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2月25日 A la Libertad se llega obedeciendoPor Alejandro A. Tagliavini
Introducción: autoridad y obediencia, libertad y felicidad.
Al contrario de lo que suele creerse, la obediencia a la autoridad no solo no significa resignar libertad sino, por el contrario, la libertad del obediente se perfecciona y, en este camino a la Perfección, encuentra el hombre su máxima felicidad. Claro que, para esto, es esencial que la autoridad sea verdadera, es decir, moral, contraria a la violencia, a la coacción, porque así la obediencia es, precisamente, el resultado de una opción libre.
El libre albedrío y el diseño racionalista
Para el Doctor de Aquino, la Providencia (1) 'se manifiesta', de modo principal, a través de la razón natural (de aquí la importancia del libre albedrío). Por esto es que, toda la naturaleza, está “sometida” al hombre. Pero esto no significa que el ser humano pueda 'ordenar (planificar, adelantar) a la naturaleza´, porque esto implicaría que el hombre es la Providencia o incluso anterior. La verdad es inversa: la Providencia es anterior al hombre (limitándose la persona a participar, posteriormente) y se manifestará, luego, a través la razón natural de la persona. La razón natural humana 'participa' de la Providencia de manera 'secundaria'. En el sentido de que, si bien puede decirse que 'participa plenamente', lo hace de modo necesariamente imperfecto y, no como 'diseñador', sino como 'descubridor'. Es decir, no 'inventa' (no planifica el orden natural, como pretende el racionalismo) sino que, simplemente, va 'adhiriendo' a lo que la Providencia le va descubriendo. Y esto vale, incluso, para los descubrimientos (o 'inventos') científicos. Para santo Tomás "creare est aliquid ex nihilo facere"(2), es decir, crear es hacer algo a partir de la nada. Consecuentemente, como sólo Dios es capaz de crear algo de la absoluta nada, queda claro que el hombre sólo puede participar de esta creación. De tal modo que, la 'creación' humana es verdaderamente tal, sólo en tanto y en cuanto sea una participación en la Creación. Participación secundaria, 'descubridora' a través de la razón natural, empujada por el libre albedrío. En otras palabras, el hombre no 'inventa' (no crea) a la naturaleza, ni al orden natural (a las ciencias), sino que, simplemente, va descubriendo lo que, de hecho, ya fue creado y 'está funcionando'. La planificación racionalista necesariamente termina negando la fe natural, por cuanto, a la persona todo se le da 'pensado' de antemano, todo se inventa y no resulta de un proceso de descubrimiento, de participación en la Creación que es el fin de la fe. Así, la persona se limita a un ser material “matemáticamente calculado” y, como tal, carece de la libertad ya que pierde sentido por cuanto el futuro (su “bien”) ya no es el resultado de la Providencia que se manifiesta a través de la razón, vía el libre albedrío, sino que resulta planificado por la razón humana. Es importante notar que, los resultados del libre albedrío, como son intrínsecos, no son, necesariamente, violatorios del orden natural, como es la violencia (3). Podrían serlo (precisamente porque es libre), pero si violara el orden natural, la persona sentiría los efectos negativos y esto lo compelería, por el principio de supervivencia, a revertir o no repetir su acción. Aun antes que esto, la 'conciencia' le mandaría cumplir con el bien. Si insistiera en seguir adelante con acciones negativas, terminaría por eliminar la potencia afectada y, con ella, la mala acción. Es decir que, la asunción de las propias responsabilidades tiene que ver con el carácter auto corrector del orden natural. Así, afirma santo Tomás que, "Luego, necesariamente, siendo el hombre un ser racional, es, por lo mismo, libre en su albedrío"(4). Libre en su albedrío significa que, efectivamente, es capaz de discernir y optar racionalmente. Esto implica dos cosas: en primer lugar, que una persona podría mantener su libertad de albedrío y, sin embargo, estar físicamente impedida de realizar la acción por la que optó. Si éste impedimento es violento, entonces el orden natural queda violado. Nótese que la naturaleza (estrictamente), que queda violada, no es la de la persona coaccionada (que sigue manteniendo libre su albedrío, aunque no su libertad física) sino la de la persona que coacciona, al producir un hecho extrínseco al orden natural. En segundo lugar, si cada persona es, de suyo, libre en su albedrío, nadie puede suplantar sus decisiones (salvo Dios, que no lo haría, por propia decisión) por muy sabio que sea. En consecuencia, no es posible planificar la vida de otra persona, menos aún es posible planificar la vida de la sociedad. De modo que, al contrario de lo que nos quieren hacer creer los racionalistas, precisamente, en la medida en que haya razón, hay incapacidad para planificar la o las vidas ajenas (5). El pretendido diseño racionalista (del orden natural), la planificación, supone que la razón humana es absoluta (según vimos, supone que la razón es la Providencia (6)) y, consecuentemente, puede, construir, adelantar el futuro (proponer una ley de cumplimiento inexorable) puesto que podría conocer todas las infinitas variables que existen en el universo. Pero, como no es absoluta, es incapaz, entre otras cosas, de conocer estas infinitas variables. Consecuentemente, no puede adelantar como evolucionarán los acontecimientos y, de aquí, sus leyes nunca serán de cumplimiento inexorable de modo natural. Así, el colorario de la planificación racionalista es, precisamente, la violencia, la imposición coactiva de sus “leyes”. Porque, como no se cumplirán de modo natural, necesita coercionarlas de modo que se 'cumplan inexorablemente' según había predicho. La no planificación, ciertamente, no significa desorden sino, justamente, lo contrario. El verdadero orden humano hace al momento actual ('en función de la eternidad' que, recordemos, no es tiempo infinito, sino que “supera” al tiempo), la planificación 'hace' al futuro, supuestamente, al tiempo infinito. Es decir, para ponerlo con un ejemplo muy corriente, una cosa es tener las oficinas ordenadas (limpias y las cosas en su lugar), y otra muy diferente es pretender fundar una fábrica de lavarropas, planificando férreamente cuantos aparatos se venderán y exactamente a qué precio. Porque, luego resulta que ni venden esa cantidad, ni a ese precio o ni siquiera terminan vendiendo lavarropas, y la empresa se desmorona. Una empresa sana, vive al día lo que marca, “en tiempo real”, el mercado natural. Una cosa es un “plan de acción” que, precisamente, para ser exitoso, debe ser lo suficientemente amplio y flexible como para adaptarse a la realidad, según se desarrolle, y otra cosa es pretender una planificación en donde “el tiempo real”, el desarrollo natural de los hechos, no cuenten. Es decir, el ser ordenado es un intento por adaptarse al orden preexistente (7) (en función de la eternidad), planificar consiste en pretender que con nuestra razón podremos forzar el futuro (hasta el tiempo infinito, sin encontrar la eternidad ya que, para “superar” al tiempo, debería rechazarse, precisamente, a la planificación). El ejercicio mental es muy diferente, en un caso, significa el estudio de lo que ocurre y nuestro intento por adaptarnos, justamente, a la 'planificación' que propone el orden natural (eternidad). En el otro, implica pretender que podemos 'racionalizar' los hechos futuros (dependientes del tiempo) y, consecuentemente, inducirlos en ese sentido. En términos psicológicos, en un caso es el exterior a nuestra persona el que nos indica cómo debemos actuar, en el otro, es un intento para que lo externo a nuestra persona se comporte como a nuestro ego se le antoja (8). Consecuentemente, la planificación es el verdadero desorden que lleva, más tarde o más temprano, al caos, por cuanto desconoce la existencia del orden natural, y su fin. El racionalismo pretende que la ciencia es una prueba de la capacidad planificadora del hombre. Sin embargo, no pareciera que el conocimiento humano fuera muy planificado. Gabriel Zanotti escribió que "No hay forma alguna - y menos aún, algorítmica - que permita decir cuando un programa se convierte en empíricamente progresivo o regresivo... La respuesta de Lakatos... es básica: es la noción de riesgo lo que permite distinguir lo racional de lo no racional. Por supuesto que un científico sabe que corre el riesgo de estar trabajando muchos años en un programa progresivo que repentinamente se vuelva regresivo, dada una molesta e importante anomalía, pero es esa conciencia de riesgo - esencial, en mi opinión, a la falsabilidad - lo que lo mantiene dentro de lo racional... (la ciencia) es un orden espontáneo que funciona con independencia del conocimiento disperso de los científicos... se trabaja con conjeturas que se intuyen, que no son nunca absolutamente corroboradas, ni absolutamente falsadas". Ahora este riesgo (propio de los ordenes no planificados como la ciencia) debe encararse con 'madurez', así, continúa Zanotti, "Una conciencia 'madura' es una conciencia que ha crecido moralmente... cualificada por la prudencia, mediante la cual una persona juzga con verdad y certeza..."(9). La espontaneidad de la ciencia (que se corresponde con la del orden natural) surge de que, en definitiva, es 'lo empírico' (lo externo al ego) lo que la guía. Ahora, una búsqueda real de lo empírico, supone una conciencia 'madura', es decir, prudente (recordemos que la prudencia es una de las cuatro virtudes cardinales). En definitiva, según veremos, es la fe natural la que nos proporciona un conocimiento 'intuitivo' ordenado, puesto que nos manifiesta la existencia del orden natural, y supone la prudencia, frente al principio y el fin (el bien) de este orden (la Infinita Verdad). Por otro lado, quizás a partir de Max Weber fue que predominó, en las ciencias sociales, por lo menos de jure, la posición 'Wertfreiheit', es decir, que la ciencia no debe hacer juicios de valor sino limitarse a juicios de hecho, puesto que los fines últimos pueden ser solamente una cuestión de pura preferencia personal. Cuando, de todo lo visto, resulta claro que "Es ilusorio reivindicar la neutralidad moral de la investigación científica y de sus aplicaciones..." como asegura el Catecismo de la Iglesia Católica, por cuanto "La prudencia es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo... Es la prudencia quien guía directamente el juicio de conciencia. El hombre prudente decide y ordena su conducta según este juicio"; así "La conciencia moral comprende la percepción de los principios de la moralidad (sindéresis), su aplicación a las circunstancias concretas mediante un discernimiento práctico de las razones y de los bienes... La verdad sobre el bien moral, declarada en la ley de la razón, es reconocida práctica y concretamente por el dictamen prudente de la conciencia...". De modo que "La conciencia hace posible asumir la responsabilidad de los actos realizados..." y así "El hombre tiene derecho de actuar en conciencia y en libertad a fin de tomar personalmente las decisiones morales..."(10). Por ejemplo, cuando una autoridad, en función del bien común (ley inscrita en el corazón del hombre) juzga que, quienes tienen más bienes materiales, deberían dar a los que menos tienen, realiza un juicio de acuerdo con la conciencia moral. Pero, si ésta autoridad se transforma en coercitiva, y decide obligar a quienes ganan más de mil pesos a pagar impuestos para solventar los gastos de los más necesitados, ha tomado una 'decisión moral' olvidándose del juicio natural de la conciencia que manda perentoriamente ('no matarás') a evitar la violencia. Esta 'autoridad' se cree 'libre' de tomar tales decisiones, y luego sucede que, entre quienes ganan más de mil pesos hay quienes, para pagar impuestos tienen que sacar dinero de necesidades moralmente más urgentes. Esta autoridad ha 'creado' (planificado) un 'orden' por cuanto nadie puede sustraerse a su cumplimiento ‘necesario’ (coercitivo), del mismo modo en que es imposible sustraerse de las leyes naturales físicas. Así, la realidad existencial 'más concreta' que significa la existencia de los necesitados y la (supuesta) 'evidencia' de que 'nadie ayudaría por propia voluntad' supera a la doctrina moral abstracta, cuyo precepto negativo manda no violentar a las personas. Creándose así una 'doble' moral, un acto concreto inmoral basado en una 'buena' intención. Surge pues, que la única sociedad verdaderamente libre, que debe desarrollarse, es aquella en la que existe ausencia de violencia coercitiva y, consecuentemente, existe verdadera autoridad moral, respetando así el orden de las cosas. En consecuencia, las personas y, por ende, las relaciones sociales deben estar basadas en esta natural tendencia a la cooperación y al servicio voluntarios, a la vida, a la supervivencia, que tiene el ser humano, siguiendo a la verdadera autoridad moral. Esta es la verdadera libertad en oposición al libertinaje que supone que el hombre puede dictarse su propio orden (“racional”, en contraposición a natural), su propia ley moral.
La libertad Por un lado, la libertad, como ausencia de coacción externa, tiene que ver con aquello de que lo violento es contrario a lo voluntario y a lo natural. Pero, también lo 'voluntario' puede ser contrario a lo natural, como consecuencia del libre albedrío. En cuyo caso, finalmente, como que, todo lo que sea contrario a la propia naturaleza, destruirá al ser en cuestión, terminará con la propia capacidad de ser libre: de aquí que, ser libre, finalmente, implica elegir bien. Podría decirse que la libertad tiene 'dos aspectos'. Uno 'físico', la no sujeción a la coacción exterior; y otro, 'metafísico', la capacidad de hacer cosas, de obrar. El 'aspecto físico', finalmente, está incluido en el 'metafísico', en esta 'libertad de hacer cosas' que, en su máxima expresión es la 'capacidad de crear cosas', es lo que podríamos llamar la 'libertad teológica', es la libertad absoluta que implica crear lo que, según vimos, solo Dios puede hacer. En definitiva, podríamos decir que la libertad humana es una libertad creada, participación de la libertad absoluta de Dios, capaz de crear cualquier cosa: Dios nos creo libres. En este sentido, la libertad creada necesita una causa final, un porqué, un sentido, es decir, justamente, la participación en la creación divina. Así, la libertad fundamental o fundante, consiste en la capacidad de alcanzar la perfección autodeterminándose hacia ella, es decir, es la capacidad de amar electivamente el bien en sí, por cuanto esto supone la participación en la creación absoluta. Esto es, la libertad creada depende y se realiza en la verdad y en el bien, en la Suma Verdad (que es el sumo Bien). Así, si por libertad entendemos la no sujeción coactiva a la voluntad de terceros y la capacidad de hacer cosas hasta la de crear desde la nada, siendo Dios todopoderoso, es, por esto mismo, la máxima capacidad de crear, es decir, la Libertad. Consecuentemente, la mayor libertad consiste en la mayor 'identificación existencial' con Dios. Así "El amor-entrega es la respuesta cristiana al sentido de la libertad.", asegura Juan Luis Lorda (11). En consecuencia, la libertad 'física', es decir, como capacidad electiva de medios, la libertad como indiferencia (que es donde puede incidir la fuerza física) es un momento no esencial (secundario) a la libertad (mi libre albedrío y, consecuentemente, mi naturaleza humana, sigue existiendo aunque me coaccionen contra mi voluntad), lo que no quita que merezca el máximo respeto. De hecho, querer el mal (la capacidad 'física' de inclinarse hacia el mal) es un signo de 'libertad', pero no es de la esencia de la libertad; por el contrario, al obrar el mal moral (es decir, si finalmente opta por el mal), el sujeto pierde libertad (al destruirse su naturaleza, capaz de ser libre), aunque nadie lo haya coaccionado a ello. El Catecismo de la Iglesia Católica lo explica del siguiente modo "...el pecado es un abuso de la libertad que Dios da a las personas creadas para que puedan amarlo y amarse mutuamente" (12). "¿qué es ser libre?... es libre quien puede hacer únicamente lo que quiere sin ser impedido por ninguna coacción exterior...Lo contrario a la libertad sería así la dependencia de nuestra voluntad ante una voluntad ajena...Pero, el hombre ¿sabe siempre lo que quiere?...el hombre debe aprender a que la voluntad concuerde con su naturaleza", dice la Instrucción Sobre Libertad Cristiana y Liberación de la Congregación Para la Doctrina de la Fe (13). En contraposición con esto "La idea de abrir de par en par las puertas de la libertad es preciso entenderla en forma adecuada. Se trata de descubrir aquello que verdaderamente hace progresar al hombre… Dado que el ser humano es perfectible y defectible, el uso adecuado de la libertad y la voluntad serán las velas que empujen su navegación a buen puerto. Por el contrario, permisividad significa que uno ya no tiene prohibiciones… La permisividad se sustenta sobre una tolerancia total, que considera todo válido y lícito, con tal de que a la instancia subjetiva le parezca bien", escribió Enrique Rojas (14). Efectivamente, habíamos dicho que, eventualmente, la 'voluntad' podía ir contra lo natural, pero, en la medida en que esto ocurra (aun cuando tenga su origen en la legítima libertad), se destruirá la naturaleza de la persona en cuestión y, consecuentemente, su capacidad de ser libre. Así, el libertinaje es la supuesta 'libertad' que tiene el hombre a partir de su razón. Supone que con ella puede todo y, en consecuencia, puede gobernarse sin que importe nada externo a su ego, es decir, sin que importe el orden natural, su naturaleza humana. Muy por el contrario, si el hombre desconoce lo que existe externa y anteriormente a él (el orden natural), se encamina a su destrucción, de modo necesario. El colorario es que, al contrario de lo que supone el libertinaje, la mayor libertad es consecuencia (o supone) del mayor respeto (adhesión) a un orden (natural) externo que supone una autoridad verdadera (todo orden supone un fin unívoco y, por tanto, una persona que lo sintetice), la autoridad moral. Sobre todo si tenemos en cuenta a la eficiencia. Y esto sintetiza los 'dos aspectos' de la libertad. Efectivamente, por un lado, la verdadera autoridad se opone a la violencia, a la coerción, de modo que, de suyo, implica la 'libertad física'. Y por el otro, la autoridad real es el mejor modo de ser eficientes, por cuanto es quién nos guía dentro del orden natural, maximizando el “uso” natural de las cosas y lo seres, de hacer la mayor cantidad de cosas posibles y lo mejor posible, es decir, que implica la 'libertad metafísica'. Por cierto que, la contrapartida de la autoridad es la obediencia. Así, cuando santa Teresa de Jesús, escribió "¡Oh virtud de obedecer, que todo lo puedes!"(15), no deliraba. Sucede que, si la verdadera autoridad (moral) se opone a la coerción y, si la verdadera autoridad es lo más eficiente, cuanto más obedezcamos, más libres y efectivos seremos. El amor a la verdadera obediencia, por tanto, supone la abominación de la coerción, por cuanto, si verdaderamente queremos obedecer (o que nos obedezcan) debemos tener la oportunidad de hacerlo, es decir, debemos tener la libertad para decidir. Y así se realiza el círculo virtuoso del orden natural: moral, autoridad, libertad y obediencia se confunden para fortalecer a la naturaleza humana y conducirla a su fin (el Bien). Y se oponen, todas juntas y a la vez, a la violencia y a la coerción. S.S. Juan Pablo II asegura que "Por esto, el modo como se conciba la relación entre libertad y ley está íntimamente vinculado con la interpretación que viene reservada a la conciencia moral. En este sentido las tendencias culturales... que contraponen y separan entre sí libertad y ley, y exaltan de modo idolátrico la libertad, llevan a una interpretación 'creativa' de la conciencia moral, que se aleja de la posición tradicional de la Iglesia... Algunos autores, queriendo poner de relieve el carácter 'creativo' de la conciencia, ya no llaman a sus actos con el nombre de 'juicios', sino con el de 'decisiones'. Sólo tomando 'autónomamente' estas decisiones el hombre podría alcanzar su madurez moral... Para justificar semejantes posturas, algunos han propuesto una especie de doble estatuto de la verdad moral. Además del nivel doctrinal y abstracto, sería necesario reconocer la originalidad de una cierta consideración existencial más concreta. Esta, teniendo en cuenta las circunstancias y la situación, podría establecer legítimamente unas excepciones a la regla general y permitir así la realización práctica, con buena conciencia, de lo que está calificado por la ley moral como intrínsecamente malo. De este modo se instaura en algunos casos una separación, o incluso una oposición, entre la doctrina del precepto válido en general y la norma de la conciencia individual, que decidiría de hecho, en última instancia, sobre el bien y el mal"(16). Este carácter 'creativo', este suponer que la razón humana puede 'crear' un orden 'moral' por encima de Dios, no es sino el racionalismo, la planificación racionalista. Así, claro, niegan los juicios de la conciencia moral (en cuanto a la adhesión a la ley moral inscrita en el corazón del hombre, en su propia naturaleza) reemplazándolos por 'decisiones' sobre qué debe contener la 'moral' por ellos creada. Porque esto son realmente, es decir, visto que la violencia es necesariamente arbitraria, y su 'moral' está basada en ella, sus 'juicios morales' dejan de ser tales para pasar a ser decisiones egocéntricas en cuanto a la utilización de la fuerza física.
NOTAS
(1) Santo Tomás la define de la siguiente manera: "El (Dios) es quién así las ordena (a las cosas); y precisamente en esa ordenación, que es la razón del orden de las cosas, consiste la Providencia" (S.Th., I, q. 22, a. 1). (2) Cfr. S.Th., I, q. 45, a. 1 y ss. Es decir que, que "Crear quiere decir llamar a la existencia desde la nada; por tanto, crear quiere decir dar la existencia", escribió Juan Pablo II, Encíclica 'Dominum et Vivificantem', Roma 1986, II, 3, 34. (3) "La violencia se opone directamente a lo voluntario como también a lo natural, por cuanto es común a lo voluntario y a lo natural el que uno y otro vengan de un principio intrínseco, y lo violento emana de principio extrínseco", S.Th., I-II, q. 6, a. 5. Por otro lado, "…es posible violentar al ser animado: por ejemplo, se puede obligar a un caballo a que se separe de la línea recta por donde corre, haciéndole que cambie la dirección y vuelva por donde vino. Y así, siempre que fuera de los seres existe una causa que los obliga a ejecutar lo que contraría su naturaleza o su voluntad, se dice que estos seres hacen por fuerza lo que hacen... Esta será, pues, para nosotros la definición de la violencia y de la coacción: hay violencia siempre que la causa que obliga a los seres a hacer lo que hacen es exterior a ellos; y no hay violencia desde el momento que la causa es interior y que está en los seres mismos que obran", 'La Gran Moral', I, XIII (en Aristóteles, 'Moral', Espasa-Calpe Argentina SA, Buenos Aires 1945, p. 46). Así, Etienne Gilson asegura que para el Aquinate "Lo natural y lo violento se excluyen, pues, recíprocamente, y no se concibe que algo posea simultáneamente uno y otro de estos caracteres", 'El tomismo', Sda. Parte, Capítulo VIII, EUNSA, Pamplona 1989, p. 438. (4) S.Th., I, q. 83, a. 1. "Dios ha creado al hombre racional confiriéndole la dignidad de una persona dotada de la iniciativa y del dominio de sus actos. 'Quiso Dios 'dejar al hombre en manos de su propia decisión'(Si 15, 14), de modo que busque a su Creador sin coacciones y, adhiriéndose a El, llegue libremente a la plena y feliz perfección'(GS 17)", Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1730. (5) El 'determinismo' ha tratado de soslayar esto introduciéndonos en una discusión falsa. Efectivamente, aun cuando una persona estuviera genéticamente predeterminada a ser un delincuente asaltante de bancos extranjeros en determinada ciudad dentro de determinadas calles (un determinismo exagerado), sería libre en su albedrío en la medida en que fuera racional. No es lo mismo, por ejemplo, asaltar dicho banco durante el día, cuando hay gente cuya seguridad corre riesgo, que asaltarlo durante la noche sin riesgo para ningún cliente. En la medida en que fuera racional sería, entonces, siempre libre en su albedrío y, consecuentemente, responsable de sus actos. (6) Recordemos que, la moral, es la “adaptación de la conducta humana” al orden natural, a la naturaleza de las cosas. En consecuencia, para el racionalismo, la razón puede crear un orden con, por tanto, su propia moral. S.S. Juan Pablo II afirma que "Olvidando, sin embargo, que la razón humana depende de la Sabiduría divina -y en el estado actual de naturaleza caída también de la necesidad- así como la realidad activa e innegable de la divina Revelación para el conocimiento de verdades morales incluso de orden natural, algunos han llegado a teorizar una completa autonomía de la razón en el ámbito de las normas morales relativas al recto ordenamiento de la vida en este mundo. Tales normas constituirían el ámbito de una moral solamente 'humana', es decir, serían la expresión de una ley que el hombre se da autónomamente a sí mismo y que tiene su origen exclusivamente en la razón humana. Dios en modo alguno podría ser considerado Autor de esta ley; sólo en el sentido de que la razón humana ejerce su autonomía legisladora en virtud de un mandato originario y total de Dios al hombre. Ahora bien, estas tendencias de pensamiento han llevado a negar, contra la Sagrada Escritura (cf. Mt. 15, 3-6) y la doctrina perenne de la Iglesia, que la ley moral natural tenga a Dios como autor y que el hombre, mediante su razón, participe de la ley eterna, que no ha sido establecida por él", Encíclica 'Veritatis Splendor', Roma 1993, n. 36. Me interesa, en particular, recalcar el punto en donde desacredita la capacidad de planificar un orden al advertir que no puede existir algo así como un mandato original de Dios al hombre para que éste haga lo que le venga en gana. Por el contrario, el orden debe ser tal (espontáneo), que Dios 'se haga patente' en cada instante. (7) "Si ordenamos todos los lápices por tamaño, excepto uno, el observador experimentará una sensación de alivio si restablecemos la continuidad de la serie"..."Por lo tanto,...: los hombres prefieren las distribuciones ordenadas cuya ley estructural pueden captar, y tienden a reconstruir esas distribuciones de acuerdo con los modelos que han incorporado mentalmente", Bertrand De Jouvenel, 'Orden vs. Organización', Libertas no. 9, ESEADE, Buenos Aires, Octubre de 1988, pp. 53 y 56. En otras palabras, este ejemplo muestra que los seres humanos tenemos interiormente la noción de la existencia de un orden anterior. Que no está en el largo de los lápices, puesto que bien podríamos haberlos ordenado según los colores, sin prestar atención al tamaño. El orden anterior hace referencia a que, el observador inmediatamente notará que hemos elegido ordenarlos según el tamaño y que, sin embargo, lo descuidamos con un lápiz. En otras palabras, el orden anterior, justamente, hace referencia a nuestra organización personal (a partir del libre albedrío) en función del Orden. Recordemos que, precisamente, orden hace referencia a un conjunto de elementos relacionados de modo tal que alcancen un fin, según santo Tomas (cfr. Summa contra Gentes, III, 71-74). (8) Según E. De Bono, en un entendimiento ordenado "El pensamiento comienza ahora a fluir de los papeles representados y no de tu ego. De este modo se trazan los mapas. Así, finalmente, el ego puede elegir la ruta que prefiera", 'Seis Sombreros para Pensar', Granica, Barcelona 1996, p. 33. (9) G. Zanotti, 'Epistemología y Política', Libertas No. 29, ESEADE, Buenos Aires, Octubre de 1998, pp. 171-2 y pié de pp. 176-7. El Papa Juan Pablo II asegura que "Para el Antiguo Testamento, pues, la fe libera la razón en cuanto le permite alcanzar coherentemente su objeto de conocimiento y colocarlo en el orden supremo en el cual todo adquiere sentido. En definitiva, el hombre con la razón alcanza la verdad, porque iluminado por la fe descubre el sentido profundo de cada cosa y, en particular, de la propia existencia. Por tanto, con razón, el autor sagrado fundamenta el verdadero conocimiento precisamente en el temor de Dios: 'El temor del Señor es el principio de la sabiduría' (Pr 1, 7: cf. Si 1, 14)", Encíclica 'Fides et Ratio', Roma 1998, n. 20. (10) nn. 2294, 1806, 1780, 1781 y 1782 respectivamente. (11) 'Ascética y Mística de la Libertad', Scripta Theologica 28 (1996/3), Facultad de Teología, Universidad de Navarra, p. 882. (12) n. 387. (13) Roma 1986, C. II, I, art. 25, firmado Ioseph Card. Ratzinger, Alberto Bovone, Arzobispo. (14) 'El Hombre Light', Ed. Temas de Hoy, Imp. Ed. Planeta Argentina, Buenos Aires, 1996, p. 46. (15) Vida, 18, 7. (16) Encíclica 'Veritatis Splendor', nn. 54, 55 y 56, Roma 1993.
2月17日 Ser libre no es un crimenSer libre no es un crimenALEJANDRO A. TAGLIAVINIB uenos Aires -- Mientras escribo esto, mi madre está de visita por Viet Nam, en un viaje turístico. Le envié un e-mail: ``Si ves algún prisionero yanqui, intenta liberarlo''. La broma me dejó pensando. Claramente las guerras no sirven para nada. No es una cuestión de gustos ni de ''pacifismo'', simplemente son ineficientes e inconducentes. Muchos murieron, hubo mucha destrucción. ¿Para qué? Hoy, los herederos de los comunistas vencedores, sin guerras, adoptaron el camino ideológico que se quiso, y no se pudo, imponer con las armas. Tonta guerra. No podía salir de mi asombro al escuchar que Estados Unicos exigirá pasaportes a sus propios ciudadanos que viajen a países como México. Al final, el muro fronterizo ¿es para que no entren ''ilegales'' o para que no salgan estadounidenses? ¿Serán los EEUU la próxima ''isla cárcel'' al estilo castrista? Ciertamente la todavía comunista China no es un paraíso de libertades personales que deba imitarse. Pero mientras el gigante asiático se abre cada vez más, Estados Unidos blinda sus puertas. Y así se ven los resultados. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé un fuerte crecimiento mundial --próximo al 5%-- para 2007, registrando así, por cuarto año consecutivo, su tasa más elevada desde 1973. Pero ha rebajado el crecimiento previsto para Norteamérica a sólo el 2.8% en este año, desde el 3.5% en 2006. Mientras que China crece a tasas superiores al 9%. El dragón asiático, gracias a su apertura, ha recibido más de un trillón de dólares desde el exterior, luego de 25 años, con la entrada de unas 500 mil empresas extranjeras. Todo esto le permite mantener en su cuenta de capital un superávit, cuentas corrientes con balanza favorable y unas reservas que superan los US$ 400 billones. Pero no sólo eso sino que, gracias al ahorro chino y con su compra de bonos estadounidenses, el dólar se mantiene relativamente estable, mientras el gobierno norteamericano consigue financiación extraordinaria. Estados Unidos parece consumir, y endeudarse, mientras que los chinos producen, ahorran y financian a sus clientes americanos en lo que algunos quieren llamar el acuerdo de Bretton Woods II. Entre sus múltiples logros, China, que ya tenía a la Unión Europea (UE) como su mayor socio comercial desde 2005, exportó al bloque europeo productos por valor de unos US$165,000 millones, superando los 157,000 millones de Estados Unidos, convirtiéndose en el principal proveedor de la UE. En total, el comercio entre China y los europeos ascendió a US$ 272,300 millones en 2006, 25.3% más que en 2005. Así, la UE acaparó el 15.5% del comercio exterior chino y se consagró, además, como el mayor proveedor de tecnología para China al exportarle, en 2006, US$ 8,100 millones, superando los 4,800 millones de importaciones chinas a Japón y los 3,800 millones de las compras tecnológicas a EEUU. Pero lo insólito es que en lugar de mejorar las cosas, Norteamérica prepara una limitación a las exportaciones de tecnología a China, pues teme que sea usada con fines militares. Esperemos que las quejas de las empresas del sector, que recelan que se beneficie, precisamente, a sus rivales europeos, sean escuchadas. Dicen los sabios que el miedo es mal consejero y ¡qué razón tienen! China cambió la utopía maoísta por el pragmatismo de Deng Xiao Ping, quien con un crudo realismo les descubrió a los chinos que ''ser rico no es malo''. Parafraseando a Deng, habría que decirle a Bush que ``ser libre no es un crimen''. Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.
Publicado en El NUevo Herald de Miami |
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