tomista Argentina en septiembre de 2005.
NOTAS (1) Ver Catecismo de la Iglesia Católica (CIgC), n. 1879. (2) M. Scott Peck en 'La nueva psicología del amor' (Emecé Editores, Buenos Aires 1989, pp. 83-4-5) dice que amar es: "la voluntad de extender el sí mismo... con el fin de promover el crecimiento espiritual propio o de otra persona... supone esfuerzos... es un acto de la voluntad... implica elección... decidimos amar". El controvertido Erich Fromm asegura que: "(el amor) es el impulso más poderoso que existe en el hombre: Constituye..., la fuerza que sostiene a la raza humana, al clan, a la familia y a la sociedad... Sin amor, la humanidad no podría existir un día más", 'El Arte de Amar', Editorial Paidós, Buenos Aires, 1966, pp. 30. (3) "La violencia se opone directamente a lo voluntario como también a lo natural, por cuanto es común a lo voluntario y a lo natural el que uno y otro vengan de un principio intrínseco, y lo violento emana de principio extrínseco", S.Th., I-II, q. 6, a. 5. "...la definición de la violencia y de la coacción: hay violencia siempre que la causa que obliga a los seres a hacer lo que hacen es exterior a ellos; y no hay violencia desde el momento que la causa es interior", 'La Gran Moral', I, XIII (en Aristóteles, 'Moral', Espasa-Calpe Argentina SA, Buenos Aires 1945, p. 46). Algunos consideran apócrifa a La Gran Moral, en cualquier caso, este párrafo es bien aristotélico. (4) 'El tomismo', Segunda Parte, Capítulo VIII, EUNSA, Pamplona 1989, p. 438. (5) "... y es dueño el hombre de sus actos en virtud de la razón y de la voluntad, por lo cual se dice que el libre albedrío es facultad de voluntad y de razón... Es evidente que toda acción procedente de alguna potencia es causada por ésta en conformidad con su objeto propio. El objeto propio de la voluntad es el fin y el bien; por consiguiente, todas las acciones humanas, necesariamente, se ordenan a su fin", Santo Tomás, S.Th., I-II, q. 1, a. 1. (6) S.Th., I-II, q. 1, a. 2. (7) Ibid, I-II, q. 1, a. 7. "Si el fin atrae es precisamente porque es bueno, y porque... puede perfeccionar a otros: esta es la raíz de su apetibilidad, lo que hace que se desencadene la actividad del agente que va en pos de su propia perfección... ", Tomás Alvira, Luís Clavell, Tomás Melendo, 'Metafísica', EUNSA, Pamplona 1986, pp. 220 y 226. (8) Algunos aseguran que, al ser el hombre pecador, se justifica el empleo de la coerción o coacción (violencia) de modo de corregir o contener, su 'natural tendencia pecadora'. El hecho de que el hombre sea imperfecto y tenga, inevitablemente, un lado 'oscuro' que en algún momento lo hará pecar, no autoriza a violar a la naturaleza. Es decir, al utilizar la violencia, lo que hacemos es violar el orden natural. El CIgC (n. 420) no deja dudas: "La victoria sobre el pecado obtenida por Cristo nos ha dado bienes mejores que los que nos quitó el pecado: 'Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia' (Rm 5, 20)". El hombre "...pecador y sin gracia, siguió destinado a la gloria...", escribió Emilio Sauras O.P. en 'El Sacrificio de la Misa', Ediciones Palabra, Madrid 1980, p. 116. (9) "... vemos que en las cosas naturales... se realiza lo mejor, lo cual no sucedería si no hubiese una providencia que las dirigiese al bien como a un fin, lo que es gobernar. ... por consiguiente, así como pertenece a la bondad divina producir todas las cosas, de igual manera le es propio conducirlas a un fin, que es lo que se llama gobernar", santo Tomás de Aquino, S.Th., I, q. 103, a. 1. Providencia puede parecer un término demasiado 'teológico', pero esta palabra podría (eventualmente) sustituirse con cualquier fuerza 'natural' que nos impulsara, de suyo, a favor de la vida, la supervivencia, el amor (Erich Fromm llamaría Amor a la Providencia, ver nota 2; y Adam Smith la llamaría 'la mano invisible'). Según el Aquinate "El (Dios) es quién así las ordena (a las cosas); y precisamente en esa ordenación, que es la razón del orden de las cosas, consiste la Providencia" (S.Th., I, q. 22, a. 1). (10) S.Th., I, q. 103, a. 6. (11) "La libertad del hombre y la ley de Dios se encuentran y están llamadas a compenetrarse entre sí, en el sentido de la libre obediencia del hombre a Dios y de la gratuita benevolencia de Dios al hombre." Juan Pablo II, Encíclica 'Veritatis Splendor', Roma 1993, nn. 41 y 44. (12) En este caso "Nuestros actos, al someterse a la ley común, edifican la verdadera comunión de las personas y, con la gracia de Dios, ejercen la caridad, 'que es el vínculo de la perfección' (Col 3, 14)", Juan Pablo II, Encíclica 'Veritatis Splendor', Roma 1993, n. 51. (13) 'Doctrina Social de la Iglesia', Ed. Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile, 1988, p. 60. (14) Ibíd., p. 220. (15) Ibíd., p. 72. (16) Se calcula que la 'evasión fiscal' supera el 40%. (17) "Abolido el cambio mutuo de productos, la sociedad sería imposible, y viviríamos todos inquietos, congojosos... ¿Por qué pues ha sido constituida la sociedad, sino porque no bastándose uno a sí mismo para procurarse los elementos necesarios de la vida pudiéramos suplir la escasez con el recíproco cambio de lo que cada cual tuviese y le sobrase?", asegura el jesuita Juan de Mariana, escolástico español, en 'Del Rey y de la Institución Real', en Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, Atlas, 1950, vol. 31, p. 560. Existe la equivocada idea, de que la moderna teoría del mercado fue desarrollada a partir de la escuela escocesa liderada por Adam Smith. Por el contrario, "En varios sentidos... Adam Smith desvió la economía de su recto camino, el representado por la tradición continental iniciada en los escolásticos medievales y tardíos, y continuada por los escritores franceses e italianos del siglo XVIII", asegura Murray N. Rothbard ('Historia del Pensamiento Económico', Unión Editorial, Madrid 1999, p. 404). Es indudable que un grupo de destacados tomistas, en su mayoría jesuitas y algunos dominicos, gran parte de ellos profesores de Moral y Teología en la Universidad de Salamanca, tuvieron mucho que ver en un desarrollo serio y sistemático de la teoría del mercado. "Tengo una carta de Hayek (premio Nóbel, liberal)... en donde... Dice que Rothbard y Marjorie Grice-Hutchinson 'demuestran que los principios básicos de la teoría del mercado... fueron establecidos por los escolásticos españoles del siglo XVI y que el liberalismo económico no fue diseñado por los Calvinistas sino por los jesuitas españoles", asegura Jesús Huerta de Soto (Austrian Economic Newsletter, Summmer 1997, Vol. 17, n. 2, Auburn, Alabama, p. 3.). Por el nivel intelectual, el prestigio dentro de la Iglesia (dos de estos escolásticos fueron san Bernardino de Siena y san Antonino de Florencia), puede decirse que éste fue, hasta hoy, el intento más serio y más válido, dentro de la Iglesia Católica, en el estudio de la economía. (18) 'Competencia y Empresarialidad', Unión Editorial, Madrid 1998, p. 17. (19) Juan Pablo II denuncia que: "Para algunos,... sería recto el comportamiento capaz de 'maximalizar' los bienes y 'minimizar' los males... Este 'teleologismo'... puede, entonces, ser llamado... 'consecuencialismo' o 'proporcionalismo'... De este modo, un acto que, oponiéndose a normas universales negativas viola directamente bienes considerados como pre-morales, podría ser cualificado como moralmente admisible si la intención del sujeto se concentra... sobre el valor moral reputado decisivo en la circunstancia.. El no poder aceptar las teorías de las teorías 'teleológicas', 'consecuencialistas' y 'proporcionalistas'... que niegan la existencia de normas morales... que son válidas sin excepción, halla una confirmación particularmente elocuente en el hecho del martirio cristiano", Encíclica 'Veritatis Splendor', Roma 1993, nn. 74-5 y 90.
Ingeniería social y sociologíaPor Alberto Benegas Lynch (h)
El orden natural muestra que el respeto a las conductas no agresivas de las personas permite que éstas busquen los caminos de sus preferencias. Por tanto, las normas consistentes con aquel orden natural apuntan a restringir acciones agresivas y hacen posible la convivencia civilizada. La libertad permite que cada uno asuma la responsabilidad por sus actos. A su vez, las antedichas normas surgen de un proceso evolutivo de descubrimiento que permite el máximo campo de acción a la creatividad individual.
Los ingenieros sociales, en cambio, pretenden diseñar al ser humano y forzar los actos en dirección a lo que ellos consideran es conveniente según sus particulares juicios de valor. En gran medida esto es así debido a lo que Comte bautizó como “sociología”, la cual trata a la sociedad antropomórficamente como si fuera una persona que actúa, decide, piensa y siente. Ortega y Gasset dice, “Hoy se divisa lo colectivo. Desde hace ciento cincuenta años se han cometido no pocas ligerezas en torno a esta cuestión; se juega frívolamente, confusamente, con las ideas de lo colectivo, lo social, el espíritu nacional, la clase, la raza... pero en el juego las cañas se han ido volviendo lanzas. Tal vez, la mayor porción de las angustias que hoy pasa la humanidad provienen de él”. Saint-Simon habla de “una dirección única de la sociedad”, Comte afirma que la sociedad implica “una acción general y organizada centralmente”, Durkheim explica que se trata de mover “voluntades hacia un mismo objetivo” y que el individualismo crea anomia, Hegel afirma que “el Estado es la voluntad divina”, que “el Estado debe tomar bajo su protección a la verdad objetiva”, que “todo debe estar subordinado a los intereses elevados del Estado” y que las fuerzas individuales son siempre “presas de una furia destructiva” y Marx la emprende contra “los derechos del miembro de la sociedad civil”.
Hayek sostiene que, en última instancia, la sociedad es “una cómoda expresión a la que se recurre cuando no se sabe muy bien de lo que se está hablando” y también afirma que “aun cuando sea tan equívoco el sustantivo ‘sociedad’, mucho más lo es el adjetivo ‘social’, que probablemente se ha convertido en la principal fuente de confusión de nuestro vocabulario moral y político” e insiste que el adjetivo social aplicado a cualquier sustantivo lo convierte en su antónimo (tal vez los casos más claros son el de constitucionalismo social, democracia social, justicia social, solidaridad social y derechos sociales), por eso es que concluye que “lo ‘social’ debería más bien tildarse de antisocial”.
Lorenzo Infantino –que nos ha inspirado para escribir esta nota– explica que en una sociedad pluralista los propósitos de las diversas personas son muy distintos. No hay un objetivo común y es forzar la mano y torcer las voluntades el imponer y diseñar objetivos desde el vértice del poder. Infantino señala que la contracara de la ingeniería social está representada principalmente por Mandeville, la Escuela Escocesa (Adam Smith, Ferguson y Hume) y por la Escuela Austriaca (Menger, Böhm-Bawerk, Mises y Hayek).
La planificación y los sistemas autoritarios surgen directamente de aquellas concepciones atrabiliarias que pretenden manejar al individuo como carente de motivaciones personales y que debe doblegarse ante “la voluntad de la sociedad” representada por el aparato estatal que debe segregar a los “desajustados sociales”, por no aceptar los objetivos que elaboran en detalle los mandones de turno.
Se ha repetido hasta el hartazgo que deben primar los intereses generales sobre los intereses particulares, como si se pudiera disociar el interés de la persona y las normas que establecen el respeto recíproco. Sin duda, que si se entiende por interés personal la destrucción de los intereses legítimos de terceros, aparece aquí una incompatibilidad manifiesta. Pero, en el contexto del liberalismo clásico, el derecho no es nunca contra el derecho, la cooperación entre las personas se basa en marcos institucionales sustentados en valores comunes.
La sociología no siempre ha tenido el historial que comentamos. Ludwig von Mises usó el término antes de recurrir a “praxeología” como ciencia de la acción humana. Georg Simmel y Max Weber la utilizaron también en un sentido distinto de la ingeniería social. Weber escribió “Economía y Sociedad” cuyo subtítulo es “Esbozo de sociología comprensiva” (un “esbozo” de 1200 páginas) donde destaca muchos aspectos interesantes de la economía que, dicho sea de paso, resulta en general antitética al sociólogo puesto que aquélla alude a órdenes espontáneos mientras que ésta se ha popularizado como un campo de estudio consustancial al dirigismo y al paternalismo estatal.
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