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29 februari ZS080229 (c)
INFORME
ESPECIAL
Informe Especial Cómo se ha vaciado a la muerte de significado: sufrir en un tiempo sin Dios Intervención
del teólogo estadounidense Joseph Capizzi Profesor de Teología Moral de la Universidad Católica de América en Washington, Capizzi intervino en el congreso internacional de la Academia Pontificia para la Vida titulado «Junto al enfermo incurable y al moribundo: orientaciones éticas y operativas», celebrado del 25 al 26 de febrero. Capizzi habló del desafío que afrontan los creyentes cristianos cuando encuentran una visión sin fe del sufrimiento y la muerte, formada por la primacía de la mente humana en el cosmos. En su ponencia, Capizzi bosquejó el reciente trabajo del filósofo Charles Taylor en su nuevo libro «The Secular Age», subrayando dos mundos muy diferentes y el modo en que la gente de los mismos ve los últimos interrogantes de la vida, muerte y sufrimiento. El primero, el «mundo desencantado», Capizzi lo describió como el mundo occidental contemporáneo, que caracterizó como «un mundo donde el locus de los pensamientos y los sentimientos está en lo que los filósofos llaman "mentes", y las únicas mentes en el cosmos son las humanas». Todos los pensamientos
y sentimientos, añadió, «están ubicados dentro de las mentes humanas. Esto
significa que todos nuestros pensamientos, percepciones y creencias sobre el
mundo emergen de nuestro interior, y por lo tanto cualquier cosa que esté fuera
de nosotros es meramente la consecuencia de los pensamientos particulares y las
creencias que tenemos». «Por tanto --añadió--, el pueblo ordinario vivía en un mundo de buenos y malos espíritus. Por supuesto estaba Dios, residiendo arriba e interviniendo cuando era necesario, pero además estaban los santos a quienes uno rezaba para tener auxilio y protección. La mortalidad se hacía explicable por la noción de una edad más allá de la nuestra; del vivir eternamente con Dios y los santos. Esto hacía a la muerte simplemente una etapa de la vida». «Con el tiempo --explicó
el teólogo estadounidense-- la visión del mundo encantada acabó en desencanto,
y acompañando a esto estaba el paso desde las fuentes externas de significado
hacia la ascendencia de uno mismo, la única fuente de todo significado. La
mente humana triunfa a expensas de la divina». «Cuando los fundamentos del creer han sido tan cambiados, es adecuado hablar de la muerte de Dios, ¿cómo pueden las doctrinas morales que dependen de Dios mismo tener y dar vida? En este sentido, concluyó Capizzi, uno comprende el comentario de Viktor Frankl , (1905-1997) psiquiatra austríaco, fundador de la Logoterapia, según el cual, «el hombre no es destruido por el sufrimiento sino por el sufrimiento sin significado» «Una época secularizada
teme a la muerte y emplea muchos de sus recursos contra ella porque la muerte
ha dejado de tener significado», aclara. «Tal perspectiva también cambia la naturaleza de lo que la gente considera que es racional. La racionalidad ahora excluye el creer, haciendo la recuperación del mundo encantado cada vez más difícil», añadió. «Benedicto XVI y el Papa Juan Pablo II han subrayado la relación entre fe y razón --añadió--. Aunque ahora es nuevo, los estudiosos del pasado, como Santo Tomás de Aquino y el cardenal John Henry Newman comprendieron bien que la racionalidad exige creer». Por Carrie Gress, traducido del inglés por Nieves San Martín
No virus found in this outgoing message. No virus found in this outgoing message. ZS080229 (e)ESPIRITUALIDAD
«De toda palabra inútil...»: II Meditación de Cuaresma al Papa y a la Curia Del
padre Raniero Cantalamessa,
O.F.M. Cap., Ante el Papa, el padre Raniero Cantalamessa O.F.M. Cap. ha pronunciado este viernes la segunda de ellas, cuyo contenido ofrecemos íntegramente. La primera predicación se publicó en Zenit el pasado 22 de febrero. * * *
Cuaresma 2008 en la Casa Pontificia Segunda Predicación
«DE TODA PALABRA INÚTIL» Hablar «como con palabras de Dios»
P. Raniero Cantalamessa O.F.M. Ca.p 1. Del Jesús que predica al Cristo predicado En la segunda carta a los Corintios --que es, por excelencia, la carta dedicada al ministerio de la predicación--, san Pablo escribe estas palabras programáticas: «No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor» (2 Co 4,5). A los mismos fieles de Corinto, en una carta precedente, había escrito: «Nosotros predicamos a Cristo crucificado» (1 Co 1,23). Cuando el Apóstol quiere abrazar con una sola palabra el contenido de la predicación cristiana, ¡esta palabra es siempre la persona de Jesucristo! En estas afirmaciones Jesús ya no es contemplado --como ocurría en los evangelios-- en su calidad de anunciador, sino en su calidad de anunciado. Paralelamente, vemos que la expresión «Evangelio de Jesús» adquiere un nuevo significado, sin perder en cambio el antiguo; del significado de «gozoso anuncio traído por Jesús (¡Jesús sujeto!)», se pasa al significado de «gozoso anuncio sobre Jesús» (¡Jesús objeto!). Éste es el significado que la palabra evangelio tiene en el solemne inicio de la carta a los Romanos. «Pablo, siervo de Cristo Jesús, apóstol por vocación, escogido para el Evangelio de Dios, que había ya prometido por medio de sus profetas en la Escrituras Sagradas, acerca de su Hijo, nacido del linaje de David según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos, Jesucristo Señor nuestro» (Rm 1,1-3). En esta meditación nos concentramos en «La Palabra de Dios en la misión de la Iglesia». Es el tema del que se ocupa el tercer capítulo de los Lineamenta del Sínodo de los Obispos, que evidencia de aquél sus diversos aspectos y ámbitos de actuación según el siguiente esquema: La misión de la Iglesia es proclamar a Cristo, la Palabra de Dios hecha carne.
a - Con el pueblo judío La Palabra de Dios,
fermento de las culturas modernas. Me limito a tratar un punto particular y bastante concentrado; sin embargo, considero que influye en la calidad y en la eficacia del anuncio de la Iglesia en todas sus expresiones. 2. Palabras «inútiles» y palabras «eficaces» En el evangelio de Mateo, en el contexto del discurso sobre las palabras que revelan el corazón, se refiere una palabra de Jesús que ha hecho temblar a los lectores del Evangelio de todos los tiempos: «Pero yo os digo que de toda palabra inútil que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio» (Mt 12,36). Siempre ha sido difícil explicar qué entendía Jesús por «palabra inútil». Cierta luz nos llega de otro pasaje del evangelio de Mateo (7,15-20), donde vuelve el mismo tema del árbol que se reconoce por los frutos y donde todo el discurso aparece dirigido a los falsos profetas: «Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis...». Si el dicho de Jesús tiene relación con lo de los falsos profetas, entonces podemos tal vez descubrir qué significa la palabra «inútil». El término original, traducido con «inútil», es argòn, que quiere decir «sin efecto» (a --privativo--; ergos --obra--). Algunas traducciones modernas, entre ellas la italiana de la CEI [Conferencia Episcopal italiana. Ndt], vinculan el término a «infundada», por lo tanto a un valor pasivo: palabra que carece de fundamento, o sea, calumnia. Es un intento de dar un sentido más tranquilizador a la amenaza de Jesús. ¡No hay nada, de hecho, particularmente inquietante si Jesús dice que de toda calumnia se debe dar cuentas a Dios! Pero el significado de argòn es más bien activo; quiere decir: palabra que no funda nada, que no produce nada: por lo tanto, vacía, estéril, sin eficacia [1]. En este sentido era más adecuada la antigua traducción de la Vulgata, verbum otiosum, palabra «ociosa», inútil, que por lo demás es la que se adopta también hoy en la mayoría de las traducciones. No es difícil intuir qué quiere decir Jesús si comparamos este adjetivo con el que, en la Biblia, caracteriza constantemente la palabra de Dios: el adjetivo energes, eficaz, que obra, que se sigue siempre de efecto (ergos) (el mismo adjetivo del que deriva la palabra «enérgico»). San Pablo, por ejemplo, escribe a los Tesalonicenses que, habiendo recibido la palabra divina de la predicación del Apóstol, la han acogido no como palabra de hombres, sino como lo que es verdaderamente, como «palabra de Dios que permanece operante (energeitai) en los creyentes» (Cf. 1 Ts 2,13). La oposición entre palabra de Dios y palabra de hombres se presenta aquí, implícitamente, como la oposición entre la palabra «que obra» y la palabra «que no obra», entre la palabra eficaz y la palabra vana e ineficaz. También en la carta a los Hebreos encontramos este concepto de la eficacia de la palabra divina: «Viva y eficaz es la Palabra de Dios» (Hb 4,12). Pero es un concepto que viene de lejos; en Isaías, Dios declara que la palabra que sale de su boca no vuelve a Él jamás «de vacío», sin haber realizado aquello para lo que fue enviada (v. Is 55,11). La palabra inútil, de la que los hombres tendrán que dar cuentas el día del Juicio, no es por lo tanto toda y cualquier palabra inútil; es la palabra inútil, vacía, pronunciada por aquél que debería en cambio pronunciar las «enérgicas» palabras de Dios. Es, en resumen, la palabra del falso profeta, que no recibe la palabra de Dios y sin embargo induce a los demás a creer que sea palabra de Dios. Ocurre exactamente al revés de lo que decía san Pablo: habiendo recibido una palabra humana, se la toma no por lo que es, sino por lo que no es, o sea, por palabra divina. ¡De toda palabra inútil sobre Dios el hombre tendrá que dar cuentas!: he aquí, por lo tanto, el sentido de la grave advertencia de Jesús. La palabra inútil es la falsificación de la palabra de Dios, es el parásito de la palabra de Dios. Se reconoce por los frutos que no produce, porque, por definición, es estéril, sin eficacia (se entiende, en el bien). Dios «vela sobre su palabra» (Cf. Jr 1,12), es celoso de ella y no puede permitir que el hombre se apropie del poder divino en ella contenido. El profeta Jeremías nos permite percibir, como en un altavoz, la advertencia que se oculta bajo esa palabra de Jesús. Se ve ya claro que se trata de los falsos profetas: «Así dice Yahveh Sebaot: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan. Os están embaucando. Os cuentan sus propias fantasías, no cosa de boca de Yahveh... Profeta que tenga un sueño, cuente un sueño, y el que tenga consigo mi palabra, que hable mi palabra fielmente. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano? --oráculo de Yahveh--. ¿No es así mi palabra, como el fuego, y como un martillo golpea la peña? Pues bien, aquí estoy yo contra los profetas --oráculo de Yahveh-- que se roban mis palabras el uno al otro» (Jr 23,16.28-31). 3. Quiénes son los falsos profetas Pero no estamos aquí para hacer una disquisición sobre los falsos profetas en la Biblia. Como siempre, es de nosotros de quienes se habla en la Biblia y a nosotros a quienes se habla. Esa palabra de Jesús no juzga el mundo, sino a la Iglesia; el mundo no será juzgado sobre las palabras inútiles (¡todas sus palabras, en el sentido antes descrito, son palabras inútiles!), sino que será juzgado, en todo caso, por no haber creído en Jesús (Cf. Jn 16,9). Los «hombres que deberán dar cuentas de toda palabra inútil» son los hombres de Iglesia; somos nosotros, los predicadores de la palabra de Dios. Los «falsos profetas» no son sólo los que de vez en cuando esparcen herejías; son también quienes «falsifican» la palabra de Dios. Es Pablo quien usa este término, sacándolo del lenguaje corriente; literalmente significa diluir la Palabra, como hacen los mesoneros fraudulentos, cuando rellenan con agua su vino (Cf. 2 Co 2,17;4,2). Los falsos profetas son aquellos que no presentan la palabra de Dios en su pureza, sino que la diluyen y la agotan en miles de palabras humanas que salen de su corazón. El falso profeta lo soy también yo cada vez que no me fío de la «debilidad», «necedad», pobreza y desnudez de la Palabra y la quiero revestir, y estimo el revestimiento más que la Palabra, y es más el tiempo que gasto con el revestimiento que el que empleo con la Palabra permaneciendo ante ella en oración, adorándola y empezándola a vivir en mí. Jesús, en Caná de Galilea, transformó el agua en vino, esto es, la letra muerta en el Espíritu que vivifica (así interpretan espiritualmente el hecho los Padres); los falsos profetas son aquellos que hacen todo lo contrario, o sea, que convierten el vino puro de la palabra de Dios en agua que no embriaga a nadie, en letra muerta, en vana charlatanería. Ellos, por lo bajo, se avergüenzan del Evangelio (Cf. Rm 1,16) y de las palabras de Jesús, porque son demasiado «duras» para el mundo, o demasiado pobres y desnudas para los doctos, y entonces intentan «aderezarlas» con las que Jeremías llamaba «fantasías de su corazón». San Pablo escribía a su discípulo Timoteo: «Procura cuidadosamente presentarte ante Dios como... fiel distribuidor de la Palabra de la verdad. Evita las palabrerías profanas, pues los que a ellas se dan crecerán cada vez más en impiedad» (2 Tm 2,15-16). Las palabrerías profanas son las que no tienen pertinencia con el proyecto de Dios, que no tienen que ver con la misión de la Iglesia. Demasiadas palabras humanas, demasiadas palabras inútiles, demasiados discursos, demasiados documentos. En la era de la comunicación de masa, la Iglesia corre el riesgo de hundirse también en la «paja» de las palabras inútiles, dichas sólo por hablar, escritas sólo porque hay revistas y periódicos que llenar. De este modo ofrecemos al mundo un óptimo pretexto para permanecer tranquilo en su descreimiento y en su pecado, Cuando escuchara la auténtica palabra de Dios, no sería tan fácil, para el incrédulo, arreglárselas diciendo (como hace a menudo, después de haber oído nuestras predicaciones): «¡Palabras, palabras, palabras!». San Pablo llama a las palabras de Dios «las armas de nuestro combate» y dice que sólo a ellas «da Dios la capacidad de arrasar fortalezas, deshacer sofismas y toda altanería que se subleva contra el conocimiento de Dios, y reducir a cautiverio todo entendimiento para obediencia de Cristo» (2 Co 10,3-5). La humanidad está enferma de ruido, decía el filósofo Kierkegaard; es necesario «convocar un ayuno», pero un ayuno de palabras; alguien tiene que gritar, como hizo un día Moisés: «Calla y escucha, Israel» (Dt 27,9). El Santo Padre nos ha recordado la necesidad de este ayuno de palabras en su encuentro cuaresmal con los párrocos de Roma, y creo que, como de costumbre, su invitación se dirigía a la Iglesia, antes aún que al mundo. 4. «Jesús no ha venido para contarnos frivolidades» Siempre me han impresionado estas palabras de Péguy: «Jesucristo, pequeño mío, -es la Iglesia que se dirige a sus hijos- no ha venido a contarnos frivolidades... No ha hecho el viaje hasta la tierra Para venir con adivinanzas y chistes. No hay tiempo de divertirse... Él no gastó su vida... Para venir a contarnos patrañas».[2] La preocupación de distinguir la palabra de Dios de cualquier otra palabra es tal que, enviando a sus discípulos en misión, Jesús les manda que no saluden a nadie por el camino (Lc 10,4). He experimentado en mi propia carne que a veces este mandamiento hay que tomarlo a la letra. Detenerse a saludar a la gente e intercambiar formalidades cuando se va a empezar a predicar dispersa inevitablemente la concentración sobre la palabra que hay que anunciar, hace perder el sentido de su alteridad respecto a todo discurso humano. Es la misma exigencia que se experimenta (o se debería experimentar) cuando uno se está revistiendo para celebrar la Misa. La exigencia es aún más fuerte cuando se trata del contenido mismo de la predicación. En el Evangelio de Marcos, Jesús cita la palabra de Isaías: «En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres» (Is 29,13); después añade, dirigiéndose a los escribas y fariseos: «Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres... anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido» (Mc 7,7-13) Cuando no se llega a proponer nunca la sencilla y desnuda palabra de Dios, sin hacer que pase por el filtro de mil distinciones y precisiones y añadidos y explicaciones, en sí mismas hasta justas, pero que agotan la palabra de Dios, se hace lo mismo que Jesús reprochó, aquel día, a lo escribas y fariseos: se «anula» la palabra de Dios, se la aprisiona haciéndole perder gran parte de su fuerza de penetración en el corazón de los hombres. La palabra de Dios no puede ser empleada para discursos de circunstancias, o para envolver de autoridad divina discursos ya hechos y todos humanos. En tiempos cercanos a nosotros, se ha visto adónde lleva tal tendencia. El Evangelio ha sido instrumentalizado para sostener toda clase de proyectos humanos: desde la lucha de clases a la muerte de Dios. Cuando un auditorio está tan predeterminado por condicionamientos psicológicos, sindicales, políticos o pasionales, como para hacer, de partida, imposible no decirle lo que espera y no darle completamente razón en todo, cuando no hay esperanza alguna de poder llevar a los oyentes a ese punto en que es posible decirles: «¡Convertíos y creed!», entonces está bien no proclamar en absoluto la palabra de Dios, a fin de que no sea instrumentalizada por fines interesados y, por lo tanto, traicionada. En otros términos, es mejor renunciar a hacer un verdadero anuncio, limitándose, si acaso, a escuchar, a procurar entender y participar en las expectativas y sufrimientos de la gente, predicando más bien con la presencia y con la caridad el Evangelio del Reino. Jesús, en el evangelio, se muestra atentísimo a no dejarse instrumentalizar por fines políticos ni partidistas. La realidad de la experiencia y, por lo tanto, la palabra humana no está excluida, evidentemente, de la predicación de la Iglesia, pero se debe someter a la palabra de Dios, al servicio de ésta. Igual que en la Eucaristía es el Cuerpo de Cristo el que asimila consigo a quien lo come, y no al revés, así en el anuncio debe ser la palabra de Dios, que es el principio vital más fuerte, el que someta y asimile consigo la palabra humana, y no al contrario. Por ello es necesario tener el valor de partir con más frecuencia, al tratar problemas doctrinales y disciplinarios de la Iglesia, de la palabra de Dios, especialmente de la del Nuevo Testamento, y de permanecer después ligados a ella, vinculados a ella, seguros de que así se llega con mayor seguridad al objetivo, que es el de descubrir, en cada cuestión, cuál es la voluntad de Dios. La misma necesidad se advierte en las comunidades religiosas. Existe el peligro de que en la formación que se da a los jóvenes y en el noviciado, en los ejercicios espirituales y en todo el resto de la vida de la comunidad, se emplee más tiempo en los escritos del propio fundador (con frecuencia bastante pobres de contenido) que en la palabra de Dios. 5. Hablar como con palabras de Dios Me doy cuenta de que lo que estoy diciendo puede suscitar una objeción grave. ¿Entonces la predicación de la Iglesia tendrá que reducirse a una secuencia (o a una ráfaga) de citas bíblicas, con indicaciones de capítulos y versículos, a la manera de los Testigos de Jehová y de otros grupos fundamentalistas? No, por cierto. Nosotros somos herederos de una tradición diferente. Explico qué intento decir por permanecer ligados a la palabra de Dios. También en la segunda carta a los Corintios, san Pablo escribe: «No somos nosotros como la mayoría que negocian con la Palabra de Dios. Antes bien, con sinceridad y como movidos por Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo» (2 Co 2, 17), y san Pedro, en la primera carta exhorta a los cristianos diciendo: «Si alguno habla, lo haga como con palabras de Dios» (1 P 4,11). ¿Qué quiere decir «hablar en Cristo» o hablar «como con palabras de Dios»? No quiere decir repetir materialmente y sólo las palabras pronunciadas por Cristo y por Dios en la Escritura. Quiere decir que la inspiración de fondo, el pensamiento que «informa» y sustenta todo lo demás debe venir de Dios, no del hombre. El anunciador debe estar «movido por Dios» y hablar como en su presencia. Hay dos formas de preparar una predicación o cualquier anuncio de fe oral o escrito. Puedo primero sentarme en el escritorio y elegir yo mismo la palabra que hay que anunciar y el tema a desarrollar, basándome en mis conocimientos, mis preferencias, etcétera, y después, una vez preparado el discurso, arrodillarme para pedir apresuradamente a Dios que bendiga lo que he escrito y dé eficacia a mis palabras. Ya es algo bueno, pero no es la vía profética. Más bien hay que hacer lo contrario. Primero ponerse de rodillas y preguntar a Dios cuál es la palabra que quiere decir; después, sentarse en el escritorio y hacer uso de los propios conocimientos para dar cuerpo a esa palabra. Esto cambia todo porque así no es Dios quien debe hacer suya mi palabra, sino que soy yo el que hago mía su palabra. Hay que partir de la certeza de fe de que, en toda circunstancia, el Señor resucitado tiene en el corazón una palabra suya que desea hacer llegar a su pueblo. Es la que cambia las cosas y es la que hay que descubrir. Y Él no deja de revelarla a su ministro, si humildemente y con insistencia se la pide. Al principio se trata de un movimiento casi imperceptible del corazón: una pequeña luz que se enciende en la mente, una palabra de la Biblia que comienza a atraer la atención y que ilumina una situación. Verdaderamente es «la más pequeña de todas las semillas», pero a continuación se percibe que dentro estaba todo; había un trueno como para abatir los cedros del Líbano. Después uno se pone en el escritorio, abre sus libros, consulta sus apuntes, consulta los Padres de la Iglesia, los maestros, poetas... Pero ya todo es otra cosa distinta. Ya no se trata de la Palabra de Dios al servicio de tu cultura, sino de tu cultura al servicio de la Palabra de Dios. Orígenes describe bien el proceso que lleva a este descubrimiento. Antes de encontrar en la Escritura el alimento --decía-- es necesario soportar cierta «pobreza de los sentidos»; el alma está rodeada de oscuridad por todas partes, se encuentra en caminos sin salida. Hasta que, de repente, después de laboriosa búsqueda y oración, he aquí que resuena la voz del Verbo e inmediatamente algo se ilumina; aquél que ella buscaba, le sale al encuentro «saltando por los montes, brincando por los collados» (Ct 2,8), esto es, abriéndole la mente para que reciba una palabra suya fuerte y luminosa [3]. Grande es la alegría que acompaña este momento. Le hacía decir a Jeremías: «Se presentaban tus palabras y yo las devoraba; era tu palabra para mí un gozo, y alegría de corazón» (Jr 15,16). Habitualmente la respuesta de Dios llega bajo forma de una palabra de la Escritura que, en cambio, en ese momento revela su extraordinaria pertinencia en la situación y en el problema que se debe tratar, como si se hubiera escrito a propósito para ello. A veces no es siquiera necesario citar explícitamente tal palabra bíblica o comentarla. Basta con que esté bien presente en la mente de quien habla e informe todo lo que expresa. Actuando así, habla, de hecho, «como con palabras de Dios». Este método vale siempre: para los grandes documentos del magisterio como para las lecciones que el maestro da a sus novicios, para la docta conferencia como para la humilde homilía dominical. Todos hemos tenido la experiencia de cuánto puede hacer una sola palabra de Dios profundamente creída y vivida, primero para quien la pronuncia; con frecuencia se constata que, entre muchas otras palabras, ha sido la que ha tocado el corazón y ha llevado a más de un oyente al confesionario. Después de haber indicado las condiciones del anuncio cristiano (hablar de Cristo, con sinceridad, como movidos por Dios y bajo su mirada), el Apóstol se preguntaba: «Y ¿quién es capaz para esto?» (2 Co 2,16). Nadie --está claro-- está a la altura. Llevamos este tesoro en vasijas de barro. (Ib. 4,7). Pero podemos orar, diciendo: Señor, ten piedad de este pobre vaso de barro que debe llevar el tesoro de tu palabra; presérvanos de pronunciar palabras inútiles cuando hablamos de ti; haznos experimentar una vez el gusto de tu palabra para que la sepamos distinguir de cualquier otra y para que cualquier otra palabra nos parezca insípida. Difunde, como has prometido, hambre en la tierra, «no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra del Señor» (Am 8,11). [Traducción del original italiano por Marta Lago] ------------------------------------------------- [1] Cf. M. Zerwick, Analysis philologica Novi Testamenti Graeci, Romae 1953, ad loc. [2] Ch. Péguy, Il portico del mistero della seconda virtù, in Oeuvres poétiques complètes, Gallimard 1975, pp. 587 s. [3] Cf. Orígenes, In Mt Ser. 38 (GCS, 1933, p. 7); In Cant. 3 (GCS, 1925, p. 202).
Predicador del Papa: La fe cristiana no es creer algo, sino en alguien Comentario
del padre Cantalamessa a la liturgia del próximo
domingo * * * IV Domingo de Cuaresma
La curación del ciego de nacimiento nos toca de cerca, porque en cierto sentido todos somos... ciegos de nacimiento. El mundo mismo nació ciego. Según lo que nos dice hoy la ciencia, durante millones de años ha habido vida sobre la tierra, pero era una vida en estado ciego, no existía aún el ojo para ver, no existía la vista misma. El ojo, en su complejidad y perfección, es una de las funciones que se forman más lentamente. Esta situación se reproduce en parte en la vida de cada hombre. El niño nace, si bien no propiamente ciego, al menos incapaz todavía de distinguir el perfil de las cosas. Sólo después de semanas empieza a enfocarlas. Si el niño pudiera expresar lo que experimenta cuando empieza a ver claramente el rostro de su mamá, de las personas, de las cosas, los colores, ¡cuántos "oh" de maravilla se oirían! ¡Qué himno a la luz y a la vista! Ver es un milagro, sólo que no le prestamos atención porque estamos acostumbrados y lo damos por descontado. He aquí entonces que Dios a veces actúa de forma repentina, extraordinaria, a fin de sacudirnos de nuestro sopor y hacernos atentos. Es lo que hizo en la curación del ciego de nacimiento y de otros ciegos en el Evangelio. ¿Pero es sólo para esto que Jesús curó al ciego de nacimiento? En otro sentido hemos nacido ciegos. Hay otros ojos que deben aún abrirse al mundo, además de los físicos: ¡los ojos de la fe! Permiten vislumbrar otro mundo más allá del que vemos con los ojos del cuerpo: el mundo de Dios, de la vida eterna, el mundo del Evangelio, el mundo que no termina ni siquiera... con el fin del mundo. Es lo que quiso recordarnos Jesús con la curación del ciego de nacimiento. Ante todo, Él envía al joven ciego a la piscina de Siloé. Con ello Jesús quería significar que estos ojos diferentes, los de la fe, empiezan a abrirse en el bautismo, cuando recibimos precisamente el don de la fe. Por eso en la antigüedad el bautismo se llamaba también «iluminación» y estar bautizados se decía «haber sido iluminados». En nuestro caso no se trata de creer genéricamente en Dios, sino de creer en Cristo. El episodio sirve al evangelista para mostrarnos cómo se llega a una fe plena y madura en el Hijo de Dios. La recuperación de la vista para el ciego tiene lugar, de hecho, al mismo tiempo que su descubrimiento de quién es Jesús. Al principio, para el ciego, Jesús no es más que un hombre: «Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro...». Más tarde, a la pregunta: «¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?», responde: «Que es un profeta». Ha dado un paso adelante; ha entendido que Jesús es un enviado de Dios, que habla y actúa en nombre de Él. Finalmente, encontrando de nuevo a Jesús, le grita: «¡Creo, Señor!», y se postra ante Él para adorarle, reconociéndole así abiertamente como su Señor y su Dios. Al describirnos con tanto detalle todo esto, es como si el evangelista Juan nos invitara muy discretamente a plantearnos la cuestión: «Y yo, ¿en qué punto estoy de este camino? ¿Quién es Jesús de Nazaret para mí?». Que Jesús sea un hombre nadie lo niega. Que sea un profeta, un enviado de Dios, también se admite casi universalmente. Muchos se detienen aquí. Pero no es suficiente. Un musulmán, si es coherente con lo que halla escrito en el Corán, reconoce igualmente que Jesús es un profeta. Pero no por esto se considera un cristiano. El salto mediante el cual se pasa a ser cristianos en sentido propio es cuando se proclama, como el ciego de nacimiento, Jesús «Señor» y se le adora como Dios. La fe cristiana no es primariamente creer algo (que Dios existe, que hay un más allá...), sino creer en alguien. Jesús en el Evangelio no nos da una lista de cosas para creer; dice: «Creed en Dios; creed también en mí» (Jn 14,1). Para los cristianos creer es creer en Jesucristo. [Traducción del original italiano realizada por Marta Lago]
No virus found in this outgoing message. ZS080229 (b)MUNDO Mundo Los obispos piden libertad religiosa en México MÉXICO, jueves, 28 febrero 2008 (ZENIT.org-El Observador).- La Conferencia del Episcopado Mexicano convocó a una rueda de prensa este jueves 28 de febrero con la finalidad de presentar la edición conmemorativa de los «Quince años de relaciones entre la Santa Sede y el Estado Mexicano». La presentación estuvo
a cargo de monseñor Carlos Aguiar Retes, obispo de Texcoco
y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), junto con
monseñor José Leopoldo González González, obispo
auxiliar de Guadalajara y secretario general de la CEM. «Significa libertad para
que los creyentes de todas las religiones puedan vivir con coherencia sus
opciones de conciencia respetando las de otros --añadieron--. Significa
libertad para que la Iglesia pueda cumplir su misión evangelizadora proclamando
la fuerza del amor y de la reconciliación como principios fundamentales para la
vida personal y social; y promoviendo el altísimo valor que cada ser humano
posee independientemente de sus convicciones políticas, de su situación
económica o de su congruencia moral, desde su inicio más frágil en la
fecundación y hasta su muerte natural». Ante el malentendido
concepto de Estado laico desde hace siglos en México, los obispos dijeron que
«es necesario clarificar su concepto y distinguir entre laicismo y laicidad del
Estado. La laicidad respeta, da espacio y libertad a cualquier religión y sus
miembros para que brinden su aporte a la sociedad; y el laicismo discrimina y
margina a quien tiene una convicción religiosa, y con ello se constituye de
hecho en una especie de religión que pretende imponerse sobre las otras,
anulando en la práctica el efectivo derecho humano de la libertad religiosa. Argelia: Laboratorio de relación entre cristianos y musulmanes Carta
a las comunidades religiosas de las cuatro diócesis argelinas «La solidaridad cotidiana vivida en la relación entre cristianos y musulmanes desde hace decenas de años ha construido una vida de Iglesia convertida en fecunda para la Iglesia universal», subrayan los cuatro prelados católicos de Argelia en una carta a las comunidades religiosas de las cuatro diócesis de Argelia, de 27 de febrero de 2008, titulada «Vivir nuestras solidaridades en Argelia». La carta la firman los obispos Henri Teissier, arzobispo de Argel y los obispos Gabriel Piroird, de Constantina; Alphonse Georger, de Orán y Claude Rault, de Laghouat. En la carta, los prelados recuerdan el encuentro «muy rico» de los responsables de congregaciones religiosas que viven, trabajan y oran en Argelia. Una reflexión sobre «nuestras solidaridades» en la sociedad argelina y en la Iglesia de Argelia. En primer lugar, los obispos aluden en su carta a los difíciles acontecimientos vividos en los últimos meses. «Somos muy sensibles al contraste que se establecía en este encuentro --afirman--, entre nuestra llamada a vivir ‘la solidaridad evangélica' con el pueblo argelino, y los obstáculos que se han presentado estos últimos tiempos a la realización de nuestras solidaridades». Entre estos obstáculos, citan las dificultades para la concesión de visados de entrada privando así a las congregaciones religiosas de recibir a los responsables que apoyan, desde el exterior, su compromiso en el país. Esta dificultad se agrava todavía cuando este rechazo de visado afecta a aquellos que quieren ir para quedarse en el país. «Su presencia --afirman los obispos-- es absolutamente necesaria para rejuvenecer nuestras comunidades y reemplazar a los que han debido dejarnos por razones de salud, y los que han sido llamados por Dios». Más grave todavía consideran los obispos el hecho de que a los miembros de una comunidad nueva, la comunidad Salam, se les ha retirado la autorización de residir en el país. Otro aspecto grave que señala la carta es la decisión de sancionar al padre Pierre Wallez y al médico de su sector que habían visitado a los emigrantes que viven en condiciones difíciles en la frontera entre Argelia y Marruecos. Ambos han sido condenado con penas de cárcel por rezar con cristianos fuera de una Iglesia reconocida para el culto. Los prelados argelinos informan en su carta también del encuentro que han tenido con el ministro de Asuntos Religiosos. «Le hemos expresado la voluntad de solidaridad de las comunidades cristianas de Argelia, que expresa el respeto de la Iglesia por la sociedad argelina, por sus tradiciones, por sus referencias religiosas. Pero le hemos expresado también la inquietud de la comunidad católica en Argelia ante ciertas decisiones administrativas recientes», señalan los obispos. Añaden que el ministro les escuchó con atención y afirmó que «el Estado no tenía ninguna voluntad de cuestionar la presencia de la Iglesia Católica en la sociedad argelina» Los obispos aluden en su carta también a las dificultades afrontadas por otras comunidades cristianas. Remitieron al ministro una carta pidiendo que intervenga para revocar la medida que obliga al pastor Hugh Johnson, antiguo presidente de la Iglesia Protestante de Argelia a abandonar Argelia después de vivir 45 años en el país. Presentaron también al ministro la situación de las comunidades coptas que se constituyen en este momento a raíz de la llegada de trabajadores a las empresas egipcias. Recordaron también en la entrevista las dificultades afrontadas por las comunidades evangélicas recientemente constituidas. El ministro, indican los obispos, «afirmó claramente su respeto a la libertad de conciencia, pero insistió mucho en la voluntad de los responsables de Argelia de evitar la constitución de grupos que serían un problema para la unidad del país. Para él, un creyente debe hacerse próximo a todos y no puede estar contra los otros». Los obispos argelinos señalan que el encuentro con los responsables de las congregaciones ha permitido «renovar los motivos y los medios de nuestra vida en solidaridad». En este sentido afirman que los acontecimientos recientes «han revelado desconfianzas que nos parece injustas». «Hemos dado prueba --añaden--, desde hace años, de que la búsqueda de hermanos y hermanas en humanidad en el país es nuestra vocación y nuestra misión. Ponemos en práctica ahí la llamada de Cristo ‘Amaos los unos a los otros como yo os he amado'». Aluden a que ciertos diarios escriben todavía que «nuestros compromisos de servicio son medios para obtener conversiones». «Una vez más --responden los obispos-- queremos decir que la vida de seguimiento de Jesús implica la gratuidad en el servicio. Nuestra alegría florece allí donde podemos acogernos los unos a los otros en el respeto a la diferencia. Hacer nacer la comunión entre los hombres de todos los orígenes, de todas las culturas, es para nosotros la misión de Aquél que ‘ha dado su vida para reunir en la unidad a todos los hijos de Dios dispersos'». Los obispos reiteran su deseo de «respetar a cada uno en su identidad religiosa y en su búsqueda personal» y explican en qué consisten sus trabajos de solidaridad: apoyo escolar, formación femenina, ayuda a los minusválidos, apoyo al artesanado, biblioteca para estudiantes, ayuda a las personas ancianas y solas, formación profesional, acogida a niños, maternidad. «Esta solidaridad cotidiana --subrayan los obispos-- vivida en la relación entre cristianos y musulmanes desde hace decenas de años ha puesto en práctica una vida de Iglesia local convertida en fecunda para la Iglesia Universal». Subrayan el papel de los religiosos de Argelia en la reflexión, en el Vaticano II, del documento relativo a la relación entre cristianos y musulmanes. «Este texto tuvo un papel determinante en el cambio de mirada de la Iglesia Católica sobre el mundo del Islam», afirman. Los obispos recuerdan el precio que los religiosos han tenido que pagar para expresar su solidaridad en Argelia, durante la crisis de 1994 a 1996, junto a muchos argelinos no cristianos. Concluyen dando las gracias a los que en los últimos años han ido a vivir a Argelia para compartir su misión, e invitan con palabras de la encíclica Spe Salvi de Benedicto XVI a todos «a descubrir en torno vosotros, en la sociedad argelina ‘a las personas que saben vivir en la rectitud. Ellas son luces de esperanza». Traducido y adaptado del francés por Nieves San Martín No virus found in this outgoing message. ZS080229 (a)
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SANTA SEDE Santa Sede El Papa exige que se libere cuanto antes al arzobispo secuestrado en Irak Monseñor Paulos Faraj Rahho de Mosul de los Caldeos CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 27 febrero 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha exigido que se libere cuanto antes al arzobispo secuestrado este viernes en Irak. Monseñor Paulos Faraj Rahho, pastor de los católicos caldeos de Mosul, fue aprehendido en la tarde en un atentado en el que han sido asesinados dos guardias de seguridad y el conductor del prelado. «Monseñor Rahho acababa de terminar el Vía Crucis, un rito religioso sumamente querido por los fieles de Irak, en el que se da una gran participación. Esto hace pensar que el acto criminal ha sido premeditado», informa un comunicado publicado por la Oficina de Información de la Santa Sede. «Entristecido por este nuevo acto execrable, que afecta profundamente a toda la Iglesia en el país, y en particular a la Iglesia caldea, el Papa se siente junto al patriarca cardenal Emmanuel III Delly y a toda esa afligida comunidad, así como a los familiares de las víctimas», añade la nota. «El Sumo Pontífice invita a la Iglesia universal a unirse a su fervorosa oración para que prevalezcan en los autores del secuestro la razón y la compasión y monseñor Rahho sea restituido cuanto antes a su grey». Por último, el Papa renueva también el auspicio de que «el pueblo iraquí vuelva a encontrar caminos de reconciliación y de paz», concluye. En Irak hay uno 800.000 cristianos, algo menos del tres por ciento de la población. De ellos, casi 600.000 pertenecen a la Iglesia caldea, que tiene su patriarcado en Bagdad. Hunde sus orígenes en la predicación del apóstol santo Tomás y mantiene ritos en arameo, la lengua que hablaba Jesús. El riesgo de falsificar la palabra de Dios en la Iglesia, según el predicador del Papa Segunda
meditación de Cuaresma ante Benedicto XVI y la Curia Ante Benedicto XVI y la Curia Romana, en su segunda predicación de Cuaresma --este viernes, en la capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico del Vaticano-- el padre Raniero Cantalamessa O.F.M. Cap. apuntó las claves para discernir el citado riesgo. «De toda palabra inútil que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio» (Mt 12,36): a partir de esta advertencia de Jesucristo, el padre Cantalamessa distinguió: La palabra inútil, «vacía», es la que dice «aquél que debería en cambio pronunciar las "enérgicas" palabras de Dios»; es «la palabra del falso profeta, que no recibe la palabra de Dios y sin embargo induce a los demás a creer que sea palabra de Dios». «La palabra inútil es la falsificación de la palabra de Dios, es el parásito de la palabra de Dios», recalcó; «se reconoce por los frutos que no produce»; «es estéril, sin eficacia». En cambio «la Palabra de Dios es viva y eficaz» (Hb 4,12). «Los "hombres que deberán dar cuentas de toda palabra inútil" son los hombres de Iglesia», alertó el padre Cantalamessa. Siguiendo las cartas paulinas, fue trazando algunos criterios de examen: «Los falsos profetas son aquellos que no presentan la palabra de Dios en su pureza, sino que la diluyen y la agotan en miles de palabras humanas», «en letra muerta, en vana charlatanería»; «se avergüenzan del Evangelio» «y de las palabras de Jesús porque son demasiado "duras" para el mundo, o demasiado pobres y desnudas para los doctos, y entonces intentan "aderezarlas"». Otro riesgo para la palabra de Dios es su instrumentalización. «No puede ser empleada para discursos de circunstancias, o para envolver de autoridad divina discursos ya hechos y todos humanos»; sería sinónimo de traicionarla, denunció el predicador del Papa. La preparación al Sínodo de los obispos (del 5 al 26 de octubre) --«La Palabra de Dios en la misión de la Iglesia»-- está orientando estas reflexiones de Cuaresma. De ahí que el padre Cantalamessa indicara estos puntos y la necesidad de que, en el anuncio, sea «la palabra de Dios, que es el principio vital más fuerte, la que someta y asimile consigo la palabra humana, y no al contrario». «Por ello es necesario tener el valor de partir con más frecuencia, al tratar problemas doctrinales y disciplinarios de la Iglesia, de la palabra de Dios, especialmente de la del Nuevo Testamento, y de permanecer después ligados a ella, vinculados a ella --señaló--, seguros de que así se llega con mayor seguridad al objetivo, que es el de descubrir, en cada cuestión, cuál es la voluntad de Dios». Una necesidad que igualmente «se advierte en las comunidades religiosas» --añadió--, por «el peligro de que en la formación que se da a los jóvenes y en el noviciado, en los ejercicios espirituales y en todo el resto de la vida de la comunidad, se emplee más tiempo en los escritos del propio fundador --con frecuencia bastante pobres de contenido-- que en la palabra de Dios». No se trata de que la predicación de la Iglesia tenga «que reducirse a una secuencia de citas bíblicas», sino de «permanecer ligados a la palabra de Dios», puntualizó el predicador del Papa. Así lo indican los apóstoles Pablo y Pedro, cuando señalan que hay que «hablar en Cristo» o hablar «como con palabras de Dios». «No quiere decir repetir materialmente y sólo las palabras pronunciadas por Cristo y por Dios en la Escritura -precisa el padre Cantalamessa--. Quiere decir que la inspiración de fondo, el pensamiento que "informa" y sustenta todo lo demás debe venir de Dios, no del hombre». Punto de partida imprescindible --recuerda- es «la certeza de fe de que, en toda circunstancia, el Señor resucitado tiene en el corazón una palabra suya que desea hacer llegar a su pueblo»; «es la que cambia las cosas y es la que hay que descubrir», «y Él no deja de revelarla a su ministro, si humildemente y con insistencia se la pide». «A veces no es siquiera necesario citar explícitamente tal palabra bíblica o comentarla»; «basta con que esté bien presente en la mente de quien habla e informe todo lo que expresa --sintetiza--. Actuando así, habla, de hecho, "como con palabras de Dios"». Tal orientación es válida tanto «para los grandes documentos del magisterio como para las lecciones que el maestro da a sus novicios, para la docta conferencia como para la humilde homilía dominical», concluye. Por Marta Lago El Papa a Estados Unidos: La comunidad internacional tiene una ley común Que explica los derechos inalienables de cada persona CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 27 febrero 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha alentado a los Estados Unidos a vivir el papel decisivo que desempeñan en el escenario internacional promoviendo y respetando la ley natural y los derechos humanos de cada persona. Entendió muy bien la consigna la persona a la que en primer lugar estaba dirigidas estas palabras, la señora Mary Ann Glendon, nueva embajadora de ese país ante la Santa Sede, hasta ahora profesora de Derecho en la Universidad de Harvard, y presidente de la Academia Pontificia para las Ciencias Sociales. En 1994, Juan Pablo II nombró a Glendon para presidir la delegación de la Santa Sede ante la IV Conferencia sobre las Mujeres de la ONU en Pekín. El discurso que el pontífice entregó a la nueva embajadora (de casi 70 años de edad, casada y con tres hijos) plantea «la tarea de reconciliar unidad y diversidad para perfilar un objetivo común y hacer acopio de la energía moral necesaria para alcanzarlo se ha convertido hoy en una tarea urgente». De hecho, reconoció, la familia humana «cada vez es más consciente de la necesidad de interdependencia y solidaridad para hacer frente a los desafíos mundiales y construir un futuro de paz para las futuras generaciones». Según el Papa alemán, «la experiencia del siglo pasado, con su gravoso patrimonio de guerra y de violencia, que culminó en la exterminación planificada de pueblos enteros, ha dejado claro que el futuro de la humanidad no puede depender del simple compromiso político». «Más bien, debe ser el fruto de un acuerdo general más profundo basado en el reconocimiento de verdades universales, fundadas en una reflexión razonada sobre los postulados de nuestra humanidad común». En este sentido explicó que «la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuyo sexagésimo aniversario celebramos este año, fue el resultado de un reconocimiento mundial de que un orden global justo sólo puede basarse en el reconocimiento y la defensa de la dignidad inviolable de los derechos de cada hombre y mujer». «Este reconocimiento debe motivar cada decisión que afecte al futuro de la humanidad y a todos sus miembros», afirmó. El obispo de Roma confió en que el país norteamericano, «basado en la verdad evidente por sí misma de que el Creador ha atribuido a cada ser humano con ciertos derechos inalienables, continúe encontrando en los principios de la ley moral común, consagrados en sus documentos fundacionales, una guía segura para ejercer su liderazgo en la comunidad internacional». La paz exige promover el desarrollo de países pobres, dice el Papa a Washington En su discurso a la nueva embajadora de Estados Unidos ante la Santa Sede CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 27 febrero 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI explicó este viernes que la paz exige promover el desarrollo de los países pobres en el discurso que entregó a la nueva embajadora de los Estados Unidos ante la Santa Sede, Mary Ann Glendon. «La edificación de un futuro más seguro para la familia humana significa ante todo y sobre todo trabajar por el desarrollo integral de los pueblos», aseguró el Papa. Este objetivo, añadió, debe lograrse «especialmente a través de adecuadas medidas de asistencia sanitaria, de la eliminación de pandemias como el sida, de oportunidades educativas más amplias para los jóvenes, de la promoción de la mujer, poniendo freno a la corrupción y a la militarización que desvían recursos de muchos de nuestros hermanos y hermanas en los países más pobres». De hecho, aclaró el Santo Padre, «el progreso de la familia humana es amenazado no sólo por la plaga del terrorismo internacional, sino también por atentados a la paz como la aceleración de la carrera de armamentos o las continuas tensiones en Oriente Medio». El Papa manifestó su esperanza «de que las negociaciones pacientes y transparentes lleven a la reducción y la eliminación de armas nucleares y de que la reciente conferencia de Annapolis sea el primero de una serie de pasos hacia la paz duradera en la región». La resolución de estos y otros problemas, según el obispo de Roma, «exige confianza y compromiso, el trabajo de organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas, que por su naturaleza es capaz de promover el diálogo sincero y el entendimiento y de reconciliar opiniones divergentes, así como de aplicar políticas multilaterales y estrategias capaces de responder a los numerosos retos de este mundo complejo y en rápido cambio». En la promoción de la paz, Benedicto XVI reconoció con gratitud «la importancia que los Estados Unidos han prestado al diálogo interreligioso e intercultural como una fuerza positiva para la pacificación». «La Santa Sede está convencida del gran potencial espiritual de ese diálogo, en particular para la promoción de la no violencia y el rechazo de las ideologías que manipulan y desfiguran la religión para objetivos políticos, y justifican la violencia en nombre de Dios», aseguró. Del mismo modo, destacó «el aprecio histórico del pueblo estadounidense por el papel de la religión en la vida pública y para iluminar las dimensiones morales implicadas en las cuestiones sociales --un papel contestado a veces en nombre de una comprensión limitada de la vida pública y del debate político--». Este papel, aclaró, «se refleja en los esfuerzos de muchos de sus compatriotas y líderes gubernamentales para asegurar protección legal al don divino de la vida desde su concepción hasta su muerte natural, para salvaguardar el matrimonio, reconocido como unión estable entre un hombre y una mujer, así como la familia». El Papa pide oraciones para que se comprenda la importancia del perdón Intención general del Apostolado de la Oración para el mes de marzo CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 27 febrero 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI pide oraciones en este mes de marzo para que se comprenda la importancia del perdón y de la reconciliación. Así se desprende de la intención general del Apostolado de la Oración, iniciativa que siguen unos 50 millones de personas de los cinco continentes, para el tercer mes de 2008. La intención general del Apostolado de la Oración del Papa para el mes de marzo es: «Para que se comprendan la importancia del perdón y de la reconciliación entre las personas y los pueblos, y la Iglesia mediante su testimonio difunda el amor de Cristo, fuente de una humanidad nueva». Todos los meses también se ora además por una intención misionera. La de marzo de 2008 dice así: «Para que los cristianos, que en tantas partes del mundo y de varias maneras son perseguidos por causa el Evangelio, sostenidos por la fuerza del Espíritu Santo, sigan testimoniando la Palabra de Dios con valentía y franqueza». Es inválido el bautismo recibido con dos fórmulas feministas «Respuesta»de la Congregación para la Doctrina de la Fe CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 27 febrero 2008 (ZENIT.org).- Ante las preguntas de pastores y fieles, la Santa Sede ha respondido este viernes que es inválido el Bautismo que se confiere utilizando dos fórmulas feministas en las que no se menciona con claridad a las tres personas de la Santísima Trinidad: el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. La Congregación para la Doctrina de la Fe ha emitido un documento con el que se confirma la invalidez de estas dos fórmulas de conferir el sacramento de la iniciación: «Yo te bautizo en el nombre del Creador, y del Redentor y del Santificador», y «Yo te bautizo en el nombre del Creador, y del Liberador y del Sustentador». Se trata de fórmulas que se utilizan en inglés entre grupos militantes feministas. Su invalidez no se debe al idioma, sino a sus contenidos. Este «lenguaje inclusivo» que quiere dar a las Personas Divinas el género masculino. El documento se publica con la aprobación de Benedicto XVI y está firmado por el cardenal William Levada, y por el arzobispo Angelo Amato, S.D.B., respectivamente presidente y secretario de esa Congregación vaticana. Una nota aclaratoria publicada por la Oficina de Información de la Santa Sede, firmada por monseñor Antonio Miralles, profesor de Teología Dogmática, Pontificia Universidad de la Santa Cruz (Roma), explica los motivos por los que la Iglesia no reconoce la fórmula. Obedeciendo al mandamiento explícito de Cristo en el Evangelio de Mateo, aclara el teólogo, «El Magisterio de la Iglesia siempre ha enseñado a través de los siglos que el Bautismo cristiano se administra en nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo». «La fórmula bautismal tiene que expresar adecuadamente la fe en la Trinidad: no valen fórmulas aproximativas», subraya. «Las variaciones a la fórmula bautismal, según designaciones de las Personas Divinas diferentes a las bíblicas, consideradas en la "Respuesta" proceden de la así llamada teología feminista para evitar decir Padre e Hijo, consideradas palabras machistas, sustituyéndolas pro otros nombres. Estas variaciones, sin embargo, trastocan la fe en la Trinidad». Por su parte el cardenal Urbano Navarrete, S.I., antiguo rector de la Pontificia Universidad Gregoriana, ha publicado un comentario de carácter canónico en el que aclara que, según esta «Respuesta», «las personas que han sido bautizadas o que serán bautizadas en el futuro con estas fórmulas en realidad no están bautizadas». «Por tanto, tienen que ser tratadas a todos los efectos canónicos y pastorales con los mismos criterios jurídicos de las personas que el Código de Derecho Canónico considera en la categoría general de los "no bautizados"». Esto implica que, si han recibido otros sacramentos, éstos también son inválidos y tienen que ser recibidos. En el caso del matrimonio, pueden surgir problemas muy delicados, según los posibles casos de uno o de ambos cónyuges. Por Jesús Colina En un año, ha aumentado en un 1,4% el número de católicos en el mundo Según revela la publicación del Anuario Pontificio de 2008 CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 27 febrero 2008 (ZENIT.org).- En el último año contabilizado por la Santa Sede, ha aumentado en un 1,4% el número de los católicos del mundo. Esta es una de la conclusiones del Anuario Pontificio de 2008, el voluminoso libro en el que se recogen los datos de todos los cardenales y obispos del mundo con sus diócesis, así como de las instituciones de la Santa Sede, así como de las embajadas ante el Vaticano, las órdenes y congregaciones religiosas, y otras instituciones dependientes de la Santa Sede. El volumen fue presentado este viernes a Benedicto XVI por el cardenal secretario de Estado, Tarcisio Bertone, en presencia del arzobispo Fernando Filoni, sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, y de quienes han colaborado en su redacción e impresión. Con este motivo, la Oficina de Información de la Santa Sede ha publicado una nota en la que se explica que de 2005 a 2006 (últimos años contabilizados) los católicos en el mundo han pasado de 1.115 millones a 1.131 millones, un aumento del 1,4%. En el año 1990, el número de los católicos era de 928.500. La nota vaticana registra algunas novedades: en 2007 se crearon 8 nuevas sedes episcopales, 1 prefectura apostólica, 2 sedes metropolitanas y 1 vicariato apostólico. Asimismo, se nombraron 169 nuevos obispos. Por lo que se refiere al número de sacerdotes, tanto diocesanos como religiosos, ha pasado de 406.411 en 2005 a 407.262 en 2006 (una variación del 0,21). Los presbíteros han ido aumentando progresivamente en el mundo entre 2000 y 2006. Se da una disminución de la presencia de sacerdotes en Europa y en América y un aumento en África y de Asia. Ha aumentado en un 0,9% el número de seminaristas mayores (estudiantes de filosofía y teología en los seminarios diocesanos o en los religiosos), siendo en total 115.480. De éstos, 24.034 se encuentran en África, 37.150 en América, 30.702 en Asia, 22.618 en Europa y 976 en Oceanía.
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Documentación Los desafíos de Estados Unidos en el escenario internacional, según Benedicto XVI Discurso a la nueva embajadora ante la Santa Sede, Mary Ann Glendon CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 27 febrero 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que entregó Benedicto XVI este viernes al recibir las cartas credenciales que acreditan como embajadora de los Estados Unidos a la señora Mary Ann Glendon, hasta ahora profesora de Derecho en la Universidad de Harvard, y presidente de la Academia Pontificia para las Ciencias Sociales. * * * Excelencia: Es un placer aceptar las cartas que le acreditan como embajadora extraordinaria y plenipotenciaria de los Estados Unidos de América y comunicarle mis mejores deseos en estos momentos en los que se dispone a asumir sus nuevas responsabilidades al servicio de su país. Confío en que el conocimiento y la experiencia surgida de su cualificada colaboración con la Santa Sede se demuestre fecunda en el cumplimiento de sus deberes y enriquezca la actividad de la comunidad diplomática a la que usted ahora pertenece. Le doy también las gracias por el cordial saludo que me ha transmitido de parte del presidente George W. Bush, en representación del pueblo estadounidense, mientras me preparo para mi visita pastoral a los Estados Unidos en abril. Desde la aurora de la República, los Estados Unidos han sido, como usted ha observado, una nación que valora el papel de las creencias religiosas para garantizar un orden democrático ético y sólido. El ejemplo de su nación para unir a personas de buena voluntad, sin tener en cuenta la raza, la nacionalidad o el credo, en una visión compartida y en una búsqueda disciplinada del bien común, ha alentado a muchas naciones más jóvenes en sus esfuerzos por crear un orden social armonioso, libre y justo. Esta tarea de reconciliar unidad y diversidad para perfilar un objetivo común y hacer acopio de la energía moral necesaria para alcanzarlo se ha convertido hoy en una tarea urgente para toda la familia humana, que cada vez es más consciente de la necesidad de interdependencia y solidaridad para hacer frente a los desafíos mundiales y construir un futuro de paz para las futuras generaciones. La experiencia del siglo pasado, con su gravoso patrimonio de guerra y de violencia, que culminó en la exterminación planificada de pueblos enteros, ha dejado claro que el futuro de la humanidad no puede depender del simple compromiso político. Más bien, debe ser el fruto de un acuerdo general más profundo basado en el reconocimiento de verdades universales, fundadas en una reflexión razonada sobre los postulados de nuestra humanidad común. (cf. Mensaje por la Jornada Mundial de la Paz 2008, 13). La Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuyo sexagésimo aniversario celebramos este año, fue el resultado de un reconocimiento mundial de que un orden global justo sólo puede basarse en el reconocimiento y la defensa de la dignidad inviolable de los derechos de cada hombre y mujer. Este reconocimiento debe motivar cada decisión que afecte al futuro de la humanidad y a todos sus miembros. Confío en que su país, basado en la verdad evidente por sí misma de que el Creador ha atribuido a cada ser humano con ciertos derechos inalienables, continúe encontrando en los principios de la ley moral común, consagrados en sus documentos fundacionales, una guía segura para ejercer su liderazgo en la comunidad internacional. La edificación de una cultura jurídica mundial inspirada por los más altos ideales de justicia, solidaridad y paz exige el compromiso decidido, la esperanza y la generosidad de cada nueva generación (cf. Spe Salvi, 25). Aprecio el que haya mencionado los significativos esfuerzos realizados por Estados Unidos por descubrir medios creativos para aliviar los graves problemas que tienen que afrontar muchas naciones y pueblos en el mundo. La edificación de un futuro más seguro para la familia humana significa ante todo y sobre todo trabajar por el desarrollo integral de los pueblos, especialmente a través de adecuadas medidas de asistencia sanitaria, de la eliminación de pandemias como el sida, de oportunidades educativas más amplias para los jóvenes, de la promoción de la mujer, poniendo freno a la corrupción y a la militarización que desvían recursos de muchos de nuestros hermanos y hermanas en los países más pobres. El progreso de la familia humana es amenazado no sólo por la plaga del terrorismo internacional, sino también por atentados a la paz como la aceleración de la carrera de armamentos o las continuas tensiones en Oriente Medio. Aprovecho la oportunidad para expresar mi esperanza de que las negociaciones pacientes y transparentes lleven a la reducción y la eliminación de armas nucleares y de que la reciente conferencia de Annapolis sea el primero de una serie de pasos hacia la paz duradera en la región. La resolución de estos y otros problemas exige confianza y compromiso, el trabajo de organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas, que por su naturaleza es capaz de promover el diálogo sincero y el entendimiento y de reconciliar opiniones divergentes, así como de aplicar políticas multilaterales y estrategias capaces de responder a los numerosos retos de este mundo complejo y en rápido cambio. No puedo dejar de observar con gratitud la importancia que los Estados Unidos han prestado al diálogo interreligioso e intercultural como una fuerza positiva para la pacificación. La Santa Sede está convencida del gran potencial espiritual de ese diálogo, en particular para la promoción de la no violencia y el rechazo de las ideologías que manipulan y desfiguran la religión para objetivos políticos, y justifican la violencia en nombre de Dios. El aprecio histórico del pueblo estadounidense por el papel de la religión en la vida pública y para iluminar las dimensiones morales implicadas en las cuestiones sociales --un papel contestado a veces en nombre de una comprensión limitada de la vida pública y del debate político-- se refleja en los esfuerzos de muchos de sus compatriotas y líderes gubernamentales para asegurar protección legal al don divino de la vida desde su concepción hasta su muerte natural, para salvaguardar el matrimonio, reconocido como unión estable entre un hombre y una mujer, así como la familia. Señora embajadora, al emprender ahora sus elevadas responsabilidades al servicio de su país, le renuevo mis mejores deseos para el éxito de su trabajo. Puede contar con los oficios de la Santa Sede para asistirla y apoyarla en el cumplimiento de sus deberes. Imploro la bendición divina de sabiduría, fuerza y paz para usted, para su familia y para el querido pueblo estadounidense.
[Traducción del original inglés por Jesús Colina © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana] Respuesta sobre la validez de dos fórmulas para conferir el Bautismo Documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 27 febrero 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la respuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe a dos cuestiones relativas a la validez del Bautismo conferido con fórmulas diversas de la establecida. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE RESPUESTAS A PREGUNTAS
«I baptize you in the name
of the Creator,
and of the
Redeemer, and of the Sanctifier»
PREGUNTAS Primera: ¿Es válido el Bautismo conferido con las formulas «I baptize you in the name of the Creator, and of the Redeemer, and of the Sanctifier» y «I baptize you in the name of the Creator, and of the Liberator, and of the Sustainer»? Segunda: ¿Deben ser bautizadas en forma absoluta las personas que han sido bautizadas con estas fórmulas? RESPUESTAS A la primera: Negativo. A la segunda: Afirmativo. El Sumo Pontífice Benedicto XVI, en la audiencia concedida al infrascrito Cardenal Prefecto, ha aprobado las presentes Respuestas, decididas en la Sesión Ordinaria de la Congregación, y ha ordenado que sean publicadas. Dado en Roma, en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 1 de febrero de 2008. William Cardenal Levada + Angelo Amato, S.D.B. [* Traducción de las dos fórmulas realizada por Zenit El resto de la traducción ha sido distribuida por la Santa Sede] Despedida del cardenal Bertone de Cuba LA HABANA, miércoles, 27 febrero 2008 (ZENIT.org).- Publicamos a declaración final que pronunció el 26 de febrero el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, al despedirse de Cuba, al final de la visita en la que recordó los diez años de la peregrinación apostólica de Juan Pablo II a la isla.
* * * Al acercarse el momento de mi partida, deseo expresar mi profunda gratitud a quienes hicieron posible las magníficas jornadas pastorales que he podido vivir en esta querida Nación para conmemorar el X Aniversario de la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba. Agradezco de modo especial al señor cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, a monseñor Juan García, arzobispo de Camagüey y Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, a los Obispos de las Diócesis que he visitado: Santiago de Cuba, Santa Clara y Guantánamo-Baracoa, y a todos mis hermanos obispos, con quienes he compartido el pan de la eucaristía, así como los retos pastorales, las angustias y aspiraciones de la Iglesia en Cuba. He visto en cada uno de ellos al buen pastor que conoce a sus ovejas, es decir al pueblo de Dios que les ha sido confiado, hombres probados en su fidelidad al Sucesor de Pedro y en el servicio a su patria. Asimismo llevo en mi memoria los encuentros con la vida religiosa y los seminaristas. Quiero manifestar también mi reconocimiento a los representantes del gobierno por su solicitud y atenciones. Deseo ver en estas jornadas un nuevo impulso en el camino de las relaciones entre la Iglesia y las autoridades de Cuba. Estas relaciones serán siempre desafiantes, pero también llenas de oportunidades para promover el bien común de los cubanos. Deseo también significar mi agradecimiento especial al Presidente de la República de Cuba, Raúl Castro Ruz, quien tan gentilmente ha querido escuchar al enviado del Santo Padre Benedicto XVI. Al inicio de su nueva responsabilidad, le he deseado éxitos en esta misión al servicio de su país y le he confirmado el compromiso de la Santa Sede de promover el acercamiento del mundo a Cuba y compartir convergencias sobre temas internacionales. Juntos, en un diálogo personal, hemos hablado sobre la Iglesia, sobre Cuba y los cubanos en el momento actual, con particular referencia a los retos que presenta el mundo de los jóvenes. Como todos saben, muchas personas que sufren en el cuerpo y en el espíritu manifiestan sus aspiraciones y anhelos a la Iglesia Católica, tanto en Roma como en Cuba. Atendiendo a estas peticiones, y en el máximo respeto de la soberanía del país y de sus ciudadanos, he expresado al Presidente Raúl Castro la preocupación de la Iglesia para con los presos y sus familiares. En estos días, de gran intensidad física y espiritual, he recibido numerosos regalos. Espero sepan perdonarme si destaco el regalo que más me ha conmovido: el cariño de los cubanos. He sentido este cariño en cada una de las diócesis que he visitado, en las celebraciones eucarísticas públicas que he presidido, en el rezo del Santo Rosario con los jóvenes en el Santuario de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en los caminos, calles y plazas donde centenares de personas saludaban al enviado del Santo Padre Benedicto XVI. En este regalo aprecio, además, cuán vivos están el mensaje y la imagen del Papa Juan Pablo II en los hijos de esta tierra, a quienes él quiso de un modo especial. Tengo la particular satisfacción de haber podido inaugurar y bendecir en Santa Clara un bello y expresivo monumento en honor del recordado Papa, fruto de una sana colaboración entre la Iglesia y las autoridades civiles. Además, como significativo momento de encuentro con el mundo cultural cubano, he apreciado la posibilidad de pronunciar una conferencia en la Universidad de La Habana sobre "La Cultura y los fundamentos éticos del vivir humano", así como el encuentro con profesores y alumnos de la Escuela Latinoamericana de Medicina. He visto también en esas muestras de cariño la alegría de un pueblo que necesita y quiere vivir la esperanza. Como Secretario de Estado de Su Santidad, y junto a mis hermanos obispos de Cuba, soy consciente del particular momento de la historia de vuestro país en que hemos celebrado juntos el décimo aniversario de la visita del Siervo de Dios Juan Pablo II a esta Isla. Me voy, como lo hizo él hace diez años, con "una gran confianza en el futuro de su patria" (Juan Pablo II, Discurso de despedida, La Habana, 25 de enero de 1998), deseando que los hijos de Cuba hagan crecer su esperanza en Dios, inspirador de toda bondad, y en sus coterráneos, con quienes comparten el espacio y el destino común. En nombre del Papa a todos les digo: la esperanza salva. Renuevo a todos los cubanos, ciudadanos y autoridades, creyentes y no creyentes, la cercanía de la Iglesia y la certeza de la oración y el cariño del Santo Padre Benedicto XVI. ¡Dios bendiga a Cuba y a su pueblo, que tanto ama a la Virgen de la Caridad! La Habana, 26 de febrero de 2008.
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VISnews 080229
Vatican Information Service
28 februari ZS080228
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ZENITEl mundo visto desde RomaServicio diario - 28 de febrero de 2008SANTA SEDE La evangelización combate toda pobreza, asegura Benedicto XVI El Papa propone combatir y prevenir la violencia apoyando a la familia El cardenal Bertone trae al Papa la esperanza de una Iglesia que renace en Cuba Universitarios de Europa y América unidos por satélite con Benedicto XVI MUNDO Plan de Cáritas Ecuador para atender a 5.000 familias afectadas por las inundaciones La droga será el problema más grave de Argentina La Universidad Católica, al servicio de la sociedad paraguaya Segundo congreso latinoamericano de movimientos eclesiales y nuevas comunidades Tomado el Palacio Arzobispal de Caracas por grupos favorables a Chávez Polonia: publicado un sondeo sobre la práctica de la confesión El laicismo también afecta a zonas de Tierra Santa ENTREVISTAS Cardenal Cordes: La caridad es mostrar el amor de Dios por cada hombre y mujer DOCUMENTACIÓN Los desafíos de la Iglesia en El Salvador, según Benedicto XVI Santa Sede La evangelización combate toda pobreza, asegura Benedicto XVIAl recibir a los obispos de El Salvador CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 28 febrero 2008 (ZENIT.org).- La obra de evangelización, es decir, el anuncio del amor de Dios en Cristo, permite luchar contra las mismas causas de la pobreza, no sólo material sino también espiritual, considera Benedicto XVI. Así lo explicó este jueves a los obispos de El Salvador, con quienes se reunió al concluir su quinquenal visita ad limina apostolorum. Analizando la situación del país, el Papa reconoció que «frente a la pobreza de tantas personas, se siente como una necesidad ineludible la de mejorar las estructuras y condiciones económicas que permitan a todos llevar una vida digna». «Pero no se ha de olvidar que el hombre no es un simple producto de las condiciones materiales o sociales en que vive», añadió. «Necesita más --constató--, aspira a más de lo que la ciencia o cualquier iniciativa humana puede dar. Hay en él una inmensa sed de Dios». «Los hombres anhelan a Dios en lo más íntimo de su corazón, y Él es el único que puede apagar su sed de plenitud y de vida, porque sólo Él nos puede dar la certeza de un amor incondicionado, de un amor más fuerte que la muerte». «El hombre necesita a Dios, de lo contrario queda sin esperanza», aseguró, sintetizando una idea central de su última encíclica Spe salvi. Por ello, aseguró el pontificio, «es preciso impulsar un ambicioso y audaz esfuerzo de evangelización en vuestras comunidades diocesanas, orientado a facilitar en todos los fieles ese encuentro íntimo con Cristo vivo que está a la base y en el origen del ser cristiano». «Una pastoral, por tanto --recalcó--, que esté centrada en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste». El obispo de Roma sugirió ayudar a los «laicos a que descubran cada vez más la riqueza espiritual de su bautismo, por el cual están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor, y que iluminará su compromiso de dar testimonio de Cristo en medio de la sociedad humana». Para cumplir esta altísima vocación, aclaró, «necesitan estar bien enraizados en una intensa vida de oración, escuchar asidua y humildemente la Palabra de Dios y participar frecuentemente en los sacramentos, así como adquirir un fuerte sentido de pertenencia eclesial y una sólida formación doctrinal, especialmente en cuanto se refiere a la doctrina social de la Iglesia, donde encontrarán criterios y orientaciones claras para poder iluminar cristianamente la sociedad en la que viven». En su discurso, el Papa hizo un reconocimiento de la obra de los primeros misioneros en El Salvador, así como de «pastores llenos de amor de Dios, como monseñor Óscar Arnulfo Romero», que ha tenido el país a lo largo de su historia cristiana. En su misión el Papa mostró su cercanía a los obispos salvadoreños. «Os estrecho en mi corazón con un abrazo de paz, en el que incluyo a los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos de vuestras Iglesias locales». El Papa propone combatir y prevenir la violencia apoyando a la familiaAl recibir a los obispos de El Salvador CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 28 febrero 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha propuesto combatir y prevenir la violencia apoyando a la familia, al reunirse este jueves con los obispos de El Salvador. En el encuentro que tuvo con los prelados, tras haberse reunido personalmente con ellos en los días pasados y de haber leídos sus informes, redactados con motivo de su quinquenal visita ad limina apostolorum, el Papa reconoció que la violencia es el problema más grave de esa nación. En su discurso, en respuesta a las palabras que le había dirigido monseñor Fernando Sáez Lacalle, arzobispo de San Salvador y presidente de la Conferencia Episcopal, el Santo Padre constató cómo los corazones de los obispos «se conmueven al contemplar las graves necesidades del pueblo que os ha sido encomendado, y al que queréis servir con amor y dedicación». «A causa de la situación de pobreza muchos se ven obligados a emigrar en busca de mejores condiciones de vida --denunció--, lo cual provoca a menudo consecuencias negativas para la estabilidad del matrimonio y de la familia». Más de dos millones y medio de salvadoreños viven en los Estados Unidos. El obispo de Roma reconoció también los esfuerzos que los obispos hacen «para promover la reconciliación y la paz en vuestro país, y superar así dolorosos acontecimientos del pasado». Ahora bien, junto a los obispos, el Papa constató que el «problema de la violencia», puede considerarse «como el más grave en vuestra nación». Analizando sus causas, mencionó que «el incremento de la violencia es consecuencia inmediata de otras lacras sociales más profundas, como la pobreza, la falta de educación, la progresiva pérdida de aquellos valores que han forjado desde siempre el alma salvadoreña y la disgregación familiar». «En efecto --aseguró--, la familia es un bien indispensable para la Iglesia y la sociedad, así como un factor básico para construir la paz». Por este motivo subrayó «la necesidad de revitalizar y fortalecer en todas las diócesis una adecuada y eficaz pastoral familiar, que ofrezca a los jóvenes una sólida formación espiritual y afectiva, que les ayude a descubrir la belleza del plan de Dios sobre el amor humano, y les permita vivir con coherencia los auténticos valores del matrimonio y de la familia, como la ternura y el respeto mutuo, el dominio de sí, la entrega total y la fidelidad constante». El Salvador tiene seis millones y medio de habitantes, en un 80% católicos. El cardenal Bertone trae al Papa la esperanza de una Iglesia que renace en CubaVe posibles evoluciones en la relación entre el Estado y la Iglesia CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 28 febrero 2008 (ZENIT.org).- El cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, ha traído a Benedicto XVI la esperanza de una Iglesia en Cuba que renace, sobre todo en el entusiasmo de sus jóvenes. Así lo ha explicado en una entrevista que ha concedido este jueves a «Radio Vaticano» y a «L'Osservatore Romano» y que será publicada el 1 de marzo en ambos medios de comunicación de la Santa Sede. Del 20 al 26 de febrero el purpurado italiano ha visitado cuatro diócesis de la isla caribeña para recordar el décimo aniversario de la histórica peregrinación apostólica de Juan Pablo II al país. El balance del viaje, es «sin duda positivo» para el cardenal, ante todo por su contacto con la Iglesia en el país: «una Iglesia viva, a pesar de las dificultades de acción en ciertas circunstancias, una Iglesia que está unida alrededor de sus obispos, una hermosa conferencia episcopal unida, sacerdotes, religiosos, religiosas que se proyectan con el testimonio de la oración, de la vida espiritual, en una gran acción social de asistencia a los más pobres y necesitados, y de trabajo entre los jóvenes». «Y después, por lo que se refiere a las autoridades civiles --añade hablando en italiano--, el balance ha sido asimismo positivo: he mantenido encuentros bilaterales con delegaciones compuestas por responsables de la vida civil, del gobierno, y el último día con el nuevo presidente, Raúl Castro». «Me parece que
se dan las perspectivas para un trabajo conjunto de confianza en la acción de la Iglesia y de posibilidad de apertura de nuevos espacios de presencia», indica. El cardenal Bertone explica que ha querido dejar un mensaje central a los cubanos: «estar muy cerca del pueblo, escuchar las aspiraciones, "los anhelos del pueblo" [dice hablando en español, ndr.] que ha sufrido mucho, que ha sufrido, como sabemos, por las coyunturas económicas y por las restricciones que proceden del exterior, en la economía, en el desarrollo de la isla». «Pero es un pueblo que sigue teniendo grandes ideales, sobre todo entre los jóvenes, que quieren resurgir y quieren afirmar su identidad: una identidad católica, en buena parte de los jóvenes». «Lo he experimentado tanto en los encuentros de la Universidad de La Habana, como en la Escuela de Formación de Medicina Latinoamericana», confiesa. «También he dejado el mensaje de tener confianza en el futuro, pues cuando todos están unidos se puede trabajar por un desarrollo integral, por un humanismo integral». Por lo que se refiere a su condena pública del embargo como «éticamente inaceptable», el cardenal Bertone explica que este juicio también puede aplicarse a «muchas restricciones que mantiene todavía la Unión Europea» «Me parece que estas actitudes buscan naturalmente tratar de hacer que evolucione el gobierno de la Isla hacia una mayor libertad, un mayor respeto de los derechos humanos; pero considero que estas medidas tan duras, tomadas unilateralmente, no favorecen el desarrollo», denuncia. «Hacen sufrir a la población porque es la población, las familias, los niños, los jóvenes, quienes son penalizados por estas medidas, y no reconocen la dignidad de la nación en sus valores, en su independencia, en su tradición. Por tanto, son inaceptables», recalca. «Yo he asegurado que la Santa Sede trabajará para tratar de que al menos sean reducidas estas sanciones, o incluso eliminadas --anuncia--. Ciertamente, esto tiene que comportar un desarrollo hacia una mayor libertad, hacia un mayor reconocimiento de los derechos personales y de lo derechos sociales, así como de los derechos políticos y económicos». «Pero también hay perspectivas prometedoras, porque ahora, Cuba, se prepara para firmar dos Convenciones de las Naciones Unidas precisamente sobre los derechos personales, sobre los derechos sociales, sobre los derechos económicos, sobre los derechos políticos».
Por lo que se refiere a su encuentro con el presidente Raúl Castro, el cardenal revela que «he visto a un hombre muy realista, abierto a discutir sobre todo y preocupado por el mantenimiento de los valores, de los ideales». «Naturalmente he planteado al presidente Raúl también el problema de los prisioneros de todo tipo, no sólo los prisioneros políticos, así como la atención pastoral de los prisioneros». Entre las reivindicaciones que hace para la Iglesia, el cardenal hace referencia a la falta de permisos para «la construcción de nuevas iglesias». «Hay muchas comunidades que nacen a nivel popular, especialmente en los pueblos, pero sin la posibilidad de reunirse en una iglesia; sólo pueden hacerlo en las familias». La gran esperanza que trae al Papa el cardenal Bertone es el renacimiento de estas «comunidades vivas, es decir, pequeñas comunidades, aunque no tengan sacerdotes, porque los sacerdotes son pocos, pero los religiosos y religiosas cubanos están aumentando». «Hay entusiasmo, frescura de vida cristiana, sobre todo entre los jóvenes», concluye. Universitarios de Europa y América unidos por satélite con Benedicto XVIEste sábado, con motivo de la VI Jornada Europea de Universitarios CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 28 febrero 2008 (ZENIT.org).- Las nuevas tecnologías unirán este próximo sábado por la tarde a universitarios de Europa y de América con Benedicto XVI con motivo de la VI Jornada Europea de Universitarios. El encuentro, que lleva por lema «Europa y las Américas juntas para construir la civilización del amor» es organizado por el Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas (CCEE) y la Oficina para la Pastoral Universitaria del Vicariato de Roma. El acto central tendrá lugar en el Vaticano, donde los jóvenes se congregarán alrededor del Papa en el Aula Pablo VI. A ellos se les unirán por satélite universitarios de varias ciudades del continente europeo y americano: Nápoles (Italia); Bucarest (Rumania), Toledo (España); Aviñón (Francia); Minsk (Bielorrusia); Washington (EE.UU.); Ciudad del México (México); La Habana (Cuba); Aparecida (Brasil) y Loja (Ecuador). A las 17,00 Benedicto XVI dirigirá el rezo del Rosario y a continuación pronunciará un discurso. Antes de despedirse entregará una copia de la encíclica Spe salvi a un grupo de estudiantes universitarios en representación de todos los presentes. Mundo Plan de Cáritas Ecuador para atender a 5.000 familias afectadas por las inundaciones CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 28 febrero 2008 (ZENIT.org).- Cáritas Ecuador acaba de informar que, además de seguir adelante con el reparto de ayuda humanitaria a los damnificados por las inundaciones en las provincias de Los Ríos y Manabí --donde, en colaboración con la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, está repartiendo raciones alimenticias, medicinas, agua, mosquiteros y útiles de aseo--, en las próximas horas va a lanzar un plan de emergencia para atender las necesidades urgentes de 5.000 familias. Esta operación tiene como objetivo prioritario garantizar el suministro a los afectados de alimentos, agua potable y materiales básicos para la reparación de las viviendas, así como la atención médica a través de brigadas y de los centros y unidades de salud que disponen las Diócesis de las zonas inundadas. «Cáritas Ecuador ha establecido un operativo de respuesta a esta emergencia en colaboración con los departamentos de Pastoral Social de las áreas de Machala, Babahoyo, Portoviejo y Azogues, y con los organismos locales de Defensa Civil», informa Cáritas. Además de prestar auxilio a los damnificados, «Cáritas está evaluando el alcance de los daños para identificar las necesidades más urgentes de esta primera fase de la emergencia, cuyos efectos han golpeado la cuarta parte de la superficie del país y a un número aproximado de 315.000 familias. Las pérdidas de la producción agrícola son ingentes y se estiman en 200 millones de dólares». «Además del trabajo de Cáritas, la Conferencia Episcopal ha decidido destinar a los damnificados los fondos recaudados en la campaña anual "MUNERA" que la Iglesia ecuatoriana pone en marcha con motivo de la Cuaresma. Asimismo, se han habilitado diversos centros de recogida de ayuda no perecedera en las Curias Diocesanas y en las parroquias para que, a través de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, sea distribuida a los damnificados, con particular atención a las áreas afectadas a las que no llega la ayuda gubernamental». Las última noticias facilitadas por Cáritas Ecuador confirman que se han registrado ya 600 casos de dengue y numerosos afectados con erupciones cutáneas. A todo ello se añade las serias dificultades logísticas a las que se enfrentan los equipos de ayuda, dado que las carreteras se encuentran inundadas o colapsadas a causa de los deslizamientos de tierra. La droga será el problema más grave de ArgentinaAdvierte monseñor Casaretto, presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social ROSARIO, jueves, 28 febrero 2008 (ZENIT.org-Aica).- En el marco del Foro Social, Económico y Político realizado el pasado sábado en la ciudad de Rosario, el presidente de la Comisión Episcopal argentina de Pastoral Social y asesor de la Comisión Nacional de Justicia y Paz, monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro, advirtió que «la droga será el problema más grave dentro de unos años» si no se proponen acciones concretas para su prevención. Al participar de un acto en el Patio de la Madera junto al gobernador santafesino Hermes Binner, el prelado afirmó que para pensar en una Argentina sin excluidos habrá que trabajar más intensamente en el tema de la solidaridad y la ciudadanía. «La preocupación fundamental de los argentinos --reclamó-- debe ser el drama de la exclusión social, ninguno de nosotros puede estar tranquilo mientras exista un solo hermano nuestro excluido, y muchísimo menos esta proporción de pobreza y excluidos del 30%, como lo marcan las cifras nacionales». Frente a este problema y a la necesidad de trabajar más en cuestiones sociales y ciudadanas, monseñor Casaretto recordó que «la provincia no es una responsabilidad del gobernador, como la ciudad no es responsabilidad del intendente, es de todos, y todos deberíamos tener algún tipo de participación en la resolución de los problemas». Tras reiterar que «todavía esta hipoteca social es fuerte y no podemos correr el riesgo de que este avance económico nos haga olvidar de este altísimo porcentaje de hermanos que viven esa dimensión de exclusión social», manifestó la preocupación de la Iglesia por cómo se regula la relación del Estado con la sociedad civil. «Este es uno de los problemas más importantes de la democracia, porque antes los políticos de alguna manera eran las personas más capacitadas, más instruidas y hoy estamos en la sociedad del conocimiento, y el conocimiento está en la sociedad civil. Pero los políticos son los que toman las determinaciones. Estos foros están manifestando un principio de solución, al relacionar al Estado con la sociedad civil», consignó.
En el foro participaron 1.500 personas, incluida la totalidad de ministros del gabinete provincial santafesino y un gran número de intendentes de los municipios que conforman la provincia de Santa Fe. La Universidad Católica, al servicio de la sociedad paraguayaAprobado el Estatuto del centro académico Desde su mismo origen, indica el texto del Estatuto hecho público en el sitio de la Conferencia Episcopal de Paraguay, «se ha procurado siempre como un centro importante de creatividad y de irradiación del saber, de capacitación para el recto ejercicio de las profesiones y de diálogo entre la fe, la ciencia y la cultura, para bien de nuestra sociedad». En noviembre de 2002 la Conferencia Episcopal de Paraguay expresó, en nota dirigida al rector de la Universidad Católica, su preocupación por el debilitamiento de la identidad y misión de la Universidad y las dificultades de gestión resultantes de un complejo mecanismo institucional. Desde entonces, se ha seguido un proceso de reflexión de la situación de la universidad en su conjunto, nombrando una comisión ad hoc a fin de hacer un diagnóstico, a la luz de los nuevos problemas emergentes, de las fortalezas y debilidades institucionales de la Universidad Católica. Tras este proceso, el Estatuto fue aprobado por el pleno de la Conferencia Episcopal y se envió a Roma para la aprobación definitiva. Así mismo el Estatuto ha sido reconocido por el Poder Ejecutivo en 2008. El Estatuto recuerda que, en el documento de la V Conferencia Episcopal Latinoamericana y del Caribe, Aparecida, «se subraya que uno de los itinerarios formativos más importantes para la evangelización integral es la Universidad católica». En el apartado dedicado a la misión de este centro académico, se afirma que «la Universidad católica, abierta a la sociedad, expresa su Misión como: «servicio y contribución de la Iglesia; es una institución educativa, sin fines de lucro, creada por la Conferencia Episcopal Paraguaya y erigida por la Santa Sede, que tiene por finalidad consagrarse sin reserva a la causa de la verdad, sirviendo a la dignidad de la persona y a la causa de la Iglesia». «En la adquisición de conocimientos útiles -añade--, la Universidad Católica, se distingue por su libre búsqueda de toda la verdad acerca de la naturaleza, del ser humano y de Dios». «La búsqueda de la verdad aspira a llegar a la suma Verdad de Dios que históricamente, en Jesucristo, ofrece la salvación del género humano --indica el texto--. Esta búsqueda tiene que estar en el trasfondo de la docencia y la investigación. Así se encuentra el punto de convergencia entre la Ciencia y la Fe, en la Verdad. El diálogo entre la Fe y la Razón debe ser habitual y debe procurar la interrelación entre estos dos mundos. Su encuentro se produce continuamente en el interior de la persona, que busca la armonía y la síntesis en la unidad de su propio ser». Segundo congreso latinoamericano de movimientos eclesiales y nuevas comunidades BOGOTÁ, jueves, 28 febrero 2008 (ZENIT.org-El Observador).- Organizado por el Departamento de Comunión Eclesial y Diálogo del el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) comienza este jueves Segundo Congreso de Movimientos Eclesiales y Nuevas Comunidades en América Latina y El Caribe. Convocado, a través del responsable de la Sección de Movimientos Eclesiales y Nuevas Comunidades del CELAM, monseñor José Francisco Ulloa Rojas, obispos responsables de las Conferencias Episcopales de la Comisión de Movimientos, sacerdotes y un grupo de delegados de 35 movimientos de América Latina y el Caribe, se reúnen hasta el 2 de marzo, en la Casa de Encuentros San Pedro Claver, de la Ciudad de Bogotá, Colombia. En el evento participan el Pontificio Consejo para los Laicos y la Comisión para América Latina, así como miembros del CELAM, con la idea de fondo de dar seguimiento a estas nuevas realidades en Latinoamérica y El Caribe, donde se han desarrollado de muy diversas formas, dando un dinamismo inusitado a la Iglesia católica del subcontinente. El lema del encuentro: «Movimientos eclesiales y nuevas comunidades, discípulos y misioneros de Jesús, luz del mundo», apunta precisamente a profundizar sobre el ser y quehacer del discípulo misionero, llamado a ser luz del mundo, según las conclusiones de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en mayo pasado en Aparecida (Brasil). Además, un grupo de panelistas especializados abordará el tema «Misión Continental, participación e integración de los movimientos eclesiales y nuevas comunidades» en el que se pretende adecuar los lineamientos del "Documento de Aparecida" con la misión continental que persigue el CELAM, que es hacer del continente de la esperanza, el del amor, de la justicia y de la paz. Tomado el Palacio Arzobispal de Caracas por grupos favorables a ChávezEl cardenal Urosa pide que cese la escalada de violencia CARACAS, jueves, 28 febrero 2008 (ZENIT.org).- Militantes políticos tomaron el 27 de febrero de manera violenta el Palacio Arzobispal de Caracas y desalojaron al personal que trabaja allí. El cardenal Urosa pidió que cese la escalada de violencia. Entre los asaltantes, algunos tenían el rostro cubierto con capuchas y con imágenes del Che Guevara. El grupo oficialista leyó un comunicado en el que reivindicó el «poder del pueblo soberano». La acción obligó a salir a parte de las personas que trabajan en el despacho del cardenal y arzobispo Jorge Urosa. La Policía Metropolitana acudió al lugar para atender la situación. El cardenal Jorge Urosa, arzobispo de Caracas, rechazó la ocupación del arzobispado por un grupo radical, que se declararon favorables al presidente del país, Hugo Chávez, y afirmó que es responsabilidad del Gobierno evitar que se repitan actos de violencia como ése. «Esta escalada de violencia debe cesar, y eso le corresponde al Gobierno. Todos los sectores debemos contribuir a que haya paz armonía, concordia. Las diferencias se dilucidan con diálogo y en democracia», declaró el cardenal al canal privado Globovisión. El purpurado lamentó que ninguna autoridad atendiera sus llamadas telefónicas para denunciar la invasión de la sede arzobispal, y exigió «respeto para la Iglesia, para los que trabajan conmigo, para mi persona y para los sacerdotes». El cardenal vinculó la acción de ayer con «ataques» de algunas personalidades gubernamentales a las posiciones adoptadas por la jerarquía católica en algunos asuntos de interés nacional. La ocupación del arzobispado coincidió en ese mismo día con la celebración por parte de los sectores pro gubernamentales del aniversario del Caracazo, que comenzó el 27 de febrero de 1989 contra el Gobierno del entonces presidente Carlos Andrés Pérez. Aquel levantamiento popular anárquico, con saqueos indiscriminados principalmente en Caracas y que fue sofocado por los militares, es considerado por los partidarios de Chávez como el precursor de la revolución bolivariana.
Los representantes de quienes tomaron el Palacio Arzobispal leyeron un comunicado donde rechazaron la actitud de la jerarquía católica en abril de 2002, se quejaron por el hecho de que se haya refugiado en la Nunciatura Apostólica Nixon Moreno, un politólogo asilado en dicha sede. También rechazaron las acciones de la empresa Exxon Mobil y llamaron a los estudiantes bolivarianos a la unidad. Pidieron que se realice un referendo contra la señal abierta de Globovisión. Polonia: publicado un sondeo sobre la práctica de la confesiónPromovido por el semanal católico «Niedziela» CZESTOCHOWA, jueves, 28 febrero 2008 (ZENIT.org).- «Niedziela», el semanal católico más difundido en Polonia, ha publicado en su última edición un sondeo sobre la práctica del sacramento de la confesión en el país natal de Karol Wojtyla. El sondeo fue preparado por el Instituto de Estadística de la Iglesia Católica bajo la dirección del padre Witold Zdaniewicz, y por encargo del semanal «Niedziela». Según el sondeo, el 51,7% de los católicos en Polonia practica la confesión algunas veces al año, el 46,5% lo hace cada mes y sólo el 1,7% se confiesa una vez al año. Sobre la importancia de este sacramento para la vida cotidiana de los católicos en Polonia, el estudio revela que, para el 85,9%, la confesión lleva consigo el cambio de la vida espiritual; para el 53,8% esta ayuda a cambiar y a profundizar las relaciones en familia; mientras que para el 53,6% ayuda a perdonar. Según los católicos polacos, el papel del sacerdote en el confesionario es el de: testigo de la Misericordia Divina (55,7%), director espiritual que comprende nuestra vida (47,4%), juez que da la penitencia (9%) y médico espiritual (34,7%). Al presentar el sondeo, el redactor jefe de «Niedziela», monseñor Ireneusz Skubi dijo que la Cuaresma es una buena ocasión para reflexionar sobre nuestra vida y sobre nuestra religiosidad, sobre todo sobre la práctica del sacramento del perdón. Traducido del italiano por Nieves San Martín El laicismo también afecta a zonas de Tierra SantaSegún el vicario de la Custodia de Tierra Santa Entrevistas Cardenal Cordes: La caridad es mostrar el amor de Dios por cada hombre y mujerEntrevista con el presidente del Consejo Pontificio «Cor Unum» CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 28 febrero 2008 (ZENIT.org).- ¿Qué diferencia a los cristianos de los no cristianos en las obras de ayuda a los necesitados? El cardenal Paul Josef Cordes, presidente del Consejo Pontificio Cor Unum, no tiene duda: la caridad para el cristiano es mostrar el amor de Dios por cada hombre y mujer. Nacido en Kirchhundem, Alemania, en 1934, el purpurado preside el organismo vaticano que coordina las iniciativas de las instituciones católicas de ayuda en todo el mundo. Su dicasterio distribuye también los gestos de caridad del Papa hacia las poblaciones golpeadas por catástrofes naturales o guerras. Cuando era obispo auxiliar de Paderborn, Cordes pudo conocer personalmente al cardenal Karol Wojtyla, que le llamó a Roma una vez elegido Papa para nombrarlo primero vicepresidente del Consejo Pontificio para los Laicos, y luego presidente de Cor Unum. Como colaborador de Juan Pablo II, pudo además trabajar junto al cardenal Joseph Ratzinger. Lo revela en esta entrevista concedida a Zenit. --El santo Padre le ha confiado la misión de ser presidente del Consejo Pontificio Cor Unum, que se ocupa de coordinar el espíritu de caridad y la obra de las instituciones caritativas de la Iglesia. ¿Qué es lo más importante de su trabajo? --Cardenal Cordes: Tras la encíclica Deus Caritas Est del Papa Benedicto XVI, vemos por una parte la necesidad de empeñarnos con fuerza en hacer el bien a la gente, para mostrar la bondad de Dios, sobre todo, ante la miseria y de ser sensibles a aquello que necesita la gente; y por otra, constatamos también la necesidad de unir este empeño con el Evangelio. Jesucristo hizo siempre el bien en relación a la proclamación de la Palabra y la historia de la redacción de la encíclica demuestra que el Papa lo subraya mucho. La primera parte habla extensamente de la importancia de Dios para el hombre y yo pienso que la Iglesia, o los cristianos, tienen esta tarea específica. Hay muchas iniciativas de ayuda: tenemos la Cruz Roja, tenemos las diversas instituciones de las Naciones Unidas, las agencias filantrópicas. Y todo esto es muy bueno. Pero si analizamos lo específico del cristiano nos damos cuenta de que va más allá de la miseria humana. Con frecuencia, la ayuda material no basta, si la gente se encuentra en una dificultad tal que no se le puede ayudar ya con el pan, o con el techo, o con las medicinas. ¿Qué ofrecer a un moribundo, a una mujer que ha perdido a sus hijos en un terremoto? Nos queda todavía dar consuelo, hablando de Dios que nos ha preparado la vida eterna. Este mensaje es muy importante y nosotros, los fieles, lo debemos salvaguardar. --Dada la vastedad de la Iglesia católica, ¿cómo lograr transmitir este espíritu? ¿Tienen iniciativas para incluir la dimensión de la fe en la ayuda ofrecida por las diferentes organizaciones católicas en el mundo? --Cardenal Cordes: Ahora estamos haciendo una gira por las conferencias episcopales. He estado en diversos países: Rusia, Polonia, Austria, España, he ido a la India; se trata de señalar a los obispos esta voluntad del Papa y de subrayar la dimensión espiritual de la ayuda. Aprovechamos también las visitas ad limina que hacen al Papa y a sus colaboradores. Organizamos un congreso importante cuando se publicó la encíclica Deus Caritas Est, y todo esto nos ayuda. Ahora tenemos una nueva idea, algo original quizá y que podría crear un poco de sorpresa. Hemos programado un gran retiro espiritual para los responsables de las actividades caritativas de las diócesis, es decir el presidente, los directores. Y queremos empezar por América del Norte y América del Sur. Es un paso nuevo. Se podría uno preguntar para qué sirve esto concretamente. Pero en un mundo tan pragmático, a menudo incluso superficial, apresurado y poco sensible, debemos redescubrir las raíces, poner nuestro corazón en escucha y percibir la fuerza de la Palabra de Dios. Hemos invitado al padre Raniero Cantalamessa, que es el predicador de la Casa Pontificia y un gran orador, dotado de mucha experiencia. Hemos convocado, a principios de junio de este año, este retiro espiritual en Guadalajara, México. Hemos elegido un lugar que está en el centro de las dos Américas, aunque acercándonos un poco al sur hemos escogido a México. --Usted ha sido nombrado cardenal por Benedicto XVI. Tras una vida de fidelidad a la Iglesia, uno se pregunta cómo ha nacido su vocación a seguir a Cristo desde que era joven. --Cardenal Cordes: Sí, tengo una larga historia, es verdad. Mis padres tenían un cine, un restaurante y un hotel. Nací, por tanto, en un ambiente no muy protegido, digamos muy normal. Quizá mi familia se sorprendió un poco cuando quise empezar el estudio de la Teología para ser sacerdote. Pero, detrás de todo esto, estaba la oración intensa de una religiosa, que estaba en mi pequeña ciudad, y que siempre rezó para que el Señor me hiciera sacerdote. Pero sin hablar nunca conmigo de esto. No me preguntó nunca si lo quería. Y cuando oí esto la primera vez, no estaba para nada contento. Fui a verla y la regañé un poco, porque me había creado muchos problemas, porque la decisión no fue fácil. Y ella sonreía, se reía de mí. Y desde aquel momento hicimos un pacto y cada vez que he tenido algo difícil que hacer le he escrito pidiendo sus oraciones. Estoy convencido que ha sido la oración de esta religiosa la que lanzó mi vocación. --Luego en su vocación ha sido sacerdote y obispo y ha conocido al cardenal Karol Wojtyla. ¿Cuándo se encontraron por primera vez? ¿Cómo fue su relación? --Cardenal Cordes: Ya durante el Concilio Vaticano II hubo un intercambio de cartas entre el episcopado polaco y alemán a causa de la guerra, para hacer paz, para favorecer la reconciliación también entre los dos pueblos. Por otra parte, los católicos de Polonia estaban impedidos por su gobierno comunista para intensificar estos contactos con el gobierno alemán que era libre, otros decían capitalista, y las relaciones eran difíciles. En 1978, por primera vez vino una delegación oficial del episcopado polaco a Alemania. Pero a decir verdad no era una comisión del episcopado, era el cardenal Stefan Wyszynski, el gran primado de Polonia, y con él estaban algunos obispos aparentemente menos importantes, de los cuales no se conocía ni siquiera el nombre. Bien, yo había trabajado en la oficina de la Conferencia Episcopal y en el último momento me llamó el secretario de la Conferencia diciéndome: «Hemos olvidado una cosa importante. Para tal visita haría falta alguien que acompañe siempre a esta delegación». Yo era un joven obispo y así me pidieron acompañar al grupo. El cardenal Wyszynski iba siempre en el primer coche, con el obispo del lugar, y en el segundo coche conmigo estaba el cardenal Wojtyla, que casi nadie conocía. Y así estuvimos algunos días juntos. Hablamos. El cardenal era muy discreto, muy atento. En los encuentros con la gente, cuando la cosa se hacía difícil, el cardenal Wyszynski decía a su compañero, el cardenal Wojtyla: «Ahora habla tú, tú hablas mejor en alemán». Yo estaba muy impresionado por este hombre y cuando volví a mi diócesis, a Padernborn, me encontré con un sacerdote y él decía: «Wyszynski es una gran persona, ha hecho las cosas muy bien», yo espontáneamente le respondí: «Wyszynski es bueno, pero Wojtyla es mejor». Fue mi comentario. Luego, cuando fue elegido Papa, Juan Pablo II me llamó para que viniera a Roma, para asumir el trabajo en la Curia. Acepté con gusto también porque quería ayudar a este personaje auténtico, un hombre de oración, y simpático. Sin conocer una palabra de italiano me vine a Roma. --Y luego en Roma tuvo la oportunidad de conocer al cardenal Joseph Ratzinger, que ahora es nuestro Santo Padre Benedicto XVI, aunque quizá lo conocía ya de antes... --Cardenal Cordes: Lo conocí cuando era todavía profesor, al inicio del Vaticano II, quizá en 1963, no recuerdo. Dio una conferencia y me sorprendían sus respuestas a las preguntas de los estudiantes, pues eran siempre exhaustivas. Sus respuestas parecían casi una pequeña conferencia sobre un tema. Cuando uno de nosotros los seminaristas preguntaba, el tenía siete u ocho argumentos. Y yo me preguntaba: «Pero este hombre sabía ya esta pregunta por anticipado; ¿cómo encuentra una respuesta tan articulada?». Esta fue mi primera impresión. Luego lo encontré aquí y allá en varias ocasiones. Cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, nos vimos a menudo porque yo era consultor. Luego tomé un apartamento en el edificio de la sede de la Congregación, y cuando él dejaba el despacho a menudo volvía a casa. Así, encontrándonos frecuentemente, hablábamos. Cuando tenía problemas sobre una cosa le pedía consejo; era verdaderamente muy amigable nuestra relación. Me regaló muchos de sus libros con una dedicatoria. Ciertamente era una relación muy bonita. Y claro, cuando lo eligieron Papa yo me puse contentísimo. --Pero me imagino que en cierto sentido ya no se da esa cercanía de antes, pues como Papa tiene mil compromisos. Ya no le tiene como su vecino... --Cardenal Cordes: A menudo la gente me dice: «¡Salude al Papa de mi parte!». Saludar al Papa para mí ahora es difícil y, por tanto, saludo a su ángel de la guarda. Por una parte, la relación es más complicada, veo que tiene un peso tan grande, que inicialmente había rechazado la idea de ser Papa. Ahora tiene que protegerse, usar bien su tiempo. Por esto, los contactos son más difíciles. Pero yo a menudo pienso en él también en la oración, porque él no se avergüenza de pedir oraciones. Así la relación existe, aunque sin la expresión humana que tenía antes. Alguna vez me ha invitado a comer con él. Es un gran placer. Es un hombre muy sencillo, no hace grandes ceremonias, no muestra que es Papa. Una vez, cuando le llevé un libro mío, quité el envoltorio delante de él porque tenía miedo de que no mirara el contenido del paquete. Estaba confundido porque él mismo se levantó de la silla y quería tirar el papel él mismo a la papelera. Es un hombre grande en la sencillez, más bien en la humildad. Por Jesús Colina, traducido del italiano por Nieves San Martín Documentación Los desafíos de la Iglesia en El Salvador, según Benedicto XVIDiscurso con motivo de la visita de «ad limina» de sus obispos CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 28 febrero 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que dirigió Benedicto XVI este jueves a los obispos de la Conferencia Episcopal de El Salvador, con quienes se había reunido personalmente en días pasados, con motivo de su visita ad limina apostolorum. * * * Queridos Hermanos en el Episcopado: 1. Con gran alegría os recibo en este día en el que, con motivo de vuestra visita Ad limina, habéis venido hasta las tumbas de los Apóstoles para reforzar los lazos de comunión de vuestras respectivas Iglesias Particulares con la Sede Apostólica. Mi dicha es aún mayor porque ésta es la primera vez que tengo la oportunidad de encontrarme con vosotros como Sucesor de Pedro. Agradezco a Mons. Fernando Sáez Lacalle, Arzobispo de San Salvador y Presidente de la Conferencia Episcopal, las atentas palabras que me ha dirigido en vuestro nombre. A través de vosotros, envío un saludo especial a vuestros sacerdotes, religiosos y fieles laicos, que con generosidad e infatigable esfuerzo viven y anuncian la Buena Nueva de la Redención que Cristo nos ha traído, verdadera y única esperanza para todas las gentes. En su mayoría, el pueblo salvadoreño se caracteriza por tener una fe viva y un profundo sentimiento religioso. El Evangelio, llevado allí por los primeros misioneros y predicado también con fervor por pastores llenos de amor de Dios, como Mons. Óscar Arnulfo Romero, ha arraigado ampliamente en esa hermosa tierra, dando frutos abundantes de vida cristiana y de santidad. Una vez más, queridos Hermanos Obispos, se ha hecho realidad la capacidad transformadora del mensaje de salvación, que la Iglesia está llamada a anunciar, porque ciertamente «la Palabra de Dios no está encadenada» (2 Tm 2, 9) y es viva y eficaz (cf. Hb 4, 12). 2. Como Pastores de la Iglesia, vuestros corazones se conmueven al contemplar las graves necesidades del pueblo que os ha sido encomendado, y al que queréis servir con amor y dedicación. A causa de la situación de pobreza muchos se ven obligados a emigrar en busca de mejores condiciones de vida, lo cual provoca a menudo consecuencias negativas para la estabilidad del matrimonio y de la familia. Sé también de los esfuerzos que estáis haciendo para promover la reconciliación y la paz en vuestro País, y superar así dolorosos acontecimientos del pasado. Al mismo tiempo, habéis dedicado una carta pastoral en 2005 al problema de la violencia, considerado como el más grave en vuestra Nación. Al analizar sus causas, reconocéis que el incremento de la violencia es consecuencia inmediata de otras lacras sociales más profundas, como la pobreza, la falta de educación, la progresiva pérdida de aquellos valores que han forjado desde siempre el alma salvadoreña y la disgregación familiar. En efecto, la familia es un bien indispensable para la Iglesia y la sociedad, así como un factor básico para construir la paz (cf. Mensaje Jornada Mundial de la Paz 2008, n. 3). Por eso, sentís la necesidad de revitalizar y fortalecer en todas las Diócesis una adecuada y eficaz pastoral familiar, que ofrezca a los jóvenes una sólida formación espiritual y afectiva, que les ayude a descubrir la belleza del plan de Dios sobre el amor humano, y les permita vivir con coherencia los auténticos valores del matrimonio y de la familia, como la ternura y el respeto mutuo, el dominio de sí, la entrega total y la fidelidad constante. 3. Frente a la pobreza de tantas personas, se siente como una necesidad ineludible la de mejorar las estructuras y condiciones económicas que permitan a todos llevar una vida digna. Pero no se ha de olvidar que el hombre no es un simple producto de las condiciones materiales o sociales en que vive. Necesita más, aspira a más de lo que la ciencia o cualquier iniciativa humana puede dar. Hay en él una inmensa sed de Dios. Sí, queridos Hermanos Obispos, los hombres anhelan a Dios en lo más íntimo de su corazón, y Él es el único que puede apagar su sed de plenitud y de vida, porque sólo Él nos puede dar la certeza de un amor incondicionado, de un amor más fuerte que la muerte (cf. Spe salvi, 26). «El hombre necesita a Dios, de lo contrario queda sin esperanza» (ibíd., 23). Por ello es preciso impulsar un ambicioso y audaz esfuerzo de evangelización en vuestras comunidades diocesanas, orientado a facilitar en todos los fieles ese encuentro íntimo con Cristo vivo que está a la base y en el origen del ser cristiano (cf. Deus caritas est, 1). Una pastoral, por tanto, que esté centrada «en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste» (Novo millennio ineunte, 29). Hay que ayudar a los fieles laicos a que descubran cada vez más la riqueza espiritual de su bautismo, por el cual están «llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor» (Lumen gentium, 40), y que iluminará su compromiso de dar testimonio de Cristo en medio de la sociedad humana (cf. Gaudium et spes, 43). Para cumplir esta altísima vocación necesitan estar bien enraizados en una intensa vida de oración, escuchar asidua y humildemente la Palabra de Dios y participar frecuentemente en los sacramentos, así como adquirir un fuerte sentido de pertenencia eclesial y una sólida formación doctrinal, especialmente en cuanto se refiere a la doctrina social de la Iglesia, donde encontrarán criterios y orientaciones claras para poder iluminar cristianamente la sociedad en la que viven. 4. En vuestra solicitud pastoral, los sacerdotes han de ocupar un lugar muy especial. Con ellos os unen lazos estrechísimos en virtud del Sacramento del Orden que han recibido y de la participación en la misma misión evangelizadora. Ellos merecen vuestros mejores desvelos y vuestra cercanía a cada uno, conociendo su situación personal, atendiéndolos en todas sus necesidades espirituales y materiales y animándoles a proseguir con gozo su camino de santidad sacerdotal. Imitad en esto el ejemplo de Jesús, que consideraba amigos suyos a quienes estaban con Él (cf. Jn 15, 15). Como fundamento y principio visible de unidad en vuestras Iglesias particulares (cf. Lumen gentium, 23) os aliento a ser promotores y modelos de comunión en el propio presbiterio, encareciendo a vivir la concordia y la unión de todos los sacerdotes entre sí y en torno a su Obispo, como manifestación de vuestro afecto de padre y hermano, sin dejar de corregir las situaciones irregulares cuando sea necesario. El amor y la fidelidad del sacerdote a su vocación será la mejor y más eficaz pastoral vocacional, así como un ejemplo y estímulo para vuestros seminaristas, que son el corazón de vuestras Diócesis, y en los que tenéis que volcar vuestros mejores recursos y energías (cf. Optatam totius, 5), porque son esperanza para vuestras Iglesias. Seguid también con atención la vida y el quehacer de los Institutos religiosos, estimando y promoviendo en vuestras comunidades diocesanas la vocación y misión específicas de la vida consagrada (cf. Lumen gentium, 44), y alentándolos a colaborar en la actividad pastoral diocesana para enriquecer, «con su presencia y su ministerio, la comunión eclesial» (Exhort. ap. Pastores gregis, 50). 5. Si bien los desafíos que tenéis ante vosotros son enormes y parecen superiores a vuestras fuerzas y capacidades, sabéis que podéis acudir con confianza al Señor, para quien nada hay imposible (cf. Lc 1, 37), y abrir vuestro corazón al impulso de la gracia divina. En ese contacto constante con Jesús, el Buen Pastor, en la oración, madurarán los mejores proyectos pastorales para vuestras comunidades y seréis verdaderamente ministros de esperanza para todos vuestros hermanos (cf. Pastores gregis, 3), pues Él es quien hace fecundo vuestro ministerio episcopal, que, a su vez, ha de ser un reflejo auténtico de vuestra caridad pastoral, a imagen de Aquel que vino «no a ser servido, sino a dar su vida como rescate por muchos» (Mc 10, 45). 6. Queridos Hermanos, al final de nuestro encuentro os agradezco de nuevo vuestra entrega generosa a la Iglesia y os acompaño con mi oración, para que en todos vuestros retos pastorales os llenen de esperanza y de ánimo las palabras del Señor Jesús: «he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). Os estrecho en mi corazón con un abrazo de paz, en el que incluyo a los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos de vuestras Iglesias locales. Sobre cada uno de vosotros y de vuestros fieles diocesanos imploro la constante protección de la Virgen María Reina de la Paz, Patrona de El Salvador, a la vez que os imparto con gran afecto la Bendición Apostólica. [© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana] ZENIT es una agencia internacional de información. Visite nuestra página http://www.zenit.org Para suscribirse/darse de baja: http://www.zenit.org/spanish/subscribe.html Para cualquier información: http://www.zenit.org/spanish/contactanos.html * * * * * * * * * * * * * * * * La reproducción de los servicios de Zenit requiere el permiso expreso del editor: http://www.zenit.org/spanish/permisos.html (c) Innovative Media Inc. VISnews 080228
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27 februari ZS080227 (a)
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SANTA SEDE Santa Sede La conversión permite descubrir el amor de Dios, explica el Papa En su última audiencia general dedicada a san Agustín CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 27 febrero 2008 (ZENIT.org).- La conversión permite descubrir que Dios es amor, considera Benedicto XVI. Y la experiencia de la dulzura de Dios es la necesidad de fondo que experimenta la humanidad para encontrar la esperanza, aclaró este miércoles durante la audiencia general. En su encuentro con miles de peregrinos en el aula Pablo VI del Vaticano, el pontífice concluyó la serie de cinco intervenciones que ha dedicado al santo que, como confesó, quizá ha tenido más importancia «en mi vida de teólogo, de sacerdote y de pastor», san Agustín de Hipona (354-430). En particular, revivió su conversión, que como explicó no fue una experiencia repentina, sino que vivió a lo largo de toda su vida. «Convertido a Cristo, que es verdad y amor», «este grande enamorado de Dios» «se convirtió en un modelo para todo ser humano, para todos nosotros en la búsqueda de Dios», explicó el Papa. El Santo Padre reconoció que su primera encíclica, Deus caritas est, «tiene una gran deuda, sobre todo en su primera parte, con el pensamiento de san Agustín». Y sintetizó así la propuesta que hizo en ese primer gran documento de su pontificado: «También hoy, como en su época, la humanidad tiene necesidad de conocer y sobre todo de vivir esta realidad fundamental: Dios es amor y el encuentro con él es la única respuesta a las inquietudes del corazón humano». «Un corazón en el que vive la esperanza --quizá todavía oscura e inconsciente en muchos de nuestros contemporáneos--, para nosotros los cristianos abre ya hoy al futuro, hasta el punto de que san Pablo escribió que "en esperanza fuimos salvados"». Por este motivo, añadió, «a la esperanza he querido dedicar mi segunda encíclica, Spe salvi, que también ha contraído una gran deuda con Agustín y su encuentro con Dios». «Tenemos que purificar nuestros deseos y nuestras esperanzas para acoger la dulzura de Dios», dijo el Papa a los fieles, recogiendo una de las ideas centrales de Agustín de Hipona. «Sólo ésta nos salva, abriéndonos además a los demás», aclaró. Por este motivo, concluyó invitando a los cristianos a seguir «el ejemplo de este gran convertido, encontrando como él en todo momento de nuestra vida al Señor Jesús, el único que nos salva, que nos purifica y nos da la verdadera alegría, la verdadera vida». La malentendida autonomía del paciente, una forma de abandonarle Alerta la doctora Taboada, especialista en Medicina Paliativa CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 27 febrero 2008 (ZENIT.org).- Un «sobre-énfasis» en el «principio de autonomía del paciente» en la toma de decisiones de su terapia conduce a formas de abandono del enfermo y a carencias en la responsabilidad del médico. Es una de las alertas que ha lanzado la doctora Paulina Taboada, médico internista especializada en medicina paliativa, en el Congreso Internacional de la Pontificia Academia para la Vida (PAV) --Ciudad del Vaticano, 25 y 26 de febrero-- sobre el tema: «Junto al enfermo incurable y al moribundo: orientaciones éticas y operativas». Al programa de intervenciones de carácter científico, antropológico, ético y deontológico, la también profesora de la Pontifica Universidad Católica de Chile y directora del Centro de Bioética de la misma universidad --doctora en Filosofía y miembro de la PAV-- aportó una amplia reflexión sobre «Medios ordinarios y extraordinarios de conservación de la vida: la enseñanza de la tradición moral». Y despejó el equívoco médico que equipara «la distinción ordinario/extraordinario» con «usual/inusual» en las terapias. «La distinción entre medios "ordinarios" y "extraordinarios" no se refiere primariamente al tipo de medio en general --dice en su intervención--, sino más bien al carácter moral que la utilización de ese medio tiene para una persona en particular». Dilema ético «Como médico dedicada a la bioética, la pregunta más frecuente que me hacen colegas y profesores se refiere a los criterios para decidir la limitación o no de terapias en pacientes», reconoce a Zenit la doctora Taboada, a propósito de su ponencia. Es uno de los interrogantes también «más difíciles de responder», «para nosotros, como médicos --añade--, y con mayor razón para los pacientes mismos y las familias, quienes además confían en buena medida en el juicio médico». «Frente a este dilema ético la tradición moral de la Iglesia católica ha propuesto la distinción clásica entre medios ordinarios y extraordinarios», «ampliamente conocida en el mundo médico y que se aplica para las decisiones de limitar esfuerzos terapéuticos», pero «lamentablemente en el mundo médico no siempre es bien comprendida esta enseñanza», observa. Y es que «la mentalidad médica está formada por un pensamiento científico-técnico al que le gustan las respuestas concretas y rápidas» --aclara--, pero «para poder responder hasta dónde llegar con terapias médicas hay que hacer un juicio ético, un juicio de prudencia, que es complejo, que necesita calma y tomar en cuenta muchos elementos». Entre estos, la doctora Taboada cita «la utilidad médica del tratamiento --qué evidencia científica hay de que ese tratamiento puede ayudar a ese paciente en concreto», «las complicaciones de estos tratamientos --porque todos tienen asociado algún efecto adverso», o incluso «si ese tratamiento está disponible en el lugar de que se trate, una cuestión compleja en países pobres, porque en las capitales puede existir y en los pueblos más alejados no», imposibilitándose su aplicación a un paciente. De la autonomía al abandono El juicio --extremadamente «delicado», insiste la especialista-- sobre la obligatoriedad moral de un tratamiento sitúa igualmente ante decisiones «que tienen que tomarse en el contexto individual del paciente». El proceso de discernimiento es clave porque, como subraya la doctora Taboada en sus declaraciones a Zenit, «en la ética médica contemporánea existe una tendencia a dar un sobre-énfasis al principio de autonomía del paciente», corriente de gran influencia en el contexto anglosajón que postula «la capacidad de decidir del paciente y su total responsabilidad: lo que él decida es, en definitiva, lo que debe hacerse». «Respetando profundamente la libertad y la autonomía de las personas, personalmente no estoy de acuerdo con este enfoque, porque pienso que los profesionales de la salud tenemos una responsabilidad enorme para ayudar a los pacientes a tomar decisiones correctas en relación a la propia salud y a la vida», advierte. «Ciertamente la responsabilidad última hacia la salud y la vida propia la tiene uno mismo --puntualiza--, pero para poder tomar una decisión responsable en cuanto a los tratamientos médicos se necesita información, y ésta habitualmente viene del personal médico»; por lo tanto, «para que el paciente pueda ejercer bien esta responsabilidad necesita que el equipo sanitario le brinde una información comprensible, completa, adecuada a su situación y que de alguna forma también incluya un juicio moral». Frente a este sobre-énfasis de autonomía, la doctora Taboada propone un modelo de relación médico-paciente «más participativo», que incluya «un proceso de diálogo para llegar a una decisión común de la terapia adecuada en el caso particular». «Me parece que dejar al paciente solo en la toma de decisiones, entregándole únicamente información --por ejemplo estadísticas--, y luego esperar a que opte por lo que quiera, es una forma de abandono del paciente, y una forma de individualismo», subraya, consciente de que la responsabilidad del profesional sanitario es más amplia, incluye la solidaridad y la ayuda a una toma correcta de decisiones en un proceso común. Escucha y silencio Interrogantes poco fáciles llegan, asimismo, en la fase terminal. «Para acompañar a la persona en el final de su vida es sumamente importante tomar en serio el tema del sufrimiento», explica la especialista. En general, «cuando uno sufre se ven afectadas todas las dimensiones y se experimenta una cierta soledad; hay algo incomunicable»; pero «cuando una persona se aproxima al final de su vida esto se multiplica, porque a los sufrimientos físicos --dolor, debilidad, náuseas, pérdida de la imagen corporal...-- se suma el dolor espiritual de aproximarse al fin de la vida y no saber qué viene después, como será este fin, si habrá dolor, si se estará acompañado o solo», apunta. De ahí también la importancia de «aprender a escuchar» --dice--, que «supone también captar los signos corporales, no sólo las palabras», porque «en numerosas ocasiones los pacientes expresan mucho de lo que están viviendo a través de gestos, desde la postura en la cama a los ademanes de las manos, de la cara». «Hay que estar atento a esto para lograr aproximarse un poco a ese sufrimiento y poder ser un apoyo eficiente, compasivo, en ese momento» --invita--; «ante un paciente moribundo tenemos que aprender a serenarnos, a estar "con", en paz, y acompañar solidariamente, con los oídos abiertos y capacidad de entrega». La doctora Taboada comparte su experiencia médica en su conversación con Zenit: «En mi experiencia, cuando las personas dicen "ya no aguanto más", "no quiero seguir sufriendo", muchas veces están necesitando un apoyo humano, alguien que les acompañe, y también un apoyo que les dé una luz de sentido a lo que están viviendo». «Quizá lo más terrible cuando uno está sufriendo es la pregunta por el sentido: de lo que están viviendo, todo ese dolor, esa angustia, dejar a los seres queridos...--expresa--. Esa pregunta que angustia a las personas carece de respuesta fácil», e intentar darla no hace más que incrementar el sufrimiento, «porque estas personas se sienten incomprendidas. Vuelve la importancia de tomar en serio la cuestión del sufrimiento, «reflexionarla en lo personal y poder aportar alguna luz de esperanza ante esa pregunta; no digo una respuesta definitiva --recalca la especialista--, porque darla al tema del sufrimiento es muy difícil». «Me ayuda algo que he aplicado con pacientes y conmigo misma --admite--, una frase de Juan Pablo II: muchas veces, con el sufrimiento, lo que cabe es guardar un respetuoso silencio y, ante el misterio, permitir a Dios que tenga sus secretos». «O sea, respetuoso silencio ante el misterio y aceptar que no lo vamos a entender todo», concluye. Por Marta Lago No virus found in this incoming message. No virus found in this outgoing message. ZS080227 (b)MUNDO
Mundo El cardenal Bertone aboga ante Raúl Castro por los prisioneros Al concluir su visita a Cuba LA HABANA, miércoles, 27 febrero 2008 (ZENIT.org).- El cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado de Benedicto XVI, se despidió en la noche de este martes de Cuba después de haberse reunido con el nuevo presidente del país, Raúl Castro Ruz, elegido dos días antes sucesor de su hermano Fidel. Ambos representantes sostuvieron conversaciones oficiales, en las que examinaron la marcha de las relaciones del Estado cubano con la Santa Sede y la Iglesia católica en Cuba. La agencia oficial cubana AIN explicó tras el encuentro que «ambos representantes sostuvieron conversaciones oficiales, en las que examinaron la marcha de las relaciones del Estado cubano con la Santa Sede y la Iglesia católica en Cuba. Además, intercambiaron sobre asuntos de interés multilateral e internacional». Antes de tomar el avión, el purpurado declaró que «había expresado al presidente cubano su mejores auspicios para afrontar con éxito su misión al servicio del país». Al mimo tiempo, el cardenal insistió en un particular «deseo de la Santa Sede: promover todavía más el acercamiento entre el mundo y Cuba, así como el aumento de convergencias sobre importantes cuestiones internacionales». En el respeto de la soberanía de Cuba y de sus ciudadanos el cardenal Bertone informó que ha expresado al presidente Raúl Castro, «la preocupación de la Iglesia por los prisioneros y sus familias». El ministro de exteriores, Felipe Pérez Roque, definió el encuentro «cordial, respetuoso y sincero». El cardenal Bertone estuvo acompañado por el cardenal Jaime Ortega Alamino, arzobispo de La Habana; el arzobispo Luigi Bonazzi, nuncio apostólico en Cuba; monseñor Juan García Rodríguez, arzobispo de Camagüey y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. Por la parte cubana, estuvieron presentes Carlos Lage Dávila, vicepresidente del Consejo de Estado; Esteban Lazo Hernández, vicepresidente del Consejo de Estado; Felipe Pérez Roque, ministro de Relaciones Exteriores; Caridad Diego Bello, jefa de la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba; Eumelio Caballero Rodríguez, viceministro de Relaciones Exteriores y Raúl Roa Kourí, embajador de Cuba ante la Santa Sede. Concluía así la visita del purpurado italiano de seis días a la isla caribeña, en la que ha recorrido cuatro diócesis, para recordar el enorme cariño con el que los cubanos recibieron hace diez años a Juan Pablo II. El mensaje que dejó entonces el Papa sigue cobrando plena actualidad: «que Cuba se abra al mundo y el mundo a Cuba». Universidad transmitirá en Ecuador el encuentro de los universitarios con el Papa La Universidad Técnica Particular de Loja a través de videoconferencia LOJA, miércoles, 27 febrero 2008 (ZENIT.org).- La Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL), Ecuador, invita a todos los universitarios a participar en la VI Jornada Europea de Universitarios, convocada por el Papa Benedicto XVI, bajo el lema «Europa y América juntas para construir la civilización del Amor». La UTPL, universidad católica, afirma en un mensaje enviado a Zenit, que hace esta invitación «desde su misión basada en el humanismo cristiano y la práctica de valores». Añade que se trata de «un espacio creado para la reflexión y para volver la mirada hacia una vida rica en vivencias católicas y es precisamente en el marco de esta jornada espiritual en que se entregará la encíclica Spe Salvi por parte del sumo pontífice a los jóvenes del mundo». Este evento será transmitido el sábado 1 de marzo a las 11,00 horas de Ecuador, vía satélite, desde el Aula Pablo VI en Roma y estará presidido por Benedicto XVI llegando a once destinos alrededor del mundo, entre ellos a La Habana, Nueva York, México, Avignon, Minsk, Toledo, Nápoles, Aparecida, Bucarest y Edimburgo. La Universidad Técnica Particular de Loja, afirma el mensaje «reconocida a nivel mundial por ser sede de eventos internacionales de alta calidad y por su gran capacidad de convocatoria ha sido la escogida en Ecuador para transmitir tan importante acontecimiento religioso y moral a través de su sistema de videoconferencias que llegan a todos los rincones de nuestro país». Durante el acto habrá conexiones satelitales con diversas catedrales y santuarios europeos y de América latina para dialogar con los jóvenes reunidos. Para más información: http://www.utpledu.ec/images/VIJornadaEuropea.jpg México celebra este domingo el Día de la Familia TEHUACÁN, miércoles, 27 febrero 2008 (ZENIT.org-El Observador).- El próximo domingo 2 de marzo se celebra en México el Día de la Familia; una jornada instituida por la iniciativa privada del país y apoyada por la Iglesia católica. Por este motivo, el obispo de Tehuacán y encargado de la Dimensión de la Familia en la Conferencia del Episcopado Mexicano, monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, ha emitido un mensaje en el que recuerda las palabras del Papa Benedicto XVI en el sentido de que la familia «es uno de los tesoros más importantes de los pueblos latinoamericanos». «Con todo y que nuestras familias tengan muchas carencias y conflictos, me uno a esta valoración de que nuestras familias constituyen uno de los tesoros más importantes de nuestros pueblos», ha escrito el obispo Aguilar Martínez. Más adelante, en su comunicado por el Día de la Familia advierte que se trata de una ocasión muy favorable para reconocer, cuidar e incrementar ese tesoro. «Contemplemos con amor quiénes integran nuestra familia. Veamos la lista de cualidades de cada uno, sumemos la lista de valores en la atmósfera familiar», subraya en su mensaje el prelado mexicano. «Tal vez hemos estado ciegos --como narra el Evangelio dominical, en el capítulo 9 de san Juan- y Jesús nos concede ver ese tesoro familiar que teníamos enterrado: hecho de bondad, sencillez, austeridad, abnegación, perseverancia, solidaridad, con ejemplos de ternura, sonrisa, de momentos de oración, unidos a Cristo Jesús y a la Virgen María de Guadalupe», escribe monseñor Aguilar Martínez en la parte medular de su reflexión sobre el Día de la Familia. «Pero, como narra también el Evangelio dominical, agrega el obispo de Tehuacán, a pesar del milagro de Jesús, o precisamente por eso, habrá quienes nos quieran confundir y terminen por echarnos fuera de su círculo». Y termina diciendo el encargado de la Familia por parte de los obispos mexicanos: «Entonces Jesús nos encuentra y nos pregunta: "¿Crees tú en el Hijo del hombre?". Y nos deja la libertad de responder, y también añade: "Yo he venido a este mundo para que se definan los campos: para que los ciegos vean, y los que ven queden ciegos"». Monseñor Giussani, un educador adelantado según los signos de los tiempos El fundador de Comunión y Liberación celebrado por la Iglesia en el mundo ROMA, miércoles, 27 febrero 2008 (ZENIT.org).- Tres años después de su muerte, el 22 de febrero de 2005, la figura de monseñor Luigi Giussani, fundador de Comunión y Liberación (CL) fue recordada por la Iglesia los cinco continentes. En Italia, en Roma, Milán, Bolonia y Génova, los cardenales Camillo Ruini, Dionigi Tettamanzi, Carlo Caffarra y Angelo Bagnasco, recordaron al valiente y fiel sacerdote lombardo. En el sitio de Comunión y Liberación, se cuentan más de 200 iglesias, basílicas y catedrales de diversas ciudades del mundo donde «don Giussani» (como le llaman sus hijos espirituales) ha sido conmemorado. En Milán, en el instituto «Giovanni Berchet», donde Giusssani enseñó religión de 1955 a 1967, y donde nació el primer núcleo de jóvenes que llevaría a la fundación de CL, se descubrió una placa recuerdo. El cardenal Camillo Ruini, obispo vicario del Papa para la diócesis de Roma, en la celebración eucarística que tuvo lugar el 23 de febrero en San Juan de Letrán, comentó: «El tiempo pasa veloz pero en la memoria no se debilita y no empalidece la fuerza de una presencia que está viva más que nunca». «Monseñor Giussani, en el misterio del amor de Dios, está con nosotros y en medio de nosotros --añadió--. Está con nosotros con esa pasión por Cristo que ha fascinado, animado y guiado toda su vida». «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva», dijo el vicario de Roma, recordando las palabras con las que Benedicto XVI abre la encíclica Deus caritas Est. «Representan sin ningún forzamiento la síntesis de la experiencia, del pensamiento, del apostolado y de la vida entera de este sacerdote ambrosiano», reconoció el purpurado. «La pasión por Cristo en don Giussani --subrayó-- ha sido siempre, sin la mínima discontinuidad, pasión por la Iglesia, adhesión a la Iglesia, vida en la Iglesia y por la Iglesia». Según el cardenal Ruini, el encuentro de don Giussani con Cristo ha sido siempre algo muy concreto, y la Iglesia «es una realidad absolutamente próxima a cada uno» es «el entero cuerpo del Señor» y «encuentra su síntesis visible en la persona del Papa». «Ha sido cuanto menos una coincidencia feliz, y ciertamente a él muy grata --concluyó el vicario de Roma-- que la existencia terrena de don Giussani se haya cumplido en la fiesta de la Cátedra de San Pedro». La fidelidad y el amor por la Iglesia fue subrayada también por el sucesor de don Giussani, don Julián Carrón, quien en el mensaje leído en San Juan de Letrán escribe: «Deseamos servir a la Iglesia de Roma, nuestra madre, con todo el entusiasmo y la inteligencia de la fe que hemos descubierto gracias al carisma de don Giussani». El 22 de febrero, en Bolonia, en la catedral de San Pedro, el cardenal Carlo Caffarra de dirigió a los fieles de CL diciendo: «Cuando pienso en monseñor Giussani, muy a menudo lo veo arrodillado delante del Papa en la Plaza de San Pedro». «Me parece que fue la última vez que habló en público: había hablado del hombre como mendigo de Cristo», recordó el arzobispo de Bolonia. «Esta la conclusión de una vida que ha vivido el misterio que hoy celebramos: estar de rodillas ante Pedro porque ves en él la presencia de Cristo. Amad así a la Iglesia: amadla con este afecto profundo al Papa», concluyó. Por Antonio Gaspari, traducido del italiano por Nieves San Martín El cardenal Schönborn explica cómo una parroquia se convierte en misionera El arzobispo de Viena evoca la «misión ciudadana» de 2003 ROMA, miércoles, 27 febrero 2008 (ZENIT.org).- Occidente ya no es una tierra cristiana como antes; las parroquias representan una minoría y deben replantearse su papel. El cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, propuso algunos ejemplos concretos de cambios de actitud que tuvieron lugar en las parroquias de su diócesis. La intervención del purpurado austríaco fue una de las conferencias centrales del coloquio «Parroquias y nueva evangelización», organizado por la Comunidad del Emanuel en colaboración con el Instituto Redemptor Hominis, del 30 de enero al 1 de febrero. Si bien más tarde se publicarán las actas, Zenit ha trascrito algunos pasajes de su ponencia. El cardenal ilustró, a través de su experiencia personal, cómo una parroquia puede volverse misionera y lo hizo en particular centrándose en la «misión ciudadana» que vivió Viena en 2003. A aquella gran misión le siguieron iniciativas análogas en importantes ciudades de Europa: París (2004), Lisboa (2005), Bruselas (2006) y Budapest (2007). «¡Hay que amar mucho a la parroquia!», exclamó el cardenal, «porque la parroquia es el pueblo de Dios con todas sus fuerzas y sus debilidades, es una comunidad hecha por jóvenes y viejos a distintas velocidades». El cardenal Schönborn explicó que la parroquia había evolucionado mucho en el curso de los últimos cincuenta años: «En mi infancia, el pueblo era la parroquia. Todo el mundo iba a misa el domingo», explicó añadiendo que hoy, en cambio, la parroquia representa una minoría. El cardenal precisó que en las parroquias reina a menudo un ambiente cálido, pero que a veces son desgraciadamente demasiado cerradas. «Después de la misa, tomamos un café», explicó ilustrando su experiencia en Austria. «Estamos a gusto en las parroquias, hace calor, pero damos la espalda al exterior, y si usted no forma parte del círculo, de la comunidad, no entra». El arzobispo de Viena también subrayó la dificultad de la falta de sacerdotes y de convencer a veces a los fieles para que se desplacen para asistir a la Eucaristía, cuando ya no se celebra en pequeñas parroquias, que no pueden ser asistidas por sacerdotes a causa de la falta de vocaciones. «¡Es impensable desplazarse el domingo tres kilómetros para participar en la Eucaristía! Tiene que haber una misa en cada pueblito. Si no, hacemos una celebración sin sacerdote», dijo dando voz a algunos grupos de fieles que prefieren la comodidad. Rememorando los orígenes de la misión de Viena de 2003, el cardenal Schönborn contó que la Comunidad del Emmanuel le propuso esta idea cardenal Jean-Marie Lustiger de París, al cardenal José Policarpode Lisboa y al cardenal Godfried Danneels de Bruselas. «De ahí nació nuestro proyecto de las misiones ciudadanas --relató el cardenal Schönborn--. Estuve encantado, pero para mis adentros pensaba: "¿Qué van a decir nuestras parroquias, nuestros laicos, nuestros curas, nuestros sacerdotes? ¿Van a aceptar este desafío?"».
De las 172 parroquias de la ciudad, el cardenal esperaba una participación por lo menos de 30 parroquias. Al final participaron 108. «El milagro son estas pequeñas cosas, que son muy importantes porque cambiaron la perspectiva», subrayó. El arzobispo de Viena citó algunos ejemplos concretos de cambios de actitud en las parroquias. En primer lugar, la de una parroquia que tenía la costumbre de tomar su café después de la misa. «En lugar de hacerlo en los locales de la parroquia, decidieron poner una tienda delante de la iglesia y comprobaron tranquilamente que se podían dirigir a la gente que pasa e invitarlos a tomar un café. Por primera vez, hicieron una verdadera experiencia misionera: dirigirse a alguien invitándole aunque no se iniciara directamente una conversación sobre el Evangelio». El cardenal austríaco contó por otro lado que en el marco de iniciativas surgidas a partir de la misión ciudadana, con motivo de san Valentín, se han distribuido 150.000 o 200.000 cartas de amor a la gente en el metro. Un miembro del equipo de la organización escribió el texto. «Se puso en el lugar del Buen Dios e imaginó lo que escribiría a fulanito y a menganito», explicó el cardenal Schönborn. «Este género de acción entró en las costumbres de las parroquias --corroboró--. Ciertos miembros de nuestras parroquias no tienen miedo a ir en el metro y distribuir cartas de amor de Dios». «Es un inicio --concluyó el cardenal--. Son primeros pasos de la misión, pero lo que todavía falta mucho es que sea el amor del Cristo que nos empuja, y verdaderamente sea una evangelización». Colaboración sacerdotes y laicos En respuesta a la cuestión de un participante de la experiencia de colaboración entre sacerdotes y laicos en las parroquias, el cardenal Schönborn lamentó una «clericalización de los laicos y una laicización del clero». «Hay que animar a los sacerdotes a ser los pastores de su comunidad. Esto no quiere decir que sean unos dictadores sino pastores según el corazón de Jesús. Deben dirigir, conducir. El sacerdote debe por supuesto colaborar con los laicos en todos los dominios, fraternalmente, pero también con la claridad. Es él quien representa el Cristo, la cabeza de la comunidad», dijo. Y en respuesta a una cuestión de la posibilidad de dejar viri probati, (hombres casados que habrían dado prueba de una aptitud para hacerse sacerdotes por la calidad de su compromiso cristiano), para cumplir el ministerio de los sacerdotes en la Iglesia, respondió: «Es una decisión grave que el Papa tendría el poder de tomar, pero no pienso que lo hará. El llamamiento al sacerdocio es la continuación de Cristo en su estado de célibe, en su estado de obediencia, de pobreza y de castidad». Hay una conveniencia profunda --no es una necesidad; los teólogos distinguen la necesidad y la conveniencia-- algo profundamente justo, a lo que el sacerdote en su ministerio de representar el Cristo pastor para su comunidad sea en este don todo su ser bajo la forma que Jesús mismo libremente escogió. Es una cuestión de conveniencia y creo que es profunda».
Por Gisèle Plantec «Generación Benedicto» desembarca en Internet www.generacion-benedicto.es MADRID, miércoles, 27
febrero 2008 (ZENIT.org).-
Ha desembarcado en Internet «Generación Benedicto» (www.generacion-benedicto.es),
una red de jóvenes de todo el
mundo, surgida en las Jornadas Mundiales de la Juventud celebradas en agosto de
2005 en la ciudad alemana de Colonia. Obispos de El Salvador: La emigración amenaza a la familia Están visitando al Papa y a sus colaboradores de la Curia Romana CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 27 febrero 2008 (ZENIT.org).- La disgregación familiar provocada por la emigración preocupa a los obispos de El Salvador, afirma en Roma el arzobispo de San Salvador y presidente de la Conferencia Episcopal del país, Fernando Sáenz Lacalle. Los obispos salvadoreños están realizando en esta semana su visita ad limina apostolorum al Papa y a los miembros de la Curia Romana. Refiriéndose al alto número de compatriotas emigrados al exterior --más de dos millones y medio viven en Estados Unidos--, el arzobispo ilustra a «Radio Vaticano» que «la situación más preocupante es la de los emigrantes ilegales que no pueden volver sino sólo enviar dinero, sin por tanto poder ver a los propios hijos que son educados por los abuelos». «Una acción muy concreta de la Iglesia es tratar de mantener los contactos con los emigrantes», recuerda, subrayando que «muchos obispos de El Salvador aceptan con gusto visitar las comunidades salvadoreñas en el exterior, pero hay también muchos sacerdotes que son asignados a estas comunidades». En este sentido, se están también enviando seminaristas a un seminario en México, fundado por el cardenal Norberto Rivera Carrera, «para preparar sacerdotes a realizar su ministerio entre los emigrantes en Norteamérica». A pesar de la fuerte emigración, constata el prelado, la población salvadoreña está creciendo, y la masiva emigración interna presenta el problema de «cómo proporcionar una asistencia pastoral adecuada a esta parte de la población, que implica la necesidad de crear nuevas parroquias». «Gracias a Dios, tenemos bastantes vocaciones y sacerdotes jóvenes y creemos que los formamos bien, por tanto no tenemos necesidad de buscar ayudas externas», observa. El prelado salvadoreño habla también del problema de la explotación de la minas de metal, afrontado en el última reunión de la Conferencia Episcopal del país. «Para empezar --subraya--, hay una gran injusticia: sólo el 3% de los beneficios de las minas va al país, mientras que el 97% va a las empresas mineras». «La cuestión más grave» sin embargo, es el cianuro usado para la extracción de los metales, «que es muy contaminante y El Salvador está intensamente poblado. Las aguas que se usan en todo el país provienen del norte y la contaminación de la población es muy evidente. Es, por tanto, lógico que lancemos la alarma sobre este problema». En su asamblea, recuerda, los prelados salvadoreños manifestaron también su preocupación por el avance de los proyectos de ley contrarios a la vida, entre ellos el relativo al aborto. «Gracias a Dios, desde hace unos años, gracias a la acción concertada de muchas organizaciones católicas, hemos recogido muchas firmas y obtenido, con el voto de más de dos tercios de los diputados, una enmienda al primer artículo de la Constitución que habla del respeto de la vida, incluyendo la especificación ‘desde el momento de la concepción'», observa. «Ha sido un gran resultado que ha permitido defender la vida, impidiendo cualquier legislación que facilite o permita el aborto». En este momento, los obispos están «combatiendo para obtener otra reforma constitucional que defina, o redefina, el matrimonio como unión entre un hombre y una mujer, para impedir cualquier tipo de unión que no sea la del matrimonio». Del mismo modo, quieren también «hacer de modo que la adopción se conceda sólo a personas heterosexuales regularmente casadas». El Salvador tiene seis millones y medio de habitantes, en un 80% católicos.
No virus found in this outgoing message. ZS080227 (c)ANÁLISIS
Análisis Tratando de poner fin a la situación de los niños soldado ROMA, miércoles, 27 febrero 2008 (ZENIT.org).- Ha llegado la hora de penalizar a quienes utilicen a niños en guerras, se decía en un reciente debate del Consejo de Seguridad de la ONU. El 12 de febrero, el consejo tuvo una reunión de todo un día para analizar la cuestión de los niños soldado. En su discurso a los asistentes, la representante especial para niños y conflictos armados del secretario general de la ONU, Radhika Coomaraswamy, se quejaba de la falta de actuaciones contra quienes utilizan a niños como combatientes en las guerras, informaba una nota de prensa de la ONU el 12 de febrero. Recomendaba al consejo que considerara medidas como restricciones para viajar a los líderes, embargos de armas y limitaciones de asistencia militar. Durante el curso del debate, los portavoces que representaban a docenas de naciones hablaron del azote de los niños obligados a portar armas en conflictos. El debate del Consejo de Seguridad siguió a un informe sobre el tema del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. Según el informe publicado el 21 de diciembre, se sigue usando a niños en conflictos armados en más de una docena de países. El informe nombraba Afganistán, Burundi, Chad, República Centroafricana, Colombia, la República Democrática del Congo, Myanmar, Nepal, Filipinas, Somalia, Sudán, Sri Lanka y Uganda, como los principales infractores. El informe, titulado «Niños y Conflictos Armados», cubre el periodo de octubre de 2006 a agosto de 2007. El documento explicaba que, con frecuencia, el reclutamiento de niños está ligado al problema de los refugiados forzados a huir de conflictos. Por un lago, las familias se ven forzadas a huir de sus hogares y evitar que sus hijos sean apresados por grupos armados. Por otro, los campos de refugiados suelen ser objetivo de grupos armados puesto que tienen un gran número de niños indefensos. Abusos sexuales Los niños, tanto chicas como chicos, también sufren frecuentemente violaciones y abusos sexuales durante su participación forzada en los conflictos. Dada la extensión de este problema, el secretario general se mostró de acuerdo con la reciente decisión del Tribunal Penal Internacional de abrir una investigación en la República Centroafricana por acusaciones de violaciones y otros crímenes sexuales cometidos durante el conflicto entre el gobierno y las fuerzas rebeldes. De los abusos no sólo son culpables los grupos rebeldes. El informe observaba que en algunos países los niños son usados como guías e informadores para las operaciones militares del gobierno, normalmente bajo coacción. El secretario general trató también algunos problemas ligados a los conflictos que afectan a los niños. Con frecuencia los colegios y sus profesores son objetivos de los grupos rebeldes, lo que significa que los niños se quedan sin educación. Los niños también sufren al estar en medio de la lucha, y son más vulnerables que los adultos. Asimismo, el uso de bombas racimo y de minas en algunos países sigue causando bajas después de que haya cesado la lucha. El 4 de febrero el Consejo de Seguridad también publicaba un informe titulado: «Niños y Conflictos Armados». Describiendo como «horrible» el impacto en los niños de los conflictos armados, el informe calculaba en más de 2 millones el total de niños asesinados en las zonas de guerra durante las últimas dos décadas. Otros seis millones han sufrido lesiones o han quedado discapacitados de forma permanente, indicaba el informe. En cuanto al tema de los niños soldado, el Consejo de Seguridad afirmaba que «más de un cuarto de millón de jóvenes han sido explotados como niños soldado en al menos 30 países». Necesidad de soluciones El interés en el tema del Consejo de Seguridad ha aumentado desde que una resolución, en el 2005, estableció un mecanismo de seguimiento e información, junto con un grupo de trabajo, sobre el tema de los niños y los conflictos armados. Sin embargo, este interés ha tenido efectos prácticos limitados, admitía el informe. Aunque ahora hay disponible más información, el informe observaba que hay una falta de respuesta a los problemas identificados. El texto del Consejo de Seguridad enumera algunos resultados positivos. Un acuerdo el 2007 en la República Centroafricana dio como resultado la liberación de 400 niños de grupos armados. En mayo del año pasado el gobierno de Chad firmó un acuerdo de desmovilización de niños soldado. En Costa de Marfil, cerca de 1.200 niños fueron liberados tras un acuerdo en noviembre de 2005. Estos éxitos han sido limitados, llevando al informe a concluir que: «se necesita una actuación más decidida, que incluya sanciones, contra los violadores persistentes así como procedimientos más sistemáticos para que se elaboren informes y se asegure su cumplimiento». Quedan dudas, no obstante, de que esto pueda ocurrir. El informe confesaba que muchos de los miembros del Consejo de Seguridad son reacios a actuar de forma decidida contra los infractores. Dudas similares comparten algunas organizaciones de derechos humanos implicadas en la campaña contra la utilización de niños soldado. Una de ellas, la Coalición para Poner Fin al Uso de Niños Soldado, publicaba un informe sobre el tema antes de la reunión del Consejo de Seguridad. La entidad, con sede en Londres, la crearon en 1998 varios organizaciones humanitarias y de derechos humanos. En su documento, titulado «El Consejo de Seguridad y los Niños y los Conflictos Armados: Próximos Pasos para poner Fin a las Violaciones contra los Niños», la coalición reconocía los avances de Naciones Unidas frente al problema. No obstante, el informe criticaba al Consejo de Seguridad por ser «inconsistente y generalmente débil» en su actuación contra los violadores persistentes que reclutan y utilizan niños soldado. Esto significa que los infractores, continuaba la coalición, pueden llegar a considerar que no se enfrentarán a penas significativas. Los problemas de las chicas Otro informe publicado con ocasión del debate de la ONU ha sido: «Bajas Olvidadas de Guerra: las Chicas en los Conflictos Armados», de la Alianza Internacional Save the Children. También con sede en Londres, la organización se ocupa de ayuda humanitaria para niños. Estimando aproximadamente en 300.000 el número de niños que se han visto implicados en conflictos a lo largo del mundo, el informe calculaba que más del 40% eran chicas. Además de en la lucha activa, las chicas están implicadas en la limpieza y en proporcionar ayuda médica, y también son usadas como posesiones sexuales por los líderes de los grupos armados. El informe defendía que las chicas suelen ser víctimas invisibles, cuyas necesidades no son tenidas en cuenta. Un caso ejemplar son los programas para los antiguos niños soldado una vez que terminan los conflictos. La alianza indicaba que con frecuencia se pasan por alto las necesidades de los niños y, en especial, de las chicas. De igual forma, tras volver a casa, las chicas suelen ser marginadas y excluidas de sus comunidades, observaba el informe, puesto que se las considera o violentas o promiscuas. Esto ocurre incluso más si están embarazadas o vuelven con sus bebés. La alianza pedía a la comunidad internacional que apoyase y financiase la liberación de niños de grupos armados, y también proporcionara fondos para programas que ayudasen en su integración a la comunidad. También pedía una atención especial y fondos para ayudar a las chicas a volver a la vida normal. Eliminar la violencia El Vaticano también ha mostrado su preocupación por el destino de los niños atrapados en los conflictos. El 23 de marzo del año pasado, monseñor Silvano Tomasi, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Ginebra, pronunciaba un discurso en la cuarta sesión del Consejo de Derechos Humanos. Los niños suelen ser las primeras víctimas de las hambres y de las guerras, observaba monseñor Tomasi. Tras enumerar algunos de los problemas a los que se enfrentan los niños, el representante vaticano comentaba que: «El objetivo de eliminar la violencia contra los niños y proporcionar un contexto constructivo y sano para su desarrollo exige que el estado y la sociedad apoyen de forma concreta y favorezcan a la familia para llevar a cabo su tarea». «El futuro de la sociedad depende de los niños y de cómo se preparen para ello, y su vulnerabilidad pide una especial protección», observaba. Por el padre John Flynn, L. C., traducción de Justo Amado Audiencia del miércoles Benedicto XVI revive la conversión de san Agustín Quinta y última intervención en la audiencia general dedicada al obispo de Hipona CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 27 febrero 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la quinta y última intervención de Benedicto XVI en la audiencia general dedicada a la figura de san Agustín de Hipona, en esta ocasión, consagrada a su conversión.
* * * Queridos hermanos y hermanas: Con el encuentro de hoy quisiera concluir la presentación de la figura de san Agustín. Tras detenernos en su vida, en sus obras, y en algunos aspectos de su pensamiento, hoy quisiera volver a recordar su experiencia interior, que hizo de él uno de los más grandes convertidos de la historia cristiana. A esta experiencia dediqué en particular mi reflexión durante la peregrinación que hice a Pavía, el año pasado, para venerar los restos mortales de este padre de la Iglesia. De este modo quise expresar el homenaje de toda la Iglesia católica, y al mismo tiempo hacer visible mi personal devoción y reconocimiento por una figura a la que me siento sumamente unido por la importancia que ha tenido en mi vida de teólogo, de sacerdote y de pastor. Todavía hoy es posible recorrer las vivencias de san Agustín gracias sobre todo a «Las Confesiones», escritas para alabanza de Dios, que constituyen el origen de una de las formas literarias más específicas de Occidente, la autobiografía, es decir la expresión personal del conocimiento de sí mismo. Pues bien, quien quiera que se acerque a este extraordinario y fascinante libro, todavía hoy sumamente leído, se da cuenta fácilmente de que la conversión de Agustín no fue repentina ni tuvo lugar plenamente desde el inicio, sino que puede ser definida más bien como un auténtico camino, que sigue siendo un modelo para cada uno de nosotros. Este itinerario culminó ciertamente con la conversión y después con el bautismo, pero no se concluyó con aquella Vigilia pascual del año 387, cuando en Milán el profesor de retórica africano fue bautizado por el obispo Ambrosio. El camino de conversión de Agustín continuó humildemente hasta el final de su vida, hasta el punto de que se puede verdaderamente decir que sus diferentes etapas --se pueden distinguir fácilmente tres-- son una única y gran conversión. La primera conversión San Agustín fue un buscador apasionado de la verdad: lo fue desde el inicio y después durante toda su vida. La primera etapa en su camino de conversión se realizó precisamente en el acercamiento progresivo al cristianismo. En realidad, él había recibido de la madre Mónica, con la que siempre estuvo muy unido, una educación cristiana y, a pesar de que había vivido en los años de juventud una vida desordenada, siempre sintió una profunda atracción por Cristo, habiendo bebido el amor por el nombre del Señor con la leche materna, como él mismo subraya (Cf. «Las Confesiones», III, 4, 8). Pero la filosofía, sobre todo la de orientación platónica, también había contribuido a acercarle a Cristo, manifestándole la existencia del Logos, la razón creadora. Los libros de los filósofos le indicaban que existe la razón, de la que procede todo el mundo, pero no le decían cómo alcanzar este Logos, que parecía tan alejado. Sólo la lectura de las cartas de san Pablo, en la fe la Iglesia católica, le reveló plenamente la verdad. Esta experiencia fue sintetizada por Agustín en una de las páginas más famosas de «Las Confesiones»: cuenta que, en el tormento de sus reflexiones, retirado en un jardín, escuchó de repente una voz infantil que repetía una cantinela, nunca antes escuchada: «tolle, lege, tolle, lege», «toma, lee, toma, lee» (VIII, 12,29). Entonces se acordó de la conversión de Antonio, padre del monaquismo, y con atención volvió a tomar un códice de san Pablo que poco antes tenía entre manos: lo abrió y la mirada se fijó en el pasaje de la carta a los Romanos en el que el apóstol exhorta a abandonar las obras de la carne y a revestirse de Cristo (13, 13-14). Había comprendido que esa palabra, en aquel momento, se dirigía personalmente a él, procedía de Dios a través del apóstol y le indicaba qué es lo que tenía que hacer en ese momento. De este modo sintió cómo se despejaban las tinieblas de la duda y se era liberado para entregarse totalmente a Cristo: «Habías convertido a ti mi ser», comenta («Las Confesiones», VIII, 12,30). Esta fue la primera y decisiva conversión. El profesor de retórica africano llegó a esta etapa fundamental en su largo camino gracias a su pasión por el hombre y por la verdad, pasión que le llevó a buscar a Dios, grande e inaccesible. La fe en Cristo le hizo comprender que Dios no estaba tan alejado como parecía. Se había hecho cercano a nosotros, convirtiéndose en uno de nosotros. En este sentido, la fe en Cristo llevó a cumplimiento la larga búsqueda de Agustín en el camino de la verdad. Sólo un Dios que se ha hecho «tocable», uno de nosotros, era en último término un Dios al que se podía rezar, por el que se podía vivir y con el que se podía vivir. La segunda conversión Es un camino que hay que recorrer con valentía y al mismo tiempo con humildad, abiertos a una purificación permanente, algo que cada uno de nosotros siempre necesita. Pero el camino de Agustín no había concluido con aquella Vigilia pascual del año 387, como hemos dicho. Al regresar a África, fundó un pequeño monasterio y se retiró en él, junto a unos pocos amigos, para dedicarse a la vida contemplativa y de estudio. Este era el sueño de su vida. Ahora estaba llamado a vivir totalmente para la verdad, con la verdad, en la amistad de Cristo, que es la verdad. Un hermoso sueño que duró tres años, hasta que, a pesar suyo, fue consagrado sacerdote en Hipona y destinado a servir a los fieles. Ciertamente siguió viviendo con Cristo y por Cristo, pero al servicio de todos. Esto era muy difícil para él, pero comprendió desde el inicio que sólo viviendo para los demás, y no simplemente para su contemplación privada, podía realmente vivir con Cristo y por Cristo. De este modo, renunciando a una vida consagrada sólo a la meditación, Agustín aprendió, a veces con dificultad, a poner a disposición el fruto de su inteligencia para beneficio de los demás. Aprendió a comunicar su fe a la gente sencilla y a vivir así para ella en aquella ciudad que se convirtió en la suya, desempeñando sin cansarse una generosa actividad, que describe con estas palabras en uno de sus bellísimos sermones: «Predicar continuamente, discutir, reprender, edificar, estar a disposición de todos, es un ingente cargo y un gran peso, un enorme cansancio» («Sermón» 339, 4). Pero él cargó con este peso, comprendiendo que precisamente de este modo podía estar más cerca de Cristo. Su segunda conversión consistió en comprender que se llega a los demás con sencillez y humildad. La tercera conversión Pero hay una última etapa en el camino de Agustín, una tercera conversión: es la que le llevó cada día de su vida a pedir perdón a Dios. Al inicio, había pensado que una vez bautizado, en la vida de comunión con Cristo, en los sacramentos, en la celebración de la Eucaristía, llegaría a la vida propuesta por el Sermón de la Montaña: la perfección donada en el bautismo y reconfirmada por la Eucaristía. En la última parte de su vida comprendió que lo que había dicho en sus primeras predicaciones sobre el Sermón de la Montaña --es decir, que nosotros, como cristianos, vivimos ahora este ideal permanentemente-- estaba equivocado. Sólo el mismo Cristo realiza verdadera y completamente el Sermón de la Montaña. Nosotros tenemos siempre necesidad de ser lavados por Cristo, que nos lava los pies, y de ser renovados por Él. Tenemos necesidad de conversión permanente. Hasta el final necesitamos esta humildad que reconoce que somos pecadores en camino, hasta que el Señor nos da la mano definitivamente y nos introduce en la vida eterna. Agustín murió con esta última actitud de humildad, vivida día tras día. Esta actitud de
humildad profunda ante el único Señor Jesús le introdujo en la experiencia de
una humildad también intelectual. Agustín, que es una de las figuras más
grandes en la historia del pensamiento, quiso en los últimos años de su vida
someter a un lúcido examen crítico sus numerosísimas obras. Surgieron así las «Retractationes»
(«revisiones»), que de este modo introducen su pensamiento teológico,
verdaderamente grande, en la fe humilde y santa de aquella a la que llama
simplemente con el nombre de Catholica, es decir, la Iglesia. «He comprendido
--escribe precisamente en este originalísimo libro (I, 19, 1-3)-- que sólo uno
es verdaderamente perfecto y que las palabras del Sermón de la Montaña sólo son
realizadas totalmente por uno solo: en Jesucristo mismo. Toda la Iglesia, por
el contrario, todos nosotros, incluidos los apóstoles, tenemos que rezar cada
día: "perdona nuestras ofensas Convertido a Cristo, que es verdad y amor, Agustín le siguió durante toda la vida y se convirtió en un modelo para todo ser humano, para todos nosotros en la búsqueda de Dios. Por este motivo quise concluir mi peregrinación a Pavía volviendo a entregar espiritualmente a la Iglesia y al mundo, ante la tumba de este grande enamorado de Dios, mi primera encíclica, Deus caritas est. Ésta, de hecho, tiene una gran deuda, sobre todo en su primera parte, con el pensamiento de san Agustín. También hoy, como en su época, la humanidad tiene necesidad de conocer y sobre todo de vivir esta realidad fundamental: Dios es amor y el encuentro con él es la única respuesta a las inquietudes del corazón humano. Un corazón en el que vive la esperanza --quizá todavía oscura e inconsciente en muchos de nuestros contemporáneos--, para nosotros los cristianos abre ya hoy al futuro, hasta el punto de que san Pablo escribió que «en esperanza fuimos salvados» (Romanos, 8, 24). A la esperanza he querido dedicar mi segunda encíclica, Spe salvi, que también ha contraído una gran deuda con Agustín y su encuentro con Dios. Un escrito sumamente hermoso de Agustín define la oración como expresión del deseo y afirma que Dios responde ensanchando hacia él nuestro corazón. Por nuestra parte, tenemos que purificar nuestros deseos y nuestras esperanzas para acoger la dulzura de Dios (Cf. San Agustín, «In Ioannis», 4, 6). Sólo ésta nos salva, abriéndonos además a los demás. Recemos, por tanto, para que en nuestra vida se nos conceda cada día seguir el ejemplo de este gran convertido, encontrando como él en todo momento de nuestra vida al Señor Jesús, el único que nos salva, que nos purifica y nos da la verdadera alegría, la verdadera vida. [Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:] Queridos hermanos y hermanas: San Agustín es uno de los más grandes convertidos de la historia cristiana. En su libro «Las Confesiones» nos ha dejado una descripción de su experiencia interior de conversión, que continuó durante toda su vida y en la que se pueden ver tres etapas. La primera consiste en su acercamiento progresivo al cristianismo, hasta llegar al bautismo. Su pasión por el ser humano y por la verdad le llevó a buscar a Dios. Un Dios que en Jesús se ha hecho cercano a los hombres haciéndose uno de nosotros. Así, la fe en Cristo culminó su larga búsqueda de la verdad. Más tarde fue consagrado sacerdote, renunciando a una vida sólo de meditación y estudio, para poder servir a los fieles. La última etapa se caracteriza por la profunda humildad intelectual y ante el Señor, con la que sometió a examen crítico sus numerosas obras, para introducir así su pensamiento teológico en la fe de la Iglesia. Agustín es, por tanto, un modelo para cuántos buscan la verdad, enseñándonos que únicamente en el encuentro con Dios, que es amor, el corazón humano puede encontrar respuesta a sus inquietudes. Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española. En particular, a los formadores y seminaristas de Córdoba, con su Obispo, a los que animo a seguir con entusiasmo su preparación al sacerdocio. Saludo también a las Cofradías del Cristo de la Expiración de Sevilla y de Málaga, a los distintos grupos de estudiantes y peregrinos venidos de Argentina, Chile, España, México, y de otros países latinoamericanos. Siguiendo el ejemplo de san Agustín, os exhorto a fijar vuestra mirada en Cristo, que se entregó por nosotros, y proseguir con esperanza vuestro camino de conversión cuaresmal. Muchas gracias. [Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
No virus found in this outgoing message. CADA 5000 NIÑOS POR NACER ASESINADOS MUERE UNA MADRENOTIVIDA, Año VIII, nº 492,26 de febrero de 2008 ABORTO: CADA 5000 NIÑOS POR NACER ASESINADOS MUERE UNA MADRE Por Mónica del Río En diciembre -cuando el presidente Kirchner traspasaba el mando a la presidenta Kirchner- comenzó a distribuirse en el país la Guía Técnica para la Atención Integral de los Abortos No Punibles, elaborada durante la gestión del ex ministro de salud Ginés González García (Vid Notivida Nº 490). La medida no fue revertida por la flamante presidenta y ese mismo mes su ministra de salud, Graciela Ocaña, dio a conocer las Estadísticas Vitales correspondientes al año 2006. Entre ellas las muertes por aborto, invocadas por la Guía para justificar esa práctica.
Algunos datos oficiales: Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud correspondientes al 2006
Sin dejar de reconocer el valor de cada vida humana –única e irrepetible- y la gravedad de su pérdida, no podemos dejar de destacar que el número de muertes relacionadas con el aborto provocado es abrumadoramente superado por el de muchas otras causales de muerte, incluso, por el número de víctimas fatales de la inseguridad. Consignemos, a modo de ejemplo, que las mismas estadísticas oficiales señalan que en el 2006 hubo 93 muertes por aborto, 462 suicidios de menores de 19 años y 8.986 defunciones de menores de un año (en su mayoría por causas evitables). Disminución de los nacimientos En el 2.003 (año en que asumió el presidente Néstor Kirchner y se implementó el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable creado por la Ley 25.673) los nacidos vivos fueron 697.952 y la tasa bruta de natalidad 18,4 (Fuente: MSA Serie 5 N° 47/04). Según las últimas Estadísticas Vitales del MSA, en el 2006 los nacidos vivos fueron 696.451 y la tasa bruta de natalidad 17,9. Aclaremos que la tasa bruta de natalidad expresa la relación entre los nacimientos y la población total y es, por lo tanto, un indicador del crecimiento de la población por nacimientos. Corroboramos entonces, cifras en mano, que durante la gestión del ex presidente Kirchner y a partir de la puesta en marcha del citado programa se desaceleró el crecimiento demográfico en nuestro país. El 40% de los argentinos es asesinado antes de nacer Según las estimaciones de la Guía Técnica distribuida por el Ministerio de Salud se producen alrededor de 460.000 abortos inducidos al año. Si comparamos esa cifra con la cantidad de nacimientos (aproximadamente 700.000) observamos que el 40% de los argentinos es asesinado antes de nacer. Dicho de otro modo: cada cinco argentinos por nacer se mata a dos. Cada 5000 niños por nacer asesinados muere una madre Si comparamos esa misma cifra (460.000 abortos inducidos al año) con las 93 muertes por aborto; surge que de cada 5000 mujeres que se practican un aborto, una muere. O lo que es lo mismo: cada 5000 niños por nacer asesinados muere una madre. Conclusión El ex presidente le dejó a su esposa el bastón de mando y la Guía Técnica para practicar abortos; pero la prioridad que le han dado los Kirchner al aborto no tiene apoyatura en las cifras oficiales. FIN ______________________________________ NOTIVIDA, Año VIII, nº 492, 26 de febrero de 2007 Editores: P. Juan C. Sanahuja y Mónica del Río Página web http://www.notivida.org Email notivida@notivida.com.ar Para suscribirse al boletín ingrese aquí ______________________________________ Citando la fuente y el autor, se autoriza la reproducción total o parcial de los artículos contenidos en cada número del boletín. Este boletín se ha enviado a alextagliavini@gmail.com Para darse de baja ingrese en www.elistas.net/lista/notivida/baja
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Vatican Information Service
26 februari ZS080226 (a)
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SANTA SEDE Santa Sede El Papa envía ayuda a los damnificados por las inundaciones de Ecuador A través del Consejo Pontificio «Cor Unum» CIUDAD DEL VATICANO, martes, 26 febrero 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha enviado una primera ayuda económica para salir en ayuda de los damnificados por las recientes inundaciones en Ecuador, según ha informado este martes la Oficina de Información de la Santa Sede. La ayuda ha sido destinada a través del Consejo Pontificio «Cor Unum», el organismo vaticano que distribuye la caridad del Papa y coordina a las instituciones católicas caritativas en el mundo. «El Consejo Pontificio "Cor Unum" ha enviado, en nombre del Santo Padre, una primera ayuda económica de emergencia a las once diócesis ecuatorianas afectadas por las recientes inundaciones», afirma el comunicado vaticano. En el Ángelus del domingo, Benedicto XVI hizo un llamamiento a favor de Ecuador, «invitando a todos a una solidaridad fraterna para que las poblaciones de esas zonas, que están viviendo horas de angustia y de tribulación a causa de las devastadoras inundaciones y de la erupción del volcán Tungurahua, pueden regresar, cuanto antes, a la normalidad de la vida cotidiana». La verdad a comunicar al enfermo incurable, según monseñor Sgreccia Presidente de la Pontifica Academia para la Vida CIUDAD DEL VATICANO, martes, 26 febrero 2008 (ZENIT.org).- No sólo una «verdad clínica», sino «una verdad global» del valor que tiene el final de la vida y la esperanza que la sostiene: es la información a la que tiene derecho el paciente incurable, advierte el presidente de la Pontificia Academia para la Vida (PAV). Éste ha sido el eje de la intervención del obispo Elio Sgreccia, la última del Congreso Internacional que celebra la PAV en el Vaticano el 25 y 26 de febrero sobre el tema: «Junto al enfermo incurable y al moribundo: orientaciones éticas y operativas». Como explica el prelado a Zenit, núcleo de su amplia ponencia es reconocer «cómo se vive el pensamiento de la muerte cuando se tiene salud», «cuando se es joven, niño o adolescente». «Este momento lo considero esencial para poder afrontar la muerte cuando llega --admite--, porque con la muerte hay que hacer las paces cuando se vive», ya que «si se sabe contemplar adecuadamente la muerte, se sabe valorar en su verdadera luz y se sabe también dar sentido a la vida». La desorientación al afrontar el tramo final de la vida procede de «no haber anticipado un concepto de muerte en nosotros mismos que esté abierto a la esperanza, a lo positivo, y por lo tanto sostenido por el amor», considera. Y «transformar este rostro de la muerte hay que hacerlo cuando aún hay vida; no se puede esperar al último momento», pide. En cualquier caso, incluso entonces «debemos dar lo mejor de nosotros, y por lo tanto el diálogo, la verdad no sólo clínica -"cómo estoy, cómo me siento, mejor o peor que ayer, cuántos días me quedan..."», expresa el prelado. Se trata de «la verdad global: la del valor que tienen esos días, la de la esperanza que tenemos enfrente, la del momento del encuentro con Dios, si especialmente el paciente está abierto a la fe --explica--; si no, hay una labor que hacer para orientar, si es posible, hacia lo positivo, hacia el acto final de la propia vida». Monseñor Sgreccia es consciente de que tal momento «probablemente la política no lo toma en consideración, y la economía incluso lo considera nada -es más, dinero perdido»; en cambio, «para quien tiene sentido del valor de la persona, es el momento más frágil, pero el más precioso». Obstáculos a la verdad de la muerte «Rechazo» es la palabra con la que monseñor Sgreccia, en su intervención, sintetiza la dificultad de la sociedad y del individuo sano para manifestar la verdad de la muerte al enfermo. Lo provoca la sinergia de diversos factores, tales «como la secularización de la cultura y de la sociedad», «la experiencia del bienestar» y «el aumento de la vida media» en los países desarrollados». El resultado del que advierte el prelado es la fuga del pensamiento de la muerte y del sufrimiento, mientras que, «paradójicamente, se desecha con facilidad la vida de otros como algo sin valor o se inflige con igual facilidad la muerte para proteger la propia efímera satisfacción y el disfrute de la propia libertad». Se oculta la presencia de la muerte, pero «se pone énfasis en la salud, en la productividad y en la organización del tiempo libre», constata. También la práctica médica contemporánea, tan avanzada, por ejemplo en los países occidentales, muestra el mismo rechazo a la muerte: «antes considerada como evento natural en el ámbito mismo de la medicina, hoy se considera como fracaso, limitación, falta de éxito», advierte. El obispo Sgreccia señala además el problema del rechazo de la muerte en quien está sano. «Debemos preocuparnos, sobre todo, de iluminar el misterio de la muerte en el ánimo de los chavales, de los adolescentes, de quien goza de salud, con la verdad que nos libera», pide. Y es que los que «han hecho las paces con el dolor y con la muerte se sienten llevados a ayudar a los que concretamente se encuentran en el dolor y en la muerte, se abren al diálogo y al servicio»: «es el mundo de la solidaridad positiva, formado por cuantos, habiendo aceptado la propia cruz, con la fuerza del amor dentro de sí, ayudan a los demás a llevar su cruz», describe. Atención al mundo paralelo que se percibe, en cambio, «de cuantos huyen del dolor, de una vida irremediablemente comprometida por la aproximación de la muerte» --alerta el prelado--, porque tal «fuga exterior y social denuncia una fuga interior» que se traduce en «el vacío en torno al enfermo incurable» y en la «antisocialidad», en la marginación de enfermos, de discapacitados, en la eutanasia eugenética de neonatos deformes o la eutanasia terminal y social de enfermos incurables. De ahí la importancia de «edificar en el ánimo del joven y del adulto una "paz" con el dolor y con la muerte», cosa que implica «un camino pedagógico que se realiza con el esfuerzo de la razón y de la voluntad en el plano natural, y también con una maduración de fe en el plano sobrenatural», aclara monseñor Sgreccia. La verdad en el enfermo y el moribundo Vista la necesaria verdad en relación con el sentido de la vida y en la construcción de un sentido positivo del dolor y de la muerte, el presidente de la Pontificia Academia para la Vida recuerda la función de la verdad que debe acompañar asimismo el diagnóstico y la terapia del enfermo. Apunta, a la luz de la moral católica, diversas indicaciones, partiendo de que «la relación médico-paciente se basa en la confianza». «Existe, por un lado, un deber de justicia de que el médico» «debe revelar las verdades relacionadas con el objeto de la relación misma --enuncia--; por parte del paciente, en cambio, existe un derecho a la información, convalidado ya también por las leyes y normas internacionales y códigos deontológicos». «Obligación moral» y «derecho jurídico» que «no comportan que deba decirse todo aquello que el médico pueda saber --precisa--, sino aquello que tiene relevancia para la compresión del estado real de la persona y de la gravedad de la situación». «Es obvio, por ello, que hay que evitar la mentira; es debido que la realidad de la situación, en los límites de los conocimientos verificados, se exponga, evitando la comunicación drástica, pero dando paso a la esperanza, y deberá dar siempre garantía de cercanía y asistencia, porque si es verdad que la justicia exige la verdad, es también cierto que tal comunicación debe estar acompañada de la caridad», aclara. Un solo acto: conclusivo e inicial Llegados a la proximidad a la muerte, visto ya el deber de comunicar, lo más relevante en este punto es cómo comunicar, indica monseñor Sgreccia. Son conocidas --por todos los que asisten psicológicamente a los enfermos graves-- las fases, que cita el prelado, de negación, ira, negociación, depresión y aceptación. En ésta última, el prelado advierte de la importancia de que exista una reflexión metafísica del morir y un anuncio de la muerte en clave salvífica y escatológica. Y es que «no basta con hablar de la muerte como un hecho --subraya--, sino que hay que hablar de ella como un acto, y en cuanto acto humano», «que se concentra sobre todo en la agonía» y que «hay que considerarlo en su profundo espesor». «Solemnísimo y sagrado instante» es el acto del morir --define--; «debemos contemplarlo con recogimiento y con amor». «En este instante se contiene todo el tiempo del moribundo que, en un solo acto, puede ver la totalidad de la propia vida --apunta--. Para el creyente este acto traslada a la Pascua de Cristo la totalidad de la vida personal desde la inmanencia terrena a la trascendencia de la eternidad: es acto conclusivo e inicial: el nuevo nacimiento». De ahí que «la gran "información" que debe iluminar y reforzar las conciencias de los hombres es el anuncio de la Muerte y Resurrección de Jesús que abre el acceso a la vida plena de la eternidad», según el plan divino, concluye. Por Marta Lago Exponentes judíos relanzan el diálogo tras el cambio a la oración del Viernes Santo Declaraciones
del profesor Neusner y de representantes internacionales Entre las reacciones, destaca un artículo publicado en el periódico alemán Die Tagespost, el 23 de febrero de 2008, por Jacob Neusner, profesor de Historia y Teología del Judaísmo en el Bard College, quien apoya la explicación del cardenal, aclarando que la oración no hace más que expresar la identidad cristiana.
«Y la oración católica expresa este mismo espíritu generoso que caracteriza al judaísmo en el culto. El reino de Dio abre las puertas a toda la humanidad y, cuando los israelitas en el culto rezan por la rápida llegada del reino de Dios, expresan la misma generosidad de espíritu que caracteriza al texto del Papa de la oración por los judíos, mejor, por el "santo Israel", en el Viernes Santo», explica el professor judío. La formula, «Recemos también por los judíos», al igual que sucede en las plegarias el pueblo elegido, «realiza la lógica del monoteísmo y de su esperanza escatológica», concluye Neusner. Al Consejo Pontificio para Promoción de la Unidad de los Cristianos, en cuyo seno se encuentra la Comisión Pontificia para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, otros representantes de importantes organizaciones judías han enviado mensajes con los que buscan avanzar en el diálogo que comenzó con el Concilio Vaticano II. El World Jewish Congress, por ejemplo, en una misiva, propone avanzar en el difícil camino del diálogo para profundizar precisamente aquellos aspectos que hieren mutuamente a los creyentes de ambas religiones, con franqueza, respeto y la necesaria apertura de espíritu. El cardenal Kasper ha explicado en respuesta a consultas de organizaciones judías que el texto de la oración se inspira en San Pablo en la carta a los Romanos, capítulo 11, en el que se habla también de la alianza que no se ha roto entre Dios y el pueblo judío. La plegaría, constata, deja todo en manos de Dios y no en las nuestras. No habla de actividades misioneras. Más
allá del debate suscitado por la oración, la inmensa mayoría de los fieles
católicos del mundo seguirán rezando la gran intercesión de la liturgia de la
Pasión del Viernes Santo, según el misal adoptado en 1969, que entró en vigor
en 1970, bajo el papado de Pablo VI: «Recemos por los judíos a quienes Dios
habló en primer lugar: para que progresen en el amor de su Nombre y en la
fidelidad a su alianza». No virus found in this incoming message. No virus found in this outgoing message. ZS080226 (b)MUNDO Mundo Promesas de apertura de las autoridades cubanas al cardenal Bertone Sobre medios de comunicación católicos LA HABANA, martes, 26 febrero 2008 (ZENIT.org).- El cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, ha revelado que las autoridades cubanas le han prometido apertura para las actividades de los medios de comunicación católicos en la isla. «Las autoridades me han prometido mayores aperturas para la prensa y la radio, y en algunas ocasiones excepcionales también para la televisión», afirmó este martes el purpurado en un encuentro privado en la nunciatura apostólica de La Habana con representantes de la prensa católica cubana. En estos momentos, en la isla hay unas once publicaciones diocesanas mensuales o bimestrales.
Según informa Patrizia Caiffa,
enviada especial de la agencia católica italiana SIR, presente en el encuentro,
el purpurado explicó: «Siempre se comienza con las promesas, pero esperamos en
alguna apertura, pues nada es imposible». El cardenal Bertone considera que el embargo contra cuba es «éticamente inaceptable» LA HABANA, martes, 26 febrero 2008 (ZENIT.org).- El cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado de Benedicto XVI, ha reiterado en La Habana la oposición de la Santa Sede por razones éticas al embargo económico contra Cuba. Las declaraciones del purpurado italiano resonaron este lunes en una rueda de prensa conjunta con el ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque. «La Santa Sede repite las palabras de Juan Pablo II: el embargo es éticamente inaceptable. Es una opresión para el pueblo cubano y no es un medio para ayudar al pueblo cubano a conquistar su dignidad e independencia. Es una violación de la independencia del pueblo». El cardenal reveló que él mismo ha pedido al gobierno de los Estados Unidos que facilite la reunión entre los cubanos que han emigrado con sus familiares que han quedado en la isla. Bertone calificó este gesto de «humanitario». «Haremos todos los esfuerzos posibles en esta dirección», anunció. Los cubanos residentes en el territorio norteamericano sólo pueden visitar a sus seres queridos en la Isla una vez cada tres años, según la normativa estadounidense. Nuevo director de la campaña para los inmigrantes de los obispos estadounidenses WASHINGTON, martes, 26 febrero 2008 (ZENIT.org-El Observador).- La Campaña «Justicia para los Inmigrantes» de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés) ha nombrado el día de hoy un nuevo director nacional. Se trata de Antonio B. Cube Jr., actualmente director legislativo de la Conferencia Católica del Estado de Washington, y tiene amplia experiencia como consultor de asuntos públicos y en programas de alcance comunitario. Cube Jr. posee más de cinco años de experiencia como asistente legislativo y ha coordinado y liderado grupos de trabajo sobre inmigración, pobreza, justicia social y temas que van a favor del desarrollo integral de la minorías étnicas en Estados Unidos. El anuncio fue hecho público en Washington, por Johnny Young, director ejecutivo del Servicio de Migración y Refugiados de la USCCB. Cube Jr. también ha trabajado como consultor en comunicación y relaciones públicas del Departamento de Transportes del Estado de Washington. La elección de Cube tiene como objetivo buscar un impacto positivo «en nuestros esfuerzos para poner de nueva cuenta en el centro del debate sobre la inmigración la Reforma Integral sobre el tema que ha propuesto la USCCB», dijo Young.
Plan de emergencia de Cáritas para ayudar a 30.000 damnificados en Bolivia CIUDAD DEL VATICANO, martes, 26 febrero 2008 (ZENIT.org).- Cáritas Boliviana está ejecutando un plan urgente de ayuda para prestar asistencia humanitaria a los damnificados de las graves inundaciones que en las últimas semanas han afectado a nueve departamentos de este país andino. Según informa Cáritas, «los equipos de trabajadores y voluntarios locales de Cáritas están distribuyendo productos de primera necesidad -alimentos, medicinas y ropa de abrigo, principalmente- a unos 30.000 damnificados en los distritos de Santa Cruz, La Paz, Beni, Chuquisaca, Oruro, Potosí, Cochabamba, Tarija y Pando». «La segunda fase de este plan de emergencia --añade la institución católica de ayuda--, que comenzará a ponerse en marcha una vez que se hayan retirado las aguas, contempla la distribución de semillas y aperos de labranza para en 90 comunidades campesinas especialmente afectadas por las inundaciones, en su mayoría quechuas, aymarás y guaraníes que residen en lugares muy alejados de los mayores núcleos de población». «Estas comunidades son las que soportan con mayor dureza las precarias condiciones de vida del medio rural boliviano, con índices de pobreza que oscilan entre el 70 y el 98 por ciento». Cáritas Española, que mantiene desde hace años un estrecho trabajo de cooperación y fortalecimiento institucional con la Cáritas Boliviana, ha decidido apoyar este plan de emergencia con una partida de 100.000 euros procedentes de sus fondos especiales de emergencia. Cáritas Bolivia está prestando ayuda a los damnificados en el marco del plan nacional de contingencia que coordina la Defensa Civil Boliviana, de cuya estructura que forma parte. Esta nueva catástrofe --en la que las autoridades del país estiman que han sido afectadas más de 53.000 familias y la pérdida del 60 por ciento de los cultivos-- se suma a otras crisis similares registradas en la cuenca amazónica de Bolivia los años 2006 y 2007, en los cientos de comunidades indígenas resultaron fuertemente castigadas. La «aldea global» busca a Dios, constata monseñor Bruno Forte Tanto
en las sociedades posmodernas como en las pobres
Universidades madrileñas empapeladas con preguntas sobre Dios Iniciativa de la Misión Joven Universitaria MADRID, martes, 26 febrero 2008 (ZENIT.org).- El próximo lunes, 3 de marzo, decenas de jóvenes universitarios empapelarán las universidades de Madrid con los carteles de la Misión Joven Universitaria. Entregarán en mano a sus compañeros universitarios el programa con las más de 20 propuestas que desde ese día y hasta el 29 de mayo. Es la respuesta de los jóvenes desde la Delegación de Pastoral Universitaria a la Misión Joven impulsada por el cardenal Antonio Mª Rouco Varela, arzobispo de Madrid. Él mismo clausurará esta iniciativa universitaria el día 29 de mayo. Algunas de las preguntas son: «Dios, ¿estás ahí?» o «¿Universidad para buscar la verdad?». El 3 de marzo universitarios de diferentes parroquias, movimientos y realidades eclesiales serán enviados a misionar. A las 8:00 celebrarán una misa en la capilla de la Facultad de Derecho de la UCM, que presidirá, monseñor César Augusto Franco, obispo auxiliar de Madrid. Después tendrá lugar gran pegada de carteles por todas las universidades. «Pero lo más importante serán las conversaciones que entablen con sus compañeros universitarios durante ese día, a quienes harán entrega del programa de actividades de la Misión Joven Universitaria», explican en un comunicado los organizadores. Exposiciones, conciertos, seminarios, conferencias, talleres para aprender a hablar con Dios, festivales, peregrinaciones... cada universidad participante desde su área pastoral, cada movimiento y parroquia ha ofrecido sus actividades para elaborar este variado programa, que se puede consultar en la página web (www.dpumadrid.es). Gobierno regional de Perú impone sin prerrogativas el aborto Protesta de la Universidad católica de Arequipa AREQUIPA, martes, 26 febrero 2008 (ZENIT.org).- La Universidad Católica San Pablo de Arequipa, Perú, ha hecho público, con fecha de 24 de febrero, un pronunciamiento oficial sobre el Protocolo para el Manejo de Casos de Interrupción Legal del Embarazo. Este pronunciamiento se produce a raíz de la aprobación, por parte del gobierno regional de Arequipa, del Protocolo para el Manejo de Casos de Interrupción Legal del Embarazo. Este Protocolo identifica 24 razones por las que se justificaría un aborto terapéutico dentro de las primeras veinte semanas de embarazo. El pronunciamiento ha sido remitido a Zenit por Lilian Moscoso, de la Dirección de Comunicaciones y Relaciones Institucionales de la Universidad Católica San Pablo de Arequipa. En el texto del mismo, se señala que la Facultad de Derecho y el Instituto para el Matrimonio y la Familia de la Universidad Católica San Pablo, «consecuentes con la promoción del principio del derecho inalienable a la vida, expresamos nuestro más enérgico rechazo al denominado Protocolo para el Manejo de Casos de Interrupción Legal del Embarazo, publicado por la Gerencia Regional de Salud Arequipa». Los autores del pronunciamiento se fundamentan en una serie de razones. La primera, es que «la ciencia ha demostrado a través del descubrimiento del ADN que el concebido es un ser humano, expresado con un código genético distinto al de la madre». Además, añaden «la Constitución Política del Perú establece que el concebido tiene el derecho fundamental a la vida desde el momento de su concepción (art. 2. inc. 1 CPP)». Recuerdan que «el Código Penal establece, en concordancia con lo anterior, que el aborto es un delito. Se le sanciona con distintas penas según la gravedad del mismo. En uno de estos casos, manteniéndose la condición de delito, se establece no sancionarlo: es el del llamado ‘aborto terapéutico'. (art. 119 del CP)». Cabe señalar, añade el pronunciamiento de la Universidad Católica San Pablo, que «la denominación de ‘aborto terapéutico' es equívoca, pues el aborto no constituye bajo ningún supuesto una terapéutica aún cuando su intención sea la de salvar la vida de la madre». Advierte así mismo que «no debe confundirse un aborto con una muerte no deseada del concebido. Si un médico ante una situación grave en la que están en juego tanto la vida del concebido como la de su madre, se ve forzado a tomar la decisión de aplicar una terapéutica que ponga en grave riesgo la vida de uno de los pacientes y se produjese, sin haberla deseado, la muerte del niño, no estaríamos frente a un aborto, sino frente a un caso del principio ético de los actos de efectos no deseados». El texto explica que «el artículo 119 del Código Penal no establece ningún derecho al aborto por la sencilla razón de que en la sistemática legislativa peruana, el aborto siempre ha sido un delito y lo es hoy. Un delito no punible no es un derecho». «Aún si se considerase que la legislación sobre el ‘aborto terapéutico' requiere reglamentación -añade el pronunciamiento--, al tratarse de una restricción de un derecho fundamental como lo es el de la vida, establecido así el artículo 119 del Código Penal, esta reglamentación no puede provenir de una autoridad administrativa regional de salud, sino de la instancia competente del Estado». Pero este Protocolo, añade el documento de la Universidad Católica, «no sólo es formalmente ilegal sino que además es una "reglamentación" jurídicamente deficiente al ir más allá del tenor del artículo 119 del Código Penal en el que afirma ampararse». Y esto debido a que «interpreta el término "salud" de la madre extensivamente (incorporando incluso la salud "psicológica", que la norma penal no contempla) y no como establece el art. IV del Título Preliminar del Código Civil, por el que cualquier norma que restrinja un derecho (más aún si éste es un derecho fundamental: la vida del concebido) debe ser interpretada más bien restrictivamente». En varios de los numerosos casos que establece como causales para el aborto, sigue el pronunciamento, «no se ha considerado que éste deba ser el "único medio" (como establece el artículo 119 del CP) para salvar la vida de la madre o evitar en su salud un daño grave y permanente. Así es evidente que el aborto no es el único medio para salvar la vida de la madre cuando ésta sufre de insuficiencia renal o insuficiencia respiratoria o debe recibir diálisis, entre otros muchos casos igualmente desproporcionados, como contempla el Protocolo». Además, hace notar el documento, «establece que cualquier causal que evalúe la junta de médicos nombrada, puede ser estimada como de "aborto terapéutico", con lo que en la práctica el Protocolo podría llevar en el futuro a la liberalización absoluta del aborto en el Perú en contra de nuestra legislación y de nuestra Constitución». Este Protocolo, afirma el pronunciamiento, «es deficiente también en cuanto a sus consideraciones ético-médicas». Y menciona las siguientes: «No se preocupa en absoluto por la vida del concebido y lo ignora deliberadamente como paciente». «No se considera los graves daños psicológicos y clínicos que ocasiona el aborto a la madre, aún en los casos de realizarse en condiciones óptimas de salubridad». «No se informa a la madre que la práctica consiste en causar directamente la muerte de su hijo, de un ser humano vivo en su vientre». Y concluye afirmando que «un Estado de Derecho es aquel en el que todos los ciudadanos, sin excepción, son respetados en sus derechos fundamentales. Exhortamos a la sociedad a velar por el respeto a la dignidad de toda persona y a los derechos que de ella se derivan». Los líderes cristianos europeos debaten sobre el futuro del ecumenismo LONDRES, martes, 26 febrero 2008 (ZENIT.org).- Los progresos del movimiento ecuménico y los desafíos que debe afrontar han sido el fulcro de la reflexión de los líderes cristianos europeos, en el encuentro anual de la Comisión Conjunta del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y de la Conferencia de las Iglesias Europeas (KEK), que tuvo lugar en Londres del 21 al 24 de febrero. «La necesidad de reflexionar sobre la reconfiguración del movimiento ecuménico en Europa ha emergido como una preocupación», advierte un comunicado de prensa recibido por Zenit. El presidente de la KEK, Jean-Arnold de Clermont, ha subrayado tres desafíos para el movimiento: la globalización, que exige «aumentar la conciencia ecuménica de los miembros de nuestras Iglesias», la secularización de Europa y la necesidad de repensar las estructuras de la cooperación ecuménica entre las Iglesias europeas, con vistas a un renovado testimonio común, para ofrecer «una señal fuerte de que las Iglesias tienen la voluntad de cambiar». Por su parte, el vicepresidente de la CCEE, el cardenal Jean-Pierre Ricard, señaló cuatro prioridades de acción, partiendo de la necesidad de ser más claros en los objetivos del empeño ecuménico y de aumentar la experiencia de la fraternidad ecuménica, por ejemplo respecto «a nuestra opinión pública, que puede ser tentada por el relativismo, por el sincretismo y por las tensiones confesionales», así como hacia los jóvenes. Junto a estos elementos, ha pedido estar más presentes donde está en juego «la humanidad del ser humano» y desarrollar un ecumenismo espiritual, «sobre todo en un momento en el que corremos el riesgo de desanimarnos por la lentitud de los progresos ecuménicos y por los aparentes pasos atrás». Sobre la cooperación futura entre la KEK y la CCEE, la Comisión ha decidido profundizar la colaboración ecuménica a nivel local y europeo sobre temas como «la promoción del conocimiento de la Biblia en Europa, el diálogo interreligioso (sobre todo con los musulmanes), la integridad de la Creación, las migraciones y la paz». Tarea del encuentro fue también la valoración de la III Asamblea Ecuménica (EEA3), que tuvo lugar en Sibiu, Rumanía, del 4 al 9 de septiembre de 2007. La Comisión Conjunta valoró positivamente el encuentro, subrayando que «ha mostrado que los cristianos europeos están empeñados en un testimonio común a varios niveles y pueden contribuir de modo original a la construcción de la casa común europea». Del mismo modo, ha demostrado que «es posible hablar de las diferencias y de las divisiones todavía existentes con toda franqueza y fraternidad». A este propósito, se subraya la «importancia vital» de mantener viva la red de los delegados de Sibiu, que representan el «mensaje viviente» de la EEA3. Por esto, se exhorta «a publicar y a difundir el informe de la Asamblea, a iniciar una regular correspondencia interactiva con los delegados y a promover al compartir de la riqueza espiritual de las diversas tradiciones confesionales». Durante el encuentro, los participantes también examinaron y aprobaron el programa de trabajo de la Comisión KEK-CCEE sobre las relaciones con los musulmanes en Europa, que incluye una conferencia islamo-cristiana a celebrarse en Malinas-Bruselas, Bélgica, del 20 al 23 de octubre próximos, sobre el tema «Ser ciudadanos europeos y personas de fe. Cristianos y musulmanes como colaboradores activos en las sociedades europeas». El diálogo con el Islam y las otras religiones fue además el centro de la visita al Centro St Ethelburga para la Reconciliación y la Paz, situado en una antigua iglesia anglicana destruida por una bomba del IRA en 1993, y reconstruida a continuación como espacio de encuentro entre los credos. Especialmente significativa fue la participación en las Vísperas en la catedral católica y en la oración vespertina anglicana del «Evensong» en la catedral de San Pablo. El próximo encuentro anual de la Comisión Conjunta tendrá lugar en Esztergom-Budapest, Hungría, del 19 al 22 de febrero de 2009. El Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) reúne a los presidentes de las 34 conferencias episcopales europeas. Está presidido por el cardenal Péter Erdő, arzobispo de Esztergom-Budapest. Son vicepresidentes el cardenal Josip Bozanic, arzobispo de Zagreb y el cardenal Jean-Pierre Ricard, arzobispo de Burdeos. El secretario general es monseñor Aldo Giordano que tiene sede en San Gallo, Suiza. La Conferencia de las Iglesias Europeas (KEK) reúne a cerca de 125 Iglesias ortodoxas, protestantes, anglicanas y vetero-católicas de todos los países de Europa, más 40 organizaciones asociadas. Fue fundada en 1959 y tiene oficinas en Ginebra, Bruselas y Estrasburgo. Por Roberta Sciamplicotti, traducido del italiano por Nieves san Martín
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Entrevistas Massimo Introvigne: «Estamos en la fase del relativismo agresivo» Entrevista
al director del Centro de Estudios sobre las Nuevas Religiones «Los nuevos relativistas agresivos en cambio quieren que el relativismo se convierta en la ley oficial del estado», afirma en esta entrevista concedida a Zenit el fundador y director del Centro de Estudios sobre las Nuevas Religiones (CESNUR). --¿Europa sufre una crisis de identidad? --Introvigne: El Santo Padre en dos ocasiones --en el discurso a la Curia romana con motivo de la felicitación navideña del 22 de diciembre de 2006 y el 24 de marzo de 2007 con motivo del cincuentenario de los Tratados de Roma-- usó una expresión más fuerte, afirmando que Europa «parece querer despedirse de la historia». «Despedirse de la historia» significa echar el telón, decir adiós a los espectadores y admitir que la representación ha terminado. Ha sido bonita mientras ha durado, pero ahora se ha acabado. ¿Es posible? Ciertamente, a diferencia de las personas humanas, las civilizaciones no tienen un alma inmortal. Empiezan y acaban en la historia, y la europea no es una excepción. ¿Está sucediendo? Muchos políticos lo negarían. Sin embargo, Benedicto XVI puso de relieve tres aspectos --enumerados como tales en los dos discursos que he citado-- que corresponden a datos de hecho que es muy difícil negar. El primero es «la apostasía de sí misma» por parte de Europa, el rechazo a reconocer las propias raíces --que son tan obviamente cristianas que hacen capciosa cualquier discusión sobre el tema-- y la propia historia, que lleva luego a una debilidad y a una falta de identidad respecto a cualquier ataque o acontecimiento externo. Que Europa no logra hablar con un sola voz lo vemos todavía hoy a propósito de la cuestión de Kosovo. El segundo aspecto es la separación de las leyes de la moral. No se trata del simple alejamiento de la política, o de algún hombre político, de la moral privada y pública, que no es un problema ni reciente ni sólo europeo, sino que se ha verificado en toda la historia humana. No, se trata de la autonomía primero teorizada y luego fatalmente practicada de las leyes de la moral. De la ética, no de la religión, así que las críticas de «injerencia» contra la Iglesia no tienen a su vez ningún sentido, tratándose aquí de la moral natural y de las reglas del juego llamado sociedad --el Papa habla de «gramática de la vida social»-- que no son en cuanto tales ni cristianas ni ateas ni budistas, y que todos deberían compartir. --¿Y esta gramática de la vida social no se respeta? --Introvigne: Bien, hoy en Europa se afirma que estas reglas del juego existen, y que el legislador debe limitarse a hacer de notario y a formalizar lo que ya sucede en la sociedad (o los medios le hacen creer que así es). ¿Hay parejas homosexuales? El legislador toma nota y las equipara a las familias. ¿Hay musulmanes que viven en poligamia? Que los regularice el legislador o quizá que aplique la charia (ley islámica), como querría algún personaje europeo incluso influyente. ¿En los hospitales se practica la eutanasia? Que el Estado notario la regule por ley, como acaba de suceder en Luxemburgo. El tercer aspecto es la crisis demográfica, el hecho dramático de que en Europa nacen cada vez menos niños. Sobre este punto, los hechos se oponen obstinadamente a las teorías de quien dice que Europa no está en crisis. En este sentido, los resultados aparentemente en tendencia contraria de algunos países a menudo derivan de simples normas nuevas sobre la ciudadanía, que cuentan entre los ciudadanos también a los hijos de los inmigrantes nacidos en esos países. --Laicismo agresivo y anticristiano, relativismo... ¿estamos en tiempos oscuros? --Introvigne: Un intelectual no católico, al contrario comunista, como Antonio Gramsci [político, filósofo y teórico marxista italiano (1891-1937), ndr.] decía que cuando hace mal tiempo se tiene la tendencia a enfadarse con el barómetro, mientras que «si abolimos el barómetro, no por ello abolimos el mal tiempo». Hoy en Europa asistimos a este fenómeno: dado que Benedicto XVI es el único, o casi el único, en denunciar la dramática situación de crisis sobre los tres aspectos a los que he aludido --quizá porque no tiene que presentarse a ninguna elección, en la que los electores normalmente no premian a quienes anuncian malas noticias-- en el imaginario de un cierto laicismo europeo acaba convirtiéndose en una especie de barómetro de Gramsci. Pero impidiendo que hable el Papa --como sucedió en Roma en la Universidad «La Sapienza»-- no hace que los problemas desaparezcan como por encanto. Hay otros que piensan que los problemas denunciados por el Papa son en realidad recursos: que la crisis de la familia tradicional, el aborto, la eutanasia, la negación del concepto de ley natural, el multiculturalismo sin freno según el cual la oposición a la legalización de la poligamia en una sociedad donde hay musulmanes es una forma de racismo..., son fenómenos positivos, que hay que promover, que nos llevarán a una sociedad con menores conflictos. Para éstos el conflicto nace de la pretensión de quien cree que existe una verdad; mientras que donde se acuerda que no existe la verdad el conflicto desaparece. Esta utopía ha sido tan a menudo desmentida por la historia que sostenerla debería resultar ya ridículo: pero no es así. Donde las sociedades son complejas --y la Europa de hoy lo es-- no hay modo de evitarlo: o se encuentra, entre personas que tienen culturas y religiones diversas, una «gramática de la vida común», reglas comunes que permitan convivir --que pueden derivar sólo de la razón y de la ley natural que la razón puede conocer-- o quedamos reducidos al conflicto de todos contra todos. O las cuestiones conflictivas se resuelven con el recurso a un derecho natural válido para todos, o se resuelven a golpe de violencia y bombas. --Usted habla de diversas fases de relativismo. ¿Dónde estamos hoy? --Introvigne: Estamos en la fase del relativismo agresivo. El antiguo relativista teorizaba, aunque no siempre practicaba, la máxima de Voltaire según la cual «yo no comparto tu idea pero estoy dispuesto a dar la vida para que la puedas sostener libremente». Como sabemos, Voltaire era el primero que no ponía en práctica esta máxima cuando se trataba de la Iglesia católica. Pero había, y hay todavía, viejos volterianos que creen de verdad en lo que dicen y que, aún siendo personalmente relativistas, no piden al Estado que castigue a quien no es relativista. Los nuevos relativistas agresivos, en cambio, quieren que el relativismo se convierta en la ley oficial del Estado, con la consiguiente represión penal de los no relativistas. Un simple ejemplo: los viejos relativistas afirmaban que «la alcoba de un homosexual es su castillo» (adaptando una vieja máxima inglesa: el castillo es el lugar en el que ni siquiera el rey con sus leyes puede entrar). Según esta visión, el estado no debe ocuparse de los homosexuales, al igual que de los heterosexuales, Todos deben poder ser libres de hacer todo lo que quieren. El nuevo relativista pretende en cambio que el Estado construya al gay los muros del castillo y arreste a quien se acerca o incluso simplemente quien expresa opiniones críticas. Este es el sentido de las leyes sobre la «homofobia», que no castigan a quien maltrata o insulta trivialmente a los homosexuales (para esto están ya las leyes ordinarias) sino que, según la fórmula de la ley propuesta por el Gobierno italiano ahora dimisionario, reprimen a quien expresa «juicios de superioridad», es decir considere la unión heterosexual intrínsecamente superior a la unión homosexual, o piense --como hace la Iglesia-- que esta última es intrínsecamente desordenada. --Y entonces, ¿cuál es el secreto de Europa? --Introvigne: El secreto de Europa es su historia milenaria, en la que entran ciertamente otras componentes --por ejemplo, es del todo imborrable la aportación de las comunidades judías--, pero que en su itinerario de fondo es cristiana. Aunque recubiertos por los detritos de un enorme cortafuegos abierto por el laicismo y el relativismo, los valores de esta historia están todavía vivos y presentes. Ciertamente están más vivos en algunos países que en otros: por ejemplo, sobre Italia, Benedicto XVI dijo en el congreso eclesial de Verona, el 19 de octubre de 2006, que «la Iglesia aquí es una realidad muy viva, --¡y lo vemos!-- que conserva una presencia capilar en medio de la gente de toda edad y condición» y que «las tradiciones cristianas están a menudo todavía arraigadas y siguen produciendo frutos». Ahora, se podría decir que el mismo Benedicto XVI, por una parte, habla de una Europa «dispuesta a despedirse de la historia» y, por otra, ve «tradiciones cristianas todavía arraigadas», al menos en algunos países: ¿no habrá quizá una contradicción? La respuesta es no. El Papa hablando de la crisis de Europa no nos convoca a un funeral sino a la cabecera de un enfermo. Un enfermo grave, del que es inútil esconder la gravedad de su condición. Pero un enfermo que tiene todavía en sí --escondidas en alguna parte-- las potencialidades para curarse. Como el buen médico, Benedicto XVI por una parte no se calla ante los peligros de que la enfermedad pueda convertirse en mortal y por otra escruta con atención y valoriza sistemáticamente cada pequeña mejoría, cada atisbo de curación. Si en el desierto de vez en cuando brota una plantita, no hay que arrancarla sino cultivarla para que se convierta mañana en un árbol y pasado mañana en un bosque. Pero para cultivar la plantita hay que regarla, y no basta el entusiasmo: que incluso, cuando este se dirige al Papa, a sus intervenciones y sus viajes, es siempre un buen punto de partida. Se necesita el agua sólida de la doctrina y del magisterio. El libro «El secreto de Europa» nace de la experiencia de treinta y cinco años de actividad que he realizado en la Alianza Católica, una agencia de laicos católicos que tiene como fin principal el estudio, la difusión y la aplicación de la enseñanza del magisterio pontificio. Pero, al igual que en estos años y sin absolutamente despreciar a quien en la Iglesia tiene otras vocaciones o actúa con modalidades diversas, la obra de difusión de las enseñanzas del Papa (pienso por ejemplo en el magnífico fresco de la historia profana y de la historia de la salvación en la Spe Salvi, desaparecida del radar de los medios de comunicación tras pocos días de su publicación) me parece indispensable y urgente. Por Miriam Díez i Bosch, traducido del italiano por Nieves San Martín Documentos en la página web de Zenit Discursos e intervenciones del cardenal Bertone en Cuba LA HABANA, martes, 26 febrero 2008 (ZENIT.org).- En la sección de Documentos de la página web de Zenit (www.zenit.org) pueden leerse los discursos e intervenciones del cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, en su visita a Cuba. Entre las últimas intervenciones, destacan sus discursos a la Escuela Latinoamericana de Medicina, al Cuerpo Diplomático acreditado en Cuba, su saludo a las autoridades cubanas, así como la conferencia en la Universidad de La Habana.
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SANTA SEDE Santa Sede Dolor del Papa y de los obispos por el accidente aéreo en Venezuela Han
fallecido 46 personas En un mensaje enviado a monseñor Baltazar Enrique Porras Cardozo, arzobispo de Mérida, a través del arzobispo Fernando Filoni, sustituto de la Secretaría de Estado, el Santo Padre «ofrece sufragios por el eterno descanso de los fallecidos y eleva fervientes plegarias para que el Señor conceda su consuelo a cuantos lloran la lamentable tragedia». El mensaje pontificio ruega a monseñor Porra que «transmita el sentido pésame de Su Santidad a los familiares, expresándoles su paterna solicitud y sentimientos de cercanía». Asimismo, la presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana ha expresado con un comunicado «sus más profundos sentimientos de comunión y solidaridad con los familiares de las víctimas del lamentable siniestro de la aeronave» perteneciente a la aerolínea Santa Bárbara que cubría la ruta Mérida-Caracas. «Nos unimos al dolor de todos los familiares de los pasajeros y tripulantes, encomendándolos a la misericordia de Dios para que les dé fortaleza en estos momentos y tengan firmeza en la fe y en la esperanza en la resurrección de los muertos, e imploramos al Señor que tenga misericordia de quienes fallecieron en esta tragedia», afirman los obispos de Venezuela. Benedicto XVI: Acompañar a enfermos terminales, deber de la Iglesia y la sociedad Confirma la condena de «toda forma de eutanasia directa» CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 25 febrero 2008 (ZENIT.org).- El acompañamiento afectuoso de los enfermos terminales constituye un deber tanto para la Iglesia como para la sociedad, considera Benedicto XVI. El Papa condenó «toda forma de eutanasia directa» al recibir este lunes a los participantes en el congreso sobre el tema «Junto al enfermo incurable y al moribundo: orientaciones éticas y operativas», convocado por la Academia Pontificia para la Vida. «Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana», explicó el Papa. «La comunidad cristiana, con sus vínculos particulares de comunión sobrenatural, no es la única que está comprometida en acompañar y celebrar en sus miembros el misterio del dolor y de la muerte y la aurora de la nueva vida», afirmó. En realidad, siguió diciendo, «toda la sociedad a través de sus instituciones sanitarias y civiles está llamada a respetar la vida y la dignidad del enfermo grave y del moribundo». Por eso, aclaró, «toda la sociedad y en particular los sectores relacionados con la ciencia médica deben expresar la solidaridad del amor, la salvaguardia y el respeto de la vida humana en todos los momentos de su desarrollo terreno, sobre todo cuando padece una enfermedad o se encuentra en su fase terminal». Más en concreto, subrayó, «se trata de asegurar a toda persona que lo necesite el apoyo necesario por medio de terapias e intervenciones médicas adecuadas, administradas según los criterios de la proporcionalidad médica, siempre teniendo en cuenta el deber moral de suministrar (por parte del médico) y de acoger (por parte del paciente) aquellos medios de preservación de la vida que, en la situación concreta, resulten "ordinarios"». Por el contrario, en lo que se refiere a las terapias consideradas arriesgadas o que puedan juzgarse prudentemente como «extraordinarias», el obispo de Roma explicó que «recurrir a ellas es moralmente lícito, aunque facultativo». «Además --exigió--, es necesario asegurar siempre a cada persona los cuidados necesarios y debidos, además del apoyo a las familias más probadas por la enfermedad de uno de sus miembros, sobre todo si es grave o se prolonga». «En las grandes ciudades hay cada vez más personas ancianas y solas, incluso en los momentos de enfermedad grave y de cercanía a la muerte», constató. En estas situaciones, reconoció, «se hacen agudas las presiones de la eutanasia, sobre todo cuando se insinúa una visión utilitarista en relación con la persona. Aprovecho esta oportunidad para recordar, una vez más, la firme y constante condena ética de toda forma de eutanasia directa, según la enseñanza tradicional de la Iglesia». Por este motivo pidió unir la «sinergias», «de la sociedad civil y de la comunidad de los creyentes» para que «todos puedan no sólo vivir con dignidad y responsablemente, sino también atravesar el momento de la prueba y de la muerte en la mejor condición de fraternidad y solidaridad, incluso cuando la muerte se da en una familia pobre o en el lecho de un hospital». La sociedad, indicó, «debe asegurar el debido apoyo a las familias que quieren atender en casa, durante largos períodos, a enfermos afligidos por patologías degenerativas (tumorales o neurodegenerativas, etc.) o necesitados de una asistencia particularmente comprometedora». De manera especial, concluyó, «se necesita el compromiso de todas las fuerzas vivas y responsables de la sociedad con esas instituciones de asistencia específica que necesitan un personal numeroso y especializado así como equipos particularmente caros». Sólo la ecología humana puede resolver los problemas ambientales Monseñor
Crepaldi propone un decálogo cristiano para el medio ambiente El secretario del Consejo Pontificio Justicia y Paz hizo su propuesta el 21 de febrero en un congreso que convocaba en la capital italiana a diputados y senadores de varios partidos, así como 17 fundaciones, institutos y asociaciones empeñadas en la defensa del medio ambiente y en la promoción de la ecología humana. Promovido por el profesor Paolo Togni, presidente de la asociación para el medio ambiente VIVA (www.vivaaa.org), el encuentro se centró en el tema «Materiales para el programa medioambiental del próximo gobierno». Es necesaria «una renovada y equilibrada cultura ecológica y ambiental, libre de condicionamientos ideológicos capaz de orientar una eficaz e inteligente acción de gobierno», comenzó diciendo monseñor Crepaldi. El obispo saludó con satisfacción la presencia de las numerosas asociaciones medioambientales, «expresión feliz --observó-- de la denominada avanzadilla de la sociedad civil». Respecto a la política, monseñor Crepaldi precisó que «no puede limitarse únicamente al mundo de los problemas históricos de los partidos y del gobierno», sino que debe ofrecer su contribución para que puedan ser asumidas «las responsabilidades mismas de la sociedad civil en virtud del principio de subsidiariedad». La doctrina social cristiana, desde los inicios de la revolución industrial propuso y promovió el principio de subsidiariedad, según el cual, como explica el número 1883 del Catecismo de la Iglesia Católica, «una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándole de sus competencias, sino que más bien debe sostenerle en caso de necesidad y ayudarle a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al bien común». En cuanto a la información sobre el medioambiente, el secretario de Justicia y Paz subrayó la necesidad de una «higiene informativa» y criticó «una información a menudo marcada por el sensacionalismo», denunciando el elevado «índice de contaminación informativa». Por esto, monseñor Crepaldi urgió a «una obra de promoción educativa a todos los niveles, partiendo de presupuestos ético-culturales, no deudores de ideologías un tanto extravagantes y a fin de cuentas inhumanas». Hablando de la doctrina social de la Iglesia, el prelado precisó que «tanto en el campo medioambiental como en la vida, para lograr obtener resultados no hay que concentrarse en la naturaleza materialmente entendida sino en el hombre y su vocación, y en Dios que ha querido asociar al hombre a su creación». «Parece una paradoja --explicó monseñor Crepaldi--, pero para desarrollar una cultura del ambiente natural hay que tomar distancia y apuntar a lo que es verdaderamente esencial: el bien auténtico de las persona humana y el verdadero bien común». «Como consecuencia --sostuvo--, pero sólo como consecuencia, salvaremos también a las focas y al panda, los acuíferos y el aire que respiramos. Sólo la ecología humana resuelve verdaderamente los problemas de la ecología ambiental». El secretario del dicasterio vaticano explicó el decálogo para un medio ambiente a medida del hombre según la doctrina social de la Iglesia, partiendo de la Sagrada Escritura que indica los criterios morales fundamentales para afrontar la cuestión medioambiental, es decir «la persona humana, hecha a imagen y semejanza de Dios Creador» y «la encarnación de Jesús». En segundo lugar, monseñor Crepaldi subrayó que «no se debe reducir de modo utilitario la naturaleza a mero objeto de manipulación y explotación» y «no se debe absolutizar la naturaleza, ni superponerla en dignidad a la misma persona humana». En tercer lugar, el secretario de Justicia y Paz subrayó que la cuestión medioambiental afecta a todo el planeta, «patrimonio común del género humano», cuya responsabilidad se extiende «no sólo a las generaciones presentes» sino también a «las futuras». En cuarto lugar, el obispo subrayó «el primado de la ética sobre la técnica» y «la necesidad de salvaguardar siempre la dignidad del ser humano». En quinto lugar, monseñor Crepaldi afirmó que «no hay que considerar a la naturaleza como una realidad sagrada o divina, sustraída a la acción humana» y que por este motivo «son indeseables las intervenciones del hombre cuando dañan a los seres vivos o al medio ambiente natural, mientras que son loables cuando se traducen en su mejora». En sexto lugar, subrayó «la necesidad de armonizar las políticas de desarrollo con las políticas medioambientales, a nivel nacional e internacional» de modo que «toda actividad económica que se avale de los recursos naturales, debe también preocuparse de la salvaguardia del medio ambiente y prever sus costes, que hay que considerar como una capítulo esencial de los costes de la actividad económica». En séptimo lugar, monseñor Crepaldi subrayó que «la cuestión medioambiental exige que se obre activamente por el desarrollo integral y solidario de las regiones más pobres del planeta», recordando el destino universal de los bienes donados por el Creador y el compartir tales bienes según la justicia y la caridad. En octavo lugar, el secretario del dicasterio vaticano expresó la necesidad de que «la responsabilidad hacia el medio ambiente encuentre una traducción adecuada a nivel jurídico» y que sea elaborada «según las exigencias del bien común. En noveno lugar, monseñor Crepaldi sugirió estilos de vida «inspirados en la sobriedad, en la templanza, la autodisciplina, a nivel personal y social». En el décimo y último punto del decálogo, explicó que «si se pone entre paréntesis la relación con Dios, se vacía la naturaleza de su significado profundo, empobreciéndola». «Si en cambio se llega a redescubrir la naturaleza en su dimensión de criatura, se puede establecer con ella una relación comunicativa, captar su significado evocativo y simbólico, penetrar así en el horizonte del misterio que abre al hombre el paso hacia Dios, Creador de los cielos y la tierra». «De este modo --concluyó-- el mundo se ofrece a la mirada del hombre como huella de Dios, lugar en el que se desvela su potencia creadora, providente y redentora». Por Antonio Gaspari, traducido del italiano por Nieves San Martín
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